Guía familiar
Formentera con niños: guía familiar honesta de la isla
Por Viajes Santa Mona
Hay dos formas de contar Formentera. Una es la de las fotos: agua turquesa imposible, arena blanca, una lengua de tierra que se adentra en el mar y esa etiqueta de «el Caribe español» que se repite en todas partes. La otra es la real, la que descubre cualquier familia que pisa la isla por primera vez: una isla pequeña, sin aeropuerto, a la que solo se llega en barco, con muy poca sombra, servicios contados, precios altos y un ritmo que no se parece al de ningún otro destino de playa español. Las dos versiones son ciertas a la vez, y esa es exactamente la razón por la que conviene leer una guía honesta antes de reservar. En este artículo os contamos cómo es de verdad Formentera con niños: qué playas funcionan mejor con peques, por qué el agua es así, cómo se llega y qué implica, qué se puede hacer más allá de la arena, cuándo conviene ir y en qué casos merece más la pena dormir en Ibiza y bajar a la isla un día.
Por qué la llaman el Caribe español
La comparación con el Caribe suena a eslogan de agencia, pero en el caso de Formentera tiene una explicación física bastante concreta y bastante bonita de contar a los niños. El motivo se llama posidonia oceánica: una planta marina, no un alga, que forma enormes praderas submarinas alrededor de la isla y de todo el canal que la separa de Ibiza. Esas praderas funcionan como un gigantesco filtro natural. Fijan el sedimento del fondo, lo mantienen en su sitio en lugar de dejarlo flotando, oxigenan el agua y frenan el oleaje antes de que llegue a la orilla. El resultado es un mar que se queda limpio, transparente y muy quieto.
A eso se suma la arena, que en gran parte del litoral es blanquísima y muy fina, formada en buena medida por restos calcáreos. Cuando el sol pega sobre un fondo de arena blanca cubierto por medio metro de agua limpia, el color que sale es ese turquesa casi irreal de las fotos. Y las manchas oscuras que se ven desde la orilla, las que muchos confunden con rocas o con suciedad, no son otra cosa que las praderas de posidonia. Merece la pena explicárselo a los niños en la propia playa: entienden mejor la idea de proteger algo cuando ven que ese algo es justamente lo que hace que el agua esté así.
Para una familia con peques hay un tercer factor que importa tanto o más que el color: la poca profundidad. En muchos tramos del litoral formenterense el fondo baja de forma tan progresiva que se puede caminar decenas de metros mar adentro con el agua por la cintura de un adulto y por el pecho de un niño de seis años. Eso, combinado con un oleaje habitualmente suave en la cara resguardada del día, convierte el baño en algo mucho más relajado de lo que suele ser en playas abiertas del Mediterráneo o del Atlántico. Se vigila mejor porque se ve todo, y los niños ganan autonomía sin salir de una zona segura.
Conviene, eso sí, ponerle un matiz honesto al eslogan. Formentera tiene el agua del Caribe, pero no tiene el paisaje del Caribe: no hay palmerales ni vegetación tropical, sino pinos bajos, sabinas retorcidas por el viento, campos con muros de piedra seca y una llanura seca y luminosa muy mediterránea. Y sobre todo no tiene la infraestructura de un destino tropical de resort. Quien viaja esperando encontrar un Caribe con hamacas y servicio de playa cada cincuenta metros se llevará un chasco. Quien viaja esperando una isla pequeña, austera y con el mejor baño de España, saldrá encantado.
Cómo se llega: siempre en ferry desde Ibiza
Este es el punto que más condiciona el viaje entero y el que más gente pasa por alto al planificar: Formentera no tiene aeropuerto. No hay vuelo directo, no lo ha habido nunca y no está previsto que lo haya. La única forma de llegar es en barco desde Ibiza, cruzando el canal que separa ambas islas hasta el puerto de La Savina, en la costa norte. Eso significa que cualquier viaje a Formentera tiene, como mínimo, dos etapas: llegar a Ibiza (en avión o en barco desde la península) y después embarcar hacia Formentera.
En la práctica, con niños, esto se traduce en logística. Hay que encajar la hora de llegada del vuelo con la salida del barco dejando margen de sobra, trasladarse del aeropuerto de Ibiza al puerto, y volver a cargar con maletas, sillas de coche y carritos en un segundo transbordo. En temporada alta, además, el puerto de Ibiza está muy concurrido y las colas existen. Nuestro consejo práctico es sencillo: no cojáis nunca el último barco del día, no calculéis los tiempos al límite y viajad con el equipaje lo más compacto posible, porque en Formentera vais a necesitar menos ropa de la que pensáis y en cambio vais a agradecer no arrastrar bultos.
La travesía en sí es corta y suele ser tranquila, aunque en días de viento se mueve, y con niños propensos al mareo conviene tenerlo previsto. Varias compañías cubren la ruta con frecuencias muy seguidas en los meses de verano y bastante más limitadas fuera de temporada, cuando el servicio se reduce de forma notable. Como todo esto cambia año a año, lo único razonable es consultar horarios, precios y la normativa de entrada de vehículos del año en curso antes de cerrar vuelos y alojamiento, y no dar por hecho lo que os contó alguien que fue hace tres veranos.
Lo bueno de esta barrera de entrada es que actúa como filtro. Formentera no recibe turismo de paso ni excursiones improvisadas: llegar cuesta un poco, y eso mantiene a la isla más tranquila de lo que estaría si se pudiera aterrizar en ella. Cuando el último barco del día se lleva a los visitantes de jornada, la isla se queda en un silencio que sorprende, y ese es probablemente el mejor argumento a favor de dormir allí en lugar de bajar solo unas horas desde Ibiza.
Moverse por la isla y el límite de vehículos
Formentera es pequeña: se recorre de punta a punta en poco tiempo por su carretera principal, y esa escala reducida es una gran noticia cuando se viaja con niños, porque ningún trayecto se hace eterno. Ahora bien, esa misma pequeñez es la razón de una particularidad que sorprende a mucha gente: la isla limita la entrada y la circulación de vehículos durante los meses de mayor afluencia, con un sistema de cupos y autorizaciones pensado para que el número de coches no desborde una red viaria y un territorio que sencillamente no dan para más.
Las condiciones concretas (fechas de aplicación, cupos, requisitos y tarifas) se revisan cada temporada, así que no tiene ningún sentido fiarse de lo que se leyó en un foro. Antes de plantearos embarcar el coche desde Ibiza, consultad la normativa de entrada de vehículos del año en curso en los canales oficiales. Y contad con que, incluso cuando es posible, embarcar un coche encarece bastante el viaje.
Por eso la mayoría de familias resuelve la movilidad de otra forma. El alquiler en la propia isla, generalmente en La Savina nada más desembarcar, es la opción más habitual: coches pequeños para quien viaja con bebés y mucho equipaje, motos y ciclomotores para parejas y familias con hijos ya mayores, y sobre todo bicicletas, que son el vehículo estrella de Formentera. Hay también una línea de autobús que conecta los principales núcleos y playas, y taxis, aunque en verano conviene no depender de ellos para todo. Reservad el vehículo con antelación en julio y agosto, porque la flota disponible es limitada de verdad.
Con niños, nuestra recomendación práctica es combinar. Un coche pequeño de alquiler resuelve los días de playa lejana con nevera, sombrilla y flotadores, que es donde el transporte a pedales pincha. Y las bicis resuelven el resto: los desplazamientos cortos entre el alojamiento, el pueblo y la playa cercana, que en Formentera son casi todos. Si vais con peques que aún no pedalean, existen alquileres con sillita, con remolque o con bici de arrastre, y merece la pena preguntar por ellos al reservar en lugar de darlo por supuesto al llegar.
Las playas: Ses Illetes, Llevant, Migjorn y Cala Saona
Ses Illetes es la imagen que todo el mundo tiene en la cabeza cuando piensa en Formentera: una estrecha lengua de arena en el extremo norte de la isla, con el mar a ambos lados, arena blanca finísima y ese turquesa que parece retocado. Está dentro del parque natural que protege la zona, lo que implica acceso regulado, aparcamiento limitado y normas de uso más estrictas de lo habitual. Con niños es espectacular por la escasa profundidad y la quietud del agua en la cara resguardada, y desde allí se ve el islote de s'Espalmador, uno de los paisajes más bonitos del Mediterráneo.
También es, con diferencia, la playa más concurrida y la que más se nota en el bolsillo entre accesos, aparcamiento y consumiciones. En pleno agosto llega bastante gente por mar, y la sensación de paraíso solitario se diluye a media mañana. Nuestro consejo es ir temprano, aparcar donde se pueda sin inventar, llevar sombrilla propia porque la sombra natural es prácticamente inexistente, y aceptar que estáis en el sitio más famoso de la isla, con todo lo que eso conlleva.
En esa misma península, en la cara opuesta, está la playa de Llevant. Es la hermana menos fotografiada y por eso mismo suele tener bastante menos gente. Comparte el tipo de arena y el fondo, pero al estar orientada al este recibe más viento y oleaje según el día. Ese detalle es una ventaja logística: cuando en una cara sopla, en la otra suele estar tranquilo, así que con niños vale la pena mirar de dónde viene el viento por la mañana y elegir el lado en consecuencia. Es uno de esos trucos locales que cambian por completo un día de playa en familia.
Migjorn es la playa más larga de Formentera y ocupa buena parte de la costa sur. No es una playa uniforme, sino un litoral kilométrico con tramos muy distintos: zonas de arena amplia, tramos con piedras, sectores casi solitarios y otros con acceso rodado y algún servicio. Precisamente por su longitud es la que mejor resuelve el problema de la masificación: siempre hay hueco en algún punto, incluso en agosto. Con niños conviene elegir el tramo con criterio y no lanzarse al primer acceso: preguntad en el alojamiento cuál es el sector de arena más cómodo según la edad de los peques.
Cala Saona, en la costa oeste, es probablemente la más redonda para familias. Es una cala relativamente recogida entre acantilados bajos de tono rojizo, con arena, entrada al agua muy suave y una sensación de refugio que con peques se agradece muchísimo: se ve toda de punta a punta y el agua está tranquila casi siempre. Tiene además algo que las demás no ofrecen igual: orientación al oeste, lo que la convierte en uno de los mejores lugares de la isla para ver el atardecer. Un plan clásico con niños es ir a media tarde, cuando el sol ya no castiga, bañarse un rato y quedarse a la puesta de sol.
Sea cual sea la elegida, hay tres reglas que en Formentera valen más que en ningún otro sitio: llevad sombra propia, porque muchísimos tramos no tienen ni pinos ni chiringuito; llevad agua y comida, porque en varias playas no hay dónde comprar nada; y respetad la señalización del parque natural y las dunas, caminando siempre por las pasarelas habilitadas. Ese sistema dunar es lo que sostiene la arena de la isla, y es tan frágil como parece.
La Savina, Sant Francesc, Sant Ferran y Es Pujols
La Savina es la puerta de entrada: el puerto donde atracan los barcos y donde se concentran los alquileres de vehículos y bicis. No es un pueblo para quedarse, sino un sitio de paso muy funcional, pero tiene su propio encanto al caer la tarde, con el trasiego de embarcaciones y los estanques salineros cerca. Es también el lugar donde conviene resolver el vehículo nada más llegar, antes de instalarse, para no tener que volver luego.
Sant Francesc Xavier es la capital y el centro administrativo y comercial de la isla. Es un pueblo pequeño, blanco y muy tranquilo, organizado alrededor de una plaza con su iglesia fortificada, con tiendas, mercadillo artesanal en temporada, supermercados y los servicios básicos que en el resto de la isla escasean. Con niños funciona bien como parada de mañana o de tarde: se recorre en un rato, hay dónde sentarse y es el punto lógico para hacer la compra fuerte de la semana. Si os alojáis en apartamento, ese detalle práctico vale mucho.
Sant Ferran de ses Roques queda en el interior, entre Sant Francesc y Es Pujols, y conserva un aire de pueblo auténtico que a muchas familias les termina gustando más que la zona turística. Tiene restaurantes, algún comercio y un ambiente nocturno tranquilo. Como base de alojamiento es una opción muy sensata: se duerme mejor que en la zona de más marcha y queda a pocos minutos de casi todo, incluida la costa norte.
Es Pujols es el núcleo turístico por excelencia, y el sitio de la isla con más servicios y más ambiente: hoteles y apartamentos, restaurantes, heladerías, tiendas, un paseo junto al mar y una playa urbana pequeña con arena y agua tranquila. Para una familia que quiere no depender del coche para cenar ni para comprar un helado a las nueve de la noche, es la opción más cómoda de Formentera. La contrapartida es la previsible: en verano es la zona con más gente y más ruido de la isla, y quien busque el silencio formenterense lo encontrará antes en otros puntos.
Los faros: la Mola y Es Cap de Barbaria
Formentera tiene dos extremos con carácter propio y un faro en cada uno, y visitarlos es casi obligatorio aunque solo sea para entender la isla más allá de la playa. Al este se alza La Mola, una meseta elevada a la que se sube por una carretera con curvas, y en su punta se encuentra el faro de la Mola, asomado a un acantilado imponente con el mar abierto delante y nada más hasta el horizonte. El contraste con las playas llanas y turquesas del resto de la isla es total, y a los niños les impresiona bastante.
Subiendo a La Mola se pasa por El Pilar de la Mola, un pueblecito pequeño y muy tranquilo conocido por su mercadillo artesanal, que en temporada se celebra determinados días de la semana. Consulta los días y horarios actuales antes de subir, que cambian según la época del año, porque encontrarse el pueblo cerrado después de la cuesta es una frustración fácil de evitar. La combinación de mercadillo, mirador y faro da para una tarde completa muy distinta al resto del viaje.
En el extremo opuesto, al suroeste, está Es Cap de Barbaria, y es otro mundo: una llanura pelada, seca y batida por el viento, con muy poca vegetación, que se recorre por un camino recto hasta llegar al faro de Es Cap sobre los acantilados. Es el paisaje más árido y más cinematográfico de Formentera, y su gran momento es el atardecer. Con niños tiene un aviso importante: no hay sombra, no hay servicios y hay acantilados sin protección, así que hay que ir con agua, calzado cerrado y vigilancia estrecha cerca del borde. No es un sitio para soltar a los peques.
Los Caminos Verdes en bici con niños
Si tuviéramos que elegir un solo plan familiar de Formentera que no sea la playa, serían sin dudarlo los Caminos Verdes. Se trata de una red señalizada de itinerarios que atraviesan la isla enlazando pueblos, playas, miradores y rincones, aprovechando caminos rurales, pistas y sendas tradicionales que discurren en buena parte alejados del tráfico. Están pensados para recorrerse a pie o en bicicleta, y son la mejor manera de ver la Formentera que no se ve desde la carretera principal.
Lo que hace este plan tan agradecido con niños es la topografía: salvo las subidas a La Mola y a Es Cap de Barbaria, la isla es notablemente llana. Eso significa que un niño de ocho o nueve años puede pedalear tramos largos sin sufrir, y que un adulto con remolque no acaba destrozado. El paisaje ayuda: pinares bajos, sabinas retorcidas, campos cercados con muros de piedra seca, higueras apuntaladas y, cada poco, un hueco entre los pinos por el que aparece el mar.
Para que salga bien conviene ser realista con las distancias. Con peques, mejor un itinerario corto de ida y vuelta que termine en una playa o en un pueblo con heladería que una ruta ambiciosa que acabe con alguien llorando en la cuneta. Salid temprano o a última hora de la tarde, evitad el mediodía de julio y agosto sin discusión, y llevad agua de sobra, gorra, crema y algo de comer, porque en muchos tramos no hay absolutamente nada. Los cascos son imprescindibles y muchos alquileres los facilitan.
En cuanto al alquiler, hay opciones en La Savina, Sant Francesc, Es Pujols y otros núcleos, con bicis de todos los tamaños, sillitas infantiles, remolques y también bicicletas eléctricas, que son una salvación con niños o para subir a La Mola sin drama. Los precios y la disponibilidad varían mucho según la temporada, así que consulta tarifas actuales y reserva con antelación en verano. Y una recomendación de sentido común: en los Caminos Verdes se circula respetando las fincas privadas, sin salirse del trazado señalizado y sin pisar dunas ni vegetación protegida.
Snorkel, posidonia y respeto al fondo marino
Con un agua tan transparente y tan poco profunda, el snorkel es casi obligatorio y funciona incluso con niños que se estrenan. No hace falta ir lejos ni bucear: basta con unas gafas y un tubo, un par de metros de agua y ratos cortos junto a la orilla o cerca de las zonas rocosas de los extremos de las calas, donde se concentra más vida. Los peques ven peces desde el primer minuto, y esa sensación de descubrimiento inmediato es lo que engancha.
Un consejo práctico para empezar bien: probad primero las gafas en la piscina o en la orilla, sin prisas, y usad chaleco o flotador de brazos en los primeros intentos si el niño no nada con soltura. El error clásico es lanzarse en una zona con oleaje o con corriente y conseguir que el peque le coja miedo al material para el resto del viaje. Empezad en calma, en un sitio resguardado y con los pies tocando fondo, y en dos días os pedirán ellos las gafas.
La otra cara del snorkel en Formentera es la responsabilidad. Las praderas de posidonia que hacen posible esa agua están protegidas y son extraordinariamente lentas de recuperar: lo que se destroza en un verano tarda décadas en volver. Los dos daños más habituales son el fondeo descontrolado de embarcaciones, cuando el ancla se clava y arrastra sobre la pradera, y el pisoteo o arranque desde la orilla. Si alquiláis una embarcación o contratáis una salida, aseguraos de que se fondea solo en zonas autorizadas y de arena, y consultad la normativa vigente de fondeo del año en curso.
También conviene contarle a los niños qué son esos restos secos y marrones que a veces se acumulan en la orilla y que muchos visitantes toman por basura: son hojas muertas de posidonia, y lejos de ser suciedad, forman una barrera natural que protege la playa de la erosión del temporal en invierno. Explicado así, los peques dejan de verlo como algo desagradable y empiezan a entender cómo funciona una playa de verdad. Es, probablemente, la mejor lección que se puede sacar de un viaje a Formentera.
Qué comer: peix sec y ensalada payesa
La cocina formenterense es sencilla, marinera y muy ligada a la escasez histórica de una isla pequeña que tenía que conservar lo que pescaba. Su producto más característico es el peix sec, pescado secado al sol y al viento siguiendo un método tradicional que permitía guardarlo durante meses. Se usa desmenuzado como ingrediente y aparece en varios platos locales; el más conocido es la ensalada payesa, que combina ese pescado seco con patata, tomate, cebolla, pimiento y aceite. Es un plato fresco, ideal para el calor y bastante fácil de compartir en familia.
Más allá de eso, la carta habitual de la isla juega con arroces y guisos marineros, calamares, pescado a la plancha y ensaladas, además de los platos que comparte con el resto de las Pitiusas. Para los paladares infantiles menos aventureros hay salida en casi todos los sitios, con arroces sencillos, pasta, tortilla o pescado a la plancha, pero conviene saber que la oferta es limitada y que los menús específicamente infantiles no están tan extendidos como en un destino de resort.
Aquí toca un aviso honesto: comer fuera en Formentera es caro, sobre todo en verano y sobre todo en primera línea. La isla depende del barco para casi todo lo que consume, la temporada es corta y la demanda muy alta, y eso se refleja en las cuentas. Para una familia de cuatro, comer y cenar fuera todos los días dispara el presupuesto de forma notable. La fórmula que mejor funciona es mezclar: nevera y picnic en la playa la mayoría de los días, y comidas o cenas fuera reservadas para los momentos que de verdad apetecen.
Cuándo ir con niños
Si tenéis flexibilidad, junio y septiembre son los meses ideales para Formentera en familia, y con bastante diferencia. El mar ya está templado en junio y sigue estándolo en septiembre, el calor es llevadero para pedalear o caminar, la isla tiene los servicios abiertos y, sobre todo, no está desbordada. Los precios de alojamiento y transporte también respiran respecto al pico del verano. Para quien puede viajar fuera del calendario escolar de agosto, es sin discusión la mejor ventana del año.
Julio y agosto son la Formentera de las fotos y también la Formentera más incómoda. Agosto en particular es el mes de máxima afluencia: playas llenas, aparcamientos saturados, alquileres agotados, restaurantes con espera y precios en su punto más alto. No es que sea un mal momento para ir (el tiempo es inmejorable y la isla sigue siendo preciosa), pero hay que asumir que se viaja con mucha gente alrededor y que todo hay que reservarlo con mucha antelación, empezando por el barco y el vehículo.
Mayo y octubre son opciones intermedias interesantes: menos gente todavía, precios más bajos y una isla muy agradable para caminar y pedalear, con la contrapartida de un mar más fresco y de que parte de la oferta puede no estar aún en marcha o ya estar cerrando. Con niños que se bañan igual haga el tiempo que haga, mayo funciona bien; con bebés, el factor determinante suele ser más la temperatura ambiente que la del agua.
El invierno merece un párrafo aparte, porque es la Formentera que casi nadie ve. La isla se queda muy tranquila, con poquísimos visitantes, y buena parte de la oferta turística (hoteles, restaurantes, alquileres) cierra o reduce muchísimo su actividad, y las frecuencias del barco disminuyen. Para una familia que busque paseos, silencio y precios bajos puede ser una experiencia bonita y muy distinta, pero hay que ir sabiendo que no habrá baño, que muchas cosas estarán cerradas y que la logística es más rígida. Consulta siempre horarios y aperturas actuales antes de plantearos una escapada fuera de temporada.
Aviso honesto: lo que Formentera no es
Formentera es un destino magnífico, pero no es un destino fácil, y creemos que decirlo antes de reservar es más útil que descubrirlo al llegar. El primer aviso es el precio: es una isla cara en casi todos los conceptos. Alojamiento, restauración, alquiler de vehículos y compra diaria están por encima de lo que cuesta un destino de playa peninsular equivalente, y en agosto la diferencia es muy marcada. Es una consecuencia directa de su tamaño, de su temporada corta y de que todo llega en barco.
El segundo es la escasez de servicios. Muchas playas de la isla no tienen chiringuito, ni duchas, ni aseos, ni hamacas, ni sombra natural, y en algunos casos tampoco servicio de socorrismo. Eso no es un defecto (es justo lo que las mantiene bonitas), pero obliga a un nivel de previsión que no todo el mundo espera: hay que salir de casa con sombrilla, agua, comida, crema, gorras y todo lo que los peques vayan a necesitar durante horas. Quien esté acostumbrado a un destino con todo resuelto a pie de arena tiene que cambiar el chip.
El tercero es el sol. Formentera es llana, luminosa y con muy poca sombra natural en el litoral. Con niños esto no es un detalle menor: las horas centrales del día en julio y agosto pegan de verdad y hay que organizar la jornada alrededor de esa realidad (playa temprano, siesta o interior a mediodía, y vuelta a última hora). Sombrilla propia, camiseta con protección solar y crema reaplicada son aquí más necesarias que en la mayoría de destinos.
Y el cuarto es la excursión de un día desde Ibiza. Se puede hacer, mucha gente la hace y no está mal, pero conviene saber que con niños pequeños es una jornada larga y cansada: madrugar, barco de ida, resolver el transporte en la isla, playa con el reloj puesto, calor, comida fuera y barco de vuelta a última hora, todo con carritos y bolsas a cuestas. Con hijos ya mayores el plan funciona muy bien. Con peques de menos de seis años, o dormís en la isla o asumís que ese día va a ser el más duro del viaje.
Dónde alojarse con la familia
Si decidís dormir en Formentera, las dos zonas que mejor funcionan en familia son Es Pujols y Sant Ferran. Es Pujols es la opción de máxima comodidad: concentra la mayor parte de hoteles y apartamentos, tiene playa urbana, restaurantes, tiendas y heladerías a pie de calle, y permite pasar la semana sin depender del coche para lo cotidiano. A cambio, es la zona más animada y más ruidosa de la isla en verano. Sant Ferran, a pocos minutos, es más de pueblo y más silencioso, con buena restauración y una ubicación central que deja cerca tanto la costa norte como Sant Francesc; es nuestra recomendación habitual para quien viaja con niños pequeños y prioriza dormir bien.
La oferta de alojamiento en Formentera es limitada en volumen y se agota pronto para julio y agosto, así que la antelación importa más que en cualquier otro destino de playa español. Los apartamentos con cocina son una fórmula muy razonable con niños, porque permiten desayunar sin salir, preparar picnics para la playa y contener el gasto en restauración, que es donde más se dispara el presupuesto. Ten en cuenta que las ofertas no incluyen seguro de viaje, así que si queréis cobertura adicional conviene preverlo aparte.
La alternativa que muchas familias eligen, y que tiene todo el sentido si buscáis más servicios y mejor relación calidad-precio, es alojarse en Ibiza y bajar a Formentera uno o dos días completos. Ibiza tiene mucha más oferta hotelera familiar, incluido el todo incluido, más opciones de restauración y precios más manejables, y la travesía es corta. Si os interesa esa fórmula, en nuestra guía de Ibiza en familia repasamos las zonas que mejor funcionan con niños y cómo montar la semana sin acabar agotados.
Y si todavía estáis decidiendo isla, os pueden servir nuestras comparativas de Mallorca o Menorca para familias y la guía de dónde alojarse en Mallorca con niños, que resuelven la duda más habitual: si conviene un destino con muchos servicios o uno más natural y tranquilo. Para una panorámica general del verano en familia tenéis viajar en familia a la playa en España, y si en algún momento la escapada es solo para los adultos, echad un vistazo a hoteles solo adultos todo incluido.
Preguntas frecuentes
¿Es Formentera un buen destino para ir con niños?
Para lo que es el baño, es de los mejores destinos de playa de España con niños pequeños. Buena parte de su litoral tiene arena muy fina, entrada al agua tremendamente progresiva y un mar transparente en el que se ve el fondo a varios metros, así que los peques pueden estar de pie mucho rato con el agua por la cintura y la sensación de control es total. La isla además es pequeña y llana, lo que hace que moverse sea rápido y que los trayectos con niños no se conviertan en un suplicio. Ahora bien, no es un destino de servicios: hay playas sin sombra natural, sin chiringuito y sin socorrista, y eso obliga a ir preparado con neveras, sombrilla, agua y protección solar. Si vais con esa mentalidad, Formentera en familia funciona muy bien. Si esperáis la comodidad de un gran destino turístico con todo a mano, os va a chocar.
¿Cómo se llega a Formentera con niños?
Siempre en ferry, y siempre desde Ibiza. Formentera no tiene aeropuerto, así que el viaje tiene dos etapas obligatorias: primero un vuelo o un barco hasta Ibiza y después la travesía marítima hasta el puerto de La Savina, en el norte de Formentera. Esto condiciona el viaje entero: hay que encajar la llegada del vuelo con la salida del barco, cargar con maletas, sillas y carritos en dos transbordos, y contar con que en temporada alta el puerto de Ibiza es un hervidero. Existen varias compañías cubriendo la ruta con frecuencias muy seguidas en verano y bastante más escasas en invierno. Consulta horarios, precios y la normativa de entrada de vehículos del año en curso antes de cerrar nada, porque cambian de temporada en temporada. Con niños pequeños conviene reservar el trayecto con margen respecto al vuelo y no coger el último barco del día.
¿Se puede llevar el coche a Formentera en verano?
No siempre, y ese es uno de los puntos que más sorprende a quien va por primera vez. Formentera limita la entrada y la circulación de vehículos durante los meses de más afluencia mediante un sistema de cupos y autorizaciones, precisamente porque la isla es pequeña y no soporta el volumen de coches que llegaría sin control. La normativa concreta, las fechas de aplicación, los cupos y las tarifas se revisan cada año, así que lo único sensato es consultar la normativa de entrada de vehículos del año en curso en los canales oficiales antes de plantearos embarcar el coche. En la práctica, la mayoría de familias resuelve el viaje sin coche propio: alquilando en la propia isla, moviéndose en bici por los Caminos Verdes o combinando taxi y la línea de autobús. Con niños muy pequeños y mucho equipaje, alquilar un coche pequeño en la isla suele ser lo más cómodo.
¿Cuáles son las mejores playas de Formentera para familias?
Ses Illetes, en la punta norte, es la postal de la isla y está dentro del parque natural: arena blanquísima, agua turquesa y muy poca profundidad durante metros, lo que la hace espectacular con niños, aunque también es la más concurrida y la que más cuesta en accesos y servicios. La playa de Llevant, en la misma lengua de arena pero en la cara opuesta, es más abierta y ventosa según el día, con menos gente y el mismo tipo de fondo. Migjorn es la playa más larga de la isla, con tramos muy distintos entre sí: hay zonas casi solitarias y otras con algún acceso y servicio, y por su longitud siempre encontráis hueco. Y Cala Saona es la cala familiar por excelencia, resguardada entre acantilados bajos, con arena, entrada suave y uno de los mejores atardeceres de las Baleares. La elección más práctica con peques suele ser Cala Saona o un tramo concreto de Migjorn.
¿Merece la pena recorrer Formentera en bici con niños?
Es probablemente el mejor plan familiar de la isla, y no es una exageración. Formentera es pequeña y muy llana en casi toda su extensión, y cuenta con una red señalizada de Caminos Verdes: itinerarios que enlazan pueblos, playas y puntos de interés por pistas y caminos rurales apartados del tráfico. Con niños que ya pedalean solos, esto convierte el desplazamiento en una actividad en sí misma, entre pinares, campos de cultivo con muros de piedra seca y tramos con el mar al fondo. Se alquilan bicis en La Savina, Es Pujols, Sant Francesc y otros puntos, y hay opciones con sillita infantil, remolque o bicis pequeñas. Lo que sí conviene es no ser ambicioso: salir temprano, elegir un tramo corto, llevar agua de sobra y protección solar, y aceptar que en julio y agosto el calor de las horas centrales desaconseja pedalear. Los dos únicos puntos con cuesta seria son las subidas a La Mola y a Es Cap de Barbaria.
¿Por qué el agua de Formentera es tan transparente?
Por las praderas de posidonia oceánica, una planta marina que cubre buena parte de los fondos que rodean la isla. La posidonia hace de filtro natural: fija los sedimentos, oxigena el agua y evita que la arena quede en suspensión, y el resultado es esa transparencia que ha ganado a Formentera el sobrenombre de Caribe español. Los fondos claros de arena entre las manchas oscuras de posidonia son, además, lo que produce ese degradado de turquesas tan característico visto desde la orilla. La contrapartida es que se trata de un ecosistema muy frágil y de crecimiento lentísimo, protegido, y que se daña con el fondeo descontrolado de embarcaciones y con el pisoteo. Por eso conviene explicar a los niños que las manchas oscuras del fondo no son suciedad ni rocas sucias, sino una planta viva que es justamente la razón de que el agua esté así de bonita.
¿Es Formentera un destino caro?
Sí, y conviene decirlo sin rodeos. Formentera es una isla pequeña, con temporada corta, dependencia total del barco para el abastecimiento y una demanda muy alta en verano, y esa combinación empuja los precios hacia arriba en casi todo: alojamiento, restauración, alquiler de vehículos y compra diaria. En julio y sobre todo en agosto la diferencia con otros destinos de playa españoles es notable. La buena noticia es que muchos de los mejores planes de la isla no cuestan nada: la playa, los Caminos Verdes, los atardeceres, los faros o los paseos por los pueblos. Y que fuera del pico de verano el escenario cambia bastante: en junio y en septiembre la isla sigue siendo Formentera pero con precios más razonables y mucha menos gente. Si el presupuesto manda, otra fórmula muy usada es alojarse en Ibiza y dedicar uno o dos días completos a Formentera.
¿Es mejor alojarse en Formentera o hacer una excursión de un día desde Ibiza?
Depende de la edad de vuestros niños y de cuántos días tengáis. Alojarse en Formentera, en Es Pujols o en Sant Ferran, es la mejor opción si buscáis la isla de verdad: mañanas tempranas en la playa antes de que lleguen los barcos, atardeceres sin prisas y ese silencio que la isla recupera cuando se va el turismo de día. Hacer la excursión de un día desde Ibiza es perfectamente viable y mucha gente la hace, pero con niños pequeños es un día largo y cansado: barco de ida, calor, alquilar algo para moverse, playa con reloj en mano y barco de vuelta, todo con la logística a cuestas. Nuestra recomendación general es que, con peques de menos de seis años, o dormís en la isla o asumís que el día será intenso. Con niños más mayores, la excursión funciona bastante bien. Ten en cuenta que las ofertas no incluyen seguro de viaje.
¿Os montamos la escapada a Formentera con los niños?
Cuéntanos fechas, cuántos sois y las edades de los peques, y el equipo de Viajes Santa Mona os prepara el viaje a medida: vuelo a Ibiza, barco, alojamiento en la isla o base en Ibiza con excursión, y los planes que mejor encajen con vuestros niños. Presupuesto cerrado y sin letra pequeña.
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