Islas Canarias desde el aire

Consejos de viaje

Canarias o Baleares con tu mascota: avión, barco y los requisitos que cambian según la isla

Por Viajes Santa Mona

Ir a la playa con el perro dentro de la península es, casi siempre, un asunto de coche y de encontrar hotel. Ir a Canarias o Baleares es otra cosa completamente distinta, y mucha gente lo descubre tarde: cuando ya tiene los vuelos pagados. Son dos destinos insulares, se llega por aire o por mar, y tienen requisitos de entrada propios que no son los mismos que cruzar de Cádiz a Alicante. A eso se suma que cada aerolínea y cada naviera aplica sus normas de transporte de animales, con límites de peso, plazas contadas y restricciones que aprietan justo en verano. La buena noticia es que se puede hacer, se hace todos los años y sale bien. La condición es plantearlo en el orden correcto y confirmar cada dato en la fuente oficial en vez de fiarse de lo que alguien contó en un grupo de WhatsApp hace dos veranos.

Aviso previo: por qué aquí no vas a leer cifras concretas

Empezamos por lo más importante, y va en serio. En este tema circulan por internet decenas de artículos con listas de requisitos, plazos exactos y kilos permitidos. El problema es que los requisitos sanitarios de entrada a las islas y las normas de cada compañía se revisan, y muchos de esos artículos llevan años sin tocarse. Aquí un dato mal no es una molestia: es que no te dejan embarcar con el animal, con el viaje pagado y la familia en la terminal.

Por eso hemos escrito esta guía de otra manera. Te explicamos cómo funciona cada cosa, qué preguntas hay que hacer y a quién, y evitamos deliberadamente dar números que podrían estar caducados cuando tú leas esto. Cada vez que aparezca un requisito, te diremos dónde se comprueba. Y las fuentes válidas son solo dos tipos:

  • Para la sanidad animal: la consejería competente de cada comunidad —el Gobierno de Canarias en un caso, el Govern de les Illes Balears en el otro— y, como apoyo imprescindible, tu veterinario, que es quien emite y firma los documentos.
  • Para el transporte: la web de la aerolínea o de la naviera concreta con la que vas a viajar, en su apartado de animales, y una llamada para reservar la plaza.

Ningún blog, ningún foro y ninguna captura de pantalla reenviada sustituyen a esos dos sitios. Si alguien te dice que «el año pasado no pidieron nada», recuerda que el año pasado no eres tú y que quien decide en el mostrador tiene un procedimiento delante, no un recuerdo.

Avión o barco: la diferencia que lo cambia todo (y que casi nadie plantea)

Esta es la parte de la guía que más veces cambia la decisión de una familia, así que va antes que ninguna otra. Cuando alguien nos escribe diciendo «quiero ir a Canarias con mi perro», lo primero que preguntamos no es la fecha ni el hotel: es cuánto pesa el animal. Porque de ahí sale todo lo demás.

En avión, el animal tiene dos caminos posibles. Si es pequeño y cabe, con su transportín, por debajo del peso máximo que fije la compañía, viaja en cabina, a tus pies, y el problema prácticamente desaparece. Si supera ese límite, viaja en bodega, en un contenedor homologado, separado de ti durante todo el trayecto. Y hay un tercer escenario que mucha gente no contempla: que la compañía sencillamente no transporte animales, ni en cabina ni en bodega, salvo perros de asistencia. Existen aerolíneas que operan a las islas con esa política, y ese detalle no está en la portada de la web: está en el apartado de equipaje especial.

En barco, esa clasificación desaparece. No hay un límite de peso que convierta a tu perro en carga. Un animal de treinta kilos viaja como un animal de tres, con la diferencia de dónde va acomodado. Y ahí las navieras han avanzado mucho en los últimos años: hay camarotes habilitados para viajar con mascota, hay zonas de perreras a bordo, hay espacios del pasaje donde se admite el transportín y, en travesías largas, zonas habilitadas para que el perro salga y estire las patas. No todas las navieras ofrecen todo eso, y no en todos sus barcos, pero la posibilidad existe y es real.

La conclusión práctica, dicha sin rodeos

Si tu perro es grande, si es de una raza braquicéfala, si es mayor, si tiene problemas respiratorios o si es muy nervioso, el barco suele ser mejor opción que el avión, y casi nadie lo plantea porque de entrada suena más lento y más raro. A cambio de unas horas más de viaje, el animal está contigo o en un espacio pensado para él, tú puedes verlo, y desaparecen de golpe la bodega, las restricciones estacionales de calor y el vértigo de facturar a tu perro. Con un perro pequeño que cabe en cabina, en cambio, el avión es sencillo y rápido, y no hay razón para complicarse.

Hay además una ventaja del barco que no es del animal sino tuya: viajas con tu coche. En una isla, moverse con el coche propio, con el transportín, la cama del perro, sus cosas y sin depender de un alquiler que quizá no admita animales, simplifica mucho el día a día. Lo desarrollamos abajo, pero adelantamos ya el punto más importante de toda esta guía: el perro nunca se queda dentro del coche en la bodega.

Canarias: por aire y por mar

Canarias es el destino donde la diferencia entre avión y barco se nota más, sencillamente porque está lejos. Por aire, hay vuelos directos desde prácticamente cualquier aeropuerto peninsular grande a Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, y son trayectos de varias horas. Eso significa que un animal en bodega pasa bastante tiempo ahí abajo, más el tiempo de facturación, carga y espera en pista. Es el escenario que más nos preguntan y sobre el que más honestos hay que ser: se hace, se hace bien y millones de animales vuelan cada año sin incidente, pero es un trayecto largo y conviene evaluar si tu animal concreto es candidato.

Por mar, existe línea regular desde la península hasta las islas, con salida desde el sur peninsular, y es una travesía larga —del orden de más de un día de navegación, según la línea y la isla de destino—, en un barco con camarotes, restauración y espacio. Aquí está la clave que casi nadie considera: en ese barco cabe tu perro grande, cabe tu coche, y el animal no viaja en ninguna bodega de avión. Para quien se muda temporalmente, para quien va varias semanas o para quien tiene un perro que no puede volar, esa línea marítima resuelve un viaje que de otra manera no existiría.

Lo que hay que confirmar en la web de la naviera antes de nada es qué barco cubre tu fecha exacta, si ese barco concreto tiene camarotes que admitan mascota o zona de perreras, y cuántas plazas de animal quedan. Es un servicio con cupo limitado, y en verano se llena antes que las plazas de pasaje.

En cuanto a los requisitos sanitarios de entrada, Canarias tiene los suyos y no coinciden con moverse entre provincias peninsulares. No te vamos a dar aquí una lista de plazos, por lo que explicábamos al principio. Te decimos dónde: la consejería con competencias en sanidad animal del Gobierno de Canarias, y tu veterinario para la parte documental. Hazlo con semanas de margen, porque algunos trámites veterinarios tienen ventanas de tiempo y no se resuelven en veinticuatro horas. Si además quieres ver qué isla encaja mejor con tu viaje, lo comparamos en Tenerife o Gran Canaria en familia y en la mejor época para viajar a Canarias.

Baleares: la ventaja enorme de la distancia corta

Baleares juega en otra liga logística, y para quien viaja con animal esa diferencia es casi todo. Los trayectos en barco son mucho más cortos y hay muchas más frecuencias. Desde la costa mediterránea salen líneas hacia Mallorca, Menorca e Ibiza con varias opciones al día en temporada, incluidos trayectos rápidos de unas pocas horas y trayectos nocturnos en los que se duerme a bordo y se amanece en la isla.

Traducido a lo que importa: con un perro grande, ir a Baleares en barco no es una gesta, es un trayecto de una tarde. Y con más frecuencias hay más margen para elegir un barco que sí tenga camarote habilitado para mascota, en lugar de conformarse con el único que salía esa semana. Si tu perro no cabe en cabina de avión, Baleares es probablemente el destino insular más fácil de España para viajar con él, y es la recomendación que damos una y otra vez a quien nos escribe con un labrador y cara de resignación.

Por aire, los vuelos peninsulares a Baleares son cortos, lo que reduce bastante el tiempo que un animal en bodega pasa fuera de tu vista. Siguen aplicándose los límites de peso de cabina de cada compañía, el cupo de plazas por vuelo y las restricciones de raza, así que el procedimiento no cambia: web de la aerolínea, apartado de animales, llamada y reserva de la plaza del animal antes de comprar los billetes.

Y como en Canarias, hay requisitos propios de la comunidad que hay que confirmar en la fuente oficial: la consejería competente en sanidad animal del Govern de les Illes Balears. Que la travesía sea corta no significa que los papeles sean menos exigentes. Para decidir isla, tenemos comparativas de Mallorca o Menorca en familia, una guía de Ibiza en familia y otra de Formentera con niños, que es un caso especial porque a Formentera solo se llega en barco desde Ibiza.

Entre islas: ferris y vuelos interinsulares tienen sus propias normas

Aquí hay un error de concepto muy repetido: la gente resuelve la entrada al archipiélago y da por hecho que, una vez dentro, moverse es libre. No lo es del todo. Cada trayecto entre islas es una reserva nueva, con su plaza de animal, su normativa de compañía y, si te la piden, su documentación.

En ferri interinsular, que es lo más habitual en Baleares y muy común entre las islas canarias más próximas, el trayecto suele ser corto y el animal puede ir contigo o en la zona habilitada del barco según la naviera. Es la vía más cómoda con un perro mediano o grande, y la que menos estrés genera. Aun así, hay que reservar la plaza del animal: no todas las navieras permiten añadirlo el mismo día en la taquilla.

En vuelo interinsular, todo vuelve a empezar. Los saltos entre islas son rapidísimos, pero las compañías que los operan tienen sus propios límites de cabina, sus cupos y sus condiciones, que no tienen por qué coincidir con los de la aerolínea que te llevó desde la península. Es perfectamente posible que tu perro haya volado en cabina en el trayecto largo y que en el corto no encaje, o al revés. Se comprueba compañía por compañía.

Consejo de organización: si tu viaje incluye dos islas, decide el medio de transporte interinsular antes de cerrar las fechas. Un ferri que solo sale tres días por semana o un vuelo con el cupo de animales completo pueden obligarte a mover la estructura entera del viaje, y es mucho más barato descubrirlo antes de pagar. Si estás valorando La Palma o La Gomera, donde la conexión interinsular es parte esencial del plan, lo contamos en La Palma y La Gomera con niños.

Los papeles: microchip, cartilla, vacunación y la carpeta impresa

La base documental de cualquier viaje con animal en España descansa sobre tres piezas: la identificación por microchip, la cartilla sanitaria o el pasaporte europeo del animal, y el registro de las vacunaciones, con la antirrábica como la que más se pregunta. Sobre esta última hay un matiz que conviene conocer y que sorprende a mucha gente: la obligatoriedad de la vacuna antirrábica no ha sido históricamente igual en todas las comunidades autónomas. Ha habido comunidades donde no era obligatoria, lo que significa que hay animales perfectamente legales en su territorio que no la llevan puesta.

¿Por qué importa esto para un viaje a las islas? Porque el requisito que cuenta es el del destino, no el de tu casa. Si vives en una comunidad donde no era obligatoria y viajas a un territorio que sí la exige para entrar, tu animal necesita ponerse al día, y las vacunas tienen periodos de validez desde su administración. No es un trámite de última hora. Como todo lo demás en este artículo: confírmalo con tu veterinario y con la comunidad de destino, porque estas reglas se han ido revisando y lo que era cierto hace unos años puede no serlo hoy.

Añade a esa base lo que te pida específicamente el destino —puede haber certificados veterinarios con ventana de tiempo— y lo que te pida la compañía de transporte, que suele incluir un justificante propio de la reserva del animal. Ese justificante vale su peso en oro: es el papel que zanja la conversación cuando en el mostrador nadie encuentra tu animal en el sistema.

Y ahora la recomendación que damos siempre aunque nos digan que ya no hace falta: lleva todo impreso. Cartilla o pasaporte, certificado de microchip, registro de vacunación, certificados veterinarios y confirmación de la reserva del animal, en una carpeta, en la mochila de mano. Sí, casi todo está digitalizado. Pero en un embarque con cola, con la batería del móvil al veinte por ciento, sin cobertura en la terminal y con una persona delante que tiene que aplicar un procedimiento, una carpeta de papeles convierte un problema de veinte minutos en una comprobación de dos. No pesa nada.

Dos apuntes finales sobre documentación. Si tu perro está catalogado como potencialmente peligroso, súmale la licencia, el seguro de responsabilidad civil y las condiciones de bozal y correa, que además muchas compañías exigen expresamente para embarcar. Y si viajas con un perro de asistencia, su situación es distinta a la de una mascota y está reconocida legalmente: infórmate de su régimen específico con la compañía, porque no se le aplican los mismos límites.

Requisitos de entrada: la parte que la gente descubre tarde

Este es el motivo real por el que hemos escrito este artículo. Muchísima gente da por hecho que, como Canarias y Baleares son España, llevar al perro es como llevarlo de Sevilla a Valencia. No lo es. Los dos archipiélagos tienen una situación sanitaria particular, protegida precisamente por su condición insular, y eso se traduce en requisitos de entrada para animales de compañía que no existen entre provincias peninsulares.

Lo que hay que hacer, en este orden y con semanas de antelación:

  • Consultar la consejería competente de la comunidad de destino —Gobierno de Canarias o Govern de les Illes Balears— y localizar su información oficial sobre entrada de animales de compañía. Es la única fuente que manda.
  • Llevar esa información a tu veterinario y preguntarle qué documentos tiene que emitir, con cuánta antelación y qué vigencia tienen. Él sabe traducir el texto normativo a citas concretas en el calendario.
  • Comprobar si hay que notificar la llegada del animal o presentar algún certificado a la llegada, y con qué plazos. Es un paso que la gente se salta.
  • Guardar por escrito todo lo que te confirmen, con fecha. Si algo se discute después, el papel es lo que vale.

Repetimos la advertencia porque merece la pena repetirla: cualquier lista concreta de requisitos que encuentres en un blog, incluido este, puede estar desactualizada mañana. Nosotros te acompañamos en la parte de viaje y te decimos exactamente dónde mirar, pero la verificación sanitaria se hace en la fuente oficial y con tu veterinario. En este asunto, un dato mal significa que no te dejan embarcar.

Razas braquicéfalas: el problema serio del avión en verano

Si tienes un bulldog, un carlino, un boxer, un shih tzu, un gato persa o cualquier otra raza de hocico chato, esta sección es la más importante del artículo para ti. Estas razas tienen las vías respiratorias más comprometidas, regulan peor la temperatura y toleran mucho peor el estrés y el calor. En un entorno como la bodega de un avión, con cambios de presión, ruido, calor en pista y separación del dueño, el riesgo es real y está reconocido por el sector.

La consecuencia práctica es que muchas aerolíneas restringen o directamente prohíben el transporte de razas braquicéfalas en bodega. Algunas lo hacen todo el año. Otras aplican restricciones estacionales en los meses de calor, que es exactamente cuando casi todo el mundo quiere ir a la playa. Y las listas de razas afectadas no son idénticas de una compañía a otra: puede que tu perro esté en la lista de una y no en la de otra.

Con este panorama, el consejo es directo. Si tu animal es braquicéfalo y no cabe en cabina, deja de mirar vuelos y mira barcos. Es el escenario donde la opción marítima brilla más: sin bodega, sin cambios de presión, sin límite de peso, con temperatura de pasaje y contigo cerca. Y en agosto, con calor en tierra y en pista, la diferencia entre las dos opciones no es de comodidad, es de bienestar del animal.

Si aun así el barco no te encaja, hay una vía intermedia que conviene explorar: comprobar si tu animal, con su transportín, entra en el límite de cabina de alguna compañía. Muchos braquicéfalos son perros pequeños, y en cabina desaparece buena parte del problema. Ese dato se comprueba pesando al animal dentro del transportín que vas a usar, no a ojo, y contrastándolo con la web de la aerolínea. Lo desarrollamos con más detalle en nuestra guía de volar con mascota.

Si te has decidido por el barco, estas son las preguntas que hay que hacer antes de pagar, no después. Cópialas tal cual:

  • ¿Dónde viaja exactamente el animal en este barco y en esta fecha: en camarote habilitado, en zona de perreras o en una zona de pasaje con transportín?
  • ¿Hay camarotes que admitan mascota en este trayecto concreto y quedan disponibles? Son plazas limitadas y distintas de las plazas de pasaje.
  • ¿Puedo acceder al animal durante la travesía y con qué frecuencia, si va en perrera o en zona habilitada?
  • ¿Hay zona para pasear al perro a bordo y para que haga sus necesidades? En travesías largas esto no es un detalle.
  • ¿Qué tamaño de transportín se exige y quién lo pone: yo o la naviera?
  • ¿Se puede dejar al animal dentro del vehículo en la bodega? Preguntadlo aunque tengáis clara la respuesta, y ver la sección siguiente.
  • ¿Qué documentación se revisa en el embarque y con cuánta antelación hay que presentarse en el puerto viajando con animal?
  • ¿Hay condiciones especiales para perros catalogados como potencialmente peligrosos, y qué se exige exactamente?
  • ¿Qué pasa si el barco cambia por operativa y el barco sustituto no tiene camarote de mascota? ¿Qué opción me dais?
  • ¿Cuál es el coste del animal y qué incluye, y en qué momento se confirma su plaza?

Y una regla general que sirve para navieras y aerolíneas por igual: si la respuesta llega en forma de «normalmente sí» o «no suele haber problema», insiste hasta tener la confirmación por escrito para tu fecha y tu barco. En transporte de animales, «normalmente» es la palabra que precede a los disgustos.

El coche en la bodega: por qué dejarlo ahí en agosto es mala idea

Le dedicamos sección propia porque es la pregunta que más nos hacen y la que peor se entiende. La idea suena razonable: si el perro va tranquilo en el coche, ¿por qué no dejarlo ahí durante la travesía? La respuesta tiene dos partes, y las dos importan.

La primera es que casi ninguna naviera lo permite. En la práctica totalidad de los barcos, la cubierta de garaje se cierra al pasaje durante la navegación por motivos de seguridad. No puedes bajar a ver al animal, no puedes darle agua y nadie puede comprobar cómo está. Si le ocurre algo, se descubre al abrir la bodega al llegar.

La segunda es física y es la que de verdad asusta. Una bodega de barco es un espacio cerrado, con ventilación mecánica pensada para el vehículo, no para el confort de un ser vivo, y con motores cerca. Dentro de un coche cerrado, en verano, la temperatura sube muchísimo y muy deprisa, y un perro no suda: solo puede jadear. En agosto, en una cubierta de garaje, esa combinación es peligrosa de verdad. No es una precaución exagerada ni un tecnicismo de la naviera: es la razón por la que existen los camarotes habilitados y las zonas de perreras.

Así que la regla es simple y no admite matices: el animal viaja donde la naviera lo tenga previsto —camarote, perrera o zona de pasaje con transportín— y nunca solo en el coche. Si el barco que has elegido no ofrece ninguna de esas opciones para tu fecha, la conclusión no es improvisar: es cambiar de barco, de horario o de línea.

El alojamiento al llegar: la isla no sirve de nada si el hotel no lo admite

Hemos visto a gente resolver el requisito sanitario, encontrar el barco perfecto con camarote habilitado, pagarlo todo, y luego descubrir que el hotel que querían no admite animales o que solo los admite por debajo de un peso que su perro supera. Es el orden equivocado, y es el más frecuente.

«Admite mascotas» no es una casilla binaria. Detrás de esas dos palabras hay condiciones muy distintas de un alojamiento a otro: peso máximo del animal, número de animales por habitación, si el animal puede quedarse solo en la habitación mientras vosotros bajáis a cenar —muchos no lo permiten—, en qué zonas comunes puede entrar, si tiene acceso a la zona de piscina o al buffet, qué suplemento se paga y si hay que avisar con antelación. Dos hoteles que salen en la misma lista de «pet friendly» pueden ofrecer experiencias completamente diferentes.

Y hay un factor añadido en las islas: el inventario de alojamientos que admiten animales es más pequeño que en la península, y en temporada alta se agota antes. En agosto, en Mallorca o en el sur de Tenerife, esperar a tener los billetes para buscar hotel que admita al perro es apostar a que quede algo. A veces queda. A menudo, lo que queda no es lo que querías.

Lo tratamos en detalle, con la lista de preguntas que hay que hacerle al hotel, en hoteles que admiten mascotas. Y si ya sabes la isla, aquí tienes las guías de zonas para orientarte: dónde alojarse en el sur de Tenerife, dónde alojarse en Lanzarote y dónde alojarse en Mallorca. También puedes mirar zonas y fechas directamente en nuestro buscador de hoteles, y luego confirmamos contigo la política de animales de cada opción.

Avión o barco, de un vistazo

Resumen de todo lo anterior. Las condiciones concretas de cada compañía hay que verificarlas siempre en su web:

AspectoAviónBarco
Tamaño del animalLímite de peso para cabina, fijado por cada compañía y contando el transportín. Por encima, bodegaSin límite de peso que lo convierta en carga: un perro grande viaja con normalidad
Dónde va el animalCabina si cabe; si no, bodega, separado de ti todo el trayectoCamarote habilitado, zona de perreras o zona de pasaje con transportín, según naviera y barco
Razas braquicéfalasRestricciones frecuentes en bodega, algunas estacionales en los meses de calorLa opción más razonable: sin bodega ni cambios de presión
DuraciónCorta a Baleares; varias horas a Canarias, más facturación y esperaHoras a Baleares, con muchas frecuencias; más de un día a Canarias
Coche propioNo: hay que alquilar en destino y comprobar si admiten animalesSí, embarcas tu coche. Pero el animal nunca se queda dentro de él
Plazas para animalesCupo limitado por vuelo: hay que reservar la plaza del animal aparteCamarotes de mascota y perreras también son limitados, sobre todo en verano

El orden correcto de reservar (y por qué conviene hablarlo antes)

Casi todos los problemas que nos llegan sobre este tipo de viaje tienen el mismo origen: se compraron los billetes primero. Es lo natural, porque el vuelo es lo que sube de precio y lo que da sensación de haber empezado. Pero con un animal de por medio, el billete es la última pieza, no la primera.

El orden que funciona es este. Primero, comprobar los requisitos sanitarios del destino con la comunidad y con tu veterinario, y saber cuántas semanas necesitas. En paralelo, confirmar el alojamiento que admite a tu animal con sus condiciones reales, no con la etiqueta de la ficha. Después, cerrar el transporte del animal —plaza de cabina, plaza de bodega, camarote de mascota o perrera— con la compañía concreta y por escrito. Y solo entonces, pagar.

Hacerlo al revés es lo que produce las escenas incómodas: el vuelo comprado con la plaza de animales agotada, el hotel que no admite a un perro de ese tamaño, el certificado veterinario que necesitaba diez días más de los que quedan. Ninguna de esas tres cosas se arregla el día antes. Todas se evitan preguntando en el orden correcto, y por eso este es exactamente el tipo de viaje en el que hablar con alguien antes de comprar nada ahorra más de lo que cuesta. Si te sirve de referencia, contamos cuándo compensa apoyarse en una agencia y cuándo no en agencia de viajes o por libre.

Preguntas frecuentes

¿Puedo llevar a mi perro a Canarias o a Baleares en avión?

Sí, pero con condiciones que cambian mucho de una compañía a otra. En cabina solo entran animales por debajo de un peso máximo que fija cada aerolínea contando el transportín, y ese peso suele dejar fuera a cualquier perro que no sea pequeño. Por encima de ese límite, el animal viaja en bodega, y no todas las compañías ofrecen ese servicio: algunas no transportan animales en absoluto salvo perros de asistencia. Además hay un número limitado de plazas por vuelo, así que no basta con comprar el billete y avisar después. Lo correcto es entrar en la web de la aerolínea concreta, leer su apartado de animales y llamar para reservar la plaza del animal antes de pagar nada.

¿Es mejor el barco que el avión para viajar con un perro grande?

En la mayoría de los casos, sí, y es la opción que casi nadie se plantea. En barco no hay límite de peso que convierta a tu perro en carga: un animal de treinta kilos viaja con normalidad. Muchas navieras tienen camarotes habilitados para viajar con mascota, zonas de perreras o espacios donde el animal puede estar con su transportín, y en travesías largas el perro puede salir a pasear a las zonas habilitadas. A cambio, el viaje dura más y hay que planificarlo. Pero para un perro grande, para una raza braquicéfala o para un animal nervioso, el barco evita de golpe la bodega del avión, que es lo que más preocupa a cualquier dueño.

¿Qué requisitos sanitarios pide Canarias para entrar con un animal?

Canarias tiene requisitos propios de sanidad animal que no son los mismos que moverse entre provincias de la península, y ese es justo el punto donde más gente se pilla los dedos. Como esos requisitos y sus plazos se revisan, aquí no te vamos a dar una cifra ni un número de días: te decimos dónde se consulta. La fuente válida es la consejería con competencias en sanidad animal del Gobierno de Canarias, y el segundo sitio donde preguntar es tu veterinario, que sabe qué documentación emitir y con cuánta antelación. Hazlo antes de comprar billetes, no después: si falta un papel o un plazo no cuadra, el problema no se resuelve en el mostrador.

¿Puedo dejar al perro dentro del coche en la bodega del barco?

Casi ninguna naviera lo permite y, aunque alguna lo hiciera, es mala idea. La bodega de un barco se cierra durante la travesía y el pasaje no puede bajar a ella, así que el animal se quedaría solo, sin agua, sin ventilación controlada y sin que nadie pueda comprobar cómo está. En verano, dentro de un vehículo cerrado en una cubierta de garaje, la temperatura sube mucho y muy rápido. Las opciones razonables son el camarote habilitado, la zona de perreras del barco o el espacio de pasaje donde la naviera permita el transportín. Pregúntalo por escrito antes de comprar, porque la respuesta cambia según el barco y la línea.

¿Las razas braquicéfalas pueden volar a las islas?

Depende de la compañía y de la época del año, y hay que contar con que la respuesta sea no. Los perros y gatos de hocico chato respiran peor y toleran mal el calor y el estrés, así que muchas aerolíneas los excluyen de la bodega, algunas los excluyen todo el año y otras aplican restricciones estacionales en los meses de más calor, que es precisamente cuando la mayoría de la gente quiere viajar. Si tu perro es de una de estas razas y no cabe en cabina, el planteamiento sensato es dejar de mirar vuelos y mirar barcos. Y si aun así quieres intentar el avión, confírmalo con la aerolínea por escrito antes de reservar cualquier otra cosa del viaje.

¿Cómo se viaja entre islas con un animal?

Entre islas hay dos vías y cada una tiene sus normas. Los ferris interinsulares son la opción más cómoda con un perro mediano o grande, sobre todo en Baleares y entre las islas canarias más próximas, porque son trayectos cortos y el animal viaja contigo o en la zona habilitada del barco. Los vuelos interinsulares son rápidos, pero vuelven a imponer los límites de cabina y bodega de cada compañía. Ten en cuenta un detalle importante: haber entrado en el archipiélago no significa que ya esté todo resuelto. Cada trayecto es una reserva nueva, con su plaza de animal y su documentación, así que hay que gestionarlo trayecto a trayecto.

¿Qué papeles conviene llevar impresos aunque me digan que no hacen falta?

Todos los que tengas. Lleva la cartilla sanitaria o el pasaporte europeo del animal, el certificado de identificación con el número de microchip, el registro de la vacunación antirrábica si tu animal la tiene, y cualquier certificado veterinario que te hayan pedido para el destino. Añade el justificante de la reserva del animal con la compañía, que es el papel que resuelve las discusiones en el mostrador. Aunque casi todo esté digitalizado, quien decide si embarcas es una persona con un procedimiento delante, y una carpeta con los papeles impresos convierte una duda de veinte minutos en una comprobación de dos. No pesa nada y ha salvado muchos embarques.

¿El hotel de la isla admitirá a mi perro?

No lo des por hecho, y sobre todo no lo dejes para el final. Admitir animales no es una casilla que se marca: cada alojamiento pone su propio límite de peso, a veces su número de animales por habitación, si el animal puede quedarse solo en la habitación o no, en qué zonas comunes puede entrar y si hay un suplemento por estancia. En zonas insulares con mucha demanda, las plazas de los alojamientos que sí admiten mascotas se agotan antes que el resto. Por eso el orden que recomendamos es al revés de lo que hace casi todo el mundo: primero se cierra el alojamiento que admite al animal, después el transporte, y solo entonces se paga.

¿Quieres ir a Canarias o Baleares con tu mascota?

Cuéntanos qué animal es, cuánto pesa, desde dónde salís y en qué fechas. Te decimos si encaja mejor el avión o el barco, buscamos alojamiento que lo admita de verdad y te indicamos exactamente dónde verificar los requisitos de entrada antes de que pagues nada.

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