Fiestas y tradiciones
San Mateo 2026 en Logroño: la Fiesta de la Vendimia Riojana y dónde dormir
Por Viajes Santa Mona
Hay fiestas que son una feria con atracciones y casetas, y hay fiestas que celebran algo concreto. San Mateo es de las segundas: Logroño no celebra en septiembre una feria cualquiera, celebra que ha empezado la vendimia de La Rioja. Por eso su acto central no es un desfile ni un concierto, sino un lagar en mitad del paseo principal de la ciudad, unas uvas pisadas a la manera antigua y una jarra con el primer mosto del año. En 2026 la cita va del sábado 19 al viernes 25 de septiembre, con el día grande el lunes 21, y la ventana para organizarlo bien está abierta ahora mismo. Esta guía es lo que le contamos a quien nos escribe preguntando por San Mateo: qué se celebra de verdad, qué días pasa cada cosa, cómo funciona la calle Laurel sin hacer el ridículo, qué partes son las de los niños y —lo que más nos preguntan— dónde dormir cuando una ciudad mediana recibe de golpe a media España.
En esta guía
- Qué se celebra: la fiesta de la vendimia de La Rioja
- Fechas de 2026 y qué cae en qué día
- El pisado de la uva y la ofrenda del primer mosto
- El programa: el cohete, las peñas, los desfiles
- La calle Laurel: cómo se hace bien
- El vino, con cabeza
- San Mateo con niños: qué sí y qué no
- Las bodegas: se reservan con antelación
- Dónde dormir: zonas de Logroño y alternativas
- Cómo llegar, y cómo llegar desde el sur
- El tiempo en septiembre y qué ropa meter
- Lo que nos tienes que contar si nos escribes
- Preguntas frecuentes
Qué se celebra: la fiesta de la vendimia de toda una región
El nombre completo lo dice todo y casi nadie lo usa entero: Fiestas de San Mateo y Fiesta de la Vendimia Riojana. Son dos cosas que se celebran a la vez. Por un lado, la fiesta patronal de Logroño, que hunde sus raíces en la feria medieval que la ciudad celebraba cada año y que la convirtió en punto de comercio importante. Por otro, la celebración del inicio de la vendimia en una región cuya economía, paisaje y calendario giran alrededor del viñedo. Que las dos coincidan no es casualidad: a finales de septiembre es cuando la uva está lista.
Esa doble naturaleza explica por qué San Mateo se siente distinto de otras fiestas grandes del país. En Logroño no hay un recinto ferial en las afueras al que se va en autobús: la fiesta ocurre en la ciudad, en las calles del casco antiguo, en el Paseo del Espolón, en las plazas de los barrios. Y tiene un componente que casi ninguna otra tiene: es una fiesta con un producto detrás, y ese producto se puede probar, visitar y entender. Quien viene solo a la fiesta se lleva la mitad; quien viene a la fiesta y dedica una mañana al vino se lleva el viaje entero.
La Fiesta de la Vendimia Riojana está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 1980, que es la etiqueta que en España señala a las celebraciones que merecen un viaje desde fuera. Si te suena la mecánica, es porque en el sur tenemos nuestra propia versión: en septiembre, y también con el vino como eje, se celebran las Fiestas de la Vendimia de Jerez. Comparar las dos es un ejercicio interesante, porque cuentan la misma historia —el principio de la cosecha— con dos culturas del vino completamente distintas: allí el Marco y las criaderas y soleras, aquí el tempranillo y las barricas del Ebro.
Fechas de 2026 y qué cae en qué día
En 2026 las fiestas van del sábado 19 al viernes 25 de septiembre. El calendario de este año tiene una particularidad que conviene mirar con calma antes de pedir días libres, porque cambia bastante el plan:
| Día | Qué pasa |
|---|---|
| Sábado 19 | El cohete, por la mañana. Arranque oficial y uno de los actos con más gente de toda la semana |
| Domingo 20 | Primer día completo, con las peñas ya en la calle y actividad en los barrios |
| Lunes 21 | Día grande. San Mateo apóstol, pisado de la uva y ofrenda del primer mosto |
| Del martes 22 al viernes 25 | El grueso del programa: desfile de carrozas, degustaciones, conciertos, fuegos artificiales y espectáculos taurinos |
Lo relevante es esto: el día grande cae en lunes. Eso significa que quien quiera vivir el pisado de la uva —que es el motivo por el que la fiesta es lo que es— necesita el lunes 21 libre. Con el sábado 19, el domingo 20 y el lunes 21 se monta una escapada de tres noches que empieza con el cohete y termina con el acto central, que es probablemente la mejor combinación posible de toda la semana para alguien que viene de lejos. Si además puedes estirar al martes 22, entras ya en la parte de desfiles y degustaciones.
Un aviso honesto sobre el cohete: en 2026 se ha decidido tirarlo la mañana del sábado, y eso es un cambio respecto a la costumbre de años anteriores. La razón que se ha dado es que a esa hora cabe más gente en el acto. Como todo lo que depende de un programa municipal, la hora exacta y el detalle fino de cada día se cierran cuando se publica el programa definitivo, así que si viajas por un acto concreto, contrástalo antes de comprar nada.
El pisado de la uva y la ofrenda del primer mosto
Si solo puedes ver una cosa en San Mateo, es esta. El 21 de septiembre, en el Paseo del Espolón, se monta un lagar tradicional y se pisa la uva con los pies, tal y como se hacía antes de que existiera una sola máquina. De ahí sale el primer mosto de la vendimia de ese año. Ese mosto se recoge en una jarra y los Vendimiadores Mayores —las figuras que representan a la fiesta ese año— lo ofrecen a la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja, en un acto público ante las autoridades civiles, militares y religiosas. El mismo día hay misa y ofrenda en la Concatedral de Santa María de La Redonda, en pleno casco antiguo.
Conviene entender qué se está viendo, porque de lo contrario parece una recreación folclórica más. No lo es. En una región donde el vino no es una anécdota sino el eje de la economía, del paisaje y del calendario laboral de miles de familias, este acto es la declaración pública de que la cosecha ha empezado. El primer mosto no es un símbolo abstracto: es el primer líquido del año que sale de la uva recién cortada, y se ofrece antes de que nadie lo venda ni lo embotelle. Ese es el gesto. Cuando lo sabes, el acto se ve de otra manera.
Un par de consejos prácticos que se agradecen. El primero: hay que llegar con margen, porque el Espolón se llena y el acto tiene mucho público que no se mueve de su sitio una vez colocado. El segundo: si viajas con niños pequeños, valora si van a aguantar de pie en una zona apretada durante un acto institucional, o si os compensa más verlo desde una esquina con salida fácil. Y el tercero, que es el que menos gente tiene en cuenta: cuando el tiempo no ha acompañado, el pisado se ha llegado a trasladar a un espacio cubierto, así que si va a llover, mira dónde se celebra ese día concreto en vez de plantarte en el Espolón dando por hecho el sitio.
El programa: el cohete, las peñas, los desfiles
El cohete abre las fiestas desde el balcón del Ayuntamiento, con unas palabras previas y una plaza a rebosar. Es el momento más multitudinario y también el más intenso: si es tu primera vez y vas con niños o con gente mayor, plantéate verlo desde una calle adyacente en vez de meterte en el corazón de la plaza. La emoción se siente igual y la salida es infinitamente más fácil.
Las peñas son la columna vertebral de San Mateo, y quien no lo sabe se pierde la mitad de lo que está viendo. Son asociaciones festivas con sus colores, su charanga y su recorrido, y son las que ponen la música, los pasacalles y el ritmo en la calle durante toda la semana. Van organizadas, tienen sus horarios y sus paradas, y seguirlas un rato es la forma más rápida de entender cómo se vive la fiesta desde dentro. No hace falta pertenecer a ninguna para disfrutarlas: pasan por delante de ti sin que tengas que hacer nada.
Después está el bloque de desfiles y tradición: el desfile de carrozas, con piezas trabajadas que compiten por premios; los gigantes y cabezudos, que en Logroño tienen su público fiel; y la Tragantúa, una boca gigante con un tobogán por dentro que es, año tras año, lo que más recuerdan los niños. En el Paseo del Espolón y en la plaza del Ayuntamiento suele haber actuaciones de la banda municipal y actividades pensadas para todos los públicos, incluidas las personas mayores, que en esta fiesta tienen su hueco propio.
Y luego está la parte de comer y de la noche. Durante la semana se multiplican las degustaciones populares organizadas por peñas, casas regionales y asociaciones de vecinos, tanto en el centro como en todos los barrios: patatas con chorizo, costillas a la brasa, embutido. Es comida de calle, barata y buena, y es una de las mejores maneras de comer bien en fiestas sin pelearse por una mesa. Por la noche hay conciertos de artistas regionales y nacionales, el concurso internacional de fuegos artificiales junto al Ebro, en el entorno del parque de la Ribera, y espectáculos taurinos en el coso de La Ribera para quien los busque. Y sobre todo, la calle: la Laurel y su entorno son el centro de gravedad de las noches de San Mateo.
La calle Laurel: qué es y cómo se hace bien
Es probablemente lo que más gente atrae a La Rioja durante todo el año, fiestas aparte. La calle Laurel es una calle peatonal del casco antiguo de Logroño con decenas de bares uno al lado del otro. Con las calles de su entorno —Travesía del Laurel, San Agustín, Albornoz y la vecina calle San Juan— forma un pequeño barrio dedicado por entero al pincho. La llaman la senda de los elefantes, y el apodo tiene su guasa riojana: es por lo que le acaba pasando a quien la recorre entera de bar en bar y de vino en vino.
Lo que hay que entender antes de ir es que aquí no se cena en un sitio. El modelo es otro: cada bar se ha especializado a lo largo de los años en un pincho concreto —uno hace las setas, otro las patatas, otro el champiñón, otro el bocadillo— y la costumbre es entrar, pedir ese pincho y una bebida, tomárselo de pie, pagar y salir a por el siguiente. Un bar, un pincho. Quien se sienta esperando una carta se está perdiendo el juego entero.
Tres cosas que separan al que lo hace bien del que lo hace mal. La primera: la Asociación de la Laurel edita una guía de bolsillo con los establecimientos de la zona y la especialidad de cada uno, y la reparten en los propios bares y en la oficina de turismo. Cógela nada más llegar; es la diferencia entre una ruta con sentido y dar vueltas mirando barras. La segunda: ir pronto. En fiestas, a partir de cierta hora la calle no se recorre, se atraviesa a empujones; a las ocho de la tarde se disfruta muchísimo más que a las once. Y la tercera: no pedir mucho en cada sitio. La tentación de repetir en el primer bar que te ha gustado se paga tres bares después.
Con niños, la Laurel es perfectamente viable a primera hora. A las siete o las ocho de la tarde hay familias, se puede entrar y salir, y comer un pincho de tortilla de pie es un plan que un niño de ocho años entiende sin problema. Más tarde ya no: la densidad de gente hace que no sea un sitio para un carrito ni para llevar a un niño de la mano. Es exactamente el mismo criterio que aplicamos a cualquier fiesta grande de España.
El vino, con cabeza
Vamos a hablar de esto con normalidad de adultos, sin sermones y sin hacer como si no existiera. San Mateo es una fiesta de la vendimia y el vino está en todas partes: en los bares, en las degustaciones, en las peñas, en el acto central. Es parte del viaje y no tiene sentido fingir lo contrario.
Dicho eso, hay dos cosas de sentido común que conviene tener resueltas antes de llegar, no después. La primera: si se bebe, no se conduce. Y en La Rioja esto no es una frase hecha de campaña institucional, sino un asunto logístico muy concreto, porque buena parte de los planes de la zona —las bodegas, los pueblos, dormir fuera de la ciudad— pasan por coger un coche. Si el plan del día incluye vino, el coche se queda aparcado y punto. La segunda: hay alternativas y hay que preverlas. En la ciudad hay taxis y transporte público, y para las salidas fuera existen empresas que organizan traslados a bodegas precisamente para que nadie tenga que conducir. Contratar eso cuesta dinero; no contratarlo cuesta mucho más.
Y un apunte práctico, sin moralina: en una semana de fiestas, con calor de mediodía y noches largas, lo que de verdad marca la diferencia es comer bien y beber agua. Las degustaciones populares están ahí precisamente para eso. Quien come, aguanta la semana; quien no, se pierde el día grande. Es tan simple como eso.
San Mateo con niños: qué partes son suyas y cuáles no
Trabajamos sobre todo con familias, así que esta es la pregunta que más nos llega y la respuesta merece matices. De día, San Mateo funciona muy bien con niños. Hay un programa infantil específico, con títeres, hinchables, magia y fiestas infantiles repartidas por los barrios, además de los gigantes y cabezudos y la Tragantúa, esa boca gigante con tobogán que suele ser el recuerdo que se llevan a casa. El desfile de carrozas, las actuaciones de la banda en el Espolón y el ambiente de las degustaciones populares son perfectamente familiares.
De noche cambia por completo, y esto conviene decirlo claro. A partir de cierta hora el centro se llena, las peñas y las charangas toman la calle, la Laurel se vuelve intransitable y el ambiente pasa a ser de fiesta adulta. No es que sea peligroso; es que no es un sitio agradable para un niño cansado ni para un carrito. La fórmula que funciona con hijos pequeños es la de siempre en fiestas grandes: día de fiesta, cena pronto y vuelta al alojamiento. Y ahí es donde la decisión de dónde dormir deja de ser una cuestión de precio y pasa a ser la que salva o hunde el viaje.
Dos avisos más para familias. Uno: los fuegos artificiales son espectaculares y son plan de niños, pero son tarde y son ruidosos; con niños muy pequeños, verlos desde lejos suele ser mejor idea que meterse en la primera fila. Y dos: los espectáculos taurinos están en el programa y para muchas familias no son plan; es fácil evitarlos, porque están concentrados en un recinto y en unos horarios concretos, pero conviene saberlo de antemano y no descubrirlo sobre la marcha. Lo mismo hacemos en nuestra guía de San Fermín en Pamplona, donde la parte taurina y la parte familiar conviven exactamente igual.
Las bodegas: se reservan con antelación, y en fiestas más
Muchísima gente aprovecha el viaje a San Mateo para visitar una bodega, y es una idea excelente: entender cómo se hace el vino que te estás bebiendo cambia por completo la semana. Pero hay una cosa que hay que saber antes, y es la que más planes estropea: una bodega no es un museo con taquilla. La inmensa mayoría trabajan con cita previa, tienen horarios concretos, grupos limitados y días en los que no reciben visitas. Presentarse en la puerta no funciona.
Y en la semana de San Mateo se juntan tres factores que lo complican todo a la vez. Es plena vendimia, que es el momento del año en que la bodega está trabajando a destajo y algunas restringen o modifican las visitas. Hay muchísima gente de fuera en la ciudad, con la misma idea que tú. Y las plazas de los horarios buenos —media mañana, primera hora de la tarde— vuelan primero. La conclusión práctica es sencilla: si te hace ilusión visitar una bodega, resérvalo el mismo día que cierres el alojamiento, no cuando ya estés allí.
Un par de detalles que no salen en los folletos. Las bodegas no están todas en Logroño: hay muchas repartidas por los pueblos de la comarca, y llegar a algunas exige coche o transporte contratado —lo que nos devuelve al apartado anterior sobre quién conduce—. Las visitas suelen durar entre una hora y hora y media, incluyen recorrido guiado y cata, y a menudo se pueden combinar con comida, pero eso también se reserva. Y si vas con niños, pregunta antes si los admiten y desde qué edad, porque las políticas varían y no todas están preparadas para ello. Nosotros no te vamos a recomendar una bodega concreta —no es nuestro terreno y no vamos a fingir que lo es—, pero sí te decimos con qué antelación hay que moverse y qué preguntar.
Dónde dormir: zonas de Logroño y alternativas cercanas
Aquí está el nudo del asunto. Logroño es una ciudad de tamaño medio con una planta hotelera proporcionada a su tamaño, y durante San Mateo recibe muchísima más gente de la que normalmente duerme en ella. La consecuencia es la de siempre: se llena, sube de precio y lo que se agota primero no es lo barato, sino lo que encaja —la habitación familiar, la triple, la que está donde tú querías—.
Casco antiguo: a un paso de todo, con lo bueno y lo malo
Dormir en el casco antiguo —el entorno de la Laurel, San Juan, la plaza del Mercado y La Redonda— significa tener la fiesta debajo de la ventana. Sales del alojamiento y ya estás dentro: no dependes de horarios, ni de aparcar, ni de volver andando media hora de madrugada. Es la mejor opción para una pareja o un grupo de amigos que ha ido exactamente a eso. El precio a pagar es literal y también acústico: es la zona más cara en fiestas y es ruidosa hasta muy tarde. Con niños pequeños que tienen que dormir, o con alguien que madruga, es justo lo contrario de lo que necesitas.
Ensanche y entorno de Gran Vía: el equilibrio
Es la recomendación que damos más veces. Logroño tiene la enorme ventaja de ser una ciudad compacta y muy caminable: desde el ensanche, la zona de Gran Vía o el entorno del parque del Espolón se llega andando al centro en pocos minutos. Duermes fuera del ruido más denso, encuentras más oferta y a mejor precio, y no dependes de ningún transporte para volver a las tres de la mañana. Para familias, es casi siempre la respuesta correcta. Mismo criterio que aplicamos en las Fiestas del Pilar de Zaragoza y en la Feria de Albacete: en fiestas grandes, la distancia andando vale más que la distancia en kilómetros.
Zona de la estación y entradas de la ciudad
El entorno de la estación, en la plaza de Europa, y las zonas de acceso a la ciudad suelen tener alojamiento algo más económico y son cómodos si llegas en tren o si traes coche y necesitas aparcamiento. La estación está cerca del centro, así que no te deja aislado. Es una opción sensata cuando el centro se ha puesto imposible de precio.
Dormir fuera: Haro, Calahorra y los pueblos
Cuando Logroño se agota, la pregunta inevitable es si compensa dormir fuera. La respuesta es «depende de cómo pienses volver», y aquí conviene ser preciso en vez de vender la moto.
Haro está a unos 35-40 kilómetros al oeste y es, por derecho propio, uno de los sitios con más historia vinícola de España. Tiene conexión de tren con Logroño —el trayecto ronda los 40 minutos— y también autobús. Ahora el matiz que hay que conocer sí o sí: las frecuencias de tren son muy limitadas, apenas un par de servicios al día, y además la estación de Haro está en el Barrio de la Estación, no en el centro del pueblo, lo que añade un tramo por resolver. En la práctica, para volver de noche de las fiestas el tren no sirve: o hay autobús en horario compatible, o hay que organizar el regreso de otra forma.
Calahorra está en la otra dirección, hacia el este, en la línea de tren que une Logroño con Zaragoza, y tiene tanto estación de ferrocarril como de autobuses. Es una ciudad con entidad propia, con su casco histórico y su cocina, y suele tener alojamiento disponible cuando Logroño ya no. Vale el mismo aviso: mira los horarios reales de vuelta antes de reservar nada, porque a las dos de la mañana no hay tren.
Y luego están los pueblos de la zona, donde se encuentran casas rurales y alojamientos pequeños, muchas veces con más encanto y mejor precio que un hotel de ciudad en fiestas. Es una opción estupenda para quien va a las fiestas de día y quiere dormir tranquilo, y también para quien viene a la vendimia más que a la fiesta. Pero exige coche, y el coche nos devuelve otra vez a la conversación de quién conduce. Nuestra regla, dicha sin rodeos: dormir fuera solo compensa si tienes resuelto el regreso antes de reservar, y si sabes que no vas a acabar cada noche a las tres de la mañana en el centro. Si el plan es exprimir la noche, paga la diferencia y duerme en Logroño.
Cómo llegar a Logroño (y en particular desde el sur)
Logroño está mejor comunicada de lo que mucha gente supone, con un matiz importante: lo está por tren y por carretera, no por avión.
En tren, la estación está en la plaza de Europa, dentro de la ciudad y a poca distancia andando del centro, lo cual es una ventaja enorme cuando llegas con maletas en plena fiesta. Hay servicios de media y larga distancia que la conectan con Madrid, Barcelona, Bilbao, Zaragoza, Burgos y otras ciudades de la mitad norte. El trayecto directo desde Madrid Chamartín ronda las tres horas y media, con pocas frecuencias diarias, así que los horarios hay que mirarlos con tiempo.
En autobús, la estación de Logroño tiene líneas nacionales con Madrid, Barcelona, Bilbao, Pamplona, San Sebastián, Vitoria, Zaragoza, Burgos, Santander, Valencia, Alicante y más destinos. Es la vía más barata y a menudo la que mejor encaja en horarios cuando el tren no cuadra.
En avión es donde aparece el matiz. El aeropuerto de Logroño-Agoncillo está a solo 14 kilómetros de la ciudad, pero tiene muy poco tráfico y rara vez resuelve un viaje desde el sur. Lo habitual es volar a un aeropuerto grande y hacer el último tramo por tierra: Bilbao está a unos 150 kilómetros y Zaragoza a unos 155, y también entran en juego Pamplona, Vitoria y, por volumen de vuelos, Madrid.
Desde Andalucía y el sur: la ruta que funciona
Para quien nos escribe desde el sur, la combinación que mejor funciona casi siempre es tren con enlace en Madrid: alta velocidad hasta Chamartín y de ahí el directo a Logroño. Se hace en una jornada, sin conducir seiscientos kilómetros y sin depender de un vuelo con poca oferta. La alternativa es volar a Madrid o Bilbao y seguir por tierra, que sale a cuenta según la fecha y la antelación.
Y una advertencia sobre el coche: si vas en coche, el aparcamiento se resuelve antes que ninguna otra cosa. En fiestas hay cortes de calles, zonas peatonalizadas y el centro sencillamente no admite más vehículos. Pregunta si tu alojamiento tiene plaza o convenio con un aparcamiento antes de reservar, porque el precio del parking una semana entera puede cambiar el presupuesto del viaje. Y si el plan incluye vino, ya sabes: el coche se queda donde está.
El tiempo en septiembre y qué ropa meter
La Rioja en la segunda quincena de septiembre es de esos sitios donde el día y la noche parecen dos estaciones distintas, y quien viene del sur lo suele infravalorar. Las medias de la época rondan máximas de 22 a 24 grados y mínimas alrededor de 12, con los valores bajando conforme avanza el mes. Traducido: mediodías estupendos y noches ya francamente frescas. Y las noches de San Mateo son largas.
Llover, llueve poco: septiembre es un mes seco por aquí, con una media de apenas un par de días de lluvia en todo el mes. Pero «poca probabilidad» no es «ninguna», y en una semana de actos al aire libre un chaparrón puede alterar el programa —de hecho, el pisado de la uva se ha llegado a trasladar a un espacio cubierto por la lluvia—. Lo sensato es llevar algo ligero para el agua y no dar nada por hecho.
La lista de maleta, corta y práctica: capas (camiseta de día, algo de manga larga y una chaqueta o cortavientos para la noche), calzado cómodo de verdad porque vas a caminar y a estar de pie muchísimas horas, algo de abrigo real si vas a estar en la calle de madrugada, y ropa que no te importe manchar si vas a las degustaciones o a la Laurel. Si viajas con niños, una manta fina o un forro extra para la noche de los fuegos es de esas cosas que se agradecen muchísimo.
Lo que nos tienes que contar si nos escribes
Estas fiestas se organizan mucho mejor con unos cuantos datos por delante. Si nos escribes, cuéntanos esto y te ahorras varios días de ida y vuelta:
- Cuántas noches y cuáles exactamente. No es lo mismo el bloque del cohete y el día grande (19, 20 y 21) que la segunda mitad, que es la de desfiles, degustaciones y fuegos.
- Si puedes librar el lunes 21. Es el día del pisado de la uva y de la ofrenda del primer mosto. Si no puedes, el viaje se plantea de otra manera.
- Quiénes vais y las edades reales de los niños. Con un bebé, con un niño de siete o con un adolescente, la zona recomendable cambia por completo.
- Si priorizas ambiente o descanso. Es la pregunta que decide entre casco antiguo y ensanche, y la que más disgustos evita.
- Si aceptarías dormir fuera de Logroño —Haro, Calahorra, un pueblo— y cómo pensáis volver por la noche. Sin eso resuelto, no lo recomendamos.
- Cómo pensáis llegar y si traéis coche, porque si lo traéis hay que resolver el aparcamiento antes que ninguna otra cosa.
- Si os interesa una visita a bodega, para reservarla a la vez que el alojamiento y no cuando ya no queden plazas.
- Si queréis combinarlo con unos días de costa antes o después, porque entonces el viaje se monta entero de otra manera.
Lo que sí somos y lo que no
Aquí toca ser honestos, que es como preferimos trabajar. Nosotros somos agencia de costa: lo que hacemos todos los días es todo incluido de playa, escapadas de litoral español y Caribe. No somos especialistas en La Rioja y no vamos a fingir que llevamos veinte años recorriendo bodegas, porque se nota enseguida y porque no sería verdad.
Lo que sí sabemos hacer, y lo hacemos bien, es lo otro: montarte el viaje. Buscar alojamiento cuando una ciudad está llena, comparar zonas, valorar si te compensa dormir fuera, cuadrar el transporte, resolver una habitación familiar cuando solo quedan dobles y decirte que no cuando lo que estás pidiendo no existe en esas fechas. Esa parte es igual en Logroño, en Pamplona o en Chiclana, y es la que de verdad marca la diferencia entre un viaje que sale bien y una semana peleándote con pantallas de reserva.
Si lo que buscas es ver disponibilidad de alojamiento por tu cuenta, tienes nuestro buscador de hoteles abierto a cualquier hora. Y si lo que quieres es combinar San Mateo con unos días de playa —septiembre sigue siendo excelente en el litoral español, con menos gente y mejores precios que en agosto—, ahí sí jugamos en casa: échale un ojo a la Costa de la Luz o a la Costa del Sol, y si te lías con los nombres de los tramos de litoral, los ordenamos todos en las costas de España, una por una.
Y el consejo final, que vale para San Mateo y para cualquier fiesta grande de este país: en fechas fijas y con oferta limitada, la disponibilidad manda sobre las preferencias. Lo explicamos con números y sin cuentos en reservar con antelación o esperar a última hora. Estamos a principios de agosto: todavía se elige. Dentro de un mes se coge lo que queda.
Preguntas frecuentes
¿Qué días son las fiestas de San Mateo 2026 en Logroño?
San Mateo y la Fiesta de la Vendimia Riojana de 2026 se celebran del sábado 19 al viernes 25 de septiembre, siete días completos. El cohete que abre las fiestas está previsto para la mañana del sábado 19, y ahí hay un cambio que conviene tener presente: el Ayuntamiento decidió adelantarlo a la mañana del sábado precisamente para que quepa más gente en uno de los actos más multitudinarios. El día grande es el lunes 21, festividad de San Mateo apóstol, y es cuando se concentran el pisado de la uva y la ofrenda del primer mosto. Como en cualquier programa municipal, los horarios finos pueden moverse hasta el último momento, así que si viajas por un acto concreto conviene contrastar el programa oficial cuando salga la versión definitiva.
¿Qué es exactamente el pisado de la uva y la ofrenda del primer mosto?
Es el acto central de las fiestas y lo que las distingue de cualquier otra feria de septiembre. En el Paseo del Espolón se coloca un lagar tradicional y se pisa la uva a la manera antigua, con los pies, hasta obtener el primer mosto de la vendimia de ese año. Ese mosto se recoge en una jarra y los Vendimiadores Mayores lo ofrecen a la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja, en un acto público. Ese mismo día hay misa y ofrenda en la Concatedral de Santa María de La Redonda. No es una recreación turística montada para la foto: es el gesto con el que una región vitivinícola entera declara que la cosecha ha empezado, y por eso el 21 de septiembre no es un día más del programa.
¿Qué es la calle Laurel de Logroño y cómo funciona?
La calle Laurel es una calle peatonal del casco antiguo de Logroño en la que se concentran decenas de bares, y con sus calles vecinas —Travesía del Laurel, San Agustín, Albornoz y la cercana calle San Juan— forma la zona de pinchos más famosa de La Rioja. La gracia está en que cada bar se ha especializado en un pincho concreto, así que no se entra a cenar en un sitio: se va de bar en bar tomando una cosa en cada uno. Se pide un pincho y una bebida, se toma de pie, se paga y se sale. La Asociación de la Laurel edita una guía de bolsillo con los establecimientos y su especialidad, y la reparten en los propios bares y en la oficina de turismo: es la mejor manera de no ir dando tumbos.
¿San Mateo es una fiesta para ir con niños?
De día, sí, y bastante más de lo que la fama de la fiesta hace pensar. Hay programación infantil específica —títeres, hinchables, magia, fiestas infantiles en los barrios— y están los gigantes y cabezudos y la Tragantúa, una boca gigante con tobogán por la que los niños se lanzan y que suele ser el recuerdo que se llevan. El desfile de carrozas y la banda municipal en el Espolón también funcionan muy bien en familia. Lo que no es plan de niños es la noche: a partir de cierta hora el centro se llena, las peñas y las charangas toman la calle y el ambiente cambia por completo. La fórmula que funciona es día de fiesta y noche de vuelta al alojamiento, y para eso importa mucho dónde duermas.
¿Se puede visitar una bodega durante las fiestas?
Se puede, pero hay que reservarlo con antelación y no improvisarlo. En La Rioja la visita a bodega no funciona como un museo con taquilla: la mayoría trabajan con cita previa, tienen horarios concretos, grupos limitados y días en los que sencillamente no reciben. En la semana de San Mateo se junta todo lo malo para el que improvisa: es plena vendimia, hay muchísima gente de fuera en la ciudad y las plazas se agotan pronto. Añade un detalle que mucha gente pasa por alto: las bodegas no están todas en Logroño, y llegar a algunas exige coche o transporte contratado, lo que a su vez obliga a pensar quién conduce. Si te hace ilusión, resérvalo el mismo día que cierres el alojamiento.
¿Dónde conviene dormir si Logroño está lleno?
En la ciudad, la elección real es entre el casco antiguo —a un paso de todo, con el precio y el ruido que eso implica— y el ensanche y el entorno de Gran Vía, donde se duerme mejor y se sigue llegando andando al centro sin depender de nada. Si Logroño se agota o los precios se disparan, hay alternativas cercanas que funcionan: Haro y Calahorra tienen estación de tren y de autobús, y en los pueblos de alrededor se encuentran casas rurales y alojamientos pequeños. El matiz importante es que las frecuencias de tren regionales son limitadas y a última hora de la noche no hay servicio, así que dormir fuera obliga a decidir de antemano cómo se vuelve. En la estación de Haro hay otro detalle: está en el Barrio de la Estación, no en el centro del pueblo.
¿Cómo se llega a Logroño desde el sur de España?
Lo más práctico casi siempre es tren, con enlace en Madrid. Logroño tiene estación en el centro, en la plaza de Europa, con servicios directos a Madrid Chamartín que rondan las tres horas y media, así que desde Andalucía se hace la jornada en tren en un día, cambiando en Madrid. La otra vía es volar a un aeropuerto grande con más oferta —Bilbao y Zaragoza están alrededor de 150 kilómetros— y hacer el último tramo por carretera o en autobús. El aeropuerto de Logroño-Agoncillo está a 14 kilómetros de la ciudad, pero tiene muy poco tráfico y rara vez resuelve el viaje. Y siempre queda el coche, con el aviso de que en fiestas aparcar en el centro es una odisea: si vas en coche, el aparcamiento se resuelve antes que nada.
¿Cuándo hay que reservar el alojamiento para San Mateo?
Cuanto antes, y no por vendernos prisa: por cómo funciona el mercado en una ciudad mediana con una fiesta grande. Logroño no tiene una planta hotelera enorme, y esa semana compiten por ella los que van a las fiestas, los que van a la vendimia y los que iban por trabajo. Cuando la oferta es pequeña y la demanda se dispara en fechas fijas, lo primero que desaparece no es el alojamiento barato: es el que encaja con lo que necesitas —la habitación familiar, la triple, la que está donde quieres—. Esperar a última hora funciona cuando hay inventario de sobra; aquí no lo hay. En agosto todavía estás a tiempo de elegir; en septiembre eliges entre lo que ha quedado.
¿Te vas a San Mateo este septiembre?
Dinos las fechas, quiénes vais y si preferís ambiente o descanso, y te montamos el alojamiento y el transporte antes de que Logroño se quede sin sitio. Y si quieres rematarlo con unos días de playa, eso ya es lo nuestro.
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