Consejos de viaje
Maleta facturada: peso, exceso de equipaje y cómo no pagar de más
Por Viajes Santa Mona
La maleta facturada es la parte del viaje que casi nadie mira hasta que ya no tiene remedio. Se compra el vuelo, se elige el hotel, se cuadran las fechas con el colegio o con las vacaciones del trabajo, y el equipaje queda para la noche antes, cuando ya no se puede hacer nada salvo sentarse encima de la maleta para cerrarla. Y sin embargo es uno de los pocos apartados del viaje donde media hora de previsión se traduce en dinero directo: pagar el exceso de equipaje en el mostrador de facturación es, con diferencia, el euro peor gastado de unas vacaciones. En esta guía te contamos cómo funciona de verdad la maleta facturada, sin cifras de aerolínea que se quedan viejas en dos meses: los dos sistemas de franquicia que conviven y que la gente confunde, cómo se calcula el exceso, qué se puede repartir y qué no, qué nunca debe viajar en bodega, cómo preparar la maleta para que llegue entera y qué pasa exactamente con el equipaje en una escala, que es donde más maletas se pierden.
En esta guía
- Los dos sistemas que conviven: por peso o por piezas
- Cuánto suele pesar la maleta incluida
- El exceso de equipaje: el cobro más caro del viaje
- La báscula de casa y el truco de la de baño
- Repartir peso entre acompañantes: cuándo se puede
- Equipaje especial: sillas de ruedas, carritos, bicis, golf
- Qué no meter nunca en la facturada
- Cómo preparar la maleta para que llegue entera
- La escala: dónde se pierden las maletas
- Por qué en un paquete el equipaje suele venir incluido
- Preguntas frecuentes
Los dos sistemas que conviven y que la gente confunde
Empezamos por el concepto que explica el noventa por ciento de los disgustos en el mostrador, porque casi nadie sabe que existe. Cuando una aerolínea te dice lo que puedes facturar, puede estar usando dos lenguajes distintos, y no son intercambiables.
El primero es la franquicia por peso. La compañía te asigna una cantidad de kilos y te indica en cuántos bultos puedes repartirlos, con un tope por bulto. Lo que se mide es el total. Es el sistema que la mayoría de la gente tiene en la cabeza cuando piensa en equipaje, y el que suele encontrarse con más frecuencia en los vuelos dentro de Europa.
El segundo es la franquicia por número de piezas. Aquí la compañía no te da kilos: te da maletas. Una pieza, dos piezas. Cada una tiene su propio límite de peso y de medidas, y el cupo no se puede fundir en un solo bulto. Este es el sistema que se ve con más frecuencia en los vuelos a América, y es exactamente donde se produce el error clásico: la familia que, teniendo derecho a dos piezas, mete todo en una maleta enorme pensando que suma. No suma. Ese bulto único se pasa del límite por pieza y se cobra como exceso, mientras la segunda maleta a la que tenían derecho se ha quedado sin usar en el trastero de casa.
El error contrario también existe y es igual de caro. Alguien acostumbrado a volar a América reparte su equipaje en dos maletas medianas para un vuelo europeo con franquicia por peso, y se encuentra con que la tarifa solo incluía un bulto: la segunda maleta se paga entera aunque el peso total esté dentro de lo permitido. Los kilos estaban bien; el número de bultos, no.
La conclusión práctica es esta: antes de hacer la maleta, mira qué idioma habla tu billete. Busca en la confirmación si te habla de kilos o de piezas, y en cuántos bultos. Es un dato que está siempre, aunque escondido, y cambia por completo cómo tienes que repartir la ropa. Si el billete lo has comprado dentro de un paquete vacacional, pregúntalo a tu agente antes de empezar: es una respuesta de treinta segundos que evita una discusión de cien euros con una cola detrás.
Cuánto suele pesar la maleta incluida (y por qué no te vamos a dar una tabla)
Aquí es donde la mayoría de artículos de internet te ponen una tabla con todas las aerolíneas y sus kilos. Nosotros no lo vamos a hacer, y merece la pena explicar por qué: esas tablas envejecen en semanas. Los límites cambian por compañía, por tipo de tarifa dentro de la misma compañía, por ruta y hasta por temporada, y la persona que llega al mostrador con la tabla de un blog impresa mentalmente no tiene ninguna razón de peso frente al dato que figura en el sistema de la aerolínea. Publicar cifras como si fueran ley es hacerle un flaco favor a quien viaja.
Lo que sí se puede decir es el orden de magnitud, para que sepas si tu maleta va bien encaminada o va camino del susto. En la mayoría de tarifas que incluyen maleta facturada, la franquicia se mueve alrededor de veinte y pico kilos por bulto: lo más habitual es encontrarse límites en torno a los 20 o los 23 kilos, con variaciones en los dos sentidos. Hay tarifas más restrictivas que se quedan por debajo, y hay billetes de largo radio, especialmente en clases superiores o con determinadas tarifas hacia América, que permiten dos bultos de ese orden.
También hay un segundo límite que casi nadie mira y que existe siempre: el tamaño máximo, normalmente expresado como la suma de alto, ancho y largo. Una maleta puede estar perfectamente dentro de peso y salirse de medidas, y entonces se convierte en equipaje de dimensiones especiales con su propio cargo. Es raro con una maleta normal de viaje, y muy fácil de provocar cuando alguien mete el equipaje dentro de una caja o de una bolsa de rafia enorme para traerse cosas de vuelta.
Dónde mirar el dato bueno: en tu propia reserva y en la web de la aerolínea, en la sección de equipaje, introduciendo tu ruta y tu tarifa. Ese es el único sitio con autoridad. Y hazlo el día que compras el billete, no la víspera del viaje, porque la franquicia forma parte de lo que estás comprando: dos billetes con el mismo precio en pantalla pueden llevar equipaje muy distinto detrás, y eso cambia por completo cuál de los dos es más barato de verdad.
El exceso de equipaje: por qué es el cobro más caro del viaje
Si hay un consejo de este artículo que se paga solo, es este. El exceso de equipaje es, proporcionalmente, el servicio más caro que se compra en un aeropuerto, y no es casualidad: se cobra en el único momento del viaje en el que el pasajero no tiene alternativa. Estás en el mostrador, con la cola detrás, la maleta ya en la cinta, el vuelo en dos horas y la opción de sacar tres jerséis y meterlos en una bolsa de plástico delante de todo el mundo. La compañía lo sabe. Por eso la tarifa de mostrador es siempre la más alta de todas las que esa misma compañía cobra por lo mismo.
El cálculo funciona, según la compañía, de dos maneras. Puede ser por kilo —un importe por cada kilo que te pases, que se multiplica rápido y que en un vuelo largo se dispara— o por tramo, es decir, una tarifa fija por añadir un bulto o una franquicia extra en cada segmento del viaje. Ese detalle del tramo es importante y se pasa por alto constantemente: si tu vuelo tiene una escala y la compañía cobra por tramo, puedes acabar pagando el suplemento dos veces en la ida. Y luego, claro, otras dos a la vuelta.
La regla de oro del exceso: resuélvelo desde el sofá
Prácticamente todas las aerolíneas venden equipaje adicional —una maleta más, o kilos extra sobre la franquicia— desde su web, antes del vuelo, y ese precio está muy por debajo del que te cobran en el mostrador. La diferencia no es de un diez por ciento: es de las que hacen levantar la ceja.
Así que la estrategia correcta es preventiva. Si al pesar la maleta en casa vas justo, no juegues a que la báscula del aeropuerto sea generosa: compra el extra online, aunque sea el mismo día del vuelo pero antes de salir de casa. Y si al final resulta que no lo necesitabas, habrás pagado un suplemento pequeño en lugar de un cargo que puede acabar costando más que el propio billete de ida.
Hay una tercera vía que la gente descubre demasiado tarde: en muchos vuelos, comprar directamente una segunda maleta sale más barato que pagar el exceso por kilos de la primera. Si vas a ir muy cargado —una mudanza pequeña, un viaje largo, regalos para media familia—, echa la cuenta de las dos opciones en la web de la compañía antes de decidir. No es intuitivo, pero muchas veces dos bultos dentro de límite cuestan menos que un bulto pasado de vueltas.
La báscula de casa: el gesto de dos minutos que evita el cargo
Suena obvio y sin embargo la mayoría de la gente no lo hace: pesa la maleta antes de salir de casa. No la levantes para calcular, no confíes en la sensación del brazo. Los kilos de una maleta engañan muchísimo, porque el peso depende de qué llevas y no de cuánto abulta: una maleta llena de ropa de playa puede quedarse muy por debajo del límite y parecer llenísima, y una maleta con dos pares de zapatos, un neceser bien surtido y un par de libros se planta arriba del todo pareciendo medio vacía.
Si tienes una báscula de gancho de las de equipaje, perfecto. Si no, aquí va el truco de la báscula de baño, que funciona igual de bien y no cuesta nada: súbete tú solo a la báscula y apunta tu peso; súbete después con la maleta en brazos y apunta el total; resta. La diferencia es lo que pesa la maleta. Hazlo dos veces para asegurarte de que la lectura es estable, sujeta bien la maleta contra el cuerpo para que la báscula no baile, y déjate un margen de un kilo por si la báscula de casa y la del aeropuerto no se ponen de acuerdo, que es lo normal.
Y ahora el error clásico, el que se repite verano tras verano: pesar solo a la ida. Sales de casa con la maleta cuadrada al kilo, pasas diez días fuera y vuelves con dos botellas de licor del duty free, el juego de toallas que estaba tirado de precio, tres camisetas de recuerdo, la caja de dulces para los vecinos y la arena de media playa metida entre las chanclas. El vuelo de vuelta tiene exactamente la misma franquicia que el de ida, pero la maleta ya no pesa lo mismo. La gente que ha pagado exceso de equipaje alguna vez, en su enorme mayoría, lo ha pagado volviendo.
La contramedida es sencilla: sal de casa con margen deliberado —tres o cuatro kilos por debajo del límite si piensas comprar— y, si el hotel tiene báscula o la conserjería te deja usar una, pesa otra vez la víspera de volver. En muchos destinos turísticos hay básculas en recepción precisamente porque este problema es universal. Si te pasas, todavía estás a tiempo de comprar kilos online desde la habitación, que es infinitamente más barato que descubrirlo en el mostrador con el taxi ya pagado.
Repartir peso entre acompañantes: cuándo se puede juntar y cuándo no
Es la pregunta que hace todo el mundo en el mostrador cuando una maleta se pasa y la otra va sobrada: ¿no pueden sumarlas? La respuesta honesta es depende, y conviene saber de qué depende.
Muchas aerolíneas permiten agrupar la franquicia de los pasajeros que viajan en la misma reserva: lo que miran es el total del grupo, de modo que si una maleta va dos kilos por encima y otra cuatro por debajo, la cuenta sale y no pasa nada. Es bastante frecuente cuando la franquicia es por peso y los billetes se compraron juntos.
Otras compañías, en cambio, aplican el límite bulto por bulto sin ninguna posibilidad de compensación, y eso ocurre sobre todo cuando la franquicia es por piezas: si cada pieza tiene su tope, una maleta pasada es una maleta pasada aunque su compañera vaya vacía. Y hay un caso en el que casi nunca se puede juntar: cuando cada pasajero tiene su propia reserva, aunque viajéis en el mismo avión y en asientos contiguos. Para el sistema sois dos viajes distintos.
La estrategia que funciona en los dos escenarios es la misma y es aburrida: reparte el peso antes de salir de casa para que ninguna maleta se pase por su cuenta. Que la posibilidad de agrupar sea tu red de seguridad, no tu plan. Un detalle práctico para familias: los bebés y los niños pequeños suelen tener su propia franquicia, a veces reducida y a veces igual que la de un adulto, y con frecuencia se puede aprovechar para repartir. Lo desarrollamos con más detalle en la guía de volar con niños, carrito y sillita.
Equipaje especial: sillas de ruedas, carritos, tablas, bicis, golf e instrumentos
Hay una categoría entera de equipaje que no cabe en la lógica de la maleta normal, y que se rige por dos reglas comunes: se declara al reservar y no se aparece con ello en el aeropuerto sin avisar. La bodega tiene un espacio limitado para bultos voluminosos, y una tabla de surf o una bicicleta que nadie esperaba puede quedarse en tierra aunque estés dispuesto a pagar lo que sea.
Sillas de ruedas y ayudas a la movilidad. Esto hay que decirlo claro porque hay mucha gente que viaja con la duda encima: las sillas de ruedas, andadores, muletas y demás ayudas a la movilidad de un pasajero con discapacidad o movilidad reducida se transportan normalmente sin cargo y sin descontarse de la franquicia de equipaje. No es un extra que haya que comprar. Lo que sí hay que hacer es solicitar la asistencia al reservar, con la antelación que pida la compañía, e indicar las medidas, el peso y —muy importante en las sillas eléctricas— el tipo de batería, porque las de litio tienen condiciones específicas de transporte y a veces hay que desmontarlas o protegerlas de una manera concreta. Con el aviso hecho, el proceso está perfectamente rodado en cualquier aeropuerto; sin él, se convierte en una negociación de última hora. Si estás organizando un viaje de playa con estas necesidades, te interesa nuestra guía de hoteles accesibles junto a la playa.
Carritos y sillitas de bebé. Lo habitual es que viajen gratis y aparte de la franquicia, y que puedas usar el carrito hasta la misma puerta de embarque, donde te lo recogen para meterlo en bodega y te lo devuelven al llegar —a veces en la puerta del avión, a veces en la cinta de equipajes, y eso conviene preguntarlo—. Las condiciones exactas y el número de elementos permitidos varían, así que decláralo al reservar. Un consejo de quien ha visto muchos carritos volver con una rueda torcida: mete el carrito en una funda, aunque sea barata.
Material deportivo: tablas de surf, bicicletas, palos de golf, esquís. Aquí ya hablamos de equipaje de dimensiones especiales, con su propio cargo casi siempre y con límites de tamaño y peso propios. La bicicleta suele exigir desmontar pedales, girar el manillar y desinflar parcialmente las ruedas; los palos de golf viajan en bolsa rígida o semirrígida; la tabla tiene un límite de longitud que varía muchísimo entre compañías y entre aviones, porque no todos los aparatos tienen la misma puerta de bodega. Todo esto se reserva por adelantado, y en temporada alta se agota: hay vuelos donde el cupo de material deportivo se llena.
Instrumentos musicales. Los pequeños suelen poder viajar en cabina si caben en el compartimento, y para los medianos y grandes existe la opción de comprar un asiento extra para el instrumento, que es lo que hace todo músico que valora el suyo. Facturar un instrumento en bodega es siempre el último recurso y exige estuche rígido. Consúltalo con la compañía antes de comprar el billete, no después: hay aerolíneas mucho más flexibles que otras y esa flexibilidad puede decidir con quién vuelas.
Qué NO meter nunca en la maleta facturada
Hay dos motivos distintos para no meter algo en la bodega, y conviene no mezclarlos: porque está prohibido, o porque es una mala idea aunque esté permitido. Los dos importan.
Empezamos por lo prohibido, que no es negociable: baterías de litio sueltas, baterías externas o power banks, y cigarrillos electrónicos no pueden viajar en el equipaje facturado. Van en cabina, contigo, y punto. El motivo es de seguridad: una batería de litio que se sobrecalienta en una bodega presurizada donde nadie puede intervenir es exactamente el escenario que la normativa quiere evitar. Los aparatos con batería incorporada —un portátil, una cámara— tienen sus propias condiciones y en general también se recomienda llevarlos encima. Y luego está todo el capítulo de líquidos, aerosoles y objetos que no pueden subir a cabina pero sí facturar, que es el espejo de este y que contamos entero en la guía de líquidos y objetos prohibidos en el avión.
Y ahora la lista de lo que es legal facturar pero no deberías facturar jamás: dinero en efectivo, joyas, relojes, documentación, medicación, gafas graduadas, llaves de casa y del coche, ordenadores, cámaras y cualquier aparato electrónico caro. El razonamiento es siempre el mismo y es incómodo pero real: la maleta facturada desaparece de tu vista durante horas, pasa por manos y cintas que no controlas, puede retrasarse un par de días o no aparecer nunca. Si eso ocurre, la responsabilidad de la compañía por el equipaje facturado está limitada por convenio internacional a una cantidad que casi con seguridad no cubre el valor real de un ordenador o de un anillo de familia. No es que no te vayan a pagar nada: es que lo que te paguen no se parecerá a lo que valía.
La medicación merece punto aparte porque es la que más problemas causa de verdad. Todo tratamiento que necesites tomar en el viaje va en cabina, en su envase original y con la receta o el informe médico si es algo especial. Una maleta que llega dos días tarde a un destino de playa es una molestia; si dentro iba la insulina o la medicación de un tratamiento crónico, es una urgencia en un país que no conoces. Lo mismo vale para las gafas graduadas de repuesto y para el cargador del móvil.
Un truco doméstico que salva viajes enteros: una muda completa en el equipaje de mano, para cada persona. Ropa interior, una camiseta, el bañador y el neceser básico. Si la maleta se retrasa un día —que es el escenario más frecuente, mucho más que la pérdida definitiva—, la diferencia entre tener eso y no tenerlo es la diferencia entre un contratiempo y un primer día de vacaciones arruinado buscando una tienda abierta. Y si viajáis en pareja o en familia, cruzad la ropa entre maletas: la mitad de lo tuyo en la suya y al revés. Si una de las dos no aparece, seguís teniendo de todo.
Cómo preparar la maleta para que llegue entera
Facturar una maleta es meterla en un sistema industrial de cintas, toboganes, caídas y carros. No la tratan mal por gusto: la tratan a la velocidad a la que se mueven miles de bultos por hora. Preparar la maleta pensando en eso cambia mucho el resultado.
Envuelve los líquidos. Todo lo que pueda derramarse —gel, champú, protector solar, aceites, la botella de licor del duty free si la metes a la vuelta— va en bolsas de plástico cerradas, y a poder ser doble. La presión de la bodega juega en contra: los botes se hinchan y los tapones que en casa cerraban bien empiezan a gotear. Un bote de protector solar reventado dentro de una maleta cerrada durante ocho horas es una de las escenas más tristes que se ven en una cinta de equipajes.
Quita las etiquetas de vuelos anteriores. Esto no es manía de viajero maniático: es una causa real de maletas extraviadas. Las etiquetas adhesivas con el código de barras del viaje pasado siguen siendo perfectamente legibles para un escáner automático, y si la cinta lee la vieja en lugar de la nueva, tu maleta se va tan contenta al destino del mes pasado. Arráncalas todas, incluidas las pegatinas pequeñas de la barra lateral. Y si llevas una etiqueta rígida colgada del asa con tus datos, comprueba que la información está actualizada.
Datos de contacto dentro y fuera. Fuera, en una etiqueta colgada; y también dentro, en una tarjeta o un papel en la primera capa nada más abrir. La etiqueta externa se arranca con muchísima facilidad en las cintas, y cuando eso pasa, la maleta se convierte en un bulto anónimo en un almacén. La ficha interior es lo que permite identificarla. Pon nombre, teléfono con prefijo internacional, correo electrónico y, si viajas a un hotel concreto, el nombre y la dirección del alojamiento: eso hace que te la puedan llevar directamente.
Haz dos fotos con el móvil antes de facturar. Una de la maleta cerrada —marca, color, ruedas, cualquier señal que la distinga— y otra del contenido, con la maleta abierta sobre la cama antes de cerrarla. Treinta segundos. Si luego hay que reclamar, esas fotos convierten una descripción vaga en una prueba: la compañía sabe qué busca y tú puedes justificar lo que había dentro. Guarda además el resguardo que te grapan en el billete al facturar, porque ese código es con el que se rastrea el bulto. Cómo se hace la reclamación paso a paso y qué plazos hay lo contamos en maleta perdida o dañada: cómo reclamar.
Dos detalles más que marcan la diferencia. Uno: reparte el peso dentro de la maleta, con lo pesado abajo, pegado a las ruedas, y lo blando arriba. Una maleta equilibrada aguanta mucho mejor las caídas y no se abre por la costura. Dos: que tu maleta se distinga. Una maleta negra de tamaño estándar es la maleta más común del planeta y hay quien se ha llevado la equivocada de buena fe. Una cinta de color, una pegatina grande o un lazo llamativo resuelven el problema y además te ahorran quince minutos mirando cintas.
La escala: dónde se pierden de verdad las maletas
Si una maleta se pierde, lo más probable es que se haya perdido en una conexión. En un vuelo directo el equipaje sube en un aeropuerto y baja en otro; en una escala hay un trasvase entre aviones, con un tiempo limitado y una operativa entre compañías que a veces funciona como un reloj y a veces no. Entender qué pasa con tu maleta en la escala es la diferencia entre viajar tranquilo y viajar confiado sin motivo.
Cuándo la maleta va facturada hasta el destino final. Lo normal es que ocurra cuando todo el trayecto está emitido en un mismo billete, con los vuelos conectados entre sí. En ese caso facturas en origen, te dan la tarjeta de embarque de los dos tramos y la maleta viaja etiquetada hasta el final: en la escala solo cambias de puerta. Es también el escenario en el que, si pierdes la conexión por un retraso, la compañía es responsable de recolocarte y de que tu equipaje te siga.
Cuándo hay que recogerla y volver a facturarla. Sobre todo cuando has comprado dos billetes separados, aunque sea el mismo día y en el mismo aeropuerto. Para el sistema son dos viajes distintos: recoges la maleta en la cinta, sales de la zona de llegadas, vuelves a facturar en el mostrador de la segunda compañía y pasas otra vez el control de seguridad. Eso lleva tiempo —bastante más del que la gente calcula— y, si el primer vuelo se retrasa y pierdes el segundo, nadie te debe nada. Hay además países donde hay que recoger el equipaje para pasar la aduana aunque sigas viaje, volviendo a depositarlo después en un mostrador de reconexión; es habitual en determinadas entradas a América y conviene saberlo de antemano.
Cómo salir de dudas, en el mostrador de salida, con una sola pregunta: ¿la maleta va hasta el destino final o tengo que recogerla en la escala? Y después comprueba el resguardo que te dan: lleva impreso el código del aeropuerto hasta el que está etiquetada. Si pone el código de tu destino final, no tienes que tocarla. Si pone el de la escala, ya sabes lo que te toca.
Y una consideración sobre el tiempo de conexión que vale para cualquier viaje largo: las conexiones muy ajustadas son estupendas para el pasajero, que corre y llega, y malas para la maleta, que necesita su propio traslado. Cuando planificamos un vuelo transatlántico preferimos siempre una escala con margen holgado por esta razón concreta, y lo explicamos al detalle en la guía de vuelos al Caribe desde Andalucía, donde casi todos los itinerarios pasan por Madrid.
Por qué en un paquete el equipaje suele venir incluido
Llegamos al punto que explica por qué este artículo lo escribe una agencia. Cuando reservas un paquete vacacional —vuelo y hotel contratados juntos—, el equipaje facturado suele venir incluido en la tarifa aérea que lleva ese paquete detrás. No es magia ni generosidad: es que el billete que se emite dentro de un paquete rara vez es la tarifa más básica y descarnada del mercado, esa que ha quitado todo lo que se podía quitar para salir bonita en el comparador.
Y ahí está el motivo por el que un paquete y un vuelo suelto no se pueden comparar solo por el precio de la pantalla. El vuelo suelto que aparece más barato puede acabar costando bastante más una vez le sumas la maleta de ida y vuelta, la selección de asiento para ir sentados juntos, el traslado desde el aeropuerto hasta el hotel y lo que se te vaya cayendo por el camino. La cifra que se compara no es la de la primera pantalla: es la del final del proceso, con todo dentro y para todas las personas que viajan. Con dos adultos y dos niños, el equipaje solo ya cambia el orden de la comparación.
Hay una segunda ventaja menos evidente y que se aprecia el día que algo sale torcido: en un paquete, el vuelo y el hotel forman parte del mismo contrato. Si el vuelo se retrasa o se cancela, no te toca a ti negociar por un lado con la aerolínea y por otro con un hotel que te da la noche por perdida. Lo explicamos con detalle en agencia de viajes o por libre, que es la comparación completa de las dos formas de reservar.
Donde más se nota es en los viajes largos, precisamente los que se hacen con franquicia por piezas y con escala. En un paquete al Caribe —a Punta Cana o a Cancún, por poner los dos casos que más nos piden— el equipaje incluido, el traslado al hotel y el régimen del alojamiento entran en el mismo precio, y por eso la comparación con un vuelo suelto más un hotel por separado casi nunca sale donde la gente cree que va a salir.
Si estás en la fase de mirar destinos y quieres ver qué hay disponible para tus fechas, puedes empezar por nuestro buscador de hoteles y contarnos después qué has visto. Y cuando llegue el momento de hacer la maleta, dos guías que van al grano según a dónde vayas: qué llevar en la maleta de playa y qué llevar en la maleta al Caribe, que no es lo mismo aunque lo parezca.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto puede pesar una maleta facturada?
No hay una cifra universal y ese es justo el malentendido más caro del aeropuerto. La mayoría de tarifas que incluyen maleta se mueven en un entorno de veinte y pico kilos por bulto, y lo habitual es encontrar franquicias en torno a los 20 o 23 kilos, pero cambia según la compañía, el tipo de tarifa que hayas comprado, la ruta e incluso la temporada. Hay billetes básicos que no incluyen maleta ninguna, billetes que incluyen una maleta más ligera y billetes de largo radio que permiten dos bultos. La única cifra que vale es la que figura en tu billete y en la web de tu aerolínea para tu vuelo concreto, y conviene mirarla el día que compras, no la víspera de viajar.
¿Qué diferencia hay entre franquicia por peso y franquicia por piezas?
Son dos formas distintas de contar lo que puedes llevar. En la franquicia por peso, la compañía te da un número de kilos y te dice en cuántos bultos puedes repartirlos, con un máximo por bulto. En la franquicia por piezas, lo que te da es un número de maletas, cada una con su límite de peso y de medidas, y ese cupo no se puede sumar en un solo bulto gigante. En los vuelos a América es más frecuente el sistema por piezas, y en los vuelos dentro de Europa suele verse más el sistema por peso, aunque hay excepciones en ambos sentidos. Confundirlos sale caro: gente que ha metido todo en una maleta enorme creyendo que sumaba, y se ha encontrado pagando dos cargos en el mostrador.
¿Es más barato pagar el exceso de equipaje online o en el aeropuerto?
Online, y la diferencia no es pequeña: comprar kilos extra o una maleta adicional desde la web de la aerolínea antes de ir al aeropuerto suele salir muy por debajo de pagarlo en el mostrador de facturación. El mostrador es siempre la tarifa más cara, porque en ese momento no tienes alternativa y la compañía lo sabe. La regla práctica es sencilla: si sospechas que vas justo, resuélvelo desde casa, aunque sea el mismo día del vuelo pero antes de llegar. Y si al final no lo necesitabas, habrás pagado un extra modesto en lugar de un cargo que puede llegar a doler más que el propio billete.
¿Puedo juntar el peso de mi maleta con la de la persona que viaja conmigo?
A veces sí y a veces no, y depende de la compañía y de si viajáis en la misma reserva. Muchas aerolíneas permiten agrupar la franquicia de los pasajeros de un mismo billete o de una misma reserva, de forma que lo que importa es el total del grupo y no que cada maleta esté exactamente en su límite. Otras aplican el límite maleta por maleta sin ninguna posibilidad de sumar, sobre todo cuando la franquicia es por piezas. Nunca lo des por hecho antes de llegar al mostrador: pregúntalo o míralo en la web de la aerolínea, y mientras tanto reparte el peso de forma que ninguna maleta se pase por su cuenta. Es la única estrategia que funciona en los dos escenarios.
¿Se paga por llevar una silla de ruedas o un carrito de bebé en el avión?
Como norma general, no. Las sillas de ruedas y las ayudas a la movilidad de un pasajero con discapacidad o movilidad reducida se transportan normalmente sin cargo y sin descontarse de la franquicia de equipaje, y lo mismo suele ocurrir con el carrito o la sillita del bebé. Conviene decirlo claro porque muchísima gente viaja con la sospecha de que le van a cobrar y acaba dejando en casa la ayuda que necesita. Eso sí, hay que avisar al hacer la reserva y no presentarse con el equipo sin haberlo declarado: la compañía necesita saber las medidas, el peso y, en el caso de las sillas eléctricas, el tipo de batería, para prepararlo en bodega.
¿Qué no se debe meter nunca en la maleta facturada?
Baterías de litio sueltas, power banks y cigarrillos electrónicos, que van prohibidos en bodega y deben viajar en cabina. Y, por sentido común más que por norma, tampoco dinero, joyas, documentación, medicación, llaves, gafas graduadas ni aparatos electrónicos caros. La razón es la misma en todos los casos: si la maleta se retrasa, se pierde o alguien la abre por el camino, eso no se recupera, y la responsabilidad de la compañía por el equipaje facturado tiene un límite económico bastante inferior al valor de un ordenador o de una cámara. Todo lo que no puedas reemplazar en el destino con una tarde de compras viaja contigo en la cabina, no debajo del avión.
En un vuelo con escala, ¿tengo que recoger la maleta y volver a facturarla?
Depende de cómo esté emitido el billete y de por dónde pases. Si el trayecto entero va en un mismo billete, con las compañías conectadas entre sí, lo normal es que factures la maleta hasta el destino final y no tengas que tocarla en la escala. Si has comprado dos billetes por separado, lo normal es lo contrario: recoges la maleta, sales, vuelves a facturar y pasas otra vez el control. Hay además países donde toca recoger el equipaje para pasar la aduana aunque sigas viaje. Pregúntalo en el mostrador de salida, mira hasta dónde está etiquetada tu maleta en el resguardo y calcula el tiempo de conexión contando con ese trámite.
¿Merece la pena hacer fotos de la maleta antes de facturarla?
Muchísimo, y cuesta treinta segundos. Una foto de la maleta cerrada, con su marca, su color y sus ruedas a la vista, y otra del contenido con la maleta abierta encima de la cama antes de salir de casa. Si el equipaje se retrasa o llega dañado, esas dos fotos convierten una reclamación borrosa en una reclamación con pruebas: la compañía sabe exactamente qué maleta busca y tú puedes justificar lo que había dentro. Guarda también el resguardo de facturación que te grapan al billete, porque es el número con el que se rastrea el bulto. Es el mismo consejo que damos siempre para reclamar equipaje, y quien lo ha necesitado alguna vez no vuelve a facturar sin hacerlo.
¿Dudas con el equipaje de tu viaje?
Dinos a dónde vas y con quién viajas y te confirmamos qué equipaje incluye tu billete, si la franquicia es por peso o por piezas y qué conviene resolver antes de ir al aeropuerto.
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