Islas Canarias desde el aire

Guía familiar

Maspalomas y el sur de Gran Canaria con niños: guía familiar honesta

Por Viajes Santa Mona

Hay destinos que se eligen por romanticismo y destinos que se eligen porque funcionan. El sur de Gran Canaria pertenece de lleno al segundo grupo, y eso, cuando viajas con niños, no es un defecto sino justo lo contrario. Aquí el sol no es una promesa de folleto: es una realidad estadística que se repite mes tras mes, también en pleno enero. Aquí no hay que improvisar dónde comer ni buscar farmacia con angustia, porque llevan cincuenta años recibiendo familias europeas y la infraestructura está más que rodada. Y aquí, a menos de media hora de casi cualquier hotel, tienes desde un desierto de dunas protegido hasta calas de agua quieta, parques acuáticos, barcos que salen a ver delfines y una montaña verde que parece de otra isla. En esta guía te contamos cómo es de verdad el sur de Gran Canaria en familia, qué distingue una zona de otra — incluidas las que no recomendamos a todo el mundo —, qué planes rinden con los peques y cómo montar la escapada para no equivocarte de base.

Por qué aquí el sol es casi una certeza

La razón por la que el sur de Gran Canaria se llenó de hoteles a partir de los años sesenta no fue el capricho de nadie: fue la meteorología. Las Canarias están a la altura del Sáhara, muy al sur del resto de España, y reciben todo el año la influencia suavizadora del Atlántico y de los vientos alisios. El resultado es un clima de una estabilidad rarísima en Europa: temperaturas templadas en invierno, veranos sin los calores asfixiantes del interior peninsular y una amplitud térmica pequeña entre estaciones. Es lo que ha convertido al archipiélago en el refugio invernal de media Europa.

Dentro de la isla, además, hay una diferencia interna que conviene entender desde el principio porque explica muchas cosas. Gran Canaria es una isla montañosa y redonda, con cumbres muy altas en el centro. Los alisios llegan del noreste cargados de humedad, chocan contra esa mole de montaña y descargan nubes en la vertiente norte. Cuando el aire baja por la otra cara, ya seco, deja el sur despejado. Por eso se dice que Gran Canaria es un continente en miniatura: puedes tener Las Palmas encapotada mientras en Maspalomas hace un día radiante, y viceversa, y ambas cosas ser normales el mismo martes.

Para una familia, esa certeza tiene un valor enorme que solo se aprecia cuando has vivido lo contrario. Significa que un puente de diciembre no depende de la lotería del tiempo. Que no hay que llevar plan B para cinco días seguidos. Que los niños van a poder bañarse, y que la piscina del hotel no va a estar vacía y helada. Cuando se viaja con peques, cada imprevisto se multiplica por el número de personas del grupo, y quitar de la ecuación el mayor imprevisto de todos — la lluvia — es exactamente lo que hace que tantas familias repitan destino en Canarias año tras año.

Las dunas de Maspalomas, el oasis y el faro

Las dunas de Maspalomas son el gran icono de la isla y una de las estampas más reconocibles de toda España. Se trata de un extenso campo de dunas móviles de arena clara, declarado reserva natural especial, que se extiende junto al mar entre Playa del Inglés y el faro. La palabra clave es «móviles»: no son un decorado fijo, sino un sistema vivo que el viento remodela constantemente, de manera que el paisaje que ves hoy no es exactamente el de hace unos años. Esa fragilidad es la razón por la que está protegido y por la que hay zonas y accesos regulados que deben respetarse sin excepción.

Verlas con niños es un plan de los que se quedan grabados. La sensación de estar en un desierto en miniatura, con crestas de arena hasta donde alcanza la vista y el Atlántico al fondo, no se parece a nada de lo que hayan visto en la Península. Ahora bien, conviene ir con la cabeza fría: caminar sobre arena blanda cansa muchísimo más de lo que uno calcula, dentro del arenal no hay sombra ni fuentes, y a mediodía la arena quema de verdad. La forma sensata de hacerlo es a primera hora de la mañana o al final de la tarde, con agua, gorra y calzado que se pueda quitar, sin pretender atravesarlo entero y disfrutando de los miradores habilitados, que ya ofrecen una panorámica espectacular.

Junto a las dunas están los otros dos elementos del conjunto. Uno es La Charca y el entorno del oasis de palmeras, una laguna litoral de gran valor ecológico donde se concentran aves y que forma un contraste precioso con la arena: de pronto, en mitad del desierto, aparece agua y verde. El otro es el faro de Maspalomas, un faro histórico de gran altura que preside la punta sur de la isla y que se ha convertido en el punto de encuentro por excelencia de la zona. A su alrededor hay un paseo llano, terrazas y vistas abiertas, y es el sitio ideal para terminar la tarde: los niños corretean, se ve caer el sol sobre el océano y desde allí arranca el paseo marítimo que enlaza con Meloneras. Si solo pudierais hacer un plan en toda la semana, este sería el candidato.

Maspalomas, Playa del Inglés, San Agustín y Meloneras

Uno de los errores más comunes al reservar en el sur de Gran Canaria es pensar que todo es lo mismo porque en el mapa aparece pegado. No lo es. Las zonas comparten playa, sol y servicios, pero el ambiente cambia radicalmente de una a otra, y con niños esa diferencia decide cómo se duerme y cómo se vive el día. Merece la pena dedicar diez minutos a entenderlo antes de elegir alojamiento, porque cambiar de zona a mitad de viaje no es realista.

Maspalomas propiamente dicha, la zona que rodea el oasis, el campo de golf y el faro, es la más residencial y tranquila del conjunto. Domina el modelo de bungalows: complejos de casitas de una o dos plantas con jardines, piscinas y calles interiores sin tráfico, un formato que con niños funciona extraordinariamente bien porque tienes espacio propio, puerta a la calle y un entorno controlado donde los peques pueden moverse. El ritmo es pausado, hay mucho paseo y mucha zona verde, y la playa queda a mano. Si viajáis con niños pequeños y priorizáis descansar, es probablemente la mejor apuesta general del sur.

Playa del Inglés es el corazón comercial y de animación. Concentra los grandes centros comerciales, la mayor densidad de restaurantes, tiendas y ocio, y también la vida nocturna del sur de la isla. Tiene ventajas objetivas: lo tienes absolutamente todo a pie, la oferta es amplísima y suele ser competitiva en precio, y el ambiente es alegre. Pero seamos honestos, porque para eso escribimos estas guías: no es la zona más tranquila para dormir con niños pequeños. Según en qué calle caiga el alojamiento, puede haber ruido hasta tarde y mucho trasiego. Con adolescentes, o si os gusta el bullicio y elegís bien el establecimiento, puede ser perfecta; con un bebé que se despierta a la mínima, hay opciones mejores a un kilómetro.

San Agustín queda algo más al este y es la zona más discreta y veterana del sur. Es tranquila, con menos aglomeración, un paseo agradable y una playa de arena oscura de origen volcánico que sorprende a quien llega esperando la arena dorada de las dunas. Esa arena tiene sus consecuencias prácticas: coge más temperatura al sol, así que el chanclas es obligatorio, pero a cambio la playa suele estar menos llena y el conjunto es notablemente sosegado. Es una buena elección para familias que quieren calma sin renunciar a tenerlo todo cerca en coche o guagua.

Meloneras es la zona más moderna del conjunto, desarrollada al oeste del faro. Aquí están buena parte de los hoteles más nuevos y de mayor categoría, y sobre todo un paseo marítimo amplio y llano que bordea el litoral con terrazas, tiendas y vistas al océano. Ese paseo es, con diferencia, uno de los mejores activos de la zona para familias: es perfecto para carritos, para patinetes y para esa hora complicada entre la ducha y la cena. Meloneras suele salir algo más cara que sus vecinas y el ambiente es más de resort que de pueblo, pero si buscáis comodidad, orden y tranquilidad con niños, es una opción muy sólida.

Puerto Rico, Amadores y las calas resguardadas

Bajando por la costa hacia el oeste, el paisaje cambia: los grandes arenales dan paso a barrancos que desembocan en el mar y a un litoral más recortado. En ese tramo están Puerto Rico y Amadores, dos de los sitios que mejor funcionan de toda la isla con niños muy pequeños, y la razón es puramente física: sus playas están resguardadas por diques y espigones, de modo que el agua queda mucho más quieta que en mar abierto. La sensación al bañarse es casi la de una piscina enorme de agua salada, con entrada progresiva y sin las olas que a un niño de tres años le tumban y le quitan las ganas.

Puerto Rico es un núcleo turístico construido en la ladera de un barranco, con su playa abrigada, su puerto deportivo y un centro comercial que ejerce de plaza del pueblo. Tiene una peculiaridad que conviene saber antes de reservar: al estar encajado entre laderas, hay bastante desnivel entre la parte alta y la playa, y aunque existen ascensores y accesos, con carrito y con abuelos se nota. Compensa preguntar por la ubicación exacta del alojamiento respecto a la playa. Amadores, muy cerca, es una playa de arena clara aportada y perfil de concha, con paseo, restaurantes y esa agua tan calmada que la ha hecho famosa entre familias.

Este tramo del oeste tiene además una ventaja meteorológica menor pero real: suele estar algo más protegido del viento que las playas abiertas del entorno de las dunas. En días de alisio fuerte, cuando en Maspalomas la arena vuela y la sombrilla se convierte en un deporte de riesgo, en las calas del oeste se puede estar perfectamente. Tenerlo presente como plan alternativo es uno de esos trucos que solo se aprenden viajando varias veces al mismo sitio, y que aquí te ahorramos.

Puerto de Mogán, la pequeña Venecia

Si el sur de Gran Canaria tiene un rincón bonito con mayúsculas, ese es el Puerto de Mogán. Está en el extremo suroeste de la zona turística y se ha ganado el apodo de «la pequeña Venecia» por un motivo evidente en cuanto llegas: el núcleo está atravesado por canales de agua salvados por puentecitos, entre casas bajas encaladas cubiertas de buganvillas y flores. El conjunto, con el puerto deportivo a un lado, la playa al otro y las montañas cerrando el fondo, es de una armonía que rompe por completo con la imagen de urbanización de los años setenta que muchos asocian al sur de la isla.

Como plan familiar, Mogán es sobre todo un paseo, y ese es exactamente su valor. Es llano, corto, sin coches en la parte principal, lleno de estímulos visuales — los barcos, el agua de los canales, las flores, los gatos, los peces que se ven desde los puentes — y con terrazas donde sentarse cada dos por tres. Con niños funciona mucho mejor que un casco histórico convencional porque no hay nada que «visitar» ni ninguna cola que hacer: simplemente se camina y se mira. Tiene también una playa pequeña y tranquila, con arena y aguas calmadas, ideal para rematar la mañana.

El detalle que más gusta a las familias es la forma de llegar. Además de por carretera, hay servicios marítimos que conectan Mogán con otros puntos de la costa sur, y hacer el trayecto en barco convierte el desplazamiento en parte de la excursión en lugar de en un trámite. A los peques les encanta y a los adultos les evita conducir por carreteras con curvas. Como todo lo que depende de temporada y de mar, aquí toca lo de siempre: consulta horarios y precios actuales antes de organizar el día, porque cambian según la época del año.

Parques temáticos y acuáticos del sur

Pocas zonas de España concentran tanta oferta de parques de ocio por kilómetro cuadrado como el sur de Gran Canaria. Es una consecuencia directa de décadas de turismo familiar, y para una escapada con niños se traduce en algo muy concreto: tenéis munición para varios días completos sin repetir. La categoría más obvia son los parques acuáticos, con toboganes, piscinas de olas y zonas específicas para los más pequeños; son el plan estrella para niños a partir de cinco o seis años y dan de sí una jornada entera.

Está también Palmitos Park, un parque zoológico y botánico instalado en un barranco del interior cercano, conocido por sus jardines, sus aves y sus exhibiciones. Es probablemente el más «bonito» de todos por el entorno en el que está, aunque implica bastante caminar y algún desnivel. Otro clásico es Sioux City, un parque temático de ambientación del Oeste americano con espectáculos y decorados, que suele entusiasmar a los niños de entre cinco y diez años. Y para los más pequeños existe también oferta temática pensada a su medida, como el parque dedicado a Angry Birds, con atracciones a escala infantil.

Un par de consejos que valen para todos ellos. El primero: no llenéis la semana de parques. Tres días de parque seguidos agotan a cualquiera y además desdibujan lo que hace especial a la isla, que está fuera de ellos. Uno o dos bien colocados, intercalados con playa y descanso, rinden mucho más. El segundo: los calendarios de apertura, los espectáculos y las tarifas varían según la temporada y algunos parques cierran determinados días, así que consulta horarios y precios actuales antes de planificar el día y, si existe, valora la opción de traslado desde el hotel para no depender del coche.

Salir en barco: delfines y ballenas

Las aguas que rodean Canarias son uno de los mejores lugares de Europa para la observación de cetáceos. La profundidad del canal entre islas y la temperatura del agua hacen que haya poblaciones de delfines y de distintas especies de ballenas presentes durante buena parte del año, y desde los puertos del sur de Gran Canaria salen habitualmente excursiones en barco dedicadas a buscarlas. Para un niño, ver un delfín en libertad a pocos metros del casco es de esas experiencias que se cuentan en el colegio durante meses.

Conviene ir con expectativas ajustadas y con algo de criterio. Lo primero: son animales salvajes, así que ningún avistamiento está garantizado, por mucho que las probabilidades sean altas. Lo segundo: elegid embarcaciones que operen con criterios de respeto a los cetáceos, manteniendo distancias y sin perseguir a los animales; además de ser lo correcto, la experiencia es mejor y más tranquila. Y lo tercero, muy práctico: en mar abierto se mueve, así que si en la familia hay quien se marea, mejor salida corta, a primera hora — cuando el mar suele estar más plano — y sin desayunos copiosos.

Con niños muy pequeños, una alternativa más amable son las salidas cortas de costa, los trayectos entre puertos o los paseos en barcos con visión submarina, que dan mucho juego sin exigir horas de navegación. La oferta concreta, los tipos de barco y las duraciones cambian según la temporada y el puerto de salida, así que lo sensato es consultar horarios y precios actuales al llegar y reservar con un día de margen mirando la previsión de viento.

El interior: Roque Nublo, Tejeda y Fataga

Quedarse solo en la costa sur es el error más repetido de quien visita Gran Canaria por primera vez. A menos de una hora de coche desde Maspalomas, subiendo por los barrancos, empieza otra isla completamente distinta: verde, montañosa, fresca y de piedra. El contraste es tan brutal que resulta difícil creer que se trate del mismo territorio, y es justo lo que hace que la isla se haya ganado eso de «continente en miniatura».

El símbolo del interior es el Roque Nublo, un monolito de roca volcánica que se alza en la cumbre de la isla y que se ve desde media Gran Canaria. Hasta su base llega un sendero corto y bien marcado que sale desde un aparcamiento en la carretera de las cumbres; no es una ruta de montaña dura, pero sí hay algo de subida y suele hacer bastante más fresco y viento que abajo, así que hay que subir con chaqueta aunque en Maspalomas se estuviera en bañador. Con niños a partir de unos seis o siete años es un paseo perfectamente asumible y muy agradecido; con peques más pequeños, mochila portabebés.

En el camino hay dos paradas que redondean el día. Fataga es un pueblecito encajado en un barranco espectacular, con casas blancas, palmeras y un ambiente rural que no tiene nada que ver con la costa; el propio recorrido en coche por el barranco, con sus miradores, ya justifica la excursión. Y Tejeda, más arriba, es uno de los pueblos más bonitos de toda España, asomado a la caldera central, con vistas de vértigo y fama de repostería de almendra. Un aviso honesto: las carreteras de montaña son estrechas y con muchísimas curvas, y quien se marea lo va a pasar mal, así que conviene planificar el día con calma, parar a menudo y no encadenar toda la ruta de una sentada.

Las Palmas y Las Canteras, a una hora

A poco menos de una hora por autopista desde el sur está Las Palmas de Gran Canaria, una ciudad grande y con vida propia que no vive del turismo de sol y playa. Ir un día entero desde Maspalomas es perfectamente factible y aporta al viaje algo que la zona turística no puede dar: calle real, comercio, historia y ambiente canario de verdad. Con niños mayores, es un contrapunto estupendo a la rutina de playa y piscina.

El principal argumento es la playa de Las Canteras, una de las mejores playas urbanas de Europa. Es un arenal larguísimo en pleno centro de la ciudad, con un paseo marítimo continuo y llano, y con una particularidad que la hace excepcional para familias: una barra rocosa natural paralela a la orilla que frena el oleaje en buena parte de su extensión y deja un agua tranquila y poco profunda. Para niños pequeños es una piscina natural enorme, y para los mayores, un sitio donde ver peces con gafas sin salir del centro urbano.

El resto de la ciudad completa bien la jornada: el barrio histórico de Vegueta, con sus calles empedradas, su catedral y sus plazas; el museo dedicado a la ciencia y la técnica que suele funcionar muy bien con niños; el puerto y su trasiego; y una oferta gastronómica mucho más variada que la de la zona turística. La forma más cómoda de hacerlo es coche o transporte público directo, dedicarle el día completo y volver al sur al atardecer. Y recordad lo del clima: es habitual que en la capital haya más nubes que en Maspalomas, sobre todo por la mañana, así que no os asustéis si salís con sol y llegáis con cielo cubierto.

El clima real: calima, viento y norte nublado

Toca hablar de lo que los folletos no cuentan, porque preferimos que vayáis sabiéndolo. El clima del sur de Gran Canaria es magnífico y muy estable, pero tiene tres matices reales. El primero ya lo hemos mencionado: la diferencia entre norte y sur. El norte de la isla es más húmedo, más verde y con bastantes más nubes; el sur es seco y soleado. Si vais a la capital o al norte y encontráis el cielo cubierto, no es que hayáis tenido mala suerte: es lo normal, y en Maspalomas probablemente esté haciendo sol al mismo tiempo.

El segundo es el viento. Los alisios soplan con regularidad y hay playas y días en los que se nota bastante, especialmente en las zonas abiertas del entorno de las dunas y por la tarde. No suele impedir el baño, pero sí puede convertir la tarde de playa en una lucha con la sombrilla y en arena por todas partes. La solución práctica es la que aplican los residentes: playa de mañana en las zonas expuestas y, si sopla fuerte, desplazarse a las calas resguardadas del oeste, donde el viento se nota mucho menos.

El tercero es la calima. Es un episodio ocasional en el que llega polvo en suspensión procedente del Sáhara: el cielo se pone blanquecino o anaranjado, baja la visibilidad, sube la temperatura y el aire se nota seco. Dura unos días y luego se va. No ocurre en la mayoría de los viajes, pero puede pasar, y si en la familia hay alergias o problemas respiratorios conviene reducir el tiempo al aire libre mientras dura. Con esos tres matices sobre la mesa, la conclusión sigue siendo clara: pocos destinos españoles ofrecen tanta previsibilidad meteorológica en pleno invierno como este.

Qué comer con niños en Gran Canaria

La cocina canaria es sencilla, sabrosa y sorprendentemente amable con los paladares infantiles. El plato bandera son las papas arrugadas con mojo: patatas pequeñas cocidas con mucha sal, con la piel rugosa, que se acompañan de dos salsas, el mojo verde — de cilantro o perejil, suave — y el mojo rojo o picón, más intenso. Con niños, la jugada es evidente: papas sin mojo o con el verde, y que los mayores se atrevan con el rojo. Es un plato que gusta prácticamente siempre y que además funciona como acompañamiento de todo.

Después está el plátano de Canarias, que es un producto distinto al banano de importación: más pequeño, más dulce y con esas motitas características. Comerlo aquí, recién traído de las plataneras que se ven desde la carretera, es otra cosa. Los quesos canarios son otro imprescindible, muchos de cabra, con variedades tiernas y suaves que a los niños les entran sin problema y otras curadas o ahumadas para los adultos. Y en pescado, la isla juega en casa: vieja, cherne y sama son nombres que conviene probar, normalmente a la plancha, que es como mejor lo aceptan los peques.

En la zona turística encontraréis además una oferta internacional amplísima, herencia de décadas de clientela europea, así que ningún niño se va a quedar sin cenar. Nuestro consejo es no quedarse solo en eso: basta con alejarse un poco del núcleo hotelero, o subir a cualquier pueblo del interior, para comer cocina local en sitios sencillos y a precios muy razonables. Un almuerzo de papas, queso, pescado y postre en un pueblo de montaña es, para muchas familias, el mejor recuerdo gastronómico del viaje.

Cómo llegar, cuándo ir, coche y bebés

Llegar es de lo más fácil que hay. El aeropuerto de Gran Canaria está en la costa este de la isla y queda a unos veinticinco minutos en coche por autopista de la zona de Maspalomas y Playa del Inglés, un trayecto corto y cómodo que se agradece muchísimo cuando se viaja con niños cansados. Recibe vuelos durante todo el año desde numerosas ciudades españolas y europeas, lo que se traduce en frecuencia y en flexibilidad de horarios. Desde el aeropuerto, con maletas y sillas, lo más práctico suele ser el traslado directo al alojamiento o el coche de alquiler. Consulta horarios y precios actuales de vuelos y traslados al fijar las fechas, porque varían mucho por temporada.

Sobre cuándo ir, la respuesta corta es: cuando queráis. La respuesta larga es que el destino brilla especialmente en invierno, cuando el resto del país está gris y aquí se puede desayunar en la terraza en manga corta. Navidad, los puentes de invierno y febrero son momentos estelares, con la contrapartida de que son también los de mayor demanda. Primavera y otoño ofrecen una relación entre clima y ocupación inmejorable, y el verano es cálido pero sin los extremos de la Península. La variable a vigilar no es el tiempo, sino el calendario de vacaciones escolares.

Sobre el coche, ya lo hemos apuntado: no es obligatorio. Si el plan es playa, piscina, paseos y algún parque con traslado, se puede vivir la semana entera sin conducir, y las guaguas y taxis cubren bien los desplazamientos entre zonas del sur. Si en cambio queréis el interior, Mogán a vuestro ritmo o la capital, el coche multiplica el viaje. Una fórmula que funciona muy bien es alquilarlo solo dos o tres días sueltos y dedicar el resto a moverse a pie.

Y con bebés, el sur de Gran Canaria es un destino especialmente cómodo. Los paseos marítimos de Meloneras y del entorno del faro son llanos, anchos y continuos, ideales para carrito. Los complejos de bungalows evitan escaleras y ascensores y dan espacio. Hay supermercados y farmacias por todas partes, así que no hace falta cargar la maleta de potitos ni de pañales. Las calas resguardadas del oeste permiten un primer baño sin oleaje. Los únicos puntos a vigilar son el sol — con protección alta, gorra y sombra en las horas centrales, porque aquí pega aunque no haga calor sofocante — y el desnivel de algunos núcleos como Puerto Rico, que conviene comprobar antes de reservar.

Dónde alojarse según la edad de los niños

Aquí está la decisión que más condiciona el viaje, y por eso la dejamos para el final. Con bebés y niños de hasta cuatro o cinco años, la recomendación general es un complejo de bungalows o apartamentos en la zona de Maspalomas o en Meloneras: espacio, piscina infantil, poco ruido, entorno controlado y paseos llanos a un paso. La alternativa del oeste, junto a las calas resguardadas de Amadores o Puerto Rico, también funciona muy bien por el agua tranquila, siempre que comprobéis el desnivel hasta la playa.

Con niños de seis a doce años, se abre el abanico. A esa edad ya aguantan parques acuáticos, salidas en barco y el sendero del Roque Nublo, así que interesa una base bien conectada y un alojamiento con buena zona de piscina y actividades. Playa del Inglés empieza a tener sentido por la cantidad de oferta a pie de calle, siempre eligiendo bien el establecimiento y su ubicación exacta. Con adolescentes, la animación y el tenerlo todo cerca pesan más que la tranquilidad, y ahí Playa del Inglés o Meloneras suelen ser las bazas más cómodas. Si lo que buscáis es calma pura y un ritmo lento, San Agustín es la respuesta.

En cuanto al régimen, el todo incluido o la media pensión suelen compensar con niños porque eliminan la fricción diaria de decidir dónde come cada uno y cuánto cuesta cada cosa, y porque permiten organizar el día alrededor de la playa y la siesta sin sobresaltos. Dicho esto, no hay una fórmula única: hay familias a las que un apartamento con cocina les da mucha más libertad, sobre todo con bebés. Lo importante es que la combinación de zona, tipo de alojamiento y régimen encaje con vuestras edades y con vuestro plan. Ten en cuenta que las ofertas no incluyen seguro de viaje, así que si queréis cobertura adicional conviene tenerlo previsto aparte.

Si estáis comparando antes de decidir, os vendrá bien nuestra guía de dónde alojarse en Gran Canaria, donde repasamos zona por zona. Si todavía dudáis de isla, tenemos una comparativa detallada de Tenerife o Gran Canaria para familias. Para afinar las fechas, echad un vistazo a la mejor época para viajar a Canarias y, si queréis hacer números con calma, a cuánto cuesta un viaje a Canarias. Y si os ronda la idea de pasar las fiestas al sol, ahí está nuestra guía de Navidad en Canarias, que es probablemente el momento del año en que este destino más se disfruta.

Preguntas frecuentes

¿Es el sur de Gran Canaria un buen destino para ir con niños?

Es uno de los mejores de España para familias, y lo es por una razón muy poco romántica pero muy práctica: la fiabilidad. El sur de Gran Canaria tiene sol casi garantizado los doce meses del año, temperaturas suaves incluso en enero, un mar templado y una infraestructura hotelera pensada desde hace décadas para el turismo familiar europeo. Eso significa complejos de bungalows con piscina, apartamentos amplios, supermercados a pie de calle, farmacias, paseos llanos y playas con servicios. A eso se suma una oferta de ocio muy concentrada: parques acuáticos, parques de animales, excursiones en barco y calas resguardadas, todo a pocos kilómetros. Con niños, tener plan alternativo a menos de veinte minutos cuando el día se tuerce vale muchísimo, y en el sur de la isla siempre lo hay.

¿Qué diferencia hay entre Maspalomas y Playa del Inglés?

Aunque están pegadas y comparten la misma playa enorme, el ambiente es distinto. Maspalomas, sobre todo la zona junto al oasis, el faro y el campo de golf, es más residencial y tranquila, con muchos complejos de bungalows de una o dos plantas, jardines, piscinas y calles sin apenas tráfico. Es la zona que mejor funciona con niños pequeños porque el ritmo es pausado y todo queda cerca. Playa del Inglés es lo contrario: es el corazón comercial y de animación del sur, con grandes centros comerciales, mucha oferta de restauración, mucha gente y una vida nocturna muy activa concentrada en determinadas zonas. Conviene decirlo con honestidad: Playa del Inglés no es la zona más tranquila para dormir con niños pequeños si os toca cerca del bullicio. Tiene ventajas reales — todo a mano, precios competitivos, ambiente animado — pero si buscáis calma, Maspalomas, Meloneras o San Agustín son apuestas más seguras.

¿Se puede caminar por las dunas de Maspalomas con niños?

Sí, las dunas son una reserva natural protegida y existen recorridos y accesos habilitados para visitarlas, además de miradores desde donde se ven en toda su extensión. Lo que hay que tener claro es que caminar sobre arena blanda cansa mucho más de lo que uno calcula, que en el interior del arenal no hay sombra ni agua, y que en las horas centrales del día la arena quema. Con niños, la fórmula que funciona es ir a primera hora de la mañana o a última de la tarde, llevar agua y gorra, no intentar cruzar el campo de dunas entero y respetar escrupulosamente las zonas señalizadas, porque es un ecosistema frágil y protegido. Hecho así, es una experiencia que los peques recuerdan durante años: es literalmente un desierto en miniatura junto al mar.

¿Cuáles son las mejores playas del sur de Gran Canaria con niños pequeños?

Para peques que aún no nadan bien, las mejores suelen ser las calas artificiales del oeste: Amadores y la playa de Puerto Rico están resguardadas por diques y espigones, tienen arena, entrada muy suave y un agua notablemente más tranquila que el mar abierto, casi de piscina grande. San Agustín es otra opción muy cómoda, más tranquila y con arena oscura de origen volcánico, menos concurrida que Playa del Inglés. La playa de Maspalomas es espectacular y enorme, pero al ser abierta puede tener más oleaje y más viento según el día, así que con niños de dos o tres años conviene mirar bien el estado del mar. Consulta siempre la bandera y las indicaciones de socorrismo del día antes de bañaros, porque cambian.

¿Hace falta alquilar coche en el sur de Gran Canaria?

No es imprescindible, pero cambia bastante el viaje. Si vuestro plan es playa, piscina, paseo y algún parque, podéis resolver la semana entera sin coche: las zonas del sur están bien comunicadas entre sí por transporte público y por taxi, y muchos parques ofrecen traslado desde los hoteles. Si en cambio queréis subir al interior — Roque Nublo, Tejeda, Fataga — o combinar varias calas del oeste y Puerto de Mogán a vuestro ritmo, el coche multiplica lo que podéis ver. Hay que tener en cuenta que las carreteras de montaña son estrechas y con muchas curvas, algo a valorar si en la familia hay quien se marea. Una solución intermedia que funciona muy bien es alquilar el coche solo dos o tres días sueltos y el resto moverse a pie.

¿Cuál es la mejor época para viajar a Maspalomas con niños?

El sur de Gran Canaria funciona los doce meses, y esa es precisamente su gracia. Dicho eso, es en invierno cuando más brilla frente al resto de destinos españoles: entre noviembre y marzo, mientras en la Península llueve y anochece a las seis, en el sur de la isla hay sol, temperaturas suaves y días para estar en la calle. Por eso es un destino clásico de Navidad, de puentes de invierno y de escapadas de febrero. La primavera y el otoño son también momentos excelentes, con muy buen tiempo y menos ocupación que en las semanas señaladas. El verano es agradable, sin los calores extremos del sur peninsular, pero coincide con la temporada alta nacional. La clave está más en el calendario de ocupación que en el clima, porque el clima acompaña casi siempre.

¿Qué es la calima y hasta qué punto puede estropear el viaje?

La calima es una masa de aire cargada de polvo en suspensión procedente del Sáhara que llega a Canarias de forma ocasional a lo largo del año. Cuando aparece, el cielo se vuelve blanquecino o anaranjado, la visibilidad baja, sube la temperatura y el ambiente se nota seco y polvoriento. Suele durar unos días. La honestidad manda decir que es un fenómeno real y que puede deslucir una jornada, sobre todo para personas con problemas respiratorios o alergias, a quienes se recomienda limitar el tiempo al aire libre mientras dura. Ahora bien, en la mayoría de los viajes no aparece o aparece de forma leve, y no es un motivo para descartar el destino. Es simplemente algo que conviene conocer antes de viajar en lugar de descubrirlo por sorpresa.

¿Compensa un hotel o un complejo de bungalows con todo incluido en el sur?

Con niños suele compensar mucho, y en el sur de Gran Canaria hay una particularidad que lo hace aún más interesante: la enorme oferta de complejos de bungalows y apartamentos, muchos con piscina infantil, jardines y espacio propio, que dan una sensación de casa que un hotel convencional no da. La ventaja del formato todo incluido o media pensión es que elimina la fricción diaria de decidir dónde y cuándo come cada uno, algo que con peques pesa más de lo que parece. Lo importante no es tanto el régimen como acertar con la zona y con el tipo de alojamiento según las edades de vuestros hijos y el plan que tengáis en mente, y ahí es donde el equipo de Viajes Santa Mona os ayuda a elegir con criterio en vez de reservar a ciegas. Ten en cuenta que las ofertas no incluyen seguro de viaje, así que si queréis cobertura adicional conviene preverlo aparte.

¿Os montamos la escapada a Maspalomas con los niños?

Cuéntanos fechas, cuántos sois y las edades de los peques, y el equipo de Viajes Santa Mona os prepara la escapada a medida: la zona del sur que mejor encaje con vosotros, hotel o bungalow bien elegido, vuelos, traslados desde el aeropuerto y los planes que de verdad rinden con vuestros niños. Presupuesto cerrado y sin letra pequeña.

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