Consejos de viaje
Tarjeta regalo de viaje: cómo funciona y cuándo no
Por Viajes Santa Mona
La pregunta que más nos hacen sobre la tarjeta regalo no es si merece la pena, sino qué pasa exactamente con el dinero: si el viaje cuesta más, si cuesta menos, si caduca, si obliga a elegir un destino de una lista. Son preguntas razonables, porque una tarjeta regalo mal explicada es una manera elegante de perder dinero, y todo el mundo conoce a alguien que tiene una en un cajón sin usar. Así que este artículo es el manual de instrucciones, sin adornos: lo que hace nuestra tarjeta, lo que no hace, y los tres casos en los que te diríamos que no la compres. Si lo que buscas son ideas de ocasiones y formas de presentarla, eso está en regalar un viaje; aquí vamos al mecanismo.
La respuesta corta
Eliges el importe que quieras entre 25€ y 2000€, un diseño y un mensaje. La tarjeta llega por email a la persona que la recibe, al momento o el día que tú programes, con un código que empieza por SM-GIFT y un PDF imprimible por si prefieres entregarla en mano.
Es válida 24 meses y se canjea en cualquiera de nuestras ofertas. Si el viaje cuesta más, se paga la diferencia. Si cuesta menos, el saldo que sobra se queda en la tarjeta para otra reserva. No hay destinos excluidos ni fechas impuestas.
¿Cuándo no conviene? Cuando ya sabes con certeza el viaje que quiere esa persona: en ese caso resérvaselo directamente y regálale el viaje, no el saldo.
En esta guía
- Qué es exactamente (y qué no es)
- Cómo se compra, paso a paso
- Cuánto poner: el importe lo eliges tú
- Cómo llega y cuándo (el envío programado)
- Cómo se canjea
- Si el viaje cuesta más o menos que la tarjeta
- Los 24 meses: cuánto margen dan de verdad
- Las ocasiones en las que funciona mejor
- Por qué el viaje le gana al objeto
- Cuándo NO es buena idea
- Preguntas frecuentes
Qué es exactamente (y qué no es)
Una tarjeta regalo de viaje es un saldo a nombre de una persona, canjeable por viajes, con una fecha de caducidad. Nada más y nada menos. No es un viaje concreto envuelto en papel de regalo, no es un vale para un destino cerrado y no es un bono con una lista de hoteles a elegir. Quien la recibe elige el viaje que quiera de nuestro catálogo —costa española, Caribe, Canarias, escapada corta o semana entera— y usa ese saldo para pagarlo, entero o en parte.
La distinción importa porque casi todos los problemas de las tarjetas regalo vienen de confundir las dos cosas. Un vale para un producto concreto obliga a que ese producto le venga bien a alguien que no lo eligió. Un saldo, en cambio, se adapta: si la persona quiere irse en junio en vez de en septiembre, se va en junio; si prefiere Canarias a Punta Cana, va a Canarias; si le cuadra mejor una escapada de cuatro días que una semana, hace la escapada. Tú pones el dinero y la intención; las decisiones las toma quien viaja, que es quien sabe cuándo puede pedir vacaciones.
Hay una segunda cosa que va incluida y que no aparece en el importe: el agente. Quien recibe la tarjeta no se queda solo delante de un buscador con veinte pestañas abiertas. Escribe por WhatsApp, cuenta qué le apetece y con quién viaja, y recibe propuestas concretas. Para mucha gente esa parte vale tanto como el saldo, porque el motivo real por el que un viaje se queda sin hacer no suele ser el dinero: es no ponerse a organizarlo.
Cómo se compra, paso a paso
Se hace en la página de la tarjeta regalo y lleva un par de minutos. El formulario pide cuatro cosas y ninguna es complicada:
- El importe. Hay botones con importes rápidos y una casilla para escribir la cantidad que quieras, siempre entre 25€ y 2000€.
- El diseño. Cinco opciones: cumpleaños, Navidad, San Valentín, boda o genérica. Es lo que verá la persona en el email y en el PDF.
- Los datos. Tu nombre y tu email —ahí llega el justificante— y el nombre y el email de quien la recibe.
- El mensaje. Hasta 200 caracteres. Es opcional, pero es la parte que convierte un importe en un regalo: merece la pena escribirlo.
Después se paga con tarjeta de forma segura y ya está. Tú recibes el justificante en tu email y la tarjeta se activa en cuanto el pago queda confirmado. A partir de ese momento existe un saldo con un código propio, del tipo SM-GIFT seguido de seis caracteres. El código está generado a propósito sin letras ni números que se confundan al dictarlos —nada de ceros que parezcan oes— porque en la práctica mucha gente lo acaba leyendo en voz alta por teléfono o copiándolo a mano de un papel.
Cuánto poner: el importe lo eliges tú
No hay importes cerrados que te obliguen a redondear hacia arriba porque el siguiente escalón es el que hay. Eliges la cifra exacta que quieras dentro del rango de 25€ a 2000€, y eso permite dos cosas que la gente usa mucho: ajustar el regalo a lo que tenías pensado gastar sin quedarte corto ni pasarte, y sumar entre varios. Cuando cuatro hermanos, un grupo de amigas o toda una oficina quieren regalar juntos, lo habitual es que una persona recoja las aportaciones y compre una sola tarjeta por el total. Sale un regalo que ninguno habría podido hacer por su cuenta.
¿Y si el importe no llega para un viaje entero? No pasa nada, y conviene decirlo claro porque frena a mucha gente. La tarjeta no tiene que cubrir el viaje completo para ser útil: es saldo que se descuenta de lo que haya que pagar. Una tarjeta pequeña sigue siendo la parte del viaje que esa persona no paga. Si lo que quieres es cubrir un viaje entero para dos personas, escríbenos antes de comprarla y te decimos con qué importe estarías en ese escenario según el tipo de escapada que tengas en la cabeza.
Cómo llega y cuándo (el envío programado)
La tarjeta llega por email a la persona que la recibe, con el diseño que elegiste, el importe, el código, tu mensaje y la fecha de caducidad escrita. En ese mismo email va un enlace para descargarla en PDF, de manera que si prefieres imprimirla y entregarla en un sobre, puedes.
Lo que más se agradece es el envío programado: al comprarla eliges si quieres que se entregue en cuanto se confirme el pago o un día concreto del futuro. Tú la compras hoy, con calma, y el email aterriza la mañana de su cumpleaños, el día de Reyes o la mañana del aniversario. Se puede programar hasta un año vista, así que no hay problema en comprarla con muchísima antelación —es más, es la forma de no dejarlo para el 4 de enero—. Si eliges una fecha que ya ha pasado o el propio día de hoy, se envía en cuanto el pago quede confirmado.
Un aviso práctico sobre el email del destinatario: comprueba que lo escribes bien y, si la persona es de las que no mira el correo, plantéate imprimir el PDF y dárselo en mano. El saldo está a salvo en cualquier caso —no depende de que el email se abra— pero la sorpresa se pierde si el mensaje se queda tres semanas sin leer entre publicidad.
Cómo se canjea
Hay dos caminos, y quien recibe la tarjeta elige el que le resulte más cómodo:
- En la web, al reservar. En el formulario de reserva hay una casilla para el código de tarjeta regalo. Se escribe, se pulsa aplicar y aparece en pantalla el saldo disponible y cuánto se descuenta del importe a pagar en ese momento. Si el saldo cubre todo lo que había que pagar, no hay que sacar la tarjeta bancaria.
- Por WhatsApp, con su agente. Escribe, cuenta qué le apetece, recibe propuestas y, al cerrar la reserva, el agente aplica el saldo. Es el camino que escoge la mayoría, sobre todo cuando la persona no tiene claro el destino.
Un detalle sobre el momento del canje: en las reservas que se formalizan pagando primero una señal y el resto más adelante, el saldo de la tarjeta se descuenta del importe que se paga en ese momento. Si sobra saldo después de ese pago, se queda en la tarjeta y se puede aplicar igualmente al resto. Cómo se estructura el pago de cada viaje te lo explicamos en cómo se paga un viaje con agencia.
Si el viaje cuesta más o menos que la tarjeta
Esta es la pregunta que de verdad decide la compra, así que va con las dos respuestas por separado y sin ambigüedad.
Si el viaje cuesta más que la tarjeta, se paga la diferencia con los medios de pago habituales. La tarjeta se descuenta y el resto se abona con normalidad. No hay penalización, ni recargo, ni obligación de elegir dentro de un rango de precios.
Si el viaje cuesta menos, y esta es la parte que más gente da por perdida, el saldo restante se queda dentro de la misma tarjeta. Se puede usar en otra reserva más adelante, mientras la tarjeta siga en vigor. Es decir: no hace falta calcular el viaje perfecto que consuma el importe exacto, ni gastar de más para no dejarse dinero dentro. Cada canje queda registrado y el saldo restante se puede consultar en cualquier momento aplicando el código al reservar o preguntándonos por WhatsApp.
Cuando el saldo llega a cero, la tarjeta queda agotada y no vuelve a recargarse: es una tarjeta regalo, no un monedero al que se le añade dinero. Si alguien quiere volver a regalar, se compra una nueva.
Los 24 meses: cuánto margen dan de verdad
Dos años desde la compra. Dicho en la práctica: quien recibe una tarjeta en diciembre tiene por delante dos veranos completos, dos Semanas Santas y todos los puentes de en medio. Es un margen amplio a propósito, porque el sentido de regalar saldo en vez de un viaje cerrado es precisamente que la otra persona pueda encajar las fechas cuando le vengan bien y no cuando le vinieron bien a quien hizo el regalo.
Dicho esto, dos años pasan volando y hay un error que vemos repetirse: dejar el canje para el final del plazo y descubrir que el hotel que se quería está lleno. Las plazas de julio y agosto y las de los puentes grandes se van con muchos meses de antelación, así que lo sensato es hablar con el agente en cuanto se tenga una idea aproximada de cuándo se quiere viajar, aunque falte un año. Reservar pronto no consume el saldo antes de tiempo: simplemente asegura el hotel.
Las ocasiones en las que funciona mejor
Por lo que vemos en las tarjetas que se compran, hay cuatro escenarios que se repiten:
- Jubilaciones. Es el caso más claro que existe. La persona acaba de estrenar todo el tiempo del mundo y lo que menos necesita es otro objeto para la estantería. Suele comprarse entre varios: familia, compañeros o las dos cosas.
- Aniversarios redondos y cumpleaños gordos. Los que terminan en cero, donde el regalo tiene que estar a la altura y nadie sabe qué comprar porque esa persona ya tiene de todo.
- Bodas. Cuando no hay lista o cuando prefieres hacer un regalo aparte. Si los novios sí tienen lista de viaje, lo directo es aportar ahí: te lo contamos en cómo funciona una lista de boda para el viaje.
- Agradecimientos de los grandes. A quien te echó una mano de verdad, a unos padres que hacen de abuelos a jornada completa, a alguien que se portó cuando tocaba. Cuando «gracias» se queda corto, unos días fuera lo dicen mejor.
Hay un quinto escenario que ha crecido y que merece capítulo aparte: el de las empresas que regalan viaje a sus equipos en Navidad, en un aniversario o al cerrar un objetivo. Como las necesidades son distintas —varias personas, envíos a cada una, facturación— lo hemos separado en tarjetas regalo de viaje para empresas.
Por qué el viaje le gana al objeto
Sin ponernos solemnes, hay tres razones prácticas y una que no lo es tanto.
La primera es que no hay que acertar. Un objeto exige adivinar la talla, el color, el modelo, si ya lo tiene y si le gusta. Un saldo para viajar elimina todas esas dianas de golpe: no hay nada que devolver ni que fingir que encanta. La segunda es que no compite con lo que ya tiene. La mayoría de la gente a la que le regalamos algo tiene la casa llena; lo que no tiene resuelto casi nunca es el viaje que lleva años posponiendo. La tercera es que no se estropea ni se pasa de moda: dos años de margen y ningún riesgo de que el regalo envejezca en un cajón.
Y la que no es tan práctica: un viaje se disfruta tres veces —cuando se planea, cuando se vive y cada vez que se recuerda— mientras que un objeto se disfruta el día que se abre. Eso hace también que el regalo se te atribuya durante mucho más tiempo. Quien recibe una tarjeta se acuerda de quien se la regaló mientras elige el destino, mientras hace la maleta y cuando enseña las fotos. De un centro de mesa no se acuerda nadie a la semana siguiente.
Cuándo NO es buena idea
Vendemos tarjetas regalo, así que lo lógico sería decir que siempre son buena idea. No lo son, y estos son los tres casos en los que te recomendamos otra cosa:
- Si ya sabes exactamente el viaje que quiere. Este es el importante. Cuando conoces el destino, las fechas que le cuadran y con quién va a viajar —porque lleva un año diciéndolo, o porque vas a ir tú con ella—, la tarjeta sobra: resérvale el viaje directamente y regálale el viaje hecho. Escríbenos, lo montamos y le entregas la reserva, no el saldo. Un saldo obliga a la otra persona a hacer un trabajo que tú ya tenías resuelto, y encima le quita el efecto de abrir el regalo y encontrarse las fechas puestas.
- Si esa persona no va a poder viajar en dos años. Por salud, por trabajo, porque está cuidando de alguien o porque acaba de tener un bebé y lo tiene claro. La tarjeta caduca a los 24 meses y regalar algo con cuenta atrás a quien no puede usarla añade presión en vez de ilusión. En esos casos suele funcionar mejor esperar al momento y regalarla cuando la vida se despeje.
- Si lo que quieres es que use el dinero en lo que necesite. El saldo de una tarjeta regalo solo sirve para viajar con nosotros. Si sospechas que a esa persona le vendría mejor el dinero para otra cosa, sé honesto contigo mismo: dale el dinero. Una tarjeta regalo es para cuando quieres que se lo gaste en viajar precisamente porque no lo haría por su cuenta.
Fuera de estos tres supuestos, la tarjeta es difícil de fallar. Y si tienes dudas sobre cuál de los dos caminos encaja mejor en tu caso, escríbenos y te lo decimos sin vendértelo: hay bastantes conversaciones que acaban en «pues resérvaselo directamente».
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dura una tarjeta regalo de viaje?
Veinticuatro meses desde la fecha de compra. La fecha exacta de caducidad va escrita en el email que recibe la persona y en el PDF descargable, así que no hay que fiarse de la memoria de nadie. Dos años dan margen de sobra para encajar unas vacaciones, y ese margen es justamente el motivo de que la tarjeta funcione mejor que un viaje cerrado: quien la recibe no tiene que hacer hueco en su calendario para las fechas que elegiste tú. Lo que sí conviene es no dejarlo para el último mes, porque las mejores plazas de verano y de puentes se agotan con meses de antelación.
¿Qué pasa si el viaje cuesta más que la tarjeta?
Se paga solo la diferencia. La tarjeta no es un catálogo cerrado de viajes de un precio concreto: es saldo. Al reservar se introduce el código, el sistema comprueba el saldo disponible y lo descuenta del importe que toque pagar en ese momento; el resto se abona con los medios de pago habituales. Por eso una tarjeta de un importe modesto sigue siendo útil aunque la persona acabe eligiendo un viaje bastante más caro: no se queda sin usar, se convierte en la parte del viaje que no tiene que pagar.
¿Y si el viaje cuesta menos? ¿Se pierde lo que sobra?
No se pierde. Si el importe canjeado no agota el saldo, el resto se queda guardado en la misma tarjeta y se puede usar en otra reserva mientras la tarjeta siga en vigor. Es la diferencia práctica entre una tarjeta regalo y un cheque de un solo uso: aquí no hay que gastar de golpe ni redondear al alza para no dejarse dinero dentro. Cada canje queda registrado, de manera que en cualquier momento se puede saber cuánto queda disponible.
¿Cómo se canjea exactamente?
Hay dos caminos y valen los dos. El primero es hacerlo en la web: al reservar una oferta hay una casilla para el código de tarjeta regalo; se escribe, se pulsa aplicar y en pantalla aparece el saldo y cuánto se descuenta de lo que hay que pagar en ese momento. El segundo es escribirnos por WhatsApp y decir que se tiene una tarjeta: el agente prepara la propuesta de viaje y aplica el saldo al cerrar la reserva. Quien recibe la tarjeta no necesita saber de viajes ni pelearse con un buscador para usarla.
¿Se puede imprimir para entregarla en mano?
Sí. Junto con el email va un enlace para descargar la tarjeta en PDF, con su diseño, el importe, el código y el mensaje personal. Se imprime, se mete en un sobre y se entrega como se entregaba antes cualquier regalo. Es la solución para quien quiere que haya algo físico que abrir: un email es muy práctico y muy poco emocionante, y hay ocasiones —una cena de cumpleaños, una despedida en la oficina— en las que el momento de la entrega importa tanto como el regalo.
¿Se pueden juntar dos tarjetas en una misma reserva?
En el formulario de la web no: admite un código por reserva. Si dos personas han regalado dos tarjetas distintas a la misma persona, lo práctico es escribirnos por WhatsApp antes de reservar y decirlo; el agente organiza la reserva teniendo en cuenta los dos saldos. Lo decimos porque es una situación más frecuente de lo que parece —hermanos que regalan por separado, compañeros de trabajo que se enteran tarde— y preferimos avisar de la limitación antes de que alguien se lleve la sorpresa al reservar de madrugada.
¿Qué pasa si se pierde el email o el código?
El código no es la tarjeta: es la referencia de un saldo que está registrado a nombre de quien la recibe. Si el email se ha borrado o se ha perdido el papel, basta con escribirnos por WhatsApp indicando el email con el que se compró la tarjeta y la localizamos. El código tiene un formato pensado precisamente para eso: empieza por SM-GIFT y no usa letras ni números que se confundan al leerlos en voz alta o al copiarlos a mano.
¿Se puede regalar a alguien que no vive en Andalucía?
Sí, y es lo más habitual. La tarjeta llega por email, así que da igual desde dónde se compre y desde dónde se canjee. Trabajamos con clientes de toda España y las salidas se organizan desde el aeropuerto o la ciudad que le venga bien a quien viaja, no desde una única ciudad de origen. Lo único que hay que tener a mano al comprarla es el nombre y el email de la persona que la recibe.
¿Regalamos un viaje?
Se compra en dos minutos, la programas para el día que quieras y es válida 24 meses: crea aquí tu tarjeta regalo. Si prefieres que te ayudemos a decidir el importe, o si crees que le encaja mejor un viaje ya reservado, escríbenos y lo vemos contigo.
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