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Dormir en un iglú de cristal: merece la pena o no

Por Viajes Santa Mona

Es la foto que ha vendido Laponia entera: una cama bajo una cúpula de cristal y la aurora encima. Y la pregunta que llega siempre es la misma: ¿es tan bonito como en la foto o es una trampa?

La respuesta honesta: merece la pena una noche, casi nunca varias. Y hay tres cosas que conviene saber antes de pagarla, porque es la habitación más cara de todo el viaje.

Qué es de verdad por dentro

Primer malentendido: no es un iglú de hielo. Es una cabaña pequeña con el techo y parte de las paredes de cristal térmico, con calefacción, cama normal y edredón. Dentro se está a temperatura de hotel, en manga corta.

El cristal lleva un sistema que impide que se empañe o se cubra de nieve, que es lo que hace que la idea funcione. Y suelen estar apartados del núcleo del complejo, precisamente para que las luces no molesten.

La pregunta que hay que hacer antes de reservar

¿El baño está dentro del iglú o en un edificio común? Es el detalle que más cambia la noche y el que menos aparece en las fotos. Salir a veinte bajo cero a las tres de la mañana para ir al aseo es una experiencia, pero no la que se había pagado. Los iglús con baño propio cuestan más, y suelen merecerlo.

Una noche, no cuatro

Esta es la recomendación que más veces damos y la que más dinero ahorra. La gracia del iglú se agota en una noche. La segunda ya es una habitación cara con una vista bonita, y la tercera es directamente una habitación cara.

Lo que mejor funciona es combinar: el grueso del viaje en un hotel o cabaña normales, y una sola noche de iglú. Con lo que te ahorras suele dar para una excursión más, que se disfruta bastante más que la cuarta noche bajo el cristal.

Y colócala hacia el final del viaje. Así llegas conociendo ya la previsión y, en algunos alojamientos, se puede intentar mover a la noche que mejor pinte.

El riesgo que nadie te cuenta: las nubes

Pagas por una noche concreta y el cielo no se reserva. Si esa noche está cubierto, no ves nada. Ni auroras ni estrellas: cristal y gris.

No es motivo para descartarlo, pero sí para entrar sabiéndolo. Quien reserva cuatro noches de iglú «para asegurarse» está pagando muchísimo por un seguro que sigue sin garantizar nada. Sale más a cuenta quedarse más noches en Laponia en general que más noches en el iglú en particular.

Con niños funciona regular

Hay que decirlo porque se pregunta mucho. Los iglús suelen ser habitaciones para dos, con poco sitio para una tercera o cuarta persona, y la gracia está en quedarse despierto mirando el cielo, cosa que con niños pequeños dura poco.

Con adolescentes sí funciona muy bien. Con peques, casi siempre rinde más una cabaña de madera con chimenea, que además da espacio para el equipo de nieve, que ocupa muchísimo.

Alternativas que salen mejor de precio

  • Cabañas con claraboya sobre la cama. La misma idea por bastante menos, y con más espacio
  • Suites con ventanal orientado al norte. Menos espectacular en foto, igual de válido para mirar el cielo
  • Iglús de uso por horas. En algunos complejos se puede pasar parte de la noche en uno sin dormir allí
  • Salir con un guía a buscar auroras. Menos cómodo, pero te saca de las luces del complejo, que es lo que de verdad hace que se vean

Se agota antes que ninguna otra cosa

Cada complejo tiene muy pocos iglús, a menudo entre diez y treinta, y no se pueden añadir más. Para las fechas de diciembre suelen estar cerrados desde el verano anterior.

Si el iglú es innegociable para ti, es lo primero que hay que bloquear, antes incluso que los vuelos. Y si te dicen que queda disponibilidad para Navidad en noviembre, desconfía o pregunta bien de qué tipo de iglú se trata.

Preguntas frecuentes

¿Merece la pena dormir en un iglú de cristal?

Una noche sí, varias casi nunca. Es una experiencia que se recuerda y la habitación cumple lo que promete: se ve el cielo desde la cama. Pero es la habitación más cara de todo el viaje con diferencia, y a partir de la segunda noche ya no aporta nada nuevo. Lo que mejor funciona es combinar: la mayoría de noches en un hotel normal y una sola noche en el iglú, colocada hacia el final del viaje.

¿Se pasa frío dentro de un iglú de cristal?

No. Es el malentendido más común: no es un iglú de hielo, es una cabaña con techo y paredes de cristal térmico, calefacción, cama normal y edredón. Dentro se está a temperatura de hotel. Lo que sí varía mucho es el baño: en algunos el aseo está dentro y en otros hay que salir a un edificio común, y eso a veinte bajo cero a las tres de la mañana importa bastante. Conviene preguntarlo antes de reservar.

¿Y si esa noche está nublado?

Pues no ves nada, y ese es el riesgo real que hay que asumir. Pagas por una noche concreta y el cielo no se reserva. Por eso, si el presupuesto solo da para una noche de iglú, tiene sentido ponerla al final del viaje y no al principio: así llegas habiendo visto ya la previsión de esos días y, en algunos alojamientos, se puede intentar mover la noche a la que mejor pinta.

¿Hay que reservarlo con mucha antelación?

Con más que el resto del viaje. Cada alojamiento tiene muy pocos iglús, a menudo entre diez y treinta, y se venden con muchísimos meses de adelanto. Para diciembre suelen estar cerrados desde el verano anterior. Es la parte del viaje que antes se agota, por encima incluso de los vuelos.

¿Es buena idea con niños?

Funciona regular, y conviene saberlo. Los iglús suelen ser habitaciones pequeñas pensadas para dos personas, con camas dobles y poco sitio para una tercera o cuarta. Y la gracia está en quedarse despierto mirando el cielo, que con niños pequeños no suele durar mucho. Con adolescentes sí funciona bien. Para familias con peques, casi siempre rinde más una cabaña con chimenea que un iglú.

¿Hay alternativas más baratas con la misma idea?

Sí, y a menudo son mejor compra. Muchos complejos tienen cabañas de madera con una claraboya grande sobre la cama, o suites con un ventanal orientado al norte, por bastante menos dinero. Y en algunos sitios hay iglús de cristal solo de uso diurno o por unas horas de noche, sin dormir. Si lo que quieres es ver el cielo desde dentro, hay más caminos que el iglú completo.

¿Te buscamos el iglú para tus fechas?

Dinos qué días miráis y cuántos sois, y el equipo de Viajes Santa Mona te dice qué queda libre, cuáles tienen el baño dentro y si compensa combinarlo con noches en hotel. Te decimos también cuándo no lo cogeríamos.

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