Guía familiar
Dénia, Jávea y Calpe con niños: guía familiar de la Costa Blanca norte
Por Viajes Santa Mona
Hay un tramo de la costa española que rompe el tópico de la Costa Blanca. Cuando alguien dice «Alicante», mucha gente piensa en rascacielos, sombrillas apretadas y kilómetros de hormigón junto al mar. Y luego uno sube a la Marina Alta, se mete por la carretera que bordea el Montgó y descubre otra cosa completamente distinta: montaña pegada al mar, pinares que llegan hasta los acantilados, calas de agua tan transparente que se ve el fondo desde la orilla y tres pueblos — Dénia, Jávea y Calpe — que han conservado su casco antiguo, su puerto y su ritmo. Con niños, esta esquina de la Comunidad Valenciana es un destino magnífico, pero conviene conocerla bien: no todas sus playas son cómodas con peques, algunas de sus calas más famosas son de piedra y en agosto el aparcamiento puede arruinar una mañana. En esta guía te contamos, sin idealizar nada, cómo es de verdad viajar en familia por Dénia, Jávea y Calpe, qué playa elegir según la edad de tus hijos, qué comer, cuándo ir y cómo montar la escapada para que salga redonda.
Por qué la Costa Blanca norte no se parece a la del sur
La provincia de Alicante tiene un litoral larguísimo y muy variado, y meterlo todo en la misma etiqueta lleva a confusión. La mitad sur, desde la capital hacia Santa Pola, Guardamar o Torrevieja, es una costa llana, abierta y arenosa, con playas interminables, dunas, salinas y un urbanismo extendido en horizontal. Es un litoral cómodo, soleado y con muchísima oferta, pero de paisaje suave. La mitad norte, que empieza a notarse a partir de Altea y se despliega del todo en la Marina Alta, es otra cosa: allí las últimas estribaciones de las sierras bajan hasta el mar y crean acantilados, cabos, bahías cerradas y decenas de calas escondidas.
Esa diferencia geológica lo condiciona todo. Donde hay montaña hay pinar, y donde hay pinar el paisaje es verde incluso en pleno verano, algo que sorprende a quien llega esperando el secarral típico del sureste. Donde hay roca en lugar de arena, el agua no arrastra sedimento y se queda transparente, con esos azules y turquesas que han hecho famosas a la Granadella o al Portitxol. Y donde el terreno es escarpado no se puede construir en línea recta kilómetro tras kilómetro, así que el frente marítimo está mucho menos densificado y la altura de los edificios es, salvo excepciones, bastante moderada.
Para una familia, todo esto se traduce en un destino con dos caras que hay que saber combinar. Por un lado están las playas grandes de arena — Les Marines en Dénia, el Arenal de Jávea, el Arenal-Bol y la Fossa en Calpe — que son donde se pasan las mañanas largas con niños pequeños, con la sombrilla clavada, el cubo, la pala y el chiringuito a veinte metros. Por otro están las calas, que son espectaculares y donde de verdad se entiende esta costa, pero que exigen coche, madrugón, escarpines y cierta edad de los peques. Quien entiende esa doble naturaleza y organiza el viaje en consecuencia se lleva unas vacaciones excelentes; quien llega con la idea de que todo va a ser arena fina se lleva alguna sorpresa.
Dénia: el castillo, el puerto y la ciudad de la gastronomía
Dénia es la capital de la Marina Alta y, para muchas familias, la mejor base de toda la comarca. Es una ciudad de tamaño medio con vida propia durante todo el año, no un resort estacional, y eso se nota en cosas muy prácticas: hay supermercados, farmacias, parques, mercado, comercio abierto y ambiente de calle también en septiembre o en Semana Santa. Lo que domina la ciudad, literalmente, es su castillo, encaramado en una colina en pleno centro urbano. Se sube desde el casco antiguo y desde arriba se abarca el puerto, el mar, la ciudad entera y la mole del Montgó al fondo.
El castillo funciona sorprendentemente bien con niños porque no es un monumento de vitrinas y silencio: es un recinto amurallado con rampas, murallas, torres, escaleras y rincones que se recorren al aire libre, con esa mezcla de fortaleza y mirador que a los peques les entra por los ojos. Se ve en poco más de una hora, sin agobios, y encaja perfectamente a primera hora de la mañana o a última de la tarde. Conviene consultar horarios y precios actuales antes de subir, porque cambian según la temporada, y llevar agua y gorra en verano, ya que la subida da sol.
Al pie del castillo está el otro gran protagonista: el puerto. Dénia tiene uno de los puertos más activos de la costa valenciana, con su parte pesquera, su parte deportiva y, sobre todo, la terminal de ferris a las Baleares, desde donde salen las conexiones marítimas con Ibiza, Formentera y Mallorca. Ver entrar y salir esos barcos enormes es un espectáculo gratuito que a los niños les fascina, y además abre una posibilidad muy golosa: combinar unos días en la Marina Alta con una escapada a las islas sin necesidad de volar. Si esa idea os tienta, echad un vistazo a nuestra guía de Ibiza en familia, porque el salto desde Dénia es más corto de lo que la gente imagina.
El tercer rasgo de identidad de Dénia es la mesa. La ciudad forma parte de la red de Ciudades Creativas de la Gastronomía de la UNESCO, una distinción que no se reparte a la ligera y que reconoce la profundidad de su cultura culinaria: la cocina marinera del puerto, los arroces, los productos de la huerta de la Marina y, por encima de todo, la gamba roja de Dénia, un producto de referencia nacional. Con niños no hace falta convertir el viaje en una ruta gastronómica, pero sí merece la pena bajar al puerto a media tarde, pasear entre las barcas y contarles de dónde sale lo que van a cenar. La explanada portuaria y el paseo son llanos, seguros y con mucho que mirar.
Les Marines frente a Les Rotes: dos Dénias distintas
Dénia tiene una particularidad muy útil para las familias: sus dos costas son opuestas y están a diez minutos la una de la otra. Hacia el norte se extiende Les Marines, una sucesión de playas de arena fina y dorada que se prolongan durante kilómetros en dirección a la desembocadura del río. Son playas anchas, sin apenas pendiente y con una entrada al agua tan progresiva que se puede caminar muchísimo mar adentro con el agua todavía por la cintura. Si viajáis con niños de dos, tres o cuatro años, esto es exactamente lo que buscáis: bañarse de pie, sin sustos, sin olas fuertes en un día normal y con arena de sobra para construir castillos hasta la hora de comer.
A lo largo de Les Marines hay chiringuitos, accesos, duchas y aparcamientos, y detrás se reparten urbanizaciones tranquilas y hoteles con piscina. Es la zona donde más sentido tiene alojarse cuando los niños son pequeños, porque permite montar el clásico esquema de playa por la mañana, comida, siesta o piscina en las horas centrales y paseo a última hora. Al ser tan larga, incluso en agosto se encuentra sitio si te alejas un poco de los accesos principales, algo que las calas famosas no permiten.
Al sur del puerto, en cambio, empieza Les Rotes, y el paisaje cambia por completo. Aquí ya no hay arena sino roca, piedra y pequeñas plataformas desde las que se entra al agua, con un fondo que se hace profundo enseguida y una transparencia extraordinaria. Les Rotes es una reserva marina y uno de los mejores sitios de toda la costa para hacer snorkel: con unas gafas y un tubo se ven peces desde el primer metro, y a los niños que ya nadan con soltura les parece un acuario. Es un plan de media tarde estupendo, con la carretera bordeando la costa y varios accesos escalonados.
El aviso honesto es igual de importante que la recomendación: Les Rotes no es cómoda con bebés ni con niños que aún no nadan. No hay arena donde sentarlos, las rocas resbalan, el agua coge fondo rápido y bajar con carrito, nevera y sombrilla es incómodo. Con peques muy pequeños la solución es sencilla: Les Marines para las mañanas de playa de verdad y Les Rotes como excursión corta con escarpines y chaleco, o directamente dejarla para otro viaje. Comprueba siempre las banderas y las indicaciones de seguridad del día, que es lo único que no se puede planificar de antemano.
El Montgó: la montaña que ordena la comarca
Entre Dénia y Jávea se levanta el Montgó, una montaña maciza y reconocible que se ve desde toda la comarca y que es parque natural. Su silueta, que desde ciertos ángulos recuerda a un elefante tumbado, es la referencia visual de la Marina Alta: la ves desde el castillo de Dénia, desde el Arenal de Jávea y desde media carretera. No es solo un adorno del paisaje, porque su presencia explica por qué esta zona es más verde y algo más fresca que el resto del litoral alicantino: hace de pantalla, retiene humedad y sostiene un pinar y un matorral mediterráneo densísimos.
Con niños, el Montgó admite dos aproximaciones muy distintas. La ambiciosa es subir a la cima, una ruta larga y exigente que no tiene sentido con peques y que además está sujeta a las normas del parque natural. La sensata es quedarse en la parte baja: hay pistas y caminos por el pinar y miradores accesibles en coche desde los que la vista sobre la costa es enorme, con Dénia y su puerto a un lado y la bahía de Jávea al otro. Media mañana de paseo suave por la falda, con almuerzo en la mochila, es un plan que rompe la rutina de playa y que a los niños de seis años en adelante les encanta.
La otra cara del macizo, ya en término de Jávea, termina de golpe sobre el mar en el cabo de San Antonio, un acantilado espectacular con faro y mirador al que se llega cómodamente en coche. Es una de esas paradas de cinco minutos que rinden muchísimo con niños: se aparca, se camina un poco, se asoma uno a la barandilla y se ve el mar desde muy arriba, con el puerto de Jávea abajo y, en días claros, media costa. Como norma general en cualquier mirador de esta comarca, y más con peques, conviene vigilar de cerca porque los acantilados son verticales y no todos los bordes están cerrados.
Jávea o Xàbia: tres pueblos en uno
Jávea — Xàbia en valenciano, y verás las dos formas en los carteles — tiene una estructura que conviene entender antes de reservar, porque hay quien llega esperando un pueblo y se encuentra tres núcleos separados por varios kilómetros. Está el casco antiguo, tierra adentro, construido en piedra tosca dorada alrededor de su iglesia fortaleza, con calles estrechas, mercado, plazas con terrazas y ambiente de pueblo de verdad. Está el puerto, con la lonja, la flota pesquera, los restaurantes de pescado y un paseo agradable. Y está el Arenal, la zona de playa por excelencia, que es donde se concentran los hoteles, los apartamentos turísticos y la vida de verano.
Esa separación tiene consecuencias prácticas. Si os alojáis en el Arenal, tendréis la playa de arena, los servicios y la animación a pie de calle, pero necesitaréis coche para bajar al puerto o subir al casco antiguo. Si os alojáis en el casco antiguo ganáis autenticidad, tranquilidad y precios algo mejores, pero dependeréis del vehículo para ir a la playa cada día, lo que con niños pequeños se hace pesado. Nuestra recomendación habitual con peques es clara: alojarse cerca del Arenal y visitar el casco antiguo y el puerto como planes de tarde o de noche.
El casco antiguo merece la visita sin ninguna duda. Es de esos centros históricos que no se han convertido en escaparate: hay comercio local, gente viviendo y una arquitectura de piedra muy característica que le da una personalidad distinta a la de los pueblos blancos del sur. Los días de mercado el ambiente es estupendo y a los niños les entretiene más de lo que uno esperaría. El puerto, por su parte, funciona igual que el de Dénia: paseo llano, barcas, gaviotas, gente pescando y la posibilidad de cenar pescado mirando al agua sin que nadie se ponga nervioso porque un niño se levante de la mesa.
El Arenal, el Portitxol y la Granadella
El Arenal de Jávea es, como su nombre indica, la única playa grande de arena del municipio, y es la razón por la que tantas familias eligen Jávea como destino. Es una playa amplia, con entrada suave, con un paseo marítimo lleno de terrazas y restaurantes justo detrás y con todos los servicios que uno espera: duchas, aseos, hamacas, socorristas en temporada y zonas de juego cerca. Con niños pequeños es la opción natural para las mañanas largas, y por la noche el paseo se convierte en el sitio donde acaba todo el mundo, lo cual resuelve esa franja incómoda entre la ducha y la cena.
A partir de ahí, el resto del litoral de Jávea es piedra, y es espectacular. La cala del Portitxol, también llamada la Barraca, es una bahía de cantos rodados con un agua de un azul casi irreal y con la isla del Portitxol enfrente, que es la imagen más reproducida de toda la Costa Blanca norte. El fondo es limpísimo y el snorkel, extraordinario. Pero hay que decirlo con claridad: caminar descalzo sobre esas piedras es incómodo para un adulto y directamente doloroso para un niño, así que los escarpines no son opcionales. Con ellos puestos, la cala pasa de suplicio a maravilla.
La cala de la Granadella es la joya de la corona y una de las calas más bonitas de España. Está encajada entre dos paredes de roca cubiertas de pinos, al final de una carretera estrecha que baja desde la urbanización, y su agua tiene ese turquesa transparente que parece retocado en las fotos. También es de canto rodado, también exige escarpines y, sobre todo, exige estrategia: en verano el aparcamiento se llena a primerísima hora, el acceso es limitado y en temporada alta suele haber restricciones de tráfico y servicios de lanzadera cuyos horarios y condiciones cambian de un año a otro. Consulta siempre la información vigente antes de ir y, si podéis, id a primera hora de la mañana o fuera de agosto.
Cerrando el mapa está el cabo de la Nao, el punto más oriental de la provincia y el lugar desde donde, en días despejados, se distingue la silueta de Ibiza en el horizonte. Hay mirador, faro y una vista que justifica el desvío por sí sola. Es otra parada corta y gratuita, perfecta para encajar entre la playa y la cena, y una de esas cosas que a los niños les impresiona más de lo previsto: contarles que aquella sombra en el mar es una isla entera suele valer más que cualquier explicación.
Calpe y el Peñón de Ifach
Calpe es imposible de confundir con ningún otro sitio, y la culpa la tiene el Peñón de Ifach: una mole de roca caliza de más de trescientos metros que se mete en el mar y parte la bahía en dos. Es parque natural, es el símbolo de toda la Costa Blanca y es, sencillamente, uno de los accidentes geográficos más impresionantes del Mediterráneo español. Lo ves desde el coche mucho antes de llegar, lo ves desde la habitación, lo ves desde la playa y lo ves desde el otro extremo del pueblo. Para los niños, tener semejante roca presidiendo las vacaciones es un recuerdo que no se les olvida.
Sobre subir a la cima, seamos honestos: no es un plan familiar. La ruta de ascenso es exigente, con tramos de roca, un túnel y pasos donde hay que ayudarse con las manos, y además está regulada como parque natural, con normas de acceso y aforos que se revisan periódicamente. Con niños pequeños no tiene sentido plantearla. Lo que sí es un plan excelente es acercarse a la base del peñón desde el puerto, recorrer el paseo de la zona baja y disfrutar de la mole desde abajo, donde impresiona incluso más. Si en la familia hay adolescentes con buena forma y ganas de caminar, consultad primero las condiciones de acceso vigentes.
El resto de Calpe es un pueblo que combina un frente marítimo muy turístico y bastante construido con un casco antiguo colorido que mucha gente ni pisa y que es justamente lo más bonito del municipio. Está en la parte alta, tiene calles estrechas con fachadas pintadas en colores vivos, murales, restos de muralla, plazas pequeñas y unos miradores desde los que se ve el peñón enmarcado entre casas. Se recorre en una hora larga, es cuesta arriba pero llevadero, y con niños funciona bien a última hora de la tarde, cuando baja el calor y las calles se llenan de vida.
Las playas de Calpe y las salinas con flamencos
El peñón divide el litoral de Calpe en dos grandes playas, y las dos son de arena, lo que convierte a este pueblo en el más cómodo de los tres para familias con niños muy pequeños. Al norte queda la playa de la Fossa, o Levante, larga, ancha y con el peñón como telón de fondo, con un paseo marítimo lleno de restaurantes y heladerías detrás. Al sur está el Arenal-Bol, más urbana todavía, pegada al centro y con la ventaja de tener absolutamente todo a mano: comercios, farmacia, terrazas y aparcamiento cercano.
Ambas tienen entrada suave, arena de grano medio y servicios completos en temporada, y ambas admiten perfectamente el carrito hasta el borde de la arena gracias a los paseos que las acompañan. Si vuestro criterio número uno es no depender del coche y tener la vida resuelta en un radio de quinientos metros, Calpe es probablemente el mejor de los tres pueblos de esta guía. A cambio, es también el más construido y el que tiene el frente marítimo más denso, así que quien busque pinar y calma encontrará más de eso en Dénia o en las urbanizaciones de Jávea.
La sorpresa de Calpe está tierra adentro, a un paseo del centro: las salinas. Es una laguna salada en pleno casco urbano, rodeada de edificios, que funciona como humedal protegido y donde hay flamencos. Verlos ahí, con el peñón detrás y los bloques alrededor, es una imagen rarísima y maravillosa, y con niños es un planazo gratuito: se rodea la laguna caminando por un recorrido llano, hay paneles informativos y prismáticos improvisados si os los lleváis. La cantidad de aves varía mucho según la época del año y las condiciones, así que puede haber muchos ejemplares o muy pocos, pero el paseo merece la pena igualmente.
Calpe tiene además un puerto pesquero con lonja en activo y un paseo que bordea la base del peñón, dos escenarios que con niños funcionan de maravilla a última hora del día. Y si os apetece completar la comarca, Altea queda a un paso hacia el sur con su casco antiguo blanco y su cúpula azul, y Benidorm con sus parques temáticos está a poco más de media hora, algo que muchas familias aprovechan para un día distinto. Si os planteáis esa combinación, aquí tenéis nuestra guía de Benidorm con niños para decidir si compensa el desplazamiento.
Calas y snorkel: cuáles sí y cuáles no con peques
Este es el apartado donde más honestos hay que ser, porque es donde más expectativas se rompen. Las calas de la Marina Alta salen preciosas en las fotos y lo son también en persona, pero la mayoría no son de arena. Son de canto rodado, de grava gruesa o directamente de plataformas de roca, con accesos que a menudo implican bajar escaleras o una cuesta, sin sombra natural más allá de algún pino y con aparcamiento escaso. Todo eso, que a un adulto le resulta anecdótico, con un bebé de un año, un carrito, una nevera y una sombrilla se convierte en una pequeña expedición.
La regla práctica que damos a las familias es esta: con niños de cero a cinco años, la base son las playas de arena — Les Marines, el Arenal de Jávea, la Fossa o el Arenal-Bol — y las calas se visitan como excursión puntual, a primera hora, con escarpines, flotador y sin pretender pasar el día entero. A partir de los seis o siete años, cuando el niño nada con soltura, las calas se convierten en lo mejor del viaje: el agua transparente, los peces a medio metro de la orilla y la sensación de estar en un sitio especial compensan de sobra la incomodidad del suelo. Esa misma ecuación — pinar, roca, agua transparente y la letra pequeña de las calas de piedra — se repite en el otro gran tramo de calas del Mediterráneo español, ya en Gerona; lo contamos con el mismo detalle en la guía de la Costa Brava con niños.
El snorkel es, de hecho, el gran argumento de esta costa. En Les Rotes, en el entorno del Portitxol o en cualquier entrada rocosa de la Granadella basta con unas gafas y un tubo para ver bancos de peces desde el primer metro de profundidad. No hace falta equipo ni experiencia: gafas, tubo, escarpines y, con niños, chaleco o flotador siempre puesto. Ir en pareja de adulto y niño, sin alejarse de la orilla y vigilando la corriente y el viento, convierte cualquier cala en una actividad de dos horas que los peques recuerdan durante meses.
Un par de avisos más que evitan disgustos. Primero, en las calas de piedra la sombrilla no se clava: o lleváis una tienda de playa autoportante o buscáis la sombra de la pared de roca a determinadas horas. Segundo, en muchas de estas calas no hay chiringuito ni fuente, o si lo hay funciona solo en temporada, así que el agua y la comida se llevan de casa. Y tercero, el estado del mar cambia mucho con el viento: una cala plana como una balsa un martes puede tener oleaje incómodo el miércoles, así que mirad el parte antes de conducir media hora con los niños en el coche.
Qué comer: arroces y la gamba roja de Dénia
La Marina Alta come muy bien, y lo hace con una cocina que resulta especialmente fácil de compartir con niños. El eje es el arroz, en todas sus formas: arroz a banda, arroz del senyoret con el marisco ya pelado — que con peques es una bendición porque no hay que estar limpiándoles nada —, arroces melosos, arroces de marisco y, por supuesto, paella. Es un plato que se pide para toda la mesa, que gusta a casi todo el mundo y que resuelve una comida entera sin negociaciones. En muchos sitios se pide con antelación porque se hace al momento, así que conviene avisar al reservar.
El producto estrella de la zona es la gamba roja de Dénia, una de las más valoradas de España y el emblema de la cocina local. Es un capricho de adultos más que un plato para niños, y su precio va según lonja y temporada, pero forma parte de la identidad del sitio y explica en buena medida por qué Dénia ostenta la distinción de Ciudad Creativa de la Gastronomía de la UNESCO. Junto a ella, la carta marinera de la comarca incluye pescado de lonja, pulpo, sepia, salazones y la típica cocina de puerto que se come mirando al agua.
Para el día a día con niños, las opciones son muy cómodas. En los paseos marítimos del Arenal de Jávea, de la Fossa en Calpe y de Les Marines en Dénia hay restaurantes acostumbrados a familias, con cocinas que sirven pronto y sin protocolo, con arroces, pescado a la plancha, ensaladas sencillas y platos básicos que funcionan con los paladares más conservadores. Cenar temprano no es problema en zona de playa, y en los cascos antiguos de Jávea y Calpe hay más tapeo y terrazas en plaza, que es el plan ideal para una noche distinta en la que los niños puedan moverse mientras los adultos terminan.
Cuándo ir, cómo llegar, coche y aparcamiento
Sobre cuándo ir, la respuesta es rotunda: si podéis elegir, primavera y otoño. De finales de abril a junio y de mediados de septiembre a octubre, esta comarca está en su mejor momento. Hace buen tiempo, se camina a gusto por los cascos antiguos y los miradores, las calas están tranquilas, se aparca sin dramas y los precios son más razonables. En septiembre el mar sigue templado, lo que lo convierte en el mes favorito de las familias que pueden viajar fuera del pico. Agosto es agua caliente, ambiente y máxima animación, pero también máxima ocupación: las calas se llenan a media mañana y todo cuesta más.
Para llegar, hay dos aeropuertos igual de válidos. El de Alicante-Elche queda a aproximadamente una hora en coche por autopista y es el mejor conectado con el resto de España. El de Valencia está a alrededor de una hora y cuarto y a veces ofrece mejores combinaciones según de dónde salgáis, así que conviene mirar los dos antes de decidir. Consulta horarios y precios actuales de vuelos y traslados al fijar las fechas, porque cambian mucho según la temporada. Si venís en coche desde casa, la autopista deja la comarca muy a mano y el trayecto es cómodo.
El coche es muy recomendable en este destino. Se puede pasar una semana sin él si os alojáis en una playa grande y no pensáis moveros, pero la gracia de la Marina Alta es precisamente ir de cala en cala, subir a los miradores y cambiar de pueblo: Dénia, Jávea y Calpe están separadas por trayectos cortos, de veinte a treinta minutos, por carreteras con curvas pero en buen estado. Con niños, sillas, nevera y sombrilla, tener vehículo propio o de alquiler cambia por completo lo que se puede ver.
Ahora el aviso serio: el aparcamiento en verano es el gran problema. En julio y agosto, los aparcamientos de las calas más famosas se llenan a primera hora de la mañana, muchos accesos son carreteras estrechas donde cruzarse ya es incómodo, y en determinados puntos se aplican restricciones de tráfico y sistemas de lanzadera cuyas condiciones se revisan cada temporada. La estrategia que funciona es salir temprano, tener siempre un plan B de playa de arena y consultar las normas vigentes al llegar. En cuanto a bebés y carritos, los paseos marítimos de Dénia, del Arenal de Jávea y de las dos playas de Calpe son llanos y perfectamente transitables; el casco antiguo de Calpe tiene cuestas y el de Jávea empedrado, así que ahí la mochila portabebés gana al carrito, y en las calas de piedra el carrito directamente sobra.
Dónde alojarse según lo que busquéis
La elección de base condiciona el viaje más que ninguna otra decisión. Dénia es la opción más completa si queréis una ciudad con vida propia, servicios todo el año, playas de arena kilométricas en Les Marines y la posibilidad de combinar la escapada con un salto en ferri a las islas. Es la mejor base para familias con niños de todas las edades y para estancias largas. Jávea es la elección paisajística: alojarse cerca del Arenal da playa de arena y servicios, y pone las calas más espectaculares de la comarca a diez minutos de coche. Es la opción de quien viene a bañarse en agua transparente.
Calpe es la más práctica con niños muy pequeños: dos playas grandes de arena, todo a mano andando, paseos llanos y el peñón como decorado permanente. Es la que menos obliga a usar el coche en el día a día. En cuanto al tipo de alojamiento, con peques la fórmula que mejor rinde suele ser un hotel de playa con pensión completa o todo incluido, porque elimina la fricción de organizar cada comida y añade piscina para las horas centrales. Si vuestro plan es recorrer calas y comer de arroz por los puertos, un apartamento con cocina y plaza de aparcamiento os dará más libertad. Ten en cuenta que las ofertas no incluyen seguro de viaje, así que si queréis cobertura adicional conviene preverlo aparte.
Si estáis comparando zonas antes de decidir, os vendrá bien nuestra panorámica de la Costa Blanca para familias, donde repasamos las diferencias reales entre el norte y el sur del litoral alicantino. Para una visión más amplia de opciones en todo el país, echad un vistazo a nuestra guía de viajes de playa en familia por España. Y si en algún momento el plan cambia y lo que buscáis es una escapada de pareja sin niños, tenemos también una selección de hoteles solo adultos todo incluido que encaja bien con este tipo de costa.
Preguntas frecuentes
¿Es la Costa Blanca norte un buen destino para ir con niños?
Es uno de los mejores tramos de litoral mediterráneo para familias, aunque conviene entender su carácter antes de reservar. La Marina Alta combina playas urbanas de arena fina y aguas muy someras, como Les Marines en Dénia o el Arenal de Jávea, con decenas de calas de piedra y agua transparente que son un espectáculo para nadar pero incómodas para un bebé que gatea. La receta que funciona es sencilla: elegir como base una playa de arena, que es donde se pasan las mañanas largas y tranquilas, y reservar las calas para excursiones concretas de media jornada, con escarpines y flotador puestos. A eso se suma que los tres pueblos son de escala humana, se recorren andando, tienen puertos, castillos y cascos antiguos que entretienen a los peques sin necesidad de pagar entradas, y están a menos de media hora en coche entre sí. Es un destino que se disfruta sin prisas y sin agenda apretada.
¿En qué se diferencia la Costa Blanca norte de la sur y de Benidorm?
La diferencia es de paisaje y de densidad. La Costa Blanca sur, hacia Alicante, Santa Pola o Torrevieja, es más llana, más abierta, con playas muy largas de arena y una urbanización extensa. La Costa Blanca norte, en cambio, es la parte donde la montaña se echa literalmente encima del mar: el macizo del Montgó, los acantilados del cabo de San Antonio y del cabo de la Nao y el Peñón de Ifach crean un litoral recortado, verde de pinares, lleno de calas escondidas y con mucho menos frente construido en altura. Benidorm es un caso aparte: es un destino urbano, vertical, con muchísima oferta de ocio, parques temáticos, animación y vida nocturna, y funciona muy bien para familias que buscan actividad constante. Dénia, Jávea y Calpe juegan a otra cosa: naturaleza, agua cristalina, pueblo y calma. Muchas familias combinan ambas cosas, alojándose en la Marina Alta y bajando un día a los parques de Benidorm.
¿Qué playa es mejor en Dénia con niños pequeños, Les Marines o Les Rotes?
Con niños pequeños, Les Marines sin ninguna duda. Es la costa que se extiende al norte de Dénia y está formada por playas de arena fina, muy suaves, con una entrada al agua tan gradual que se puede caminar mar adentro durante muchos metros con el agua por la cintura de un adulto. Eso, con peques de dos a seis años, es exactamente lo que se busca: se bañan de pie, no hay sustos, la arena permite castillos, palas y toda la parafernalia habitual, y hay servicios y chiringuitos a lo largo del frente. Les Rotes es el otro extremo de Dénia, hacia el sur, y es una costa de roca y piedra con muy poca arena, aguas profundas cerca de la orilla y unos fondos preciosos. Es fantástica para hacer snorkel con niños que ya nadan bien, digamos de siete u ocho años en adelante, y bastante incómoda con bebés. Lo ideal es alojarse cerca de Les Marines y hacer alguna escapada de tarde a Les Rotes con gafas y escarpines.
¿Hacen falta escarpines en las calas de Jávea y Calpe?
Sí, y este es probablemente el consejo más útil de toda la guía. Muchas de las calas más bonitas de la zona, empezando por la Granadella y el Portitxol en Jávea, no son de arena sino de cantos rodados: piedras redondeadas del tamaño de un puño que resultan incómodas para caminar descalzo y directamente dolorosas para un niño. Con escarpines o cangrejeras de suela gruesa el problema desaparece por completo y la cala pasa de ser un suplicio a ser un lugar espectacular donde bañarse. Lo mismo vale para las entradas al agua de roca, donde además hay algas y erizos. Merece la pena llevar un par por persona en la maleta, incluidos los adultos, porque salen baratos, ocupan nada y son la diferencia entre pasar la mañana en el agua o pasarla protestando. Añade a la lista una colchoneta o flotador, gafas de bucear y una toalla grande, porque en las calas de canto rodado la esterilla se agradece más que en la arena.
¿Se puede subir al Peñón de Ifach con niños?
El Peñón de Ifach es un parque natural y la subida a la cima es una ruta exigente, con tramos de roca, un túnel y zonas donde hay que usar las manos, además de estar sujeta a normas de acceso y a límites de aforo que cambian con el tiempo. No es un paseo familiar y no lo recomendamos con niños pequeños. Lo que sí es un plan estupendo es acercarse a la base del peñón desde el puerto, recorrer el paseo que rodea la zona baja y disfrutar de la mole desde abajo, que impresiona igual o más que desde arriba. Desde el paseo marítimo, desde las salinas y desde media Calpe se ve la roca dominándolo todo, y esa es la postal que los niños recordarán. Si hay adolescentes en la familia con buena forma física y ganas de caminar, consulta las condiciones de acceso actuales en el propio parque natural antes de plantear la subida, porque tanto los horarios como los requisitos se revisan periódicamente.
¿Cuál es la mejor época para viajar a Dénia, Jávea y Calpe en familia?
La primavera y el otoño son claramente los mejores momentos si tenéis flexibilidad. De finales de abril a junio y de mediados de septiembre a octubre encontraréis temperaturas muy agradables para caminar, calas casi vacías donde podéis aparcar sin dar veinte vueltas, precios más contenidos y unos colores del paisaje que en pleno agosto no se ven. En septiembre el mar sigue templado, lo que convierte ese mes en el favorito de muchas familias que pueden viajar fuera del pico. Julio y sobre todo agosto son el momento de máxima animación y de agua caliente garantizada, pero también el de máxima ocupación: las calas pequeñas se llenan a media mañana, el aparcamiento se convierte en el gran problema del día y todo cuesta más. Si solo podéis viajar en agosto, el truco es madrugar para las calas y dejar las horas centrales para la piscina o la playa grande de arena, donde siempre hay sitio.
¿Hace falta coche para moverse por la Marina Alta con niños?
Muy recomendable, sí. Si vuestro plan es alojaros en una playa grande de arena y pasar la semana entre la arena, la piscina y el paseo, se puede sobrevivir sin coche, sobre todo en Dénia o en el Arenal de Jávea, donde todo queda a mano andando. Pero la gracia de esta zona es precisamente moverse: las calas están repartidas por caminos que salen de la carretera, los tres pueblos están separados por unos veinte o treinta minutos de coche entre sí y los miradores y los cabos no se alcanzan a pie. Con niños, sillas, neveras y sombrilla, el coche marca la diferencia entre ver la comarca o quedarse en un solo sitio. Eso sí, el aviso importante: en julio y agosto el aparcamiento en las calas más famosas es el cuello de botella del día. Los aparcamientos se llenan temprano, muchos accesos son estrechos y hay restricciones de tráfico en temporada alta en algunos puntos, así que consulta las condiciones vigentes al llegar y plantea las salidas a primera hora.
¿Merece la pena un hotel todo incluido en esta zona con niños?
Depende bastante de cómo viajéis. Con niños pequeños, un hotel con pensión completa o todo incluido cerca de una playa de arena elimina casi toda la fricción del viaje: no vais calculando cada comida, los peques comen y pican a su hora, hay piscina para las horas centrales y la playa queda a un paseo. Es la fórmula que mejor rinde cuando el objetivo es descansar de verdad. Si en cambio vuestro plan es recorrer calas, comer de arroz en el puerto y cambiar de pueblo cada día, un apartamento con cocina y aparcamiento os dará más libertad y saldrá mejor de precio en estancias largas. En la comarca hay las dos cosas, y también hoteles de playa con régimen de media pensión que son un buen punto intermedio. Lo importante no es tanto el régimen como acertar con la ubicación y con el hotel concreto según las edades de vuestros niños. Ten en cuenta que las ofertas no incluyen seguro de viaje, así que si queréis cobertura adicional conviene preverlo aparte.
¿Os montamos la escapada a la Costa Blanca norte con los niños?
Cuéntanos fechas, cuántos sois y las edades de los peques, y el equipo de Viajes Santa Mona os prepara la escapada a medida: hotel bien ubicado junto a una playa de arena en Dénia, Jávea o Calpe, traslados desde el aeropuerto y los planes que mejor encajen con vuestros niños. Presupuesto cerrado y sin letra pequeña.
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