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Viajes en familia

Dónde ir con adolescentes en España: los destinos que sí funcionan a los 15

Por Viajes Santa Mona

Todo el sector escribe para familias con bebés. Miniclubs, cunas, tronas, biberones, toboganes a escala de niño de cuatro años. Y de repente esos niños cumplen catorce y nadie te cuenta nada, como si a partir de esa edad las vacaciones familiares dejaran de existir. No dejan de existir: cambian de reglas por completo. Y la regla nueva se resume en una frase que conviene tener presente antes de mirar un solo hotel: con un niño pequeño manda el hotel; con un adolescente manda lo que hay alrededor del hotel. Un cinco estrellas espectacular aislado en mitad de la nada, con la urbanización más próxima a veinte minutos en coche, es un regalo a los cinco años y una condena a los dieciséis. Un tres estrellas correcto en un sitio con paseo marítimo, tiendas abiertas por la tarde, gente de su edad y algo que hacer al salir del hotel se disfruta solo, sin que nadie tenga que organizar nada. Este artículo está ordenado entero con ese criterio.

El criterio: a los quince, lo de fuera manda más que lo de dentro

Merece la pena entender por qué cambia la regla, porque una vez lo tienes claro eliges bien casi sin pensar. Un niño de cuatro o cinco años vive las vacaciones dentro de un perímetro muy pequeño: la piscina, la playa que se ve desde la piscina, el buffet y la habitación. No sale de ahí, no quiere salir de ahí y no le hace falta. Por eso, con esa edad, todo lo que decide el viaje está dentro del recinto: la zona acuática, la animación, el club infantil, la distancia a la orilla. El hotel es el viaje.

A los quince o dieciséis, ese perímetro estalla. El chaval quiere salir, quiere andar, quiere mirar tiendas, quiere ver gente, quiere estar donde pasan cosas y, muy especialmente, quiere hacerlo sin sus padres al lado y sin depender de un coche. La piscina del hotel le sirve dos horas al día. El resto lo busca fuera. Y ahí es donde un hotel magnífico pero aislado se convierte en un problema real: si para comprar un helado hay que coger el coche, no hay autonomía posible. Lo que a los cinco años era un lujo tranquilo, a los dieciséis es una jaula bonita.

Así que el orden de prioridades se le da la vuelta. Primero, dónde: que haya paseo, que haya vida, que haya gente de su edad, que se pueda andar de noche con luz y con ambiente. Segundo, qué se puede hacer: deportes de agua, parques, actividades con algo de adrenalina. Tercero, cómo se mueve: si hay tren, autobús o todo a distancia andando. Y solo entonces, cuarto, el hotel, que a esta edad se elige por el tipo de habitación y por la situación mucho más que por las instalaciones. Esa parte la desarrollamos en hoteles para adolescentes que no se aburran y en habitaciones familiares para adolescentes, porque dormir cuatro en una habitación con dos hijos que ya miden más que tú es un asunto propio.

Benidorm: probablemente el mejor destino de España a esta edad

Vamos a decirlo sin complejos, porque es verdad y porque a Benidorm le sobra prestigio entre los adolescentes y le falta entre sus padres: para una familia con hijos de catorce a diecisiete años, Benidorm es probablemente el mejor destino de España. Y no lo es por casualidad ni por precio, sino porque reúne a la vez todos los factores que a esa edad se traducen en un viaje que sale bien.

El primero es el paseo. Benidorm tiene kilómetros de frente marítimo urbano, con dos playas grandes y una ciudad detrás. Un chaval puede salir del hotel, bajar andando y pasarse tres horas dando vueltas sin que eso suponga ningún montaje. El segundo es que hay vida a todas horas: por la mañana en la playa, por la tarde en las calles comerciales y por la noche en un paseo iluminado y lleno de familias. El tercero, y probablemente el más importante, es que hay muchísima gente de su edad haciendo exactamente lo mismo. Eso, que no se puede comprar ni construir, es lo que convierte unas vacaciones correctas en unas vacaciones que recuerda.

A eso se le suma una concentración de ocio que no tiene ningún otro destino de playa español: parques temáticos, parque acuático y parque de animales a muy poca distancia, con transporte que llega hasta ellos. Es decir, se puede montar un día de parque sin alquilar coche. Para una familia que llega en avión, ese detalle vale mucho dinero y muchos nervios.

El único matiz honesto: Benidorm es ciudad, con lo que eso implica de gente, ruido y edificios altos. A quien busque calma absoluta no le va a encajar. Pero si viajas con un adolescente, esa calma absoluta es justo lo que no quieres. Si quieres verlo en detalle, tenemos la guía de Benidorm en familia y la página de hoteles en Benidorm.

Salou y la zona de PortAventura: lo que todavía ilusiona a los quince

Hay muy pocas cosas que sigan ilusionando de verdad a un chaval de quince años cuando se las propones en la mesa de la cocina, y un parque temático grande es una de ellas. Ese es el argumento central de Salou y de toda la Costa Dorada: la cercanía a PortAventura, que es de los pocos planes que un adolescente acepta sin poner cara de esfuerzo. Y no es un plan de una mañana: entre el parque temático y el parque acuático, se llenan dos días largos con montañas rusas que a esa edad ya se pueden subir todas, que es precisamente el cambio respecto a cuando eran pequeños y se quedaban fuera de la mitad de las atracciones.

Alrededor, Salou cumple el criterio de este artículo: paseo marítimo largo, playa urbana, calles con tiendas y heladerías, y vida por la tarde. Es decir, los días que no hay parque tampoco se hacen eternos. Y la zona da para más de una excursión: pueblos costeros cercanos, cala y ambiente muy distinto a pocos kilómetros, y ciudad a una distancia razonable en tren.

El apunte práctico: en pleno agosto la zona se llena, y las entradas al parque conviene tenerlas cerradas con antelación en vez de improvisarlas el día antes. Lo contamos con más detalle en la guía de Salou y PortAventura y en Costa Dorada en familia.

Costa del Sol: el paseo que no se acaba y el tren que lo recorre

Torremolinos, Benalmádena y Fuengirola forman, para esta edad, uno de los mejores conjuntos de España, y por un motivo muy concreto que casi nunca se menciona en las guías: el paseo marítimo es prácticamente continuo y está conectado por un tren de cercanías que une el aeropuerto, Málaga capital y toda esa franja de costa. Un adolescente puede coger el tren con un amigo, bajarse tres paradas más allá, pasar la tarde y volver. Eso es autonomía real, sin coche y sin que nadie haga de chófer.

Torremolinos aporta el ambiente más urbano y la playa más larga; Benalmádena suma el puerto deportivo, que es un sitio con vida propia a la caída de la tarde, y un teleférico y varias atracciones que dan para un día; Fuengirola es la más familiar de las tres, con un paseo enorme y muy transitado. Entre las tres hay parques acuáticos, karts, buceo, paddle surf, alquiler de motos de agua y una lista larga de cosas que hacer que en agosto está toda operativa.

A eso se le añade una ventaja que se nota mucho con adolescentes: la ciudad está al lado. Málaga capital, con su casco histórico, sus museos, su calle comercial y sus terrazas, está a media hora de tren. Eso permite meter un día distinto sin cambiar de hotel ni deshacer maletas, que es exactamente la fórmula que mejor funciona a esta edad y de la que hablamos más abajo.

Para bajar al detalle de zonas y tipos de alojamiento, tenemos las guías de hoteles en Torremolinos, Benalmádena y Fuengirola y dónde alojarse en la Costa del Sol, además de la página de hoteles en la Costa del Sol.

Mallorca e Ibiza en familia: qué zonas sí y cuáles evitar

Baleares funciona muy bien con adolescentes, pero es el destino donde más importa acertar con la zona, porque dentro de la misma isla hay realidades completamente opuestas. La diferencia entre unas vacaciones redondas y un chaval encerrado en un hotel puede ser de quince kilómetros.

En Mallorca, lo que encaja son las zonas con núcleo urbano propio: bahías grandes con paseo, playa larga, tiendas y oferta de deportes acuáticos, más la propia Palma como plan de ciudad a mano. Lo que no encaja a esta edad son las calas pequeñas y preciosas del interior de la costa, esas de treinta metros de arena y dos restaurantes, y los hoteles de finca aislados: son maravillosos para una pareja o para una familia con niños pequeños, y a los dieciséis años se agotan el segundo día. Lo mismo vale para alojarse muy lejos del núcleo aunque el hotel sea excelente.

En Ibiza el matiz es distinto y conviene decirlo claro: la isla tiene una parte de ocio nocturno que no es plan familiar y unas zonas donde no se está cómodo con hijos de esta edad. Pero también tiene otra Ibiza, la de las bahías familiares del norte y del este, con aguas tranquilas, mucho deporte de agua y calas para llegar en barco, que funciona estupendamente. La clave es elegir bien la base y usar el barco y el coche para moverse. Le dedicamos un artículo entero en Ibiza en familia.

Menorca merece una advertencia honesta, y no es una crítica a la isla, que es magnífica: es el ejemplo perfecto del destino que enamora con niños de seis años y se le queda corto a un chaval de dieciséis, porque su gran valor son las calas vírgenes y la tranquilidad. Si vais a Menorca con un adolescente, la fórmula que funciona es llenarla de actividad: kayak, snorkel, ruta en barco y bici. Puedes comparar las tres en Mallorca o Menorca y ver zonas concretas en dónde alojarse en Mallorca.

Canarias: el sur de Tenerife y el sur de Gran Canaria

Canarias tiene una ventaja enorme para familias con adolescentes y es que funciona todo el año, incluidas las vacaciones de Navidad y Semana Santa, cuando en la península el agua no acompaña. Y tiene otra que importa mucho a esta edad: es de los sitios de España con más oferta de deporte y actividad al aire libre a la venta, todos los días, sin depender del buen tiempo.

El sur de Tenerife reúne núcleos turísticos grandes con paseo marítimo, zonas comerciales, parques acuáticos y de animales de referencia, y una oferta enorme de excursiones: avistamiento de cetáceos, buceo, quads, senderismo por el Teide. Es probablemente el destino canario más redondo para esta franja de edad, porque combina la vida de calle con la actividad. Lo desglosamos por zonas en dónde alojarse en el sur de Tenerife.

El sur de Gran Canaria juega una carta parecida, con el añadido de las dunas, un paseo larguísimo entre núcleos, mucho centro comercial y una oferta náutica muy desarrollada. Si el chaval es de los que se apuntan a todo lo que sea agua o motor, aquí va a tener de dónde elegir. Para decidir entre las dos islas, tenemos Tenerife o Gran Canaria y la guía del sur de Gran Canaria. Un apunte que a los padres les suele importar: en Canarias no hay cambio de moneda ni de idioma, la sanidad es la de casa y el vuelo es corto, así que la primera vez que un adolescente se mueve con cierta autonomía, es un sitio cómodo para que ocurra.

Costa de la Luz y costa gaditana: surf, kite y algo mejor que un castillo

Aquí entra un destino de otra naturaleza, y entra por la puerta que mejor funciona a los quince años: el deporte. La costa atlántica gaditana es el sitio de España donde un adolescente puede aprender a surfear de verdad, probar el kite o el wingfoil, meterse en una escuela con gente de su edad y salir del agua con la sensación de haber conseguido algo. A esa edad, dos horas de clase de surf enganchan incomparablemente más que la visita a cualquier monumento, y esa es una verdad que conviene aceptar sin dramatismo.

La zona de Tarifa, Los Caños de Meca, El Palmar y Conil concentra escuelas, ambiente joven, playas enormes y un aire de destino de surf que a un chaval le resulta atractivo por sí mismo. Es un ambiente distinto al del gran hotel de costa: más informal, más de furgoneta y chiringuito, y precisamente por eso suele encantarles. El contrapunto honesto es el viento, que es lo que hace posible el kite pero también puede estropear una tarde de playa tranquila, y que la infraestructura hotelera es más pequeña que en Levante o en la Costa del Sol.

Lo tenemos desarrollado en la guía de Tarifa, Barbate y Los Caños y en la de Conil y El Palmar, además de la página de hoteles en la Costa de la Luz.

El aviso honesto: el pueblo tranquilo y la cala pequeña

Hay que decir esto con cuidado, porque no va de destinos malos. Los pueblos costeros tranquilos, las calas recogidas de agua transparente, los complejos rurales con encanto y las urbanizaciones apartadas son sitios estupendos. Con niños de seis años son casi perfectos: el agua está en calma, no hay coches, se les puede soltar y todo el mundo duerme bien. El problema no es el sitio; es el encaje con la edad.

A los dieciséis, ese mismo sitio tiene un problema estructural: se agota. El pueblo se ve entero en veinte minutos, por la tarde no hay nada abierto que le interese, no hay nadie de su edad y todo lo que se le puede proponer implica que alguien coja el coche. El resultado es siempre el mismo y lo hemos visto muchas veces: el chaval se encierra en la habitación con el móvil, los padres se enfadan porque han pagado un viaje precioso y nadie lo pasa bien. No es culpa del adolescente ni del destino. Es un error de casting.

Si el sitio tranquilo te tira mucho, hay dos soluciones que funcionan. La primera, combinarlo: tres o cuatro noches allí y el resto en un destino con vida. La segunda, llenarlo de actividad contratada — kayak, snorkel, ruta en barco, bici, escalada — para que el chaval tenga cada día algo con lo que ocuparse. Lo que no funciona es esperar que un paisaje bonito le entretenga, porque a esa edad todavía no.

Deportes y actividades que sí funcionan a esta edad

El patrón es fácil de reconocer: a los quince años funciona lo que se hace, no lo que se mira. Y funciona todavía mejor si tiene un punto de riesgo controlado, si hay algo que aprender y si se puede grabar. Estas son las que mejor resultado dan y por qué:

  • Surf y bodyboard. El rey absoluto a esta edad. Una clase de dos horas en grupo, con gente de su edad y un monitor joven, engancha más que cualquier otra cosa. Costa atlántica gaditana, norte peninsular y algunas playas canarias.
  • Paddle surf y kayak. Baratos, se hacen en cualquier cala tranquila y permiten irse con un amigo sin adultos. Perfectos para las mañanas sueltas.
  • Buceo y snorkel. Un bautismo de buceo es de esas experiencias que recuerdan diez años después. Se puede hacer desde los primeros años de adolescencia con autorización de los padres, y en Canarias y Baleares hay centros de sobra.
  • Karts. El plan que nunca falla, sobre todo con dos hermanos o con un amigo, porque hay competición de por medio. Los hay en casi todos los destinos grandes.
  • Escalada y parques de aventura. Tirolinas, vías ferratas y circuitos de altura. Cansan, motivan y dan conversación para la cena.
  • Parques acuáticos y parques temáticos. A esta edad ya pueden subir a todo, que es justo lo contrario que cuando eran pequeños. Un día de parque sigue siendo un día ganado.
  • Excursión en barco con parada de baño. Media jornada, con salto al agua desde el barco. Funciona incluso con los más reacios.

Un consejo de dosis: una o dos actividades por semana, no cinco. Un adolescente necesita también horas sin plan para organizarse él, y un viaje con la agenda llena de excursiones acaba siendo otra obligación. Y si viajáis con hermanos de edades muy distintas, mirad que el destino tenga a la vez cosas para el mayor y para el pequeño, que es el equilibrio más difícil de todos.

Ciudad o playa: por qué la mezcla suele ganar

Dos semanas seguidas del mismo hotel, la misma playa y el mismo buffet funcionan estupendamente con niños pequeños, que agradecen la rutina, y regular con adolescentes, que se aburren de la rutina bastante antes. Por eso la fórmula que mejor resultado nos da es mezclar: una base de playa de siete a diez días más dos o tres noches de ciudad.

La ciudad aporta cosas que a esa edad valen mucho y que la playa no da: tiendas de verdad, comida distinta, calles con ambiente, algo que hacer de noche y una sensación de estar viendo mundo. Y funciona todavía mejor cuando la ciudad no es una visita cultural forzada sino un sitio donde pasear. No hace falta irse lejos: en la Costa del Sol la ciudad está a media hora de tren, en la Costa Dorada hay ciudad a un rato de tren, y en Levante y en Baleares la capital de la zona cumple perfectamente.

El único requisito práctico es que el cambio de base sea cómodo. Si pasar de un sitio a otro supone cinco horas de coche o un vuelo con escala, el beneficio se lo come el traslado y acabáis los dos días de ciudad agotados. Cuando la mezcla no sale a cuenta logísticamente, la alternativa es no cambiar de hotel y meter la ciudad como excursión de un día, que también funciona.

El transporte público: el factor más infravalorado de todos

Este es el punto que casi nadie tiene en cuenta al elegir destino y que sin embargo decide buena parte de cómo van las vacaciones. La pregunta es muy simple: ¿puede tu hijo moverse sin que alguien lo lleve en coche?

Si la respuesta es sí, pasan dos cosas buenas a la vez. La primera, que él gana autonomía: puede quedar, puede ir a otra playa, puede acercarse al centro comercial, puede volver cuando quiera dentro de lo acordado. La segunda, y esta la agradecen mucho los padres, que vosotros dejáis de ser un servicio de transporte. No hay negociación de «llévame», no hay esperas en el aparcamiento, no hay tener que renunciar a la siesta porque alguien quiere bajar al paseo.

Los destinos que mejor cumplen esto en España son los que ya hemos ido nombrando, y no es casualidad: la franja de la Costa del Sol con su tren de cercanías, Benidorm con sus autobuses urbanos y su tranvía, Salou y su entorno, y los grandes núcleos del sur de Tenerife y de Gran Canaria con sus líneas de guaguas. En todos ellos, además, el hotel suele estar a distancia andando del paseo, que es la forma más simple de transporte público que existe.

Como criterio de compra, tradúcelo así: antes de reservar, mira en el mapa cuánto se tarda andando desde el hotel hasta el paseo o la calle principal. Si son menos de diez o quince minutos, has resuelto el viaje. Si son treinta o hay que cruzar una carretera sin acera, plantéate otra opción por muy bien que esté el hotel. Sobre viajar sin alquilar coche tenemos también todo incluido sin coche en la costa andaluza.

Cuánta libertad dar y, sobre todo, cómo organizarla

Cuánta libertad dar es cosa vuestra y de cada hijo, y no vamos a dar lecciones de crianza desde una web de viajes. Lo que sí podemos aportar es la parte logística, que es donde hemos visto que se juega la diferencia entre que salga bien o que haya un susto tonto.

  • Un punto de encuentro fijo y visible. La entrada del hotel, un quiosco concreto, una plaza con nombre. No vale «por la zona del paseo». Si el móvil falla, ese punto es el plan B.
  • Hora de vuelta clara y un mensaje al llegar. Mejor una hora concreta y un aviso corto que una vigilancia constante que acaba en discusión.
  • Batería externa. El móvil descargado es la causa número uno de los sustos de padres en vacaciones. Una batería de bolsillo vale menos que una tarde de angustia.
  • Dinero suelto en efectivo. Poder pagarse un helado o un autobús sin pedir nada es parte de la sensación de autonomía, y evita llamadas.
  • Nombre y dirección del hotel apuntados. En el móvil y en papel. Con hoteles de nombre parecido en la misma avenida, pasa más de lo que parece.
  • Ubicación compartida, si en casa se lleva así. Es la forma menos invasiva de estar tranquilo, y a esa edad suelen aceptarla mejor que las llamadas.

Y una observación que tiene que ver con la elección de destino: la libertad es mucho más fácil de dar en un sitio con paseo iluminado, transitado y con familiasque en una urbanización oscura con carreteras sin acera. Cuando el entorno acompaña, no hace falta discutir tanto. Otra razón más para que lo de fuera del hotel pese más que lo de dentro.

Llevar a un amigo suyo: la jugada que mejor funciona y que casi nadie plantea

Si nos dejaran dar un solo consejo sobre vacaciones con adolescentes, sería este. Llevad a un amigo suyo. El cambio es tan grande que cuesta creerlo hasta que se prueba: un chaval de quince años con un amigo al lado no necesita que nadie le organice el día. Bajan al paseo, se meten en el agua, se pasan la tarde entera hablando de sus cosas, se apuntan a la actividad que sea porque van juntos, y a la hora de cenar la mesa deja de ser tres adultos y un adolescente callado.

Los padres suelen descartarlo por dos motivos, y los dos se resuelven con una conversación: que parece complicado de organizar y que da apuro proponérselo a los otros padres. En la práctica se monta así:

  • La plaza. Hay que mirar cómo entra la persona extra: una habitación que admita cuatro o cinco, dos habitaciones comunicadas o una habitación doble aparte para los dos chavales, según cómo esté cada familia. Es exactamente el tipo de detalle que hay que confirmar con el hotel antes de reservar, porque no todas las habitaciones admiten la misma ocupación.
  • El permiso. Autorización por escrito de los padres del amigo para que viaje con vosotros, con sus datos, los vuestros y las fechas. Si el viaje es fuera de España, además hay que revisar la documentación del menor con antelación.
  • La salud. Tarjeta sanitaria del chaval, alergias, medicación y un teléfono de contacto directo de sus padres. Conviene que su familia sepa exactamente qué cobertura de seguro lleva el viaje.
  • El dinero. Hablarlo antes y sin rodeos, que es lo que evita incomodidades después: qué parte cubre cada familia, qué pasa con las excursiones y quién paga los extras del día a día. Puesto por escrito en un mensaje, nadie se queda con la duda.
  • Las normas. Que las dos familias acuerden lo mismo en cuanto a horas de vuelta y libertad, para que no haya dos varas de medir en el mismo viaje.

Con eso, la operación está resuelta. Y el resultado, salvo excepciones, es que las vacaciones cambian de signo. Si estáis dándole vueltas, decídnoslo al plantear el viaje y buscamos directamente alojamientos donde la plaza extra encaje bien; lo desarrollamos también en habitación familiar o dos habitaciones dobles.

Fuera de España: cuándo compensa el Caribe con adolescentes

No hace falta salir de España para acertar, pero hay un momento en el que el viaje largo tiene todo el sentido: cuando el adolescente ya tiene edad para disfrutarlo de verdad y cuando hay días suficientes. Con un vuelo transoceánico por delante, siete noches se quedan muy cortas; la cuenta empieza a salir a partir de nueve o diez.

Lo que aporta el Caribe a esta edad es difícil de replicar en la península: un país distinto, un vuelo que en sí mismo es un acontecimiento, excursiones de snorkel y buceo en arrecife, deportes acuáticos incluidos en muchos complejos y un régimen de todo incluido en el que un chaval puede coger un refresco, un helado o un sándwich cuando quiera sin pedir dinero cada vez. Eso último parece una tontería y es una forma muy concreta de autonomía a los dieciséis años.

Los peros hay que decirlos también: hace falta documentación en regla con tiempo, conviene mirar la época del año por el tema de huracanes y el ambiente de muchos complejos está pensado para adultos y niños pequeños, con lo que hay que elegir bien uno con actividad deportiva y ambiente joven. Si os lo estáis planteando, empezad por Punta Cana en familia y por la temporada de huracanes en el Caribe.

Resumen: cómo elegir en cinco minutos

DestinoPor qué funciona a los 15A tener en cuenta
BenidormPaseo enorme, vida a todas horas, parques de ocio cerca y mucha gente de su edadEs ciudad: no es el sitio de quien busca calma
Salou y Costa DoradaEl parque temático, de lo poco que sigue ilusionando a esa edad, más paseo y playa urbanaEn agosto se llena; entradas cerradas con antelación
Costa del SolPaseo casi continuo, tren de cercanías, puerto deportivo y ciudad a media horaElegir hotel a distancia andando del paseo
Mallorca e IbizaBahías con núcleo propio, deportes de agua y planes en barcoLa zona lo decide todo: evitar calas aisladas y fincas apartadas
Sur de Tenerife y Gran CanariaFunciona todo el año, mucha excursión y deporte, núcleos grandes con paseoLas distancias en isla se subestiman: mirar bien la base
Costa gaditanaSurf, kite y ambiente joven; el deporte como eje del viajeEl viento manda y la oferta hotelera es más pequeña

Si quieres empezar a mirar fechas y zonas por tu cuenta, puedes hacerlo directamente en nuestro buscador de hoteles, y si prefieres que te lo afinemos, seguimos leyendo mensajes al otro lado.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el mejor destino de España para ir de vacaciones con adolescentes?

Si hay que dar un solo nombre, Benidorm. Y conviene decirlo sin complejos, porque es el destino que reúne a la vez todo lo que un chaval de quince o dieciséis años necesita para pasárselo bien: un paseo marítimo larguísimo por el que se puede andar durante horas, dos playas urbanas con socorristas y gente a todas horas, tiendas, heladerías y sitios abiertos hasta tarde, parques de ocio a poca distancia y, sobre todo, muchísima gente de su edad haciendo exactamente lo mismo. A esa edad, ese último punto vale más que cualquier instalación del hotel. Detrás vienen Salou por el peso de PortAventura y la Costa del Sol por su paseo continuo y su transporte público, pero el conjunto de Benidorm es difícil de igualar en España.

¿Es mejor un hotel de cinco estrellas o un hotel bien situado si viajo con adolescentes?

Bien situado, casi siempre. Es el cambio mental que hay que hacer cuando los hijos crecen: con un niño de cuatro años el hotel es el viaje entero, porque el crío no sale de la piscina y del miniclub, así que la calidad de las instalaciones lo decide todo. Con un hijo de dieciséis, el hotel es el sitio donde duerme y desayuna, y el viaje pasa fuera. Un cinco estrellas magnífico en mitad de la nada, con la urbanización más cercana a veinte minutos en coche, se convierte a esa edad en una condena: no puede salir, no puede quedar con nadie y depende de vosotros para todo. Un tres estrellas correcto en un sitio con paseo marítimo, tiendas y vida propia lo va a disfrutar solo.

¿Merece la pena llevar a un amigo de mi hijo de vacaciones?

Es probablemente la mejor decisión que se puede tomar en unas vacaciones con un adolescente, y casi nadie se la plantea. Un chaval de quince años con un amigo al lado se organiza su propio viaje: bajan al paseo, se meten en el agua, se pasan la tarde entera entretenidos y de repente no hay que llenarles las horas ni negociar cada plan. Además cambia el ambiente de la mesa a la hora de cenar, porque deja de haber un adolescente solo rodeado de adultos. Organizarlo es más sencillo de lo que parece: se busca una habitación que admita la plaza extra o dos habitaciones comunicadas, se pide permiso y autorización por escrito a los padres del amigo, se acuerda antes quién paga qué, y se llevan los datos del seguro y la tarjeta sanitaria del chaval.

¿Qué destinos de España conviene evitar con hijos adolescentes?

No hay destinos malos, hay destinos que no encajan con esa edad. Los pueblos pequeños y tranquilos de cala recogida, esos que son un regalo con niños de seis años porque el agua está en calma y no hay coches, suelen ser un problema a los dieciséis: se ven en veinte minutos, no hay nada abierto por la tarde, no hay nadie de su edad y el chaval acaba tirado en la habitación con el móvil mientras los padres se preguntan qué ha pasado. Lo mismo vale para los complejos aislados en mitad del campo o de la montaña y para las urbanizaciones muy alejadas del núcleo, por bonitas que sean. Si el sitio te enamora, la solución es combinarlo con unos días en un destino con más vida, no descartarlo del todo.

¿Qué actividades funcionan de verdad con un adolescente de vacaciones?

Las que implican hacer algo, no mirarlo. A los quince años un monumento se visita en veinte minutos con cara de circunstancias, pero una clase de surf de dos horas se recuerda el año entero. Lo que mejor funciona: surf y bodyboard en la costa atlántica, paddle surf y kayak en cualquier cala tranquila, buceo y snorkel con bautismo incluido, karts, escalada y parques de aventura, parques acuáticos y parques temáticos, y las travesías en barco con parada para bañarse. Todo eso comparte tres cosas que a esa edad importan: hay algo que aprender, hay algo de riesgo controlado y hay foto o vídeo que enseñar después. Conviene reservar una o dos actividades por semana, no cinco: el resto del tiempo prefieren organizárselo ellos.

¿Es buena idea alternar playa y ciudad con adolescentes?

Suele funcionar mucho mejor que dos semanas seguidas de playa. A partir de los catorce años el aburrimiento aparece antes, y siete u ocho días de la misma rutina de piscina, playa y buffet acaban pesando. La fórmula que mejor resultado nos da es una base de playa larga más dos o tres noches de ciudad en algún sitio con vida, tiendas, comida distinta y algo que hacer por la noche. También funciona al revés, empezando por la ciudad y rematando con playa para volver descansados. El único detalle práctico es evitar los traslados largos y complicados: si el cambio de base supone cinco horas de coche o un vuelo con escala, se come el beneficio.

¿Cuánta libertad se le puede dar a un adolescente en las vacaciones?

Eso lo decide cada familia, pero lo que sí podemos aportar es la parte práctica que hace que salga bien. Funciona muy bien acordar un punto de encuentro fijo y visible, del tipo la entrada del hotel o un local concreto del paseo, en vez de un lugar difuso; fijar una hora de vuelta clara y confirmarla con un mensaje al llegar; llevar batería externa, porque el móvil descargado es la causa número uno de los sustos; y darle algo de dinero suelto en efectivo para que no dependa de vosotros para un helado. También ayuda elegir un destino donde el paseo esté iluminado y transitado y donde el hotel esté a distancia andando de todo, porque entonces la libertad no exige coche ni logística.

¿Cuándo compensa irse al Caribe en vez de quedarse en España con adolescentes?

Compensa cuando hay días de sobra y cuando el viaje se plantea como algo especial, no como el veraneo de siempre. Con un vuelo largo por delante, una escapada de siete noches se queda corta: la ecuación empieza a salir a partir de nueve o diez noches. A cambio, a un chaval de dieciséis años le da algo que España no le da: un vuelo transoceánico, un país distinto, excursiones de buceo y snorkel en arrecife, y un régimen de todo incluido donde puede coger un refresco o un helado sin pedir dinero cada vez, que a esa edad es una forma muy real de autonomía. Fuera de temporada de huracanes y con un hotel que tenga deportes acuáticos, suele ser el viaje que recuerdan.

¿Vacaciones con un hijo adolescente y ninguna gana de que se aburra?

Cuéntanos la edad, si va a ir algún amigo suyo y qué le gusta hacer, y te proponemos el destino y el alojamiento con el criterio de este artículo: primero lo que hay alrededor, después el hotel. Con la ocupación de la habitación confirmada antes de que reserves nada.

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