Familia disfrutando de vacaciones en la playa

Viajes en familia

Volar con niños: carrito, sillita de coche, cuna y todo el equipaje que llevan

Por Viajes Santa Mona

Un adulto que vuela solo lleva una maleta. Una familia con dos niños lleva una maleta por cabeza, un carrito, a veces una sillita de coche, una mochila con pañales, la bolsa de la merienda y un peluche que no se puede facturar bajo ningún concepto. Y con todo eso hay que pasar un mostrador, un control de seguridad y una puerta de embarque, normalmente con alguien pidiendo agua justo en el peor momento. Esta guía trata de eso: cómo funciona de verdad el equipaje cuando vuelas con niños, qué va gratis y qué no, qué se puede usar hasta el último minuto y qué te van a quitar antes de subir.

Antes de empezar, la advertencia más importante del artículo, y va en serio: ninguna de estas cosas funciona igual en todas las compañías. Las medidas, los pesos, las edades de corte, si el carrito te lo devuelven en la puerta o en la cinta, si aceptan tu sillita a bordo, cuántas cunas hay y cómo se piden: todo eso lo decide cada aerolínea y lo cambia cuando quiere. Aquí explicamos el mecanismo y los rangos habituales, que es lo que te permite entender qué preguntar. La respuesta concreta para tu vuelo la tiene tu compañía, y hay que pedírsela por escrito. Un error aquí no es una molestia: es una familia bloqueada en el mostrador con un carrito, dos críos y un avión que no espera.

Bebé en brazos o niño con asiento propio: la frontera que lo cambia todo

Todo lo demás depende de esto, así que empezamos por aquí. En el mundo aéreo un niño no es una categoría, son dos muy distintas. Está el bebé sin asiento, que viaja en brazos de un adulto sujeto con un cinturón supletorio que te entregan a bordo, y está el niño con billete y asiento propio, que a efectos prácticos ocupa una plaza como cualquier pasajero.

La frontera está habitualmente en los dos años cumplidos, y esa es la referencia que usan casi todas las compañías, aunque conviene comprobarla porque la redacción cambia de una a otra. Lo que casi nadie tiene en cuenta es que la edad se mira en la fecha de cada vuelo, no en la de la reserva. Si tu hijo cumple dos años el 12 de agosto y volvéis el 20, a la ida puede ir en brazos y a la vuelta necesita asiento propio. Se compra así, en dos tramos con condiciones distintas, y si nadie lo detecta al reservar aparece en el mostrador del aeropuerto, que es el peor sitio posible para descubrirlo.

En equipaje, la diferencia es enorme y es justo la parte que más sorprende. Un bebé en brazos casi nunca tiene franquicia completa. No ocupa asiento, paga una tarifa reducida o una tasa, y a cambio lo habitual es que no lleve maleta propia o que lleve una franquicia muy recortada; algunas compañías le dan una bolsa pequeña o unos pocos kilos añadidos a la maleta de un adulto, otras directamente nada. Eso sí, el equipamiento de bebé —carrito, cuco, sillita— suele ir aparte y gratis, que es lo que salva la ecuación.

Un niño con asiento propio, en cambio, suele tener la misma franquicia que un adulto: su equipaje de mano y, si la tarifa lo incluye, su maleta facturada. Ahí está el consuelo económico de que cumpla dos años: pagas billete casi de adulto, pero también ganas una maleta entera, que con la cantidad de cosas que lleva una familia no es poca cosa. Para saber qué caben en cada bulto y cómo se reparte el peso te vendrá bien la guía de medidas y peso del equipaje de mano y la de maleta facturada, peso y exceso de equipaje.

El carrito: normalmente gratis y contigo hasta la puerta de embarque

Esta es la buena noticia del día. El carrito del bebé casi siempre viaja gratis y además no cuenta dentro de tu franquicia, porque se considera equipamiento de bebé y no una maleta más. Lo mismo suele aplicarse al cuco, a la sillita de coche y, en algunas compañías, a la trona portátil o a la cuna de viaje. Es el motivo por el que una familia puede aparecer en el aeropuerto con más bultos de los que le corresponderían y facturar sin pagar un euro de más.

Y la segunda buena noticia: lo normal es que puedas usar el carrito por toda la terminal. Lo llevas al mostrador, pasas el control con él —te pedirán sacar al niño y plegarlo para que pase por la máquina—, cruzas la terminal entera, esperas sentado con el niño dentro y solo lo sueltas en la puerta de embarque, donde te lo recogen justo antes de entrar al avión y le ponen una etiqueta. Piensa en lo que significa eso en un aeropuerto grande: la diferencia entre llevar a un niño de dos años en brazos durante hora y media de espera o tenerlo sentado, contenido y con sus cosas colgadas del manillar.

Ahora los matices, que existen. Hay compañías que ponen límite de tamaño o de peso al carrito, otras que aceptan solo uno por niño, y algunas que distinguen entre el carrito plegable pequeño —que en ciertos vuelos puede entrar en cabina si cabe en el compartimento— y el carrito grande con capazo, que va siempre en bodega. En aviones pequeños de rutas regionales el trato puede ser distinto. Y en algunos aeropuertos, por operativa de la terminal, te lo recogen en el mostrador y no en la puerta. Ninguna de estas cosas es universal: pregúntalo para tu vuelo concreto.

La funda del carrito: el consejo que casi nadie da

Aquí va el consejo que más agradecen las familias que nos han hecho caso, y que no sale en ninguna parte porque no interesa contarlo. Cuando entregas el carrito en la puerta de embarque, tú te quedas con la imagen de un operario bajándolo con cuidado por la escalerilla y dejándolo con mimo. La realidad es otra: a partir de ese momento tu carrito viaja por la cinta como una maleta más. Va al mismo camión, a la misma cinta, a la misma bodega y recibe los mismos golpes. Y a diferencia de una maleta, un carrito no es una caja rígida: es un artefacto de tela, tubos, ruedas, frenos y ejes, con partes que se enganchan en todo.

El resultado es de manual: vuelve rayado, con la tela manchada de grasa de cinta, con un freno que ya no engancha o con una rueda que se ha llevado un golpe y desde entonces va torcida. Y un carrito con una rueda tocada arruina el viaje entero, porque es la pieza con la que te mueves todos los días.

La solución cuesta poco y funciona: una funda de transporte para el carrito. Las hay desde una bolsa básica de nailon hasta fundas acolchadas con asas y ruedas. No evita los golpes fuertes, pero sí la grasa, los arañazos, que se enganche una correa y que se pierda una pieza suelta por el camino. Y tiene un uso lateral que agradece mucha gente: dentro de la funda, junto al carrito, caben cosas blandas —toallas, sacos, el saco del carrito, ropa de abrigo— que así no ocupan maleta. Comprueba antes con la compañía si admiten que la funda lleve contenido, porque no todas lo permiten.

Dos gestos más que valen su peso en oro: haz una foto del carrito al entregarlo, con la fecha del móvil, y quita todo lo que cuelgue —organizador, sombrilla, juguetes, bolsas de la compra— porque lo que cuelga es exactamente lo que se pierde. Si aun así llega dañado, la reclamación se hace en el aeropuerto y en el momento, no al día siguiente; lo explicamos paso a paso en qué hacer si tu maleta llega dañada o no llega.

¿Te lo devuelven en la puerta o en la cinta? En una escala, eso lo cambia todo

Esta es la pregunta que separa a quien ha volado con niños de quien todavía no. Cuando entregas el carrito en la puerta de embarque, hay dos escenarios completamente distintos para recuperarlo, y no siempre eliges tú cuál:

Uno: te lo devuelven en la pasarela al bajar del avión. Sales, está esperando junto a la puerta, sientas al niño y sigues. Es el escenario bueno, y en vuelos cortos y aeropuertos con pasarela suele ser lo habitual.

Dos: te lo devuelven en la cinta de equipajes, con el resto de maletas, después de pasar inmigración si la hay. Entre que bajas del avión y llegas a la cinta pueden pasar cuarenta minutos, y todo ese rato el niño va en brazos.

Por qué en una escala esto es lo más importante de todo

Imagina un vuelo con escala camino del Caribe. Si en la escala te devuelven el carrito en la pasarela, cruzas la terminal con el niño sentado, esperas la conexión con él contenido y lo vuelves a entregar en la siguiente puerta. Si no te lo devuelven porque va facturado hasta el destino final, tienes por delante dos, tres o cinco horas de tránsito con un niño de dos años en brazos, sin dónde sentarlo, sin dónde colgar las bolsas y sin dónde echarle una siesta.

Por eso la pregunta que hay que hacer no es «¿el carrito va gratis?», que casi siempre sí, sino «¿me lo devolvéis en la puerta de cada escala o solo en el destino final?». La respuesta puede depender de la compañía, del aeropuerto de conexión, del tipo de avión e incluso de si el tránsito es internacional. Y si la respuesta es que no, entonces la decisión inteligente es distinta: llevar además un carrito paraguas muy ligero como equipaje de mano, si la compañía lo permite, o un fular o mochila portabebés, que ocupan nada y salvan la escala.

El mismo razonamiento aplica a la vuelta y a los vuelos de largo radio a Punta Cana o a la Riviera Maya, donde muchas familias salen desde el sur con una conexión intermedia. Si quieres ver cómo se combinan esas rutas, lo tratamos en la guía de vuelos al Caribe desde Andalucía.

La sillita de coche: a bordo, facturada o alquilada en destino

Con la sillita hay tres decisiones distintas y mucha gente las mezcla. La primera es si la quieres usar dentro del avión. Se puede, pero con dos condiciones firmes: que la sillita esté homologada para uso en aeronave y lo lleve escrito en su etiqueta, y que el niño tenga asiento propio pagado. Sin billete para el niño no hay dónde poner la sillita, por buena que sea.

Ese detalle de la etiqueta es el que más gente pilla desprevenida. Una sillita puede ser excelente para el coche y no valer para el avión: lo que se mira no es la calidad, es la mención expresa de aptitud para aeronave impresa en el propio producto. Muchas sillas vendidas en España no la llevan. Si la lleva, la compañía suele aceptarla siempre que quepa en el ancho del asiento y se coloque donde ellos indiquen, que nunca es una fila de emergencia y casi nunca un asiento de pasillo. Ponte en contacto con la aerolínea con antelación, mándales una foto de la etiqueta y guarda su respuesta: eso es lo que enseñas si en la puerta alguien duda.

¿Y merece la pena llevarla a bordo? Con un niño de uno a tres años, muchas familias dicen que sí, y por un motivo muy concreto: el niño ya sabe estar sentado en esa sillita. Es su sitio, se duerme en ella y no intenta escaparse cada diez minutos. En un vuelo largo eso cambia la noche entera. La contrapartida es que tienes que transportarla por el aeropuerto, y una sillita de grupo 1 pesa lo suyo.

La segunda decisión es facturarla. Si no está homologada para avión, o si no quieres pelearte con ella por la terminal, va a bodega, y lo habitual es que viaje gratis como equipamiento de bebé, igual que el carrito. Con la misma precaución: protégela. Una funda o incluso una caja de cartón evita que llegue rayada o con las cinchas enganchadas.

Y la tercera, la que decide de verdad si la llevas o no: ¿vas a alquilar coche en destino? Si la respuesta es sí, la sillita deja de ser opcional. En prácticamente todos los países hay obligación de llevar sistema de retención infantil, y los alquiladores lo cobran aparte, por día, con tarifas que en una semana o dos suelen acercarse peligrosamente al precio de una sillita nueva. A eso se suma que no eliges modelo, que no siempre está limpia y que no sabes su historial. Nuestra recomendación práctica: si vas a conducir más de dos o tres días, llévate la tuya. Si solo la necesitas para el traslado del aeropuerto al hotel, muchas veces sale mejor contratar un traslado privado con sillita incluida y olvidarte del asunto —eso sí, hay que pedirlo al reservar y con la edad y el peso del niño, no darlo por hecho.

El arnés de avión: la alternativa ligera a la sillita

Existe una tercera vía que poca gente conoce: los arneses de sujeción homologados para uso en avión. Son un sistema de correas que se monta sobre el respaldo del asiento y se combina con el cinturón normal, pensado para niños que ya se sientan solos y que están dentro de un rango de peso concreto. Pesan poco más que una camiseta y caben doblados en cualquier mochila.

La ventaja es evidente frente a cargar con una sillita por medio aeropuerto. El matiz, y es importante, es que no todas las compañías los aceptan: dependen de la homologación concreta del modelo y de la política de la aerolínea, y hay diferencias entre las que operan bajo normativa europea y las que no. Se pregunta antes, se lleva la documentación del arnés en la mano y se acepta que la tripulación tiene la última palabra a bordo. Como todo lo de este artículo: el mecanismo existe, la aplicación concreta la decide tu compañía.

La cuna de avión: en un vuelo al Caribe vale oro

La cuna de avión, que casi todo el mundo del sector llama bassinet, es una cuna que se ancla al mamparo que hay delante de determinadas filas. El bebé duerme dentro, tumbado, y tú tienes las manos libres. En un vuelo de ocho o nueve horas al Caribe, la diferencia entre llevar cuna y no llevarla es literalmente la diferencia entre dormir algo o no dormir nada.

Lo que hay que saber, en orden de importancia. Primero: existe sobre todo en aviones de largo radio. En un vuelo peninsular o a Canarias, no cuentes con ella. Segundo: hay muy pocas por avión —a menudo dos o tres— y se asignan por orden, así que se piden en el momento de reservar, no un mes antes del viaje y desde luego no al hacer el check-in. Tercero: tienen límite de peso y de talla, que varía según la compañía y el modelo de cuna y que suele moverse en el entorno de los diez kilos y los setenta y pocos centímetros; si el bebé se pasa, no la puedes usar aunque esté reservada.

Y cuarto, el detalle operativo que sorprende a todo el mundo: durante los despegues, los aterrizajes y las turbulencias hay que sacar al bebé de la cuna y llevarlo en brazos con el cinturón supletorio. Es normal y es por seguridad, pero conviene saberlo para no llevarse el susto de que te despierten al niño en plena noche.

Dos avisos finales sobre las cunas. Las filas con anclaje suelen ser las de mamparo, que en muchas compañías son asientos de pago, así que puede haber un coste asociado; y aunque te la confirmen, reconfírmala unos días antes del vuelo, porque un cambio de avión puede dejarte sin ella. Si vuelas al Caribe con un bebé, esto y la logística de horarios lo tratamos con más detalle en viajar al Caribe con un bebé.

Lo que va sí o sí en la bolsa de cabina

La regla que usamos con las familias es una sola frase: calcula el vuelo y prepara para el doble. No es exagerar. Un retraso en pista, una escala que se alarga, una cola de inmigración interminable o un desvío convierten tres horas en siete, y cuando eso pasa ya estás al otro lado del control, donde no hay farmacia ni tienes acceso a la maleta facturada. Esto es lo que no puede faltar:

  • Pañales para el doble del tiempo previsto, más toallitas y una crema. Los pañales ocupan mucho y pesan nada: es el bulto que más rabia da haber recortado.
  • Dos mudas completas del niño y una camiseta de repuesto para ti. Lo de la camiseta del adulto no es una broma: el vómito, el zumo y el potito acaban encima de quien lo lleva en brazos, y nueve horas con la camiseta manchada son nueve horas muy largas.
  • Bolsas de plástico o bolsas de tela para meter lo mojado y lo sucio. Dos o tres, no una.
  • Comida y agua. Aunque el vuelo lleve catering, el horario del catering no es el horario de tu hijo. Fruta, galletas, algo salado, y agua.
  • Chupetes de repuesto, en plural y guardados en sitios distintos. El chupete perdido a mitad de vuelo es un clásico con desenlace conocido.
  • La medicación con su receta o informe médico, siempre en cabina y en su envase original. Si es líquida o necesita frío, avisa en el control y consulta antes las condiciones con la compañía.
  • Algo con lo que entretenerse sin pantalla: pegatinas, un cuaderno, rotuladores, un juguete pequeño nuevo que no haya visto antes. La novedad compra más tiempo que la calidad del juguete.
  • El peluche o el trapito. Si tu hijo tiene uno, no se factura jamás. Y si existe un repuesto idéntico en casa, este es el viaje para traerlo.

Todo esto tiene que caber en tu equipaje de mano, y ahí es donde conviene tener claras las medidas de tu compañía antes de hacer la mochila. Lo desarrollamos en equipaje de mano: medidas y peso. Y para el resto del equipaje de unas vacaciones de playa, la lista completa está en qué llevar en la maleta de playa.

Comida infantil y leche: exceptuadas del límite de líquidos

Buena noticia y motivo de tranquilidad: la comida y la bebida del bebé están exceptuadas del límite de cien mililitros que se aplica al resto de líquidos. Eso incluye leche de fórmula ya preparada, leche materna, agua para preparar el biberón, potitos, purés, yogures y papillas, en la cantidad razonable para el viaje que vas a hacer. No hay que meterlo en la bolsa transparente de líquidos ni repartirlo en botes de cien mililitros.

Ahora la parte que nadie explica y que es donde se generan los malentendidos: hay que avisar. La excepción existe, pero el personal del control tiene que saber que eso que va a aparecer en la pantalla es comida de bebé. Si sale de sorpresa dentro de una mochila llena de cosas, lo que toca es abrir la mochila entera y revisarla delante de una cola de cincuenta personas, con un niño cansado colgando del brazo.

Cómo se hace sin drama, en tres pasos. Uno: agrupa toda la comida y bebida del bebé en una bolsa aparte, fácil de sacar, en el bolsillo exterior de la mochila. Dos: al llegar a la bandeja, sácala y dila en voz alta —comida y leche para el bebé— antes de que entre en la máquina. Tres: acepta la comprobación. Pueden pedirte que abras un envase, que pruebes tú un sorbo o pasar un detector por el exterior del bote. Están en su derecho y es cuestión de un minuto si lo llevas ordenado.

Dos apuntes prácticos: la excepción está pensada para el bebé que viaja contigo, así que no sirve para pasar tus propias botellas de agua; y si el bebé ya come de todo, muchas familias prefieren pasar el control sin líquidos y comprar el agua después, dentro de la zona de embarque. Lo que sí puede pasar es que un envase abierto o una bolsa de gel de frío levante preguntas, así que ve con margen. Todo lo demás sobre qué se puede y qué no se puede llevar está en líquidos y objetos prohibidos en el avión.

Los oídos en el despegue y el aterrizaje

Es la causa número uno del llanto en un avión y tiene una explicación sencilla. Al subir y al bajar cambia la presión de la cabina, y el oído medio necesita igualar esa presión a través de un conducto muy fino que comunica con la garganta. En un adulto se abre casi solo al tragar o al bostezar. En un niño pequeño ese conducto es más estrecho y más horizontal, así que se iguala peor y duele más. Y si además está resfriado o con mocos, el conducto está inflamado y la cosa empeora.

Lo que funciona es hacerle tragar, porque tragar es lo que abre el conducto. Con un bebé, eso significa pecho, biberón o chupete durante el despegue y durante el descenso, que son los dos momentos críticos. Con un niño más mayor, agua a sorbos, una piruleta, un chicle si ya tiene edad, o el truco de bostezar exagerando para que te imite. Con niños de tres o cuatro años funciona sorprendentemente bien pedirles que soplen con la boca cerrada y la nariz tapada, muy suave, como si hincharan un globo.

Tres cosas más. El descenso duele más que el despegue, así que guarda munición para el final. No despiertes a un bebé dormido para el despegue, pero sí conviene tenerlo despierto y tragando en el descenso. Y si el niño está con un catarro fuerte o con otitis, consúltalo con su pediatra antes de volar: es exactamente el caso en el que un vuelo se convierte en un mal recuerdo, y hay medidas que un profesional puede recomendarte y nosotros no.

La documentación de los menores: cada niño, su documento

Aquí no hay atajos y es donde más creencias antiguas circulan. La primera y más importante: cada menor necesita su propio documento de identidad o pasaporte, desde recién nacido. Hace muchos años se podía incluir a un hijo en el pasaporte de sus padres; eso ya no existe. Un bebé de dos meses necesita su documento igual que un adulto, y sacarlo lleva su tiempo y su cita previa.

Qué documento hace falta depende del destino. Para volar dentro de España y por buena parte de Europa suele bastar el DNI; para el resto del mundo, pasaporte, y en bastantes destinos además una autorización electrónica de entrada o un visado, con sus propios plazos. Lo que es común a todos los casos es la vigencia: muchos países exigen que el pasaporte tenga varios meses de validez restante a la entrada, y el pasaporte de un niño caduca antes que el de un adulto. Es un despiste habitual y no tiene arreglo en el aeropuerto.

El segundo bloque es el de los menores que viajan sin uno de sus progenitores o con terceros: con un abuelo, con la familia de un amigo, en un grupo, o con uno solo de los padres. En España existe una autorización de viaje para menores que se tramita ante la autoridad competente y que se pide en frontera con más frecuencia de lo que la gente cree, sobre todo en salidas y entradas internacionales. Quién puede firmarla, ante quién se tramita, a qué edades aplica y cuánto dura son cosas que cambian y que no vamos a inventar aquí: consúltalo en la fuente oficial, que es la información de la Policía Nacional sobre documentación y autorizaciones de viaje de menores, y complétalo con los requisitos de entrada del país de destino, que publica la información consular oficial.

Dos casos que conviene mirar con lupa: los apellidos distintos entre el adulto y el menor, donde llevar el libro de familia o una partida de nacimiento ahorra explicaciones; y las situaciones de custodia o de separación, donde hay países especialmente estrictos y donde el papel correcto evita que un viaje se caiga en el mostrador. Si viajas tú solo con tus hijos, tenemos un artículo entero sobre ello en viajar solo con hijos, y para el Caribe en concreto, en documentación para viajar al Caribe.

El orden de embarque y sentarse juntos

Con niños pequeños suele haber embarque prioritario, pero no lo des por hecho. Muchas compañías llaman antes a las familias con niños de corta edad o con carrito; otras lo han recortado, lo ofrecen solo con determinadas tarifas o directamente embarcan por orden de cola. No hay una norma común. Lo que sí funciona siempre es preguntar en la puerta de embarque nada más llegar y colocarse cerca.

Y conviene además decidir si te interesa. Subir de los primeros te da sitio en el compartimento superior y tiempo para colocar todo con calma, que con dos niños no es poco. Pero también son veinte minutos más de niño sentado en un avión parado y con el aire aún flojo. Con bebés muchas familias hacen justo lo contrario, y funciona muy bien: un adulto sube pronto con el equipaje y lo coloca, y el otro entra de los últimos con el peque, que así pasa el mínimo tiempo posible encerrado.

Capítulo aparte merece sentarse juntos. Que el sistema os asigne asientos contiguos por sentido común no está garantizado en tarifas sin selección de asiento, y es un tema sobre el que ha habido bastante movimiento normativo y de consumo en los últimos años. Lo prudente es sencillo: confirma con la compañía cómo se asignan los asientos cuando viaja un menor y qué política aplican, y hazlo antes de comprar, no después. Si vas con niños muy pequeños, ese dato pesa más que veinte euros de diferencia en el billete.

Llegar con margen: con niños todo tarda el doble

Este es el consejo más aburrido del artículo y el que más disgustos evita. Los tiempos que calculas para ti no valen para una familia. Facturar con tres maletas, un carrito y una sillita no son diez minutos. Pasar el control sacando al niño del carrito, plegándolo, quitándole el abrigo, sacando la bolsa de la comida del bebé y volviendo a montarlo todo al otro lado no son cinco minutos, son veinte. Y en medio va a haber un pipí de última hora, un zapato que se cae y una discusión sobre quién lleva la mochila.

Nuestra regla es sumar una hora entera a lo que harías viajando sin niños, y con vuelo internacional o escala corta, más. No es margen desperdiciado: es lo que convierte una mañana de gritos en una mañana en la que hasta da tiempo a desayunar tranquilos en la terminal, que con niños es una pequeña victoria en sí misma.

Añade estos tres gestos, que no cuestan nada. Haz el check-in en casa y lleva las tarjetas de embarque descargadas, no solo en un correo que necesita cobertura. Reparte la ropa de los niños entre las maletas, de forma que si una no llega nadie se quede sin nada. Y etiqueta todo por fuera y por dentro, incluidos el carrito y la sillita, con un teléfono y un correo. Si algo se separa del grupo, esos datos son la diferencia entre recuperarlo en horas o no recuperarlo.

Las preguntas que hay que hacerle a la compañía (para copiar y pegar)

Todo lo anterior se resuelve con una conversación con la aerolínea antes de volar. Estas son las preguntas útiles, y conviene que la respuesta llegue por escrito, en un correo o en un chat que puedas enseñar:

  • ¿Hasta qué edad exacta viaja el bebé en brazos y cómo se aplica si cumple años entre la ida y la vuelta?
  • ¿Qué equipaje lleva incluido el bebé sin asiento y qué lleva el niño con asiento propio?
  • ¿El carrito va gratis y aparte de la franquicia? ¿Hay límite de tamaño o de peso?
  • ¿Me devuelven el carrito en la puerta de embarque o en la cinta, en el destino y también en la escala?
  • ¿Aceptáis mi sillita de coche a bordo? —con la foto de la etiqueta de homologación adjunta— ¿y en qué asientos se puede colocar?
  • ¿Aceptáis arnés de sujeción homologado y cuáles?
  • ¿Hay cuna de avión en este vuelo? ¿Cuántas quedan, qué límite de peso y talla tiene y qué asientos hay que ocupar?
  • ¿Cómo se asignan los asientos cuando viaja un menor y qué hay que hacer para ir juntos?
  • ¿Hay embarque prioritario para familias en esta ruta?
  • ¿Qué documentación exigís al menor en el check-in y en el embarque para este destino?

Si alguna respuesta llega en forma de «normalmente sí» o «suele poderse», insiste hasta tener una confirmación para tu vuelo concreto. En el aeropuerto, «normalmente» no vale de nada.

Cómo lo comprobamos antes de cerrar un viaje en familia

Cuando montamos un viaje en familia, la cuna, el carrito y la franquicia de los niños se comprueban antes de cerrar nada. No después de pagar, no la semana antes: antes. Y se comprueban porque son justo las cosas que estropean el primer día, que es el día que más pesa en el recuerdo de unas vacaciones.

En la práctica eso significa preguntar la edad exacta de cada niño y la fecha en que cumple años, mirar qué franquicia lleva cada uno con la tarifa concreta que se va a comprar, solicitar la cuna en el momento de reservar si el vuelo es de largo radio, confirmar si el carrito se devuelve en la puerta también en la escala, y avisarte si la sillita que tienes no sirve para el avión, para que no lo descubras en el mostrador. Y, si el viaje incluye traslado o coche de alquiler, comprobar que la sillita del niño está contemplada y con qué grupo.

El resto del viaje se elige con el mismo criterio: hotel con habitación que admita a todos los que vais, cuna en la habitación pedida por escrito, horarios de comidas compatibles con los de un niño. Puedes empezar a mirar destinos y fechas por tu cuenta en nuestro buscador de hoteles, y si viajáis muchos, la letra pequeña de las habitaciones la explicamos en hoteles para familia numerosa y, con bebé, en todo incluido con bebé.

Preguntas frecuentes

¿A partir de qué edad tiene que pagar asiento propio un niño en el avión?

La frontera habitual está en los dos años. Hasta esa edad, la mayoría de compañías permiten que el bebé viaje en brazos de un adulto, sujeto con un cinturón supletorio que te dan a bordo, pagando una tarifa reducida o una tasa. A partir de los dos años cumplidos, el niño ocupa su propio asiento y paga billete de niño, que en muchas rutas cuesta prácticamente lo mismo que el de un adulto. El detalle que causa disgustos es que la edad se mira en la fecha del vuelo, no en la de la reserva: si tu hijo cumple dos años durante las vacaciones, a la ida puede ir en brazos y a la vuelta ya no. Cada compañía lo redacta a su manera, así que hay que confirmarlo con ella antes de comprar.

¿El carrito del bebé se paga o va gratis?

En la inmensa mayoría de compañías el carrito viaja gratis y además no cuenta como parte de tu franquicia de equipaje, porque se considera equipamiento de bebé y no una maleta más. Lo normal es que puedas usarlo por toda la terminal, facturarlo en el mostrador o llevarlo hasta la puerta de embarque, donde te lo recogen justo antes de entrar al avión. Dicho eso, gratis no significa sin condiciones: hay compañías que limitan el tamaño o el peso, otras que solo aceptan un carrito por niño, y algunas que distinguen entre carrito plegable de cabina y carrito grande. También hay rutas y aviones pequeños donde el trato es distinto. Confírmalo con la compañía y, si viajas con dos niños y dos carritos, con más razón.

¿Puedo usar la sillita de coche de mi hijo dentro del avión?

Solo si está homologada para uso en aeronave y lo lleva escrito en su etiqueta. No basta con que sea una buena sillita de coche: tiene que llevar la mención expresa de que es apta para avión, y muchas de las que se venden en España no la llevan. Si la lleva, casi todas las compañías la aceptan siempre que el niño tenga asiento propio pagado, que la sillita quepa en el ancho del asiento y que se coloque donde ellos digan, que nunca es una fila de emergencia y casi nunca un asiento de pasillo. Si no está homologada, la sillita viaja facturada. Es una gestión que conviene resolver con la compañía por escrito bastante antes del viaje, no en el mostrador.

¿Cómo se pide la cuna de avión y qué límites tiene?

La cuna de avión, o bassinet, es una cuna que se ancla al mamparo que hay delante de ciertas filas y existe sobre todo en aviones de largo radio. Hay muy pocas por avión, a veces dos o tres, así que se asignan por orden y hay que pedirlas cuanto antes: en el momento de reservar, no la semana anterior. Tienen límite de peso y de talla, que varía según la compañía y el modelo de cuna y que suele moverse en el entorno de los diez kilos y los setenta y pocos centímetros. Además, ocupar esas filas obliga a sentarse donde está el anclaje, lo que a veces implica pagar la selección de asiento. Se pide siempre a la compañía y conviene reconfirmarla unos días antes del vuelo.

¿Puedo pasar leche, agua y potitos por el control de seguridad?

Sí. La comida y la bebida para el bebé están exceptuadas del límite de cien mililitros que se aplica al resto de líquidos, en la cantidad razonable para el viaje que vas a hacer. Eso incluye leche de fórmula preparada, leche materna, agua para preparar el biberón, potitos, purés y yogures. Lo que sí tienes que hacer es sacarlo de la mochila y avisar al personal del control antes de que pase la bandeja por la máquina, porque si aparece de sorpresa en la pantalla es cuando se lía. Pueden pedirte que abras un envase o hacer una comprobación adicional, y están en su derecho. Llévalo todo junto en una bolsa aparte y el trámite se resuelve en un minuto.

¿Qué documentación necesita un niño español para volar?

Cada menor necesita su propio documento, desde recién nacido. Ya no existe la posibilidad de incluir a un hijo en el pasaporte de sus padres, así que el bebé de tres meses necesita su DNI o su pasaporte igual que un adulto, según el destino. Para volar dentro de España y por buena parte de Europa suele bastar el DNI; fuera de ahí, pasaporte, y en algunos destinos además autorización o visado. Si el menor viaja sin sus padres o con terceros, existe además una autorización de viaje que se tramita ante la autoridad competente. Los requisitos exactos y los plazos hay que consultarlos en la fuente oficial —la Policía Nacional para documentación y autorizaciones, y la información consular para el destino—, porque cambian y varían por país.

¿Qué meto en la bolsa de cabina cuando viajo con un bebé?

La regla que usamos es sencilla: calcula el vuelo y prepara para el doble. Pañales para el doble del tiempo previsto, toallitas, dos mudas completas del niño y una camiseta de repuesto para ti, bolsas para la ropa sucia, comida y agua, chupetes de más, la medicación que tome con su receta o informe, y algo con lo que entretenerse que no sea una pantalla. Esto no es exagerar: un retraso en pista, una escala que se alarga o un vuelo desviado convierten tres horas en siete, y la tienda de la terminal está al otro lado del control. Todo lo imprescindible tiene que ir contigo en cabina, nunca en la maleta facturada, porque la maleta puede tardar en aparecer.

¿Hay embarque prioritario cuando viajas con niños pequeños?

Suele haberlo, pero no lo des por hecho ni lo conviertas en tu plan. Muchas compañías llaman antes a las familias con niños pequeños o con carrito, y en algunas rutas se hace directamente en el orden de la cola. Otras han recortado esa prioridad o la ofrecen solo si has comprado una tarifa concreta. Pregunta en la puerta de embarque en cuanto llegues y colócate cerca, sin agobiar. Y valora si te conviene: subir de los primeros da tiempo a colocar todo con calma, pero también son veinte minutos más de niño sentado en un avión parado. Con bebés a veces compensa justo lo contrario, que suba un adulto a colocar las cosas y el otro entre al final con el peque.

¿Vas a volar con niños y no quieres sorpresas?

Dinos las edades de tus hijos y las fechas y te decimos qué lleva incluido cada uno, si hay cuna en ese vuelo y qué pasa con el carrito en la escala, confirmado antes de que reserves nada.

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