Maleta preparada para un viaje de autor en grupo reducido

Guía de destinos

Tres viajes a la Antártida en el catálogo: cuál elegir y por qué

Por Viajes Santa Mona

Cuando alguien decide por fin que va a ir a la Antártida, se encuentra con un problema que no esperaba: los programas parecen todos iguales y no lo son en absoluto. Ushuaia, Drake, península, pingüinos, zodiac. Y luego dos salidas cuestan casi lo mismo y son viajes completamente distintos. Aquí está lo que de verdad los separa —el mes, el tamaño del barco y lo que hay además del hielo— aplicado a las tres salidas que tenemos en catálogo.

La respuesta corta

Si vas por la expedición —kayak, raquetas, acampada sobre hielo, barco pequeño y mar de Weddell— la salida es la de diciembre desde Bilbao, a bordo del Hondius. Es la más cara y la más física.

Si vas por la Antártida y punto, en el viaje más corto y con el nombre más conocido, la salida es la de febrero con Paco Nadal: dos semanas justas, en pleno arranque de la temporada de ballenas.

Si vas por la fauna y quieres verlo todo, la salida es la de marzo con Javier Cacho: dieciocho días, cinco en la península antártica y tres en las Malvinas, a bordo del MS Roald Amundsen. Es la que más días de tierra da por euro.

Lo primero que decide: el mes

La temporada antártica va de noviembre a marzo y no es un continuo: cada tramo enseña un continente distinto. Esta es la diferencia que más gente descubre tarde, cuando ya ha pagado.

MesPingüinosBallenas y luz
NoviembreCortejo y nidosPocas ballenas; hielo intacto
DiciembreHuevos y primeras críasHasta 24 h de luz
EneroCrías por todas partesEl mes más cálido
FebreroPollos ya crecidosArranca el pico de ballenas
MarzoFin de la mudaMáximo de ballenas y puestas de sol

Diciembre y enero son los meses de las crías y de la luz. Los primeros pollos empiezan a romper el huevo hacia mediados de diciembre y en enero las colonias están llenas de bolas grises corriendo detrás de sus padres. El sol prácticamente no se pone, hace el menos frío de la temporada y el retroceso del hielo abre puntos de desembarco que en noviembre están cerrados.

Febrero y marzo son los meses de las ballenas. El kril concentrado atrae el mayor número de ejemplares de toda la temporada y son los meses en que más se acercan a las embarcaciones. Vuelven además las puestas de sol —en diciembre no hay noche que las permita— y con ellas la luz que buscan los fotógrafos.

Aplicado a las tres salidas: la de diciembre es la de las crías y la luz permanente; la de febrero pilla el arranque del pico de ballenas; la de marzo es la de las ballenas en su mejor momento y la del atardecer antártico. Nadie miente en ninguna de las tres: es que van a cosas distintas.

Lo segundo: el barco no es una cuestión de lujo, es de acceso

Aquí está el dato que cambia la forma de comparar presupuestos. En la Antártida no manda la agencia: mandan las normas del sector que aplica IAATO, la asociación internacional de operadores turísticos antárticos. Y dicen tres cosas muy concretas:

  • Máximo cien pasajeros en tierra a la vez desde un mismo barco, y menos si el sitio concreto lo exige.
  • Un guía por cada veinte pasajeros durante los desembarcos.
  • Los barcos de más de quinientos pasajeros no pueden desembarcar. Ninguno. Nunca.

Por eso los grandes cruceros que anuncian «Antártida» a precios muy inferiores hacen un viaje distinto: navegan frente a la península y se ve desde cubierta. No es un engaño si está bien explicado, pero no es lo mismo.

En nuestras tres salidas hay dos barcos identificados y muy diferentes. El Hondius es un buque de expedición pequeño, de unos 170 pasajeros y 107 metros de eslora, el primero del mundo registrado con clasificación de hielo Polar Class 6. El MS Roald Amundsen es otra cosa: 140 metros, de 2019, el primer buque de expedición del mundo con propulsión híbrida, con centro de ciencias, jacuzzis y sauna panorámica, y con capacidad para unos 530 pasajeros que se limita a 500 en la Antártida — justo el techo que permite seguir desembarcando.

La lectura práctica: con 170 personas a bordo, los desembarcos son más ágiles y salen más veces. Con 500, hay mucho más barco —restaurantes, spa, conferencias, camarotes con balcón— y los desembarcos se organizan por turnos. Uno es más expedición y el otro es más viaje. Cuál es mejor depende exclusivamente de a qué vas.

Lo tercero: qué hay además del hielo

El mar de Weddell y el basecamp. La salida de diciembre no va solo a la península: entra por el Antarctic Sound —conocido como el callejón de los icebergs— y al mar de Weddell. Y es la única con programa de actividades de expedición: kayak, raquetas de nieve, montañismo, acampada sobre el hielo y taller de fotografía. Es también la única que sale de Bilbao.

Las Malvinas. La salida de marzo dedica tres días al archipiélago, y eso no es un añadido decorativo. En las Malvinas crían cinco especies de pingüino —rey, papúa, magallánico, penacho amarillo y macaroni—, un abanico que la península antártica no da: allí lo habitual son papúa, barbijo y adelia. Súmale Stanley, que es una parada urbana con historia reciente en un viaje que si no sería todo naturaleza. Ese mismo itinerario incluye además cinco días en las Shetland del Sur y la península antártica.

El viaje corto. La salida de febrero es la más compacta: dos semanas de puerta a puerta desde Madrid, con Buenos Aires y Ushuaia como antesala y la travesía hasta la península. Si el problema es el calendario laboral y no el presupuesto, esta es la que cabe.

El paso de Drake: dos días por sentido que hay que contar

Entre Ushuaia y las Shetland del Sur hay unos dos días de navegación en cada sentido. Son cuatro días del viaje que no son Antártida, y conviene tenerlo en la cabeza al comparar duraciones: un programa de catorce días y otro de dieciocho no se diferencian en cuatro días de hielo, se diferencian en bastante más una vez descuentas Drake, Buenos Aires y los vuelos.

El Drake tiene fama de duro y a veces la merece. Lo sensato es consultar con tu médico la medicación para el mareo antes de salir de casa y no fiarlo a la farmacia del barco. Como contrapartida, esos días son los de las conferencias a bordo, que en este tipo de viaje no son relleno: son la mitad del producto.

Lo que no está garantizado, y hay que asumirlo antes

En la Antártida el itinerario definitivo lo decide el capitán durante la travesía, en función del hielo, el viento y la fauna. Los desembarcos que figuran en el programa son los previstos, no los prometidos, y se sustituyen por otros cuando no son posibles. Eso está en las condiciones de todos los operadores serios y es la razón por la que dos salidas idénticas cuentan viajes distintos.

Quien no lleve bien la incertidumbre debe saberlo antes de pagar. Quien la lleve bien descubrirá que es justamente lo que convierte un crucero en una expedición.

Qué separa 13.500 de casi 17.000 euros

Las dos salidas de precio parecido —la de febrero y la de marzo— se separan por duración y por contenido: catorce días frente a dieciocho, y en la de marzo entran las Malvinas y cinco días de península. La tercera, la del mar de Weddell, es sensiblemente más cara por otra razón: es un basecamp de expedición con actividades incluidas que en otros barcos se pagan aparte, en un buque pequeño, con diecisiete días de programa y saliendo de Bilbao.

Un detalle que en estos importes pesa mucho: en algunos barcos el precio cambia bastante según la categoría de camarote —interior o exterior, con ventana o con balcón, suite— y el suplemento de individual puede ser muy alto. Los precios exactos y vigentes de cada categoría están en la ficha de cada viaje, y lo que significa viajar solo en estos grupos lo desarrollamos en viajar solo en grupo y el suplemento individual.

Elige por perfil, no por precio

  • Vas por las ballenas: febrero o marzo, y marzo por delante.
  • Vas por las crías de pingüino y la luz perpetua: diciembre.
  • Vas por la fauna en variedad: la salida con Malvinas, sin discusión.
  • Vas a hacer cosas, no a mirarlas: el basecamp del mar de Weddell.
  • Vas con el calendario ajustado: la salida de catorce días.
  • Quieres barco con comodidades y camarote con balcón: el MS Roald Amundsen.
  • Quieres el barco más pequeño posible: el Hondius.
  • Sales del norte de España: solo una de las tres sale de Bilbao; las otras dos, de Madrid.

En dos de las tres salidas está publicado quién acompaña al grupo, y ese también es un criterio legítimo: hemos contado quién es cada uno en viajar con Javier Cacho y viajar con Paco Nadal, y todas sus salidas abiertas están en sus páginas de Javier Cacho y Paco Nadal.

Veredicto

El error caro en la Antártida no es pagar de más: es pagar lo mismo por el viaje equivocado. Dos programas con el mismo precio pueden darte crías de pingüino y luz de medianoche o ballenas y atardeceres, y no hay forma de arreglarlo una vez a bordo.

El orden correcto para decidir es siempre el mismo: primero el mes, después el tamaño del barco y solo al final el precio. Si eliges así, cualquiera de las tres salidas es una buena compra. Si eliges al revés, la probabilidad de acertar es de una entre tres.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el mejor mes para viajar a la Antártida?

No hay un mes mejor: hay un mes mejor para cada cosa. En noviembre el hielo está intacto, los icebergs son enormes y los pingüinos están en pleno cortejo y construyendo nidos, pero se ven pocas ballenas. En diciembre y enero hay luz casi las veinticuatro horas, es la época más cálida, empiezan a nacer las crías de pingüino desde mediados de diciembre y el hielo retrocede, lo que abre más puntos de desembarco. En febrero y marzo llegan las ballenas en su mayor número y son los mejores meses para verlas, con los pollos de pingüino ya crecidos y las puestas de sol de vuelta. Si vas por las ballenas, el final de temporada; si vas por las crías y la luz, diciembre y enero.

¿Por qué importa tanto el tamaño del barco en la Antártida?

Porque decide si desembarcas. Las normas del sector, que gestiona la asociación internacional de operadores turísticos antárticos (IAATO), limitan a cien pasajeros en tierra al mismo tiempo desde un mismo barco, exigen un guía por cada veinte pasajeros y prohíben directamente el desembarco a los barcos de más de quinientos pasajeros. Traducido: en un barco pequeño desembarcas más veces y esperas menos turno; en un barco grande cada desembarco se organiza por tandas. Los cruceros de mil o dos mil pasajeros que pasan frente a la península no pisan tierra en ningún momento.

¿Cuánto dura el paso de Drake y se pasa mal?

Son unos dos días de navegación en cada sentido entre Ushuaia y las Shetland del Sur, y forman parte del viaje: hay que contarlos dentro de la duración total. El Drake tiene fama merecida de ser un tramo de mar movido, y la respuesta honesta es que depende del día y de la persona. Lo que sí se puede hacer es ir preparado: consultar antes con tu médico la medicación para el mareo, elegir camarote en cubiertas bajas y centrales si eres propenso, y aprovechar que en esos dos días es cuando se concentran las conferencias a bordo. Quien no quiera cruzarlo tiene la opción de los programas que vuelan a la península, que no son ninguno de estos tres.

¿Qué diferencia hay entre ir a la Antártida y ir a la Antártida con Malvinas?

Son dos viajes distintos aunque compartan la parte antártica. Añadir las Malvinas suma varios días de navegación y de estancia, y a cambio da algo que la península no da: pingüinos en cantidad y en variedad. En el archipiélago crían cinco especies de pingüino —rey, papúa, magallánico, penacho amarillo y macaroni—, además de la ciudad de Stanley, que es una parada de otro tipo, con historia reciente y vida cotidiana. Si tu viaje va de fauna y quieres el mayor número de especies posible, las Malvinas lo justifican. Si va de hielo, no las necesitas.

¿Hace falta informe médico para un crucero antártico?

En algunos viajes es obligatorio y en otros no, así que hay que mirarlo antes de inscribirse. El motivo es simple: durante varios días el barco está a dos jornadas de navegación del hospital más cercano y no hay evacuación rápida posible. Los desembarcos se hacen en lancha neumática, con oleaje y saltando a tierra, y hay caminatas sobre nieve. No hace falta ser deportista, pero sí moverse con autonomía. Si tienes cualquier duda sobre corazón, movilidad o medicación crónica, pregúntalo antes de inscribirte, no después: es el requisito que más disgustos da a última hora.

¿Se puede reservar online un viaje a la Antártida?

No. Estos viajes se consultan: se comprueba la disponibilidad de la categoría de camarote que quieres, se inscribe la plaza y el pago va escalonado en varios plazos hasta unas semanas antes de la salida. Las condiciones de pago y las penalizaciones de cancelación no son iguales en las tres salidas y están publicadas en la ficha de cada una. Con un producto de este importe, leerse esa parte entera antes de firmar no es una recomendación: es lo mínimo.

¿Qué ropa hace falta y qué suele estar incluido?

El verano austral en la península antártica es frío pero no extremo: las temperaturas rondan el entorno del punto de congelación, y lo que de verdad castiga es el viento y la humedad. La fórmula es capas, chaqueta impermeable y cortavientos, guantes y gorro. La parte buena es que el equipo específico suele ir incluido en el propio crucero: las botas de goma para los desembarcos son habituales en préstamo, y algunos programas incluyen bastones de trekking, raquetas de nieve o incluso una chaqueta de expedición de regalo. Lo que hay que llevar de casa es la ropa térmica, los guantes buenos y protección solar seria: el reflejo del hielo quema mucho más de lo que parece.

¿Te decimos cuál de las tres te toca?

Cuéntanos a qué vas —ballenas, crías, expedición o fauna en variedad—, qué fechas puedes y desde qué aeropuerto sales, y te pasamos por escrito qué salidas siguen abiertas, qué categorías de camarote quedan y qué exige cada una de forma física y de informe médico. Estos viajes no se reservan online: se inscribe la plaza y el pago va escalonado hasta la salida. Sin coste y sin compromiso.

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