Cabo de Gata, Almería

Guía familiar

Cabo de Gata con niños: guía familiar honesta del parque natural

Por Viajes Santa Mona

Hay destinos de playa y luego está Cabo de Gata. El Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, en la provincia de Almería, es uno de los pocos tramos del litoral mediterráneo español que se libró del ladrillo, y eso se nota desde el primer minuto: calas de arena dorada y agua transparente sin un solo bloque de apartamentos detrás, acantilados de roca volcánica, un paisaje árido de palmito y chumbera que parece más africano que europeo, y pueblos blancos de casas bajas que siguen pareciendo pueblos de pescadores. Es espectacular. Y precisamente por eso, viajar aquí con niños no se parece en nada a bajar a la playa del hotel. En esta guía te contamos cómo es Cabo de Gata de verdad, qué playas funcionan mejor en familia, qué hay que llevar cuando no hay absolutamente nada y cómo organizarlo para que la aventura salga bien y no acabe en un mediodía de sed y llantos.

Qué es Cabo de Gata y por qué es distinto

Lo primero que conviene entender antes de meter la nevera en el maletero es que Cabo de Gata no es un destino turístico de playa, es un espacio natural protegido. El Parque Natural Cabo de Gata-Níjar ocupa un buen trozo del sureste de la provincia de Almería, con una franja marina protegida incluida, y esa figura de protección es la razón de que hoy siga siendo lo que es. Mientras el resto del Mediterráneo se llenaba de torres y paseos marítimos, aquí no se construyó, y el resultado es un litoral que se parece bastante a lo que era hace décadas.

El paisaje es de origen volcánico y sorprende a todo el mundo la primera vez. Las rocas tienen colores raros — rojizos, ocres, negros, morados — y forman acantilados, farallones y arrecifes que caen directamente al agua. Es también una de las zonas más áridas de Europa: llueve muy poco, la vegetación es baja y espinosa, y no hay ni un árbol grande a la vista en kilómetros. Esa aridez explica dos cosas que marcan el viaje con niños: la luz es durísima y la sombra natural prácticamente no existe.

Y luego están las playas, que son el motivo por el que la mayoría de familias acaba viniendo. Muchas de ellas son playas vírgenes sin paseo marítimo, sin chiringuito, sin duchas, sin hamacas y sin socorrista. Aparcas donde se puede, caminas un rato y llegas a un arenal enorme con el agua tan limpia que se ven los pies en el fondo. Es maravilloso y, dicho sin adornos, es exigente: todo lo que necesitéis durante el día lo tenéis que llevar puesto encima. Quien va esperando el modelo de playa urbana se lleva un chasco; quien va sabiendo lo que hay, se enamora.

Añadimos un aviso práctico importante: al ser un espacio protegido, el parque regula sus accesos, y en los meses de más afluencia el aparcamiento de algunas de las playas más famosas está limitado o controlado, con sistemas que cambian de un año a otro. No te fíes de lo que leas en foros antiguos: consulta la normativa y los accesos del año en curso antes de salir de casa, porque de eso depende que lleguéis a la playa o os quedéis dando vueltas con los niños en el coche.

Los Genoveses y Mónsul: las playas icónicas

Si Cabo de Gata tiene dos postales, son estas. La Playa de los Genoveses es una enorme ensenada en forma de media luna, con arena fina y dorada, un fondo de dunas y vegetación baja, y el agua entrando en tonos turquesa muy tendidos. Es larguísima, así que incluso en días concurridos se puede encontrar sitio, y su gran ventaja con niños es la entrada al agua muy progresiva: se camina y se camina y el agua sigue por la cintura, que es exactamente lo que buscas cuando llevas peques que aún no nadan bien.

La Playa de Mónsul, un poco más allá, es la más fotografiada del parque y la que sale en cuanto buscas imágenes de Cabo de Gata: una playa rodeada de formaciones volcánicas oscuras y presidida por una gran duna fósil y una roca enorme en mitad de la arena que se ha convertido en su símbolo. Ha aparecido en más de una película y se entiende por qué. A los niños les encanta porque la roca es un tobogán natural de juego y porque el conjunto parece un decorado.

Ahora la parte honesta: ninguna de las dos tiene servicios. Ni bar, ni baños, ni duchas, ni sombra, ni un sitio donde comprar una botella de agua. Se llega por una pista desde San José y en temporada alta el acceso en coche suele estar regulado, con transporte alternativo en algunos periodos. Repetimos el consejo: consulta la normativa y los accesos del año en curso, porque cambian. Con niños, la estrategia que funciona es ir temprano — el aparcamiento se llena pronto y además esquiváis las horas de más sol —, plantar la sombrilla nada más llegar y plantearlo como una jornada completa de playa autosuficiente. Si lo montáis así, son dos de las mejores playas familiares que vais a pisar nunca.

Las Negras, Agua Amarga y la Playa de los Muertos

El parque tiene mucho más litoral que sus dos estrellas, y algunas de esas opciones son bastante más cómodas en familia. Agua Amarga es, para nosotros, uno de los mejores planes con niños de toda la zona: es un pueblecito blanco muy cuidado con una playa de arena delante, aguas tranquilas y — esto es la clave — el pueblo justo detrás, con bares, terrazas, sombra y sitio donde comprar. Es la manera de vivir el ambiente de Cabo de Gata sin renunciar del todo a la comodidad.

Las Negras es otro pueblo pequeño, más rústico y con una playa de cantos y grava oscura en lugar de arena fina. Tiene un encanto tranquilo y auténtico, con esa mezcla de casas blancas y ambiente relajado que caracteriza a la zona, aunque el suelo de piedra lo hace menos cómodo para jugar con cubos y palas y hace muy recomendables las cangrejeras. Desde aquí sale también el camino hacia calas más aisladas, pero esas ya son rutas para caminantes, no para ir con carrito.

Y llegamos a la Playa de los Muertos, que técnicamente queda en la zona de Carboneras, en el extremo del parque, y que es probablemente la más espectacular de todas: un arenal blanco de cantos y arena gruesa con un agua de un azul casi irreal. Aquí toca ser muy claros: el acceso es duro. Se deja el coche arriba y se baja a pie por un sendero pedregoso, en pendiente y sin sombra, y después hay que subirlo de vuelta cargando con todo bajo el sol. No tiene servicios, el agua coge profundidad enseguida y no hay socorrista. Con adolescentes es una aventura memorable; con niños pequeños, carrito o bebés, nuestra recomendación sincera es dejarla para otro viaje.

San José y La Isleta del Moro: los pueblos costeros

San José es la capital oficiosa del parque y la base más lógica si queréis dormir dentro. Es un pueblo blanco de casas bajas alrededor de una bahía, con un pequeño puerto deportivo, la playa del propio pueblo y — muy importante con niños — la mayor concentración de servicios de toda la zona: supermercados, restaurantes, heladerías, alquiler de material de snorkel y algún alojamiento familiar. Desde aquí salen las pistas hacia Los Genoveses y Mónsul, así que la logística del día se simplifica mucho.

Su playa propia no es la más fotogénica del parque, pero cumple una función que las calas vírgenes no pueden cubrir: es la playa a la que puedes bajar sin planificar nada. Cuando ya habéis hecho una jornada épica de nevera y sombrilla, el día siguiente en la playa del pueblo, con un bar a veinte metros y baños cerca, se agradece más de lo que parece. Con niños, alternar playas salvajes y playas de pueblo es la clave para que la semana no se haga cuesta arriba.

La Isleta del Moro es otra parada obligatoria y, además, cortita: una aldea diminuta de pescadores con las barcas varadas en la orilla, un puñado de casas blancas y unos islotes justo enfrente que le dan su nombre y su estampa. Es de esos sitios que se ven en veinte minutos pero que se quedan en la memoria. Cerca está uno de los miradores más conocidos de la costa, con vistas amplias sobre el litoral, perfecto para una parada con el coche y unas fotos. Combinado con un helado, es un plan de tarde redondo con niños que no aguantan otro día entero de playa.

Níjar, su cerámica y las minas de oro de Rodalquilar

Cabo de Gata no es solo costa, y para un viaje en familia eso es una ventaja enorme: cuando el sol aprieta demasiado o alguien no quiere más arena, hay interior que visitar. Níjar es el pueblo grande de la comarca, un típico pueblo blanco andaluz colgado en la ladera de la sierra, y es conocido en toda España por su artesanía: la cerámica de Níjar, con sus piezas de colores vivos y sus vidriados característicos, y las jarapas, las mantas y alfombras tejidas a mano con tiras de tela. Pasear por su calle de talleres y alfarerías es un plan tranquilo, a la sombra de las fachadas encaladas, y a los niños les suele entretener asomarse a ver cómo se trabaja el barro.

Pero si hay una visita que dispara la imaginación de los peques, esa es Rodalquilar. Este pueblo del interior del parque fue durante décadas un centro de minería de oro, y cuando la explotación se abandonó quedaron en pie las enormes estructuras de la planta de tratamiento, escalonadas en la ladera como una ciudad fantasma de hormigón. El contraste entre esas ruinas industriales y el paisaje volcánico rojizo alrededor es impresionante, y contarles a los niños que ahí se sacaba oro de verdad convierte la visita en una historia de aventuras. Es una parada muy fotogénica y distinta a todo lo demás.

El pueblo de Rodalquilar en sí es pequeño y tranquilo, con jardines y algún centro de interpretación del parque donde entender mejor lo que estáis viendo. Igual que con cualquier equipamiento de un espacio natural, consulta horarios y accesos del año en curso antes de ir, porque varían según la temporada. Nuestro consejo con niños es reservar estas visitas de interior para media mañana o para el final de la tarde, y dejar las horas centrales del día para la sombra, la piscina o la siesta.

El faro de Cabo de Gata y el arrecife de las Sirenas

En el extremo sur del parque, donde la tierra se acaba de golpe, está el faro de Cabo de Gata, uno de los rincones más impresionantes de todo el litoral andaluz. La carretera sube por un acantilado y desemboca en un mirador desde el que se ve el mar abierto, la costa recortándose hacia el horizonte y, justo debajo, el arrecife de las Sirenas: un grupo de agujas de roca volcánica negra que emergen del agua como colmillos, restos de una antigua chimenea volcánica erosionada por el mar.

El nombre viene de las focas monje que en otros tiempos se tumbaban en esas rocas y cuyos sonidos, según cuenta la tradición, dieron pie a las historias de sirenas de los marineros. Es una leyenda que a los niños les fascina y que convierte un mirador en un cuento. Ya no hay focas, pero las rocas siguen ahí y la vista sigue quitando el hipo, sobre todo a última hora de la tarde cuando la luz se pone dorada.

Como plan familiar es de los más agradecidos porque es corto, gratuito y no requiere caminar apenas: se aparca, se sale al mirador, se miran las rocas y se hace la foto. Eso sí, es un sitio muy expuesto, así que id con gorra y agua incluso para un rato breve, y sujetad bien a los peques cerca de las barandillas porque estáis sobre un acantilado. Se puede encadenar perfectamente con la visita a las salinas, que quedan de camino.

Las Salinas y los flamencos

De camino al faro, la carretera bordea las Salinas de Cabo de Gata, unas salinas todavía en funcionamiento que forman una lámina de agua somera separada del mar por una barra de arena. Ese humedal es una de las zonas de mayor valor para las aves de todo el sur peninsular y funciona como parada para miles de ejemplares en sus rutas migratorias. Las estrellas, y las que se llevan todas las miradas de los niños, son los flamencos, que aparecen en grupos rosados sobre el agua quieta.

Hay observatorios de aves habilitados junto a la carretera, con paneles que explican qué especies se pueden ver, y están pensados justo para esto: mirar sin molestar. Es una parada de veinte minutos, gratuita, con aparcamiento a pie de carretera y sin caminatas, así que encaja en cualquier momento del día y no exige nada a las piernas de los peques. Llevad prismáticos si tenéis; cambian por completo la experiencia y son el tipo de trasto que a los niños les encanta manejar.

Una advertencia para no crear falsas expectativas: la cantidad de aves varía muchísimo según la época del año, el nivel del agua y el momento del ciclo salinero. Hay días de cientos de flamencos y días de casi ninguno. Nunca lo vendáis a los niños como algo garantizado; plantéalo como una sorpresa posible y, si están, la alegría es doble. Junto a las salinas está también la iglesia de la zona, un pequeño hito blanco que se ha convertido en otra de las imágenes reconocibles de Cabo de Gata.

Snorkel y fondos marinos

Aquí está, para muchas familias, el verdadero tesoro escondido de Cabo de Gata. La franja marina del parque está protegida, y eso, unido a los fondos rocosos de origen volcánico y a las praderas de posidonia, hace que el agua sea de las más transparentes y con más vida del Mediterráneo español. No hace falta ser buceador ni bajar a ninguna profundidad: con unas gafas y un tubo, a dos metros de la orilla y con los pies casi tocando, ya se ven peces, erizos, rocas cubiertas de algas y bancos plateados moviéndose en grupo.

Para niños es un descubrimiento de los que enganchan. Las zonas donde el fondo mezcla arena y roca — los extremos de las calas, los alrededores de los islotes, las orillas de los pueblos costeros — son las mejores para empezar, porque hay vida pero el agua sigue siendo poco profunda y tranquila. Recomendamos gafas de bucear para cada uno (las compartidas acaban en discusión), camiseta de licra con protección solar para la espalda, que es donde más se quema todo el mundo boca abajo en el agua, y cangrejeras para entrar y salir sin cortarse con la roca.

Dos reglas que conviene explicar a los peques desde el primer día, porque estamos en un parque natural: no se toca ni se coge nada — ni conchas vivas, ni erizos, ni por supuesto animales — y no se pisa la pradera de plantas marinas. Convertirlo en un juego de observación en vez de en una recolección hace que la experiencia sea mejor y enseña algo que se llevan puesto de vuelta a casa. Y por seguridad: siempre acompañados, siempre cerca de la orilla y siempre pendientes de la corriente, porque recordad que en la mayoría de estas calas no hay socorrista.

Cuándo ir con niños

Si podéis elegir fechas, la respuesta es fácil: primavera y otoño. En primavera el parque vive su mejor momento visual, porque el paisaje árido se cubre de floración baja y los colores de la roca contrastan con el verde de temporada; las temperaturas son perfectas para caminar, las playas están prácticamente vacías y el sol todavía no castiga. En otoño el mar conserva el calor acumulado del verano, así que el baño sigue siendo agradable mientras el ambiente ya se ha suavizado y la afluencia ha caído en picado.

El verano es la temporada alta y también la más exigente. Almería es de las provincias más cálidas y secas de España, y en Cabo de Gata eso se traduce en calor fuerte, luz muy intensa y, sobre todo, sombra escasa o inexistente en casi todas las calas. Las horas centrales del día en una playa sin un solo árbol y sin chiringuito donde refugiarse son duras con niños. Si vais en verano, el plan que funciona es madrugar de verdad: playa de ocho a doce o una, comida y siesta bajo techo, y salida otra vez a media tarde. Es un poco de disciplina que cambia por completo la experiencia. Además, es cuando más probable es que haya regulación de acceso y aparcamiento en las playas más demandadas, así que consulta la normativa y los accesos del año en curso.

El invierno tiene su público y no hay que descartarlo: los días soleados son suaves, los pueblos están tranquilísimos y para caminar, visitar Níjar y Rodalquilar o asomarse al faro es una época estupenda. El baño ya no acompaña, salvo a los muy valientes, pero como escapada de paisaje y pueblos con niños mayores funciona muy bien.

Lo imprescindible: agua, sombra y calzado

Esta es la sección más importante de toda la guía, y si solo os quedáis con una cosa, que sea esta: en muchas playas de Cabo de Gata no hay absolutamente nada. Ni un grifo, ni un baño, ni una máquina de bebidas, ni una tienda a la que mandar a alguien a por hielo. Lo que llevéis es lo que vais a tener durante todo el día, y con niños ese margen no se puede improvisar.

El agua es lo primero y va en cantidades mayores de las que calculéis: con calor seco, sal y sol, el consumo se dispara y quedarse corto a las dos de la tarde en una cala sin salida rápida es el escenario que hay que evitar. Detrás va la comida: nevera portátil, bocadillos, fruta y picoteo, porque no hay chiringuito donde resolverlo. Y en tercer lugar, la sombra, que aquí no es un lujo sino equipamiento de seguridad: sombrilla robusta o, mejor aún, toldo o carpa de playa con anclajes, porque el viento juega en contra de las sombrillas endebles. Sumad crema solar de sobra, gorras y camisetas de licra.

El calzado es el otro punto que la gente subestima. A muchas calas se llega por pistas de tierra, senderos con piedra suelta o tramos en pendiente, y hacer eso en chanclas con un niño de la mano y una nevera en la otra es la receta de un tobillo torcido. Llevad zapatillas o sandalias cerradas de trekking para el acceso y cangrejeras para el agua y las playas de canto.

Y hay un factor local que hay que conocer: el viento de levante. Cuando sopla, levanta arena, mueve el mar y puede arruinar un día de playa perfectamente planificado, sobre todo en las calas más expuestas. La buena noticia es que el parque tiene playas orientadas de formas distintas, así que con levante suele haber alternativas más resguardadas: mirad el parte antes de decidir a cuál vais y tened siempre un plan B — un pueblo, un mirador, Níjar — preparado. Añadid a la mochila una bolsa para la basura: no hay papeleras, y en un parque natural todo se vuelve con vosotros.

Cabo de Gata con bebés

Con bebés se puede ir, pero hay que elegir mucho mejor y renunciar a parte del catálogo. El primer filtro es el acceso: los senderos pedregosos y en pendiente hacen que el carrito sea inútil en buena parte del parque, así que si vais con bebé lo práctico es una mochila portabebés y quedarse con las playas a las que se llega sin drama, empezando por las de los propios pueblos.

El segundo filtro es la sombra. Un bebé no puede pasar horas al sol y aquí no hay ni un árbol, así que el toldo o la carpa de playa con protección solar dejan de ser opcionales. La arena es otro detalle a tener en cuenta: las playas de arena fina como Los Genoveses son cómodas para tumbar una manta, pero las de canto grueso como Las Negras o Los Muertos son incómodas de verdad con un bebé que quiere gatear.

Y el tercero, la logística: sin baños, sin agua corriente y sin cambiador en ninguna cala virgen, todo lo que implique cambiar, limpiar o dar de comer lo tenéis que resolver vosotros. Por eso, con bebés, nuestra recomendación clara es alojarse fuera del parque en un hotel con servicios y hacer Cabo de Gata en excursiones cortas de media jornada, volviendo a la comodidad para la siesta. Las playas de pueblo — San José, Agua Amarga — combinadas con paradas fáciles como el faro y las salinas dan un viaje perfectamente disfrutable sin poner a nadie en apuros.

Dónde alojarse y cómo llegar

Hay dos maneras de plantear el alojamiento y las dos son legítimas. La primera es dormir dentro del parque, normalmente en San José o en alguno de los pueblos pequeños. Ventaja: estáis en el paisaje, llegáis a las calas antes que nadie y vivís los atardeceres desde dentro. Inconveniente: la oferta de alojamiento es limitada por la propia protección del entorno, los servicios son los que son y todo hay que resolverlo con más previsión.

La segunda, y la que mejor funciona para la mayoría de familias con niños pequeños, es alojarse fuera y entrar al parque en excursiones de día. Aquí la provincia de Almería juega a favor: Roquetas de Mar, al oeste de la capital, y Mojácar, al norte, concentran la oferta de hoteles familiares y de todo incluido de la zona, con piscinas, animación y comidas resueltas. La combinación es difícil de mejorar: playa salvaje de día y hotel con servicios por la noche. Los niños se desfogan en la naturaleza y luego tienen su piscina, su cena sin discusiones y su aire acondicionado. Podéis ver las opciones en nuestras guías de hoteles en Roquetas de Mar en todo incluido y de hoteles en Mojácar para familias.

Almería capital es la tercera opción y tiene su gracia: queda cerca de la entrada del parque, tiene su casco histórico, su ambiente de ciudad y una vida propia que da variedad a la semana. Si queréis ampliar el radio del viaje por esta esquina del sureste, os interesará nuestra guía de la Costa Tropical y Almería, y si vuestras fechas caen a finales de agosto, echad un ojo a la Feria de Almería. Para comparar este litoral con el otro extremo de Andalucía, tenéis también las mejores playas de la Costa de la Luz con niños, que son una escuela completamente distinta de playa familiar.

En cuanto a cómo llegar, el aeropuerto de referencia es el de Almería, situado a poca distancia por carretera de la entrada del parque, y desde el resto de España la conexión por autovía también es cómoda. Lo que sí es prácticamente obligatorio es el coche: dentro de Cabo de Gata las distancias entre pueblos y calas se cubren por carreteras estrechas y pistas, y el transporte público es escaso. Volar a Almería y alquilar coche, o venir en coche propio, son las dos fórmulas que funcionan. Consulta horarios y precios actuales de los vuelos al fijar las fechas, y recuerda una vez más comprobar la normativa y los accesos del año en curso a las playas antes de salir hacia el parque.

Preguntas frecuentes

¿Es Cabo de Gata un buen destino para ir con niños?

Sí, pero con matices y conviene saberlos antes de ir. Cabo de Gata es un parque natural protegido, no un destino de playa urbana: muchas de sus calas no tienen paseo marítimo, ni chiringuito, ni socorrista, ni una tienda a la que bajar a por agua. Eso es justo lo que lo hace espectacular y lo que lo convierte en un viaje que hay que preparar. Con niños funciona muy bien si vais con la mentalidad de excursión a la naturaleza — nevera, agua de sobra, sombrilla, comida, calzado cómodo — y no con la de bajar en chanclas del hotel. Si asumís eso, el premio es enorme: aguas transparentes, arena limpia y paisajes de otro planeta que los peques recuerdan durante años.

¿Cuáles son las mejores playas de Cabo de Gata para familias?

Las dos más famosas son la Playa de los Genoveses y la Playa de Mónsul, ambas cerca de San José, y las dos son grandes arenales de agua muy limpia y entrada tendida, ideales para niños en cuanto al baño. El pero es que no tienen servicios de ningún tipo, así que hay que llevarlo todo. Para familias que quieran algo más cómodo, las playas de los propios pueblos — San José, Agua Amarga, Las Negras, La Isleta del Moro — son la opción más práctica, porque tienen el pueblo detrás con bares, sombra y baños. En verano el acceso a algunas playas del parque está regulado, así que consulta la normativa y los accesos del año en curso antes de planificar el día.

¿Cuándo es la mejor época para ir a Cabo de Gata con niños?

La primavera y el otoño son claramente los mejores momentos con niños. En primavera el paisaje árido se llena de flor, las temperaturas son amables y las playas están vacías. En otoño el mar sigue templado de las semanas de calor y hay mucha menos gente. El verano es la temporada alta y también la más dura: hace mucho calor, el sol pega sin tregua y la sombra natural es escasísima en casi todas las calas, así que las horas centrales del día son incómodas con peques. El invierno es suave y muy bonito para caminar y visitar pueblos, aunque el baño ya no acompañe.

¿Qué hay que llevar sí o sí a las playas de Cabo de Gata?

Esta es la pregunta más importante de todas. En muchas calas no hay absolutamente nada, así que la lista mínima con niños es: mucha agua — más de la que creéis que vais a necesitar —, comida o picoteo, sombrilla o toldo de playa porque la sombra natural no existe, crema solar de sobra, gorras, calzado cerrado o cangrejeras para bajar por caminos de tierra y piedra, y una bolsa para llevaros toda la basura de vuelta. Añadid gafas de bucear si queréis aprovechar los fondos y una muda seca. Y contad con que la cobertura del móvil puede fallar en algunos rincones del parque.

¿Dónde conviene alojarse para visitar Cabo de Gata en familia?

Hay dos filosofías y las dos son válidas. Una es dormir dentro del parque, sobre todo en San José, que es el pueblo con más servicios y la base natural para moverse: te levantas ya dentro del paisaje y llegas a las calas antes que nadie. La otra, y la que suele encajar mejor con familias con niños pequeños, es alojarse en un hotel de todo incluido en Roquetas de Mar o en Mojácar y hacer Cabo de Gata en excursiones de día. Así tenéis lo mejor de los dos mundos: playa salvaje por la mañana y hotel con piscina, comidas resueltas y aire acondicionado por la noche.

¿Se puede ver flamencos en Cabo de Gata con niños?

Sí, y es uno de los planes que más engancha a los peques. Las Salinas de Cabo de Gata, junto a la carretera que lleva al faro, son unas salinas en activo que funcionan como humedal y atraen a miles de aves, con los flamencos como estrella indiscutible. Hay observatorios habilitados a pie de carretera desde los que se ven sin molestar a los animales. Es una parada corta, gratuita y muy agradecida: se aparca, se mira un rato con prismáticos y se sigue. La cantidad de aves varía muchísimo según la época del año y el nivel del agua, así que unos días se ven cientos y otros muy pocos.

¿Merece la pena ir a la Playa de los Muertos con niños?

Es probablemente la playa más fotografiada de la zona y una de las más bonitas del litoral español, pero hay que ser honestos: el acceso es duro. Se baja a pie por un sendero pedregoso y en pendiente desde el aparcamiento, y luego hay que subirlo de vuelta con el calor del mediodía, la nevera, la sombrilla y los niños cansados. Con adolescentes puede ser una gran aventura; con niños pequeños, carrito o bebés, no la recomendamos. Además no tiene servicios ni sombra y sus aguas son profundas enseguida. Si vais, id temprano y con calzado cerrado.

¿Cómo se llega a Cabo de Gata?

El aeropuerto de referencia es el de Almería, que está a poca distancia por carretera de la entrada del parque, y desde el resto de España también se llega bien por autovía. Dentro del parque el coche es prácticamente imprescindible: los pueblos y las calas están separados entre sí por carreteras estrechas y caminos, y el transporte público es limitado. Con niños, la fórmula más cómoda es volar a Almería y coger un coche de alquiler, o llegar en coche propio si venís desde Andalucía o Levante. Consulta horarios y precios actuales de vuelos al fijar las fechas.

¿Os organizamos la escapada a Cabo de Gata en familia?

Cuéntanos fechas, cuántos sois y las edades de los peques, y el equipo de Viajes Santa Mona os prepara el viaje a medida: hotel familiar con todo incluido como base en la costa de Almería, coche o traslados desde el aeropuerto y las excursiones al parque natural ordenadas para que ninguna se os haga cuesta arriba. Presupuesto cerrado y sin letra pequeña.

Escríbenos por WhatsApp

Más guías que te pueden servir