Fiestas y tradiciones
San Fermín en Pamplona: cuándo es, cómo funciona y dónde dormir
Por Viajes Santa Mona
Hay fiestas que llenan una ciudad y hay fiestas que la vacían de camas. San Fermín es de las segundas. Del 6 al 14 de julio, todos los años, Pamplona multiplica su población y su parque hotelero se agota con meses de antelación. Por eso este artículo dedica su parte más larga a algo que casi ninguna guía trata en serio: dónde vas a dormir. Antes de eso te contamos qué es exactamente cada cosa —el chupinazo, el encierro, el Pobre de Mí—, cómo funciona la semana, qué normas de seguridad hay y por qué existen, y algo que casi nadie cuenta y que a nosotros nos parece lo más importante: que hay una fiesta enorme, de nueve días, que se puede disfrutar entera sin acercarse a un toro. Lo contamos con respeto, porque el encierro no es una atracción de feria: hay heridos todos los años y ha habido muertos. Y lo contamos sin tomar partido en el debate sobre los toros, porque quien nos lee puede pensar cualquier cosa y no es nuestro papel decirle qué tiene que opinar.
En esta guía
- Cuándo es exactamente: fechas fijas
- El chupinazo y el Pobre de Mí
- El encierro: hora, recorrido y cuánto dura de verdad
- Dónde se ve el encierro sin correr
- Seguridad y normas: lo que hay que saber
- La otra fiesta: peñas, gigantes, música y calle
- San Fermín con niños
- Dónde dormir: el problema real del viaje
- Cuándo hay que reservar (spoiler: antes de lo que crees)
- Cómo llegar y moverse sin coche
- Qué llevar: el blanco, el rojo y el calzado
- Las preguntas que te vamos a hacer
- Preguntas frecuentes
Cuándo es exactamente: del 6 al 14 de julio, siempre
Empecemos por lo que hace que este viaje se pueda planificar mejor que casi ningún otro: San Fermín tiene fechas fijas. Del 6 al 14 de julio, todos los años, sin excepción y sin trasladarse al fin de semana. No es como la Semana Santa, que se mueve cada año, ni como una feria que puede adelantarse o retrasarse según el calendario. Nueve días exactos, siempre los mismos números.
Lo que sí cambia de un año a otro es en qué día de la semana cae cada cosa, y eso mueve muchísimo la demanda. Un chupinazo en viernes o sábado llena la ciudad de gente que no necesita pedir vacaciones; un chupinazo en martes reparte la afluencia de otra manera. En 2027, para que te hagas una idea, el 6 de julio cae en martes y la fiesta termina la noche del miércoles 14. En 2028 el arranque cae en jueves, que suele ser de los peores años para encontrar cama porque enlaza directamente con el fin de semana. Ese dato conviene mirarlo antes de decidir qué días vas, porque no es lo mismo buscar alojamiento para el primer fin de semana que para un martes de mitad de fiesta.
La estructura de la semana es sencilla de entender. El día 6 es el del arranque: chupinazo al mediodía y una tarde y una noche de calle. Del 7 al 14 se repite cada día el mismo esqueleto —dianas de madrugada, encierro a las ocho, comparsa a media mañana, actos por la tarde, fuegos artificiales de noche y calle hasta que el cuerpo aguante— con el día 7, el de San Fermín, como jornada grande, la de la procesión. Y el 14 a medianoche se acaba todo de golpe con el Pobre de Mí. Si vas dos o tres días, cualquier tramo funciona; el 6 y el 7 son los más multitudinarios y también los más caros.
El chupinazo y el Pobre de Mí: el principio y el final
El chupinazo se lanza el 6 de julio a las doce del mediodía desde el balcón del Ayuntamiento, en la Plaza Consistorial. Es un cohete y un grito, y en ese instante empieza oficialmente la fiesta. La plaza se llena hasta el punto de que entrar o salir deja de ser una decisión propia, y quien no quiera vivirlo en el epicentro puede verlo perfectamente en las calles de alrededor, con el mismo momento y la mitad de la agobia. Es el acto más fotografiado de la fiesta y también el más incómodo físicamente: conviene decidir de antemano si quieres estar dentro o cerca.
Ahí ocurre además el gesto que más se equivoca la gente de fuera: el pañuelo rojo se anuda al cuello después del chupinazo, no antes. Hasta las doce se lleva en alto, en la mano, y se alza cuando estalla el cohete. Ponérselo al cuello por la mañana, camino de la plaza, es la señal más clara de que uno acaba de llegar. Y no se quita hasta el final: se lleva los nueve días.
El cierre es el Pobre de Mí, a la medianoche del 14, otra vez en la Plaza Consistorial. Miles de personas con una vela encendida cantando que la fiesta se ha terminado, y al acabar el canto se desatan el pañuelo del cuello. Es un acto triste a propósito, y es probablemente el momento más emocionante de los nueve días para quien ha vivido la semana entera. Si tu viaje es corto y puedes elegir, mucha gente prefiere el final al principio: hay menos aglomeración que en el chupinazo y el ambiente es incomparable.
El encierro: a qué hora, qué recorrido y cuánto dura de verdad
El encierro consiste en trasladar corriendo a los toros desde los corrales de Santo Domingo hasta la plaza de toros, por las calles del casco antiguo, con la gente corriendo delante de ellos. Se corre a las ocho de la mañana, del 7 al 14 de julio: ocho encierros, uno por día. Van seis toros acompañados de dos grupos de cabestros, los bueyes mansos que guían a la manada y que son la razón de que el conjunto llegue más o menos junto y no desperdigado.
El recorrido son unos 850 metros repartidos en tramos que cualquier pamplonés te recita de memoria: la cuesta de Santo Domingo, en subida y muy rápida; la Plaza Consistorial y Mercaderes, la parte más ancha; la curva de Mercaderes, un giro de noventa grados a la derecha donde la manada patina y se abre; la calle Estafeta, el tramo largo y estrecho, el más famoso; la curva de Telefónica; el callejón, veinticinco metros de embudo antes de la plaza; y la entrada al ruedo.
Lo que más sorprende: dura entre dos y cuatro minutos
Es el dato que más descoloca a quien va por primera vez. La manada corre a una media que ronda los veinticuatro kilómetros por hora, así que la carrera entera se resuelve en un puñado de minutos, entre dos y cuatro según el día. Tú habrás madrugado, habrás aguantado de pie una hora larga buscando hueco y lo que verás pasar por delante serán segundos. No es una decepción —quien lo ha visto no lo olvida—, pero conviene saberlo para no montar el viaje entero alrededor de eso. Cuatro cohetes marcan el desarrollo: el primero abre los corrales, el segundo avisa de que han salido todos los toros, el tercero suena cuando la manada entra en la plaza y el cuarto cuando ya está encerrada en los corrales de la plaza. Cuando oyes el cuarto, se acabó.
Conviene decirlo claro y sin rodeos: el encierro es peligroso. Todos los años hay heridos, algunos de gravedad, y a lo largo de su historia ha habido muertos. No es una atracción ni un juego, y quien decide correrlo asume un riesgo real. Esta guía no está escrita para animarte a correr ni para disuadirte: está escrita para que, decidas lo que decidas, sepas lo que hay.
Dónde se ve el encierro sin correr
Esto es lo que hace la inmensa mayoría de la gente que viaja a San Fermín, y hay tres opciones distintas con precios, comodidades y madrugones muy diferentes.
Desde el vallado
El recorrido se protege con un vallado doble de madera —miles de tablones y cientos de palos que se montan y desmontan cada día— y desde ahí se ve gratis. El matiz importante es que la primera fila del vallado está reservada y no se puede ocupar: se ve desde la segunda, entre tablones. ¿El precio real? El madrugón. Para tener un sitio decente hay que estar allí de madrugada, un par de horas antes o más en los días fuertes, de pie, sin moverse y sabiendo que lo que vas a ver dura minutos. Es la opción de quien no quiere gastar y sí quiere el ambiente completo de la espera, que para mucha gente es la mitad de la experiencia.
Desde un balcón alquilado
Los balcones de las casas del recorrido —Estafeta, Mercaderes, la cuesta de Santo Domingo— se alquilan, sobre todo en primeros y segundos pisos. Es la forma más cómoda y más segura de verlo: se ve de arriba abajo, sin empujones y sin madrugar tanto. En términos generales, se paga por persona y por día, y las cifras se mueven en tres dígitos por cabeza, variando bastante según el tramo, la altura y el día de fiesta que sea. Los días 7 y los fines de semana son los más caros, y los balcones buenos se reservan con mucha antelación. No te damos una cifra exacta porque cambia cada temporada y cada propietario, pero sí el orden de magnitud para que no te pille por sorpresa.
Desde la plaza de toros
La tercera vía es entrar en la plaza de toros y ver desde el tendido la llegada de la manada por el callejón y su entrada al ruedo. Se ve el final del encierro y lo que ocurre después en la plaza, con un ambiente muy particular en las gradas. Es una opción intermedia: cuesta menos que un balcón, hay que madrugar menos que en el vallado y se está sentado. No verás la carrera por las calles, solo su desenlace, así que depende de qué parte te interese. Como todo lo que tiene aforo, se agota: hay que resolverlo con antelación y no contar con improvisar esa mañana.
Seguridad: las normas y por qué existen
La normativa municipal del encierro no es un trámite. Cada punto está escrito porque en algún momento alguien resultó herido, o hirió a otro. Estas son las obligaciones y prohibiciones principales para quien corre:
- Edad mínima: 18 años. No es negociable ni hay excepciones.
- Prohibido correr bebido o bajo los efectos de drogas, o en cualquier estado que impida correr con normalidad. Es la causa de una parte grande de los sustos.
- Prohibido hacer fotos o vídeos desde el recorrido, el vallado o las barreras. El móvil en la mano quita una mano para protegerse y despista al que corre detrás.
- Prohibido citar, tocar, hostigar o maltratar a los animales, y prohibido correr detrás de ellos.
- Prohibido esconderse en portales, esquinas o ángulos muertos antes de la suelta, y prohibido situarse en las zonas reservadas o cruzar las vallas policiales.
- Ropa y calzado adecuados para correr. Zapatilla cerrada y atada. Nada de chanclas, sandalias ni suela lisa.
- Prohibido llevar objetos que estorben la carrera, propia o ajena: mochilas, bolsas, cámaras.
- El acceso al recorrido se cierra antes de la carrera, en torno a las siete y media. Quien llega después, no entra.
El Ayuntamiento sanciona los incumplimientos, pero la multa es lo de menos. Lo relevante es que saltarse una de estas normas no te pone en riesgo solo a ti: en un tramo estrecho con cientos de personas corriendo, el que se cae mal arrastra a otros.
Si te caes
Es la única instrucción en la que coinciden absolutamente todos los corredores veteranos, y va aquí aunque no pienses correr, porque también sirve si alguna vez te ves en un apuro: quédate en el suelo. Hecho un ovillo, con las manos firmemente sobre la cabeza y la nuca, y espera a que pase toda la manada. Levantarse o moverse llama la atención del animal y te convierte en el objetivo. Estar en el suelo no evita los pisotones, pero un pisotón y una cornada no son cosas comparables.
Y después, no te levantes hasta que un pastor te lo diga. Los pastores son quienes dirigen el encierro con vara en mano y sus indicaciones se obedecen sin discutir: si te dicen que salgas, sales. La otra recomendación previa que evita muchísimas caídas es igual de simple: mirar siempre hacia delante. Quien corre girando la cabeza para ver por dónde viene la manada acaba chocando con otro corredor y cayéndose justo en el peor sitio.
Un apunte final sobre lo que rodea al encierro. En la plaza de toros y en el resto del programa taurino hay corridas cada tarde, y sobre eso hay opiniones muy distintas en España y también entre nuestros clientes. No es nuestro papel decirte qué pensar. Lo que sí te decimos, en plan práctico, es que ninguna parte de la fiesta te obliga a pasar por ahí: se puede vivir San Fermín entero, nueve días, sin pisar la plaza ni ver un encierro, y sigue siendo una de las mejores fiestas de Europa. De eso va la sección siguiente.
La otra fiesta: peñas, gigantes, música y calle
Esta es la parte que casi nadie cuenta fuera de Navarra y que, en horas de fiesta, es la inmensa mayoría del programa. En una edición reciente el ayuntamiento programó más de quinientos actos en nueve días. El encierro ocupa tres minutos al día.
Las peñas son el motor de todo. Son asociaciones festivas de la ciudad, cada una con su local, su pancarta, su charanga y su forma de entender la fiesta, y son las que ponen la música por las calles a todas horas, las que llenan la parte alta de la plaza de toros y las que arman la comparsa humana que se mueve por el casco viejo por la tarde. No hace falta pertenecer a ninguna para disfrutarlas: se cruzan contigo, tocan, y la calle se convierte en otra cosa durante veinte minutos.
La Comparsa de Gigantes y Cabezudos es, para nosotros, lo más bonito que tiene San Fermín. Sale todos los días de fiesta, normalmente sobre las nueve y media de la mañana, y recorre las calles del centro con paradas por el camino. Son veinticinco figuras: ocho gigantes que representan a distintos continentes, cinco cabezudos, seis kilikis y seis zaldikos. La tradición arranca en 1860, cuando el artista pamplonés Tadeo Amorena construyó los ocho gigantes y dos de los kilikis originales. Ver bailar a un gigante en una plaza estrecha con la banda tocando es de esas cosas que emocionan sin que sepas muy bien por qué. El 7 de julio, día de San Fermín, la comparsa acompaña a la procesión, que sale a las diez de la mañana y es el acto central de la jornada grande.
El día tiene además su propia banda sonora. Las dianas empiezan a las siete menos cuarto de la mañana, con la banda municipal y grupos de gaiteros recorriendo el centro: si duermes cerca, te despiertan; si has trasnochado, te las encuentras de vuelta a casa. Por la noche, a las once, hay fuegos artificiales en la Ciudadela, que no son un pegote sino un concurso internacional con jurado y con gente sentada en la hierba del parque esperando desde mucho antes. Es uno de los mejores planes gratuitos de la fiesta y uno de los más agradecidos si vas con niños.
Dos actos merecen una explicación aparte porque generan confusión. El riau-riau fue durante décadas el acto de la tarde del 6 de julio: el acompañamiento de la corporación municipal desde el Ayuntamiento hasta la capilla de San Fermín, unos quinientos metros que podían durar horas al ritmo del Vals de Astráin. Se celebró oficialmente de 1914 a 1991 y se retiró del programa oficial en 1992 tras episodios graves de violencia; hubo intentos de recuperarlo en 1996 y 2012 que también acabaron suspendidos. Desde entonces sobrevive de forma popular, sin participación municipal oficial, con la banda tocando el vals y la gente coreando el riau-riau al final de cada estrofa. Si lees que el riau-riau está en el programa, comprueba la fuente: lo habitual es que no lo esté. El otro es el struendo, tampoco oficial: una noche cualquiera de mitad de fiesta, de madrugada, la gente se junta detrás del Ayuntamiento con instrumentos o con cualquier cosa que haga ruido y recorre la ciudad armando un estruendo que se oye desde lejos. No se anuncia con mucha antelación y forma parte de su encanto.
Y luego está lo que no aparece en ningún programa: los almuerzos de media mañana, las txistorras, las terrazas del Casco Viejo, la plaza del Castillo a cualquier hora, los conciertos de la noche, la gente durmiendo en la hierba de la Vuelta del Castillo y una ciudad entera vestida de blanco y rojo durante nueve días. Si San Fermín solo fuera el encierro, no habría un millón de personas pasando por allí.
San Fermín con niños: sí se puede, y hay partes que son suyas
Nos escriben muchas familias preguntando si San Fermín es un sitio para llevar niños. La respuesta corta es sí, si eliges bien las horas. La respuesta larga es que hay una parte de la fiesta que está literalmente hecha para ellos.
Lo primero son los gigantes y cabezudos. Un niño delante de un gigante que baila es un niño con la boca abierta, y los kilikis persiguiendo críos por las calles del casco viejo con la vejiga en la mano —esa media carrera entre el susto y la risa— es de esos recuerdos que se quedan para siempre. Sale a media mañana, es gratis, dura un buen rato y se puede seguir a pie sin agobios si te apartas un poco del centro exacto del gentío. Para nosotros es el mejor plan familiar de toda la fiesta.
Después hay más: los fuegos artificiales de la Ciudadela a las once de la noche, con sitio de sobra en el parque si llegas con tiempo; el encierro infantil con toros de peluche que se organiza en la fiesta, doscientos metros de carrera para críos y ningún animal de por medio; los hinchables, talleres y actuaciones repartidos por barrios, que en las últimas ediciones el ayuntamiento ha reforzado precisamente para descentralizar la fiesta y sacarla del casco viejo; y el ambiente de calle de mediodía, que es alegre, musical y perfectamente familiar.
Lo que no encaja bien con niños pequeños, dicho con la misma franqueza: la madrugada del encierro (frío, apreturas y horas de pie para ver algo que dura minutos), el casco viejo a partir de media tarde en los días fuertes, y la noche. La fórmula que funciona en familia es dormir fuera del casco antiguo o directamente fuera de Pamplona, entrar por la mañana, hacer comparsa, almuerzo y parque, volver a descansar y elegir una noche concreta para los fuegos. Con ese ritmo, San Fermín con niños es un viaje estupendo. Si te interesan más fiestas grandes que funcionan en familia, tenemos guías del Misteri d'Elx y de las Festes de Gràcia de Barcelona.
Dónde dormir: el problema real de este viaje
Aquí está el corazón del artículo, porque es donde se decide si el viaje sale bien o sale caro y mal. Pamplona es una ciudad de tamaño medio con una planta hotelera de ciudad de tamaño medio, y durante nueve días de julio recibe una avalancha que multiplica esa capacidad muchas veces. La consecuencia es doble y no tiene truco: se agota con meses de antelación y los precios se multiplican respecto a cualquier otra semana del año. No es un rumor de foro: es lo que pasa todos los años.
Opción 1: dormir en Pamplona
Es lo que todo el mundo quiere y lo que casi nadie consigue si se decide tarde. Dentro de la ciudad hay tres subopciones que funcionan de forma muy distinta. La primera es el casco antiguo o su borde: sales del portal y estás en la fiesta, no necesitas transporte y puedes subir a descansar cuando quieras. El precio de eso es doble, el económico y el otro: en el casco viejo no se duerme. Hay música y gente en la calle prácticamente toda la noche, y si viajas con niños o con alguien que necesita descansar, esa habitación preciosa se convierte en un problema.
La segunda es alojarse en Pamplona pero fuera del centro histórico: barrios como los del norte o el este de la ciudad, o el entorno de la estación, a quince o veinte minutos andando o un par de paradas de autobús urbano. Se duerme mucho mejor, suele costar menos y sigues teniendo la fiesta a un paseo. Es, con diferencia, la opción que más recomendamos a quien quiere dormir en la ciudad. La tercera son apartamentos y habitaciones particulares, muy habituales durante la fiesta: pueden salir bien de precio para grupos, pero son también donde más cuidado hay que tener con quién se contrata y qué se firma.
Opción 2: la corona de pueblos a media hora
Esta es la jugada que resuelve el viaje a la mayoría de la gente y la que menos se plantea. Alrededor de Pamplona, en un radio de media hora larga en coche, hay una corona de pueblos y villas de la Navarra media con alojamiento de sobra el resto del año y con plaza disponible cuando la capital ya no tiene: la zona de Tafalla y Olite hacia el sur, Puente la Reina y el corredor del Camino de Santiago hacia el suroeste, Estella-Lizarra algo más allá, Sangüesa hacia el este, y los valles del norte camino de la frontera. Se duerme en silencio, se come mejor y más barato, y se entra a la fiesta en coche o en autobús.
El matiz honesto de esta opción es el regreso de noche. Si tu plan incluye quedarte hasta tarde, tienes que resolver cómo vuelves: conductor que no bebe, transporte contratado o taxi, sabiendo que a las tres de la mañana del día 7 los taxis en Pamplona son un bien escaso. Quien lo tiene previsto de antemano no tiene ningún problema; quien lo improvisa esa noche, sí. Nuestro consejo práctico: si duermes fuera, monta el viaje alrededor de las mañanas —encierro, comparsa, almuerzo, calle— y elige una sola noche larga.
Opción 3: las bases grandes a una hora
Si viajáis varios, o si además de San Fermín queréis conocer la zona, la opción más cómoda suele ser dormir en una ciudad grande a una hora de Pamplona y hacer una o dos incursiones a la fiesta. Las tres candidatas naturales son San Sebastián, Logroño y Vitoria-Gasteiz, las tres a aproximadamente una hora de coche por autovía, con muchísima más oferta de alojamiento que Pamplona y con vida propia para los días que no vayas a la fiesta. Tudela, en la Ribera navarra, es la equivalente dentro de la propia Navarra. Y para grupos grandes o presupuestos ajustados, Zaragoza y Bilbao quedan a distancia de excursión larga, aunque ahí ya conviene hacer números con el tiempo de carretera.
La ventaja de esta fórmula es que el viaje deja de depender de una sola cosa. Si duermes en San Sebastián, tienes playa, ciudad y gastronomía, y San Fermín se convierte en una mañana espectacular en vez de en el único motivo del viaje —y de paso, si vas por ahí en agosto, la Semana Grande de San Sebastián es otra fiesta enorme que contamos aparte, igual que la propia ciudad como destino. Si duermes en Logroño, tienes La Rioja y sus bodegas. La desventaja es evidente: una hora de ida y una de vuelta cada día que entres, y la misma cuestión del regreso nocturno.
Opción 4: camping y otras fórmulas
Existen campings en el entorno de Pamplona y en Navarra que trabajan estas fechas, y son una salida real para gente joven y grupos. Y existe la fórmula clásica de dormir al raso en los parques de la ciudad, que mucha gente practica cada año; si alguien de tu grupo lo plantea, que sepa que las tiendas de campaña no están permitidas en los parques municipales, que las noches en Pamplona en julio refrescan bastante más de lo que la gente espera y que hace falta saco. No es la fórmula que nosotros organizamos, pero preferimos contarlo a que te lo encuentres sin avisar.
Cuándo hay que reservar: si lo piensas en junio, ya vas tarde
Vamos con el consejo más honesto de toda la guía, aunque suene incómodo: esto se reserva con muchísima antelación. El calendario realista es este. Lo ideal es cerrar el alojamiento durante el año anterior, en cuanto tengas claro que quieres ir. Un plazo todavía cómodo es el invierno previo: enero, febrero, marzo. A partir de abril empieza a costar encontrar cosas buenas en Pamplona a precio razonable, y hay que abrir el radio. Y si estás mirándolo en junio, asume desde el primer minuto que vas tarde: lo que quede en la ciudad será poco, caro o ambas cosas, y la solución pasará casi con seguridad por dormir fuera.
Hay una segunda razón para reservar pronto que la gente no ve venir: no es solo disponibilidad, es la calidad de lo que queda. Cuando la ciudad se llena, lo último que se vende no son las habitaciones baratas, son las peores: interiores, sin ascensor, en la calle más ruidosa, con condiciones de cancelación estrictas y estancias mínimas de varias noches impuestas. Reservar en enero no te ahorra solo dinero, te ahorra dormir mal.
Y un aviso sobre las condiciones. En fechas de máxima demanda como estas es habitual que los alojamientos exijan estancias mínimas de varias noches, que las políticas de cancelación sean mucho más duras que el resto del año y que se pida pago anticipado. Eso no es un abuso, es cómo funciona el mercado en un pico así, pero significa que hay que leer la letra pequeña antes de pagar, no después. Sobre este tema en general escribimos en reservar con antelación o a última hora, y la mecánica de dormir en una ciudad tomada por un evento la contamos también en las guías del Gran Premio de Jerez y de los grandes eventos de Sevilla. Si quieres empezar a mirar disponibilidad por tu cuenta, puedes hacerlo en nuestro buscador de hoteles.
Cómo llegar y moverse (y por qué el coche dentro de Pamplona es un problema)
Empecemos por el dato que más viajes desbarata: el casco antiguo de Pamplona se cierra al tráfico desde la víspera del chupinazo hasta el día siguiente al final de la fiesta. En la última edición, el cierre fue desde las diez de la noche del 5 de julio hasta las dos de la tarde del 15, y además quedaron cortadas al tráfico durante esos mismos días numerosas calles del centro. El patrón se repite cada año con pequeñas variaciones. Es decir: no vas a poder acercarte en coche a donde está la fiesta, ni para dejar maletas ni para recoger a nadie.
Para quien llega en coche, el Ayuntamiento habilita aparcamientos disuasorios en la periferia —en la última edición fueron nueve, con cerca de dos mil quinientas plazas—, de pago desde el primer minuto y conectados con el centro mediante las líneas de autobús urbano. Es la fórmula que funciona: dejar el coche fuera y entrar en bus o andando. Los barrios exteriores de la ciudad tienen además aparcamiento libre en calle fuera de la zona regulada, a un cuarto de hora a pie del casco viejo o a unas paradas de autobús.
Sin coche también se llega perfectamente. Pamplona tiene estación de tren y una estación de autobuses céntrica con conexiones frecuentes con Madrid, Barcelona, Zaragoza, Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Logroño, y en fiestas se refuerzan servicios. El aeropuerto de Pamplona está a pocos kilómetros de la ciudad pero tiene poquísimas rutas; para quien vuela desde el sur o desde las islas, lo habitual es aterrizar en Bilbao, San Sebastián o Zaragoza y completar en autobús o en coche de alquiler. Esa combinación, además, encaja de maravilla con la estrategia de dormir en una de esas ciudades.
Dentro de la ciudad, el autobús urbano —las villavesas, como se llaman allí— funciona bien y refuerza servicio durante la fiesta. Pero el consejo real es más simple: Pamplona se recorre andando. Del casco viejo a la Ciudadela, de la plaza del Castillo a la plaza de toros, todo está a paseo. Lleva calzado que aguante muchos kilómetros al día, porque los vas a hacer.
Qué llevar: el blanco, el rojo y el calzado
Blanco y rojo. No es obligatorio, pero es lo que hace todo el mundo y no ir de blanco y rojo en San Fermín es tan raro como llevar corbata a la playa. Pantalón y camisa blancos, pañuelo rojo al cuello y, si quieres, faja roja a la cintura. Se compra allí mismo sin problema, en cualquier calle del centro, así que no te agobies si vas sin equipo. Lleva ropa blanca de sobra: entre el vino, la calle y la fiesta, el blanco dura lo que dura, y una camisa limpia al día es la diferencia entre disfrutar y estar incómodo.
El pañuelo, al cuello después del chupinazo. Lo repetimos porque es el detalle que más delata al recién llegado: hasta que estalla el cohete del 6 a las doce, el pañuelo se lleva en la mano o en la muñeca, y se alza cuando empieza la fiesta. Solo entonces se anuda al cuello. Y no se quita hasta la medianoche del 14, en el Pobre de Mí, que es justo el gesto contrario y el que cierra los nueve días. Si llegas a mitad de fiesta, te lo pones y ya está: la norma solo afecta al momento del arranque.
Calzado cerrado, y esto va en serio. Zapatilla cómoda, cerrada y bien atada. Nada de chanclas ni sandalias, ni para correr —donde es obligatorio calzado adecuado— ni para andar. En el casco viejo hay muchísima gente y el suelo, a ciertas horas, está mojado y resbaladizo. Un pisotón con el pie descubierto o un resbalón son la forma más tonta de arruinarse un viaje.
Y tres cosas más que se olvidan: una chaqueta o sudadera fina, porque las madrugadas de julio en Pamplona refrescan y a las seis de la mañana esperando el encierro se nota; batería externa, porque las redes se saturan y el móvil se vacía; y lo mínimo imprescindible encima, sin mochilas grandes ni objetos de valor, que en cualquier aglomeración de esta escala conviene ir ligero. Si tu viaje incluye avión y quieres afinar el equipaje, tenemos guía de medidas y peso del equipaje de mano.
Las preguntas que te vamos a hacer si nos escribes
Si nos pides alojamiento para San Fermín, estas son las preguntas que necesitamos responder para buscarte algo que de verdad encaje. Si nos las mandas contestadas de una vez, ganamos los dos varios días de conversación, que en estas fechas valen mucho:
- ¿Qué días exactos? ¿Quieres el chupinazo del 6, el día 7 con la procesión, el Pobre de Mí del 14, o te vale cualquier tramo intermedio? Los intermedios son bastante más fáciles y más baratos.
- ¿Cuántos sois y cómo os repartís en habitaciones? Con grupos, la distribución cambia por completo lo que hay disponible.
- ¿Vais con niños? ¿De qué edades? Cambia la zona que te vamos a proponer y el ritmo del viaje.
- ¿Vais en coche o sin coche? Es la pregunta que más condiciona la respuesta: sin coche, el radio de búsqueda se estrecha muchísimo.
- ¿Queréis dormir dentro de Pamplona o estáis abiertos a media hora o una hora? Ser flexible aquí es lo que más margen nos da.
- ¿Prioridad: estar en el centro de la fiesta o dormir bien? Rara vez se puede tener todo, y saber cuál pesa más nos ahorra proponerte lo que no quieres.
- ¿Queréis ver el encierro y de qué forma? Vallado, balcón o plaza de toros son tres viajes distintos y tres presupuestos distintos.
- ¿Alguien del grupo quiere correr? Nos hace planificar de otra manera las mañanas y el alojamiento.
- ¿Es solo San Fermín o queréis combinarlo con unos días más por el norte? Muchas veces la mejor solución es un viaje de una semana con la fiesta dentro.
- ¿Qué margen de fechas tenéis? Un día de flexibilidad a la entrada o a la salida abre opciones que con fechas cerradas no existen.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo es San Fermín exactamente?
San Fermín tiene fechas fijas: del 6 al 14 de julio, todos los años, caiga en el día de la semana que caiga. No se mueve al fin de semana ni depende de un calendario móvil como la Semana Santa, así que puedes planificar el viaje con años de antelación sin miedo a equivocarte. El chupinazo abre la fiesta el 6 de julio a las doce del mediodía y el Pobre de Mí la cierra en la medianoche del 14. Los encierros son los ocho días que van del 7 al 14, uno cada mañana. En 2027, por ejemplo, el chupinazo cae en martes y la fiesta termina la noche del miércoles 14, lo que significa que quien quiera vivir el arranque tendrá que pedir días de trabajo. Ese detalle mueve mucho la demanda de alojamiento de un año a otro, y conviene mirarlo antes de decidir qué días vas.
¿A qué hora es el encierro y cuánto dura de verdad?
El encierro se corre a las ocho de la mañana, del 7 al 14 de julio, ocho mañanas seguidas. Y aquí viene la sorpresa de casi todo el que va por primera vez: dura entre dos y cuatro minutos. Son unos 850 metros desde los corrales de Santo Domingo hasta la plaza de toros, con seis toros y dos grupos de cabestros corriendo a una media que ronda los veinticuatro kilómetros por hora. Es decir, te levantas de madrugada, aguantas de pie una hora larga buscando sitio y lo que ves pasar por delante son unos segundos. Nadie que haya estado allí lo cuenta como una decepción, pero conviene saberlo para no organizar el día en torno a algo que se resuelve antes de que te dé tiempo a sacar el móvil del bolsillo. Cuatro cohetes marcan el desarrollo: el primero abre los corrales, el segundo avisa de que han salido todos, el tercero suena cuando la manada entra en la plaza y el cuarto cuando ya está encerrada.
¿Se puede ver el encierro sin correr?
Sí, y es lo que hace la inmensa mayoría de la gente. Hay tres formas. La primera es desde el vallado de madera que protege el recorrido, que es doble: se ve gratis, pero exige llegar de madrugada y ponerse en la segunda fila de tablones, porque la primera está reservada. La segunda es un balcón alquilado en Estafeta, Mercaderes o la cuesta de Santo Domingo: se paga por persona y por día, en cifras de tres dígitos, y se reserva con mucha antelación. La tercera es la plaza de toros, donde se ve la entrada de la manada por el callejón y lo que ocurre después en el ruedo. Cada opción tiene su público, y la del vallado es la más incómoda y la más barata. Si viajas con niños pequeños, ninguna de las tres es cómoda: hay que valorarlo con calma.
¿Quién puede correr el encierro y qué está prohibido?
La normativa municipal es clara y no es decorativa. Hay que ser mayor de 18 años. Está prohibido acceder al recorrido en estado de embriaguez, bajo los efectos de drogas o en cualquier condición que impida correr con normalidad. Está prohibido hacer fotos o vídeos desde el recorrido, el vallado o las barreras, y eso incluye el móvil. Está prohibido citar, tocar, hostigar o maltratar a los animales, y también correr detrás de ellos. Está prohibido esconderse en portales, esquinas o ángulos muertos antes de la suelta, cruzar las vallas policiales o situarse en las zonas reservadas. Hay que llevar ropa y calzado adecuados para correr. El acceso al recorrido se cierra antes de la carrera, sobre las siete y media de la mañana. El Ayuntamiento multa los incumplimientos, y la razón de fondo no es recaudatoria: cada una de esas normas está escrita porque alguien se hizo daño, o se lo hizo a otro.
¿Qué hago si me caigo corriendo el encierro?
Es la única instrucción que todos los corredores veteranos repiten igual, y merece la pena saberla aunque no pienses correr, porque también sirve si te ves en un apuro. Si te caes, no intentes levantarte. Quédate en el suelo hecho un ovillo, con las manos firmemente sobre la cabeza y la nuca, y espera a que pase toda la manada. Levantarse o moverse llama la atención del animal y te convierte en su objetivo. Estar en el suelo no evita los pisotones, pero un pisotón y una cornada no son cosas comparables. Después, no te levantes hasta que un pastor te lo indique: los pastores dirigen el encierro y sus órdenes se obedecen sin discutir. Y una recomendación previa que evita muchas caídas: mirar siempre hacia delante. El que corre girando la cabeza para ver por dónde vienen los toros acaba chocando con otro corredor y cayéndose en el peor sitio posible.
¿Se puede ir a San Fermín con niños?
Sí, y de hecho hay una parte de la fiesta que es literalmente suya. La Comparsa de Gigantes y Cabezudos sale a la calle todos los días de fiesta, normalmente a media mañana, y es de las cosas más bonitas que se pueden ver en España: veinticinco figuras entre gigantes, cabezudos, kilikis y zaldikos, con una tradición que arranca en 1860. Los kilikis persiguiendo críos con la vejiga por las calles del casco viejo es un recuerdo que dura toda la vida. Hay además programación infantil repartida por barrios, un encierro para niños con toros de peluche, los fuegos artificiales de la Ciudadela cada noche y una fiesta de calle que a mediodía es perfectamente familiar. Lo que no encaja bien con niños pequeños es la madrugada del encierro, las noches del casco viejo y las horas de más gentío. Con eso ordenado, es un viaje excelente en familia.
¿Con cuánta antelación hay que reservar alojamiento para San Fermín?
Con muchísima. Pamplona se agota meses antes y los precios se multiplican respecto a cualquier otra semana del año. Si estás pensándotelo en junio, ya vas tarde para dormir en la ciudad en condiciones razonables; lo normal es que a esas alturas quede poco y lo que queda esté caro. La forma sensata de plantearlo es al revés: decidir el año anterior, o como muy tarde en invierno, y aceptar desde el principio que la respuesta puede no estar dentro de Pamplona. Los pueblos y ciudades a media hora o una hora de la capital tienen plaza cuando Pamplona ya no la tiene, cuestan bastante menos y se duerme mejor, que no es poca cosa cuando la ciudad no se calla en toda la noche. Esa búsqueda amplia, mirando varias bases a la vez y cuadrando los desplazamientos, es exactamente lo que hacemos nosotros.
¿Merece la pena llevar el coche a Pamplona en San Fermín?
Dentro del casco antiguo, no: sencillamente no se puede. El centro histórico se cierra al tráfico desde la víspera del chupinazo hasta el día siguiente al final de la fiesta, y con él quedan cortadas muchas calles del centro durante los mismos días. El coche sí tiene sentido para llegar a la ciudad y para dormir fuera, que es donde de verdad resuelve el viaje, pero no para moverse por el corazón de la fiesta. El Ayuntamiento habilita aparcamientos disuasorios en la periferia, de pago desde el primer minuto y conectados con el centro en autobús urbano. La combinación que mejor funciona es dormir a media hora o una hora, dejar el coche en uno de esos aparcamientos o en un barrio exterior y entrar caminando o en bus. Y si alguien del grupo va a beber, el coche deja de ser una opción para volver: hay que contar con transporte alternativo desde el principio.
¿Quieres ir a San Fermín y no sabes dónde dormir?
Para estas fechas lo que resuelve el viaje es buscar con margen y mirar más allá de la ciudad: la corona de pueblos a media hora y las bases grandes a una hora tienen plaza cuando Pamplona ya no la tiene. Eso es exactamente lo que hacemos nosotros. Dinos días, cuántos sois y si vais en coche, y te montamos el viaje entero.
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