Playa caribeña de aguas turquesas

Consejos de viaje

Viaje de novios: cómo organizarlo y qué preguntar antes de contratarlo

Por Viajes Santa Mona

Para mucha gente el viaje de novios es, sencillamente, el viaje más caro que va a hacer en su vida. Más que ningún verano, más que cualquier escapada, y encima con la particularidad de que se organiza en el peor momento posible: en mitad del lío de una boda, cuando la cabeza está en el catering, en el traje y en la lista de invitados. Así se explica el patrón que vemos una y otra vez — parejas que dedican nueve meses a decidir el menú y tres semanas a decidir un viaje que cuesta cinco veces más. Esta guía va de lo contrario: de organizarlo con cabeza, con tiempo y sabiendo exactamente qué preguntar antes de dar ningún dato de pago. No hay recomendaciones de destino de folleto ni promesas vacías; hay calendario, presupuesto, seguros, letra pequeña y una lista de preguntas para copiar y pegar.

Cuándo empezar: por qué 8-12 meses no es exagerado

La reacción habitual cuando decimos esto es «¿un año antes, para un viaje de una semana?». Y tiene sentido pensarlo, porque una semana de playa se puede reservar en quince días. Pero lo que se decide con antelación no es la reserva: es el margen de maniobra. A doce meses vista todavía podéis mover el destino, la duración y hasta la fecha de salida para que todo encaje. A tres meses vista ya no movéis nada: encajáis lo que queda libre.

Hay cuatro cosas concretas que ganáis empezando pronto, y ninguna tiene que ver con el precio. La primera es la disponibilidad de la habitación buena: en un viaje de novios la categoría concreta importa más que en cualquier otro viaje, y las categorías especiales son pocas por hotel y se agotan antes que las estándar. La segunda son las vacaciones del trabajo, que en muchas empresas se piden y se cierran con meses de antelación. La tercera es la lista de bodas, que necesita estar abierta antes de que salgan las invitaciones para que sirva de algo. Y la cuarta, la menos evidente: tiempo para comparar sin prisa, que es justo lo que evita reservar lo primero que os enseñen porque la boda es dentro de seis semanas.

Sobre el precio sí conviene ser honestos: la antelación no garantiza pagar menos. Hay temporadas y destinos en los que reservar pronto sale mejor y otros en los que aparecen oportunidades de última hora. Lo desarrollamos con detalle en cuándo reservar un viaje al Caribe y en reservar con antelación o de última hora. Lo que sí garantiza la antelación es elegir, en vez de conformarse. En un viaje de novios, eso vale más que un descuento.

El calendario, paso a paso

Este es el orden que funciona. No es una ley, pero sí el reparto que evita los atascos típicos, sobre todo el de descubrir en el último momento que las vacaciones no coinciden con la mejor época del destino elegido:

CuándoQué tocaPor qué en ese momento
12-10 meses antesDecidir tipo de viaje, duración aproximada y presupuesto total con el que os sentís cómodosTodo lo demás depende de estas tres cifras. Sin ellas se compara a ciegas
10-8 meses antesCruzar la fecha de la boda con la época buena de cada destino candidato y pedir las vacacionesEs lo que descarta destinos y evita elegir el sitio correcto en el mes equivocado
9-7 meses antesAbrir la lista de bodas de viaje y compartir el enlace con la familia cercanaTiene que estar viva antes de que salgan las invitaciones
8-5 meses antesPedir propuestas concretas, comparar con las mismas condiciones y confirmar la reservaHay disponibilidad real de categorías de habitación y de horarios de vuelo decentes
6-4 meses antesRevisar pasaportes y documentación del destino; empezar vacunas o trámites si el destino los pideRenovar un pasaporte tarda, y algunos trámites tienen plazos propios
3-2 meses antesCerrar el resto del pago según el calendario acordado y cuadrar traslados y horariosEl plazo final va fijado en la reserva y conviene no dejarlo para la semana de la boda
Último mesDocumentación en el móvil y en papel, seguro a mano, avisar al hotel de que sois recién casadosEs lo único que debería quedar pendiente cuando la boda ya ocupa toda la cabeza

Cuadrarlo con la boda y con las vacaciones del trabajo

Aquí está el nudo que hace fracasar más planificaciones, y no es el dinero: es el calendario. Un viaje de novios tiene que encajar a la vez con la fecha de la boda, con los días que os deja el trabajo a cada uno y con la temporada buena del destino. Tres condiciones que rara vez coinciden solas. Si os casáis en septiembre y soñabais con el Caribe, tenéis un problema de temporada. Si os casáis en agosto y en la empresa de uno de los dos agosto está bloqueado, tenéis un problema de días. Descubrir cualquiera de esas dos cosas con el viaje ya reservado es lo que convierte un viaje soñado en un apaño.

El orden que recomendamos es contraintuitivo pero funciona: primero mirad los días que podéis coger, después la época del destino, y solo al final el destino concreto. Casi todo el mundo lo hace al revés — elige el destino soñado y después intenta hacerlo caber — y de ahí salen las lunas de miel de cinco días con veinte horas de avión, que es matemáticamente una mala idea.

Dos detalles prácticos que casi nadie tiene en cuenta. El primero: salir el día siguiente a la boda es agotador, y con vuelo largo y escala, más. Dos o tres días de margen se notan muchísimo. El segundo: los vuelos con escala cambian el cálculo de días disponibles. Un viaje que sobre el papel es de nueve días puede convertirse en siete útiles según a qué hora se sale y se vuelve, y según desde qué aeropuerto salgáis. Desde Andalucía esto pesa más de lo que parece: de Jerez no salen vuelos intercontinentales, así que lo habitual es enlazar vía Madrid o salir desde Sevilla o Málaga, y cada opción come una cantidad distinta de horas al primer y al último día. Lo desglosamos en vuelos al Caribe desde Andalucía. Contad días útiles, no días de calendario.

La lista de bodas de viaje: cómo funciona de verdad

La lista de bodas de toda la vida, la del juego de sábanas y la vajilla, hace años que dejó de tener sentido para la mayoría de parejas que ya conviven. Lo que ha ocupado su sitio es la lista de bodas de viaje: en lugar de regalar objetos, los invitados aportan al viaje. Y funciona mucho mejor de lo que la gente supone, porque resuelve un problema real de los dos lados: la pareja no acumula cosas que no necesita y el invitado deja de dar vueltas pensando qué regalar.

El mecanismo, sin misterio: la pareja crea su lista y obtiene un enlace propio que puede compartir por WhatsApp o incluir en la invitación. Cada invitado entra, elige el importe que quiere aportar, escribe su felicitación si le apetece y recibe por correo las instrucciones para completar la aportación. La pareja ve el total crecer en su propia página con una barra de progreso; los importes individuales son privados y en el muro público solo aparecen las felicitaciones de quien quiere aparecer. En nuestra lista de luna de miel crear la lista es gratis y ni la pareja ni los invitados pagan comisiones por usarla.

Tres cosas que conviene tener claras antes de abrirla. Una: el objetivo es orientativo. Si no se llega, no pasa nada — se completa la diferencia y ya está; si sobra, se destina a extras del viaje o al siguiente. Dos: no os ata a un catálogo cerrado; lo recaudado se aplica al viaje que elijáis, sea Caribe, sea Europa o sea una escapada larga por España. Tres, y esta es la de sentido común: abridla pronto. Una lista que se comparte tres semanas antes de la boda llega tarde, porque mucha gente ya ha decidido qué hace con su regalo. Si además queréis regalar un viaje a otra pareja, o que os lo regalen a vosotros, lo contamos en cómo regalar un viaje.

Qué destino encaja según cuándo os caséis

Aquí es donde más se equivoca la gente, y el error no es elegir mal el destino: es elegir el destino correcto en el mes equivocado. El Caribe es el ejemplo perfecto porque es el destino estrella de los viajes de novios españoles y porque su calendario tiene dos variables que no se solapan del todo.

La primera es la temporada de huracanes, que va oficialmente del 1 de junio al 30 de noviembre y concentra su pico en septiembre. La segunda es el sargazo, el alga que llega a algunas playas y cuya temporada fuerte va aproximadamente de mayo a agosto, con los picos habituales entre junio y julio. Fijaos en la paradoja: septiembre y octubre suelen tener menos sargazo justo cuando sube el riesgo meteorológico. Por eso no existe un mes perfecto, sino un mes que encaja mejor con lo que a vosotros os importe más. Los dos asuntos los tratamos a fondo en temporada de huracanes en el Caribe y en el sargazo, destino por destino.

Traducido a decisiones: si os casáis entre noviembre y abril, el Caribe es una elección redonda — es su mejor época, con la contrapartida de que Navidad, fin de año y Semana Santa son las fechas más caras del año. Si os casáis en mayo o junio, sigue siendo buena opción vigilando la orientación de la playa del hotel, porque las playas abiertas al este son las más expuestas al alga. Si os casáis en septiembre u octubre, que es de las épocas de boda más habituales en España, hay dos caminos sensatos: viajar igualmente asumiendo el riesgo meteorológico con un buen seguro y condiciones flexibles, o separar la boda del viaje y dejar la luna de miel para el invierno siguiente. Esta segunda opción, que suena a renuncia, es de las mejores decisiones que hemos visto tomar: viajáis en la mejor época, con más dinero ahorrado y sin el cansancio de la boda encima.

Y si el Caribe no encaja con vuestras fechas, hay alternativas que funcionan justo en los meses en los que él flojea: el Mar Rojo egipcio y Cabo Verde rinden muy bien en otoño e invierno, y las islas griegas o la costa turca son opciones de verano y principio de otoño. Para comparar destinos caribeños entre sí, tenemos comparativas dedicadas — Punta Cana o Riviera Maya para novios, Cancún o Punta Cana y la guía de luna de miel en el Caribe — además de las guías completas de Punta Cana, Riviera Maya y Cancún.

El margen que hay que dejar fuera del paquete

Un viaje de novios se presupuesta mal por un motivo muy concreto: se compara el precio del paquete y se da por hecho que ese es el coste del viaje. No lo es. El paquete cubre normalmente vuelo, hotel en el régimen contratado y traslados, y todo lo demás va aparte. En un viaje de una semana en la costa española eso apenas se nota; en un viaje largo y lejano se nota, y mucho.

Los conceptos que más veces provocan el «no contaba con esto» son estos, y merece la pena ponerles número antes de reservar en lugar de descubrirlos allí: tasas o impuestos que se pagan en destino; excursiones, que en destinos como la Riviera Maya o Punta Cana son parte del atractivo del viaje y no salen baratas; restaurantes de especialidades que se reservan aparte aunque el hotel sea todo incluido; propinas, que en el Caribe forman parte de la cultura del servicio; equipaje adicional; conexión a internet fuera de la Unión Europea, donde el roaming no funciona como en casa; y los caprichos propios de un viaje que no vais a repetir. Cada uno de esos puntos tiene su artículo — propinas en el Caribe, internet y eSIM, excursiones en Punta Cana y qué no incluye el todo incluido.

Sobre cómo se paga, el patrón del sector es siempre el mismo: una parte al confirmar la reserva y el resto antes de la salida, con fechas fijadas por escrito desde el principio. Lo que no es siempre igual es el importe de ese primer pago: depende del proveedor, del tipo de viaje, de si lleva vuelo y de la antelación, así que desconfiad de quien os dé una cifra genérica sin mirar vuestro caso. Lo explicamos entero en cómo se paga un viaje con agencia.

Los seguros que sí importan cuando el viaje cuesta lo que cuesta

En un fin de semana en la playa, el seguro es una casilla más. En un viaje de novios intercontinental, es una decisión de peso, porque hay mucho dinero pagado por adelantado y porque estáis lejos. Conviene separar dos coberturas que la gente confunde y que no cubren lo mismo en absoluto.

El seguro de cancelación protege el dinero pagado si por una causa cubierta no podéis viajar. Es la cobertura que más sentido tiene precisamente en este tipo de viaje: importe alto, pagado con meses de antelación y con una boda de por medio que puede complicarse. Lo determinante no es el precio de la póliza, sino qué causas admite: hay pólizas con una lista cerrada y estricta y pólizas de cancelación por cualquier motivo, que cuestan más y suelen reembolsar solo un porcentaje. Leed esa parte antes de contratar, no después.

El seguro de asistencia en viaje cubre lo que pasa una vez allí: gastos médicos, hospitalización, repatriación, equipaje y demoras. Fuera de Europa esto deja de ser opcional en la práctica, porque no hay tarjeta sanitaria que valga y una urgencia médica se paga íntegra. Aquí lo que hay que mirar es el límite de la cobertura médica y las exclusiones. Un seguro barato con un límite bajo en un destino donde una noche de hospital cuesta lo que cuesta es tranquilidad de mentira. Lo detallamos en el seguro de viaje para el Caribe y en cuándo compensa un seguro de viaje.

Y un tercer punto que no es un seguro pero funciona como tal: las condiciones de cambio y cancelación de la propia reserva. Antes de firmar hay que saber hasta cuándo se puede modificar, con qué coste y qué parte del viaje es la rígida — casi siempre los vuelos. Si vuestra fecha de boda todavía puede moverse, decidlo desde el primer mensaje: cambia por completo qué tarifa conviene contratar. El escenario completo lo contamos en cancelar o cambiar un viaje.

Las 12 preguntas antes de firmar (para copiar y pegar)

Esta es la parte más útil del artículo. Copiadlas tal cual y mandádselas a quien esté preparando vuestro viaje, seamos nosotros o cualquier otra agencia. Una agencia seria las responde todas por escrito y sin rodeos; si alguna se contesta con vaguedades, ahí tenéis la información más valiosa de todas:

  • ¿Qué incluye exactamente el precio y qué queda fuera? Pedid el desglose escrito, no un resumen.
  • ¿Qué categoría de habitación exacta es la contratada y en qué régimen? «Habitación doble» no dice nada: los nombres comerciales varían mucho dentro del mismo hotel.
  • ¿Los traslados están incluidos en los dos sentidos, son privados o compartidos, y quién nos espera si el vuelo se retrasa?
  • ¿Qué compañía y qué itinerario de vuelo lleva la reserva, cuántas escalas hay y cuánto margen queda entre conexiones?
  • ¿El equipaje facturado está incluido y con qué peso, en todos los tramos?
  • ¿Cuál es el calendario de pagos, qué importe corresponde a cada plazo y qué queda garantizado con cada uno?
  • ¿Qué condiciones de cancelación y de cambio se aplican, hasta qué fecha y con qué coste en cada tramo?
  • ¿Qué pasa si se aplaza la boda o si tenemos que mover las fechas? Esta es la pregunta que casi nadie hace.
  • ¿Qué seguro va incluido, qué cubre exactamente, cuáles son sus límites y qué mejoras existen?
  • ¿Quién responde si hay un problema estando allí, por qué canal, en qué horario y en qué idioma?
  • ¿Qué documentación necesitamos para ese destino y con cuánta antelación hay que tramitarla?
  • ¿El hotel sabrá que somos recién casados y qué detalles suele ofrecer? No siempre hay nada garantizado, pero pedirlo cuesta un mensaje.

Añadid una decimotercera si os están comparando presupuestos de varias agencias: pedid que todas os coticen exactamente lo mismo — mismo hotel, misma categoría de habitación, mismo régimen, mismos vuelos y mismo seguro. La mayoría de diferencias de precio entre presupuestos de viajes de novios no son descuentos: son conceptos distintos. Si además queréis comprobar que la agencia es de fiar antes de dar ningún dato, tenemos una guía completa de cómo saber si una agencia de viajes es fiable.

Qué aporta un agente personal (y qué no)

Vamos a ser francos, porque esta es la parte en la que más humo se vende. Una agencia no os va a conseguir siempre el precio más bajo de internet, y quien prometa eso está exagerando. Tampoco puede garantizar que no se retrase un vuelo, que no haya sargazo la semana que vais o que el tiempo acompañe. Nadie puede. Lo que sí cambia, y cambia de verdad, es lo que ocurre cuando algo se tuerce a ocho mil kilómetros de casa.

El escenario es siempre parecido. Llegáis de madrugada tras un vuelo largo y el traslado no aparece. O el hotel os asigna una habitación que no es la contratada. O un vuelo de vuelta se cancela y hay que recolocar el regreso. Reservando por vuestra cuenta, eso significa un formulario web, un teléfono de atención en otro idioma y una espera con el equipaje en la mano. Con un agente personal, significa un mensaje de WhatsApp a alguien que tiene vuestro expediente delante, que sabe qué se contrató exactamente y que puede hablar con el proveedor mientras vosotros esperáis sentados. No es magia; es que la gestión la hace otro y la hace desde España, con la documentación a mano.

Hay un segundo aporte, menos dramático pero igual de real: el filtro previo. Un buscador os enseña doscientos hoteles y todos parecen buenos en las fotos. Alguien que conoce los destinos os quita de encima los que no encajan con vuestras fechas, os avisa de que ese hotel precioso está en una playa muy expuesta al alga en el mes que viajáis, y os dice cuándo un hotel solo para adultos tiene sentido y cuándo no. Si preferís empezar mirando por vuestra cuenta, el buscador de hoteles está abierto y sin registro; y si queréis ver la comparación completa entre las dos formas de reservar, la hicimos en agencia de viajes o por tu cuenta.

Los errores que más veces nos toca deshacer

Después de muchos viajes de novios organizados, los tropiezos se repiten con una fidelidad asombrosa. El primero ya lo hemos contado: empezar tarde, con el resultado de elegir entre lo que queda. El segundo es elegir el destino antes que la fecha, que lleva a viajar al sitio adecuado en el peor mes. El tercero es comparar presupuestos que no son comparables, y quedarse con el más barato sin ver que lleva otra categoría de habitación, otro régimen o vuelos con dos escalas.

El cuarto es presupuestar solo el paquete y descubrir en destino que las excursiones, las tasas y los restaurantes de especialidades suman lo que suman. El quinto, no leer las condiciones de cambio hasta que hay que cambiar algo. Y el sexto, muy nuestro y muy de bodas: volar el día después de la boda con escala incluida y perder el primer día del viaje durmiendo.

Ninguno de los seis tiene que ver con el dinero. Todos tienen que ver con el orden en el que se toman las decisiones. Por eso insistimos tanto en el calendario: en un viaje de novios, organizarse bien vale más que cualquier oferta. Y si además queréis que el hotel prepare algún detalle a la llegada, o estáis pensando en una pedida o en celebrar allí un aniversario, se puede montar con el hotel de antemano —lo contamos en pedidas y aniversarios en el Caribe— igual que conviene revisar con tiempo la documentación para viajar al Caribe, sobre todo si uno de los dos va a cambiar de apellido o tiene el pasaporte a punto de caducar.

Preguntas frecuentes

¿Con cuánta antelación hay que organizar un viaje de novios?

Lo razonable es empezar a hablarlo entre ocho y doce meses antes de la boda, y no porque haya que reservar ya, sino porque a esa distancia todavía se pueden mover piezas. Con ese margen se elige el destino en función de la fecha real de la boda y no al revés, se piden las vacaciones en el trabajo con tiempo, hay hoteles y categorías de habitación disponibles en vez de lo que va quedando, y la lista de bodas puede estar abierta meses antes de que empiecen a llegar las invitaciones. La reserva en sí puede cerrarse después, pero la decisión de qué viaje queréis conviene tenerla cocinada mucho antes. Los viajes de novios que salen mal casi nunca fallan por el hotel: fallan por haberse decidido tarde y haber tenido que encajar lo que quedaba libre.

¿Cómo funciona una lista de bodas de viaje?

La pareja crea su lista, recibe un enlace propio y lo comparte con los invitados por WhatsApp o en la invitación. Cada invitado entra, elige el importe que quiere aportar, deja su felicitación si le apetece y completa la aportación siguiendo las instrucciones que recibe por email. La pareja ve crecer el total en su página, sin conocer el detalle público de quién ha puesto cuánto: los importes individuales son privados. Lo recaudado se aplica al viaje que la pareja elija, sin catálogo cerrado. Y si el total no llega al objetivo marcado, no pasa nada: el objetivo es orientativo, se completa la diferencia y ya está; si sobra, queda para extras del propio viaje o para el siguiente. La nuestra se crea en un par de minutos desde la página de lista de luna de miel y no cuesta nada, ni a la pareja ni a los invitados.

¿Qué preguntas hay que hacerle a una agencia antes de contratar el viaje de novios?

Las imprescindibles son estas: qué incluye exactamente el precio y qué no, en qué régimen y con qué categoría de habitación concreta, qué traslados entran, qué pasa con los vuelos si hay escalas y cuánto margen queda entre conexiones, cuál es el calendario de pagos y qué cubre cada plazo, qué condiciones de cancelación y de cambio se aplican, qué ocurre si la boda se aplaza, qué seguro va incluido y qué cubre de verdad, quién responde y por qué canal si surge un problema estando allí, y si el hotel sabe que sois recién casados. Todas ellas deben tener respuesta por escrito antes de que pagues nada. Una respuesta en forma de «normalmente sí» o «eso suele estar incluido» no es una respuesta: es la frase que precede a los disgustos.

¿Qué pasa si se aplaza la boda después de reservar el viaje?

Es la pregunta que casi nadie hace y la que más tranquilidad da tenerla contestada por escrito. La respuesta honesta es que depende de las condiciones concretas de esa reserva: del proveedor, de la tarifa contratada, de la antelación con la que se avise y de si el viaje lleva vuelo, porque los billetes aéreos suelen ser la parte más rígida de todo el paquete. Hay tarifas que permiten cambiar fechas pagando la diferencia y hay tarifas que no admiten movimiento. Por eso conviene preguntarlo antes de reservar y no después, y valorar con calma si compensa una tarifa algo más cara pero flexible. Si vuestra fecha de boda depende de algo que todavía no está cerrado, decidlo desde el primer día: cambia por completo qué conviene contratar.

¿Merece la pena contratar el viaje de novios con agencia o reservarlo por mi cuenta?

Depende del viaje. Para tres noches en la costa española, reservar por tu cuenta es perfectamente razonable. Para un viaje largo, caro, con vuelo intercontinental, escalas, traslados y a miles de kilómetros de casa, la diferencia real no está en el precio, está en quién responde cuando algo se tuerce. Un vuelo cancelado a las tres de la mañana, un traslado que no aparece, una habitación que no es la contratada: por tu cuenta eso es un correo a un formulario y una espera. Con agencia es un mensaje de WhatsApp a alguien que tiene tu expediente delante y que puede llamar al proveedor. Nadie puede prometerte que no pasen cosas; lo que cambia es el tiempo que tardas en resolverlas y con cuánto disgusto.

¿Qué seguro conviene para un viaje de novios?

Hay dos coberturas distintas y conviene no confundirlas. La de cancelación protege el dinero pagado si por una causa cubierta no podéis viajar; es la que más sentido tiene cuando el importe es alto y se paga con meses de antelación. La de asistencia en viaje cubre lo que pasa una vez allí: gastos médicos, hospitalización, repatriación, pérdida de equipaje o demoras. En destinos lejanos la de asistencia no es opcional en la práctica, porque una urgencia médica fuera de Europa se paga íntegra y las facturas hospitalarias son de otro orden de magnitud. Lo importante es leer qué causas se admiten para cancelar, qué límites tiene la cobertura médica y qué exclusiones hay. Un seguro barato con un límite bajo en un viaje caro es tranquilidad de mentira.

¿Cuánto presupuesto hay que dejar aparte de lo que cuesta el paquete?

No te vamos a dar una cifra, porque depende del destino y del tipo de viaje, y cualquier número redondo sería inventado. Sí te podemos decir qué conceptos suelen quedar fuera del precio del paquete y provocan el clásico «no contaba con esto»: las tasas o impuestos que se pagan en destino, las excursiones, las cenas en restaurantes de especialidades que se reservan aparte, el alquiler de coche si lo hay, las propinas —que en el Caribe son parte de la cultura del servicio—, el equipaje adicional, la conexión a internet fuera de la Unión Europea, las compras y los caprichos del viaje de vuestra vida. Nuestra recomendación práctica es hacer esa lista antes de reservar, ponerle un número a cada línea con vuestro agente y sumarla al presupuesto total desde el principio.

¿Es mejor casarse y viajar al día siguiente o dejar unos días de margen?

Salvo que el vuelo obligue, dejar dos o tres días de margen suele ser mejor decisión de la que parece cuando se planifica desde la ilusión. El día siguiente a una boda no es un día cualquiera: se ha dormido poco, quedan cosas por recoger y hay familia que se va. Meter un vuelo intercontinental con escala en esas condiciones convierte el primer día del viaje en un día perdido. Con un par de días de margen se llega al aeropuerto descansados, se reduce el riesgo de que un imprevisto de la boda choque con el check-in y se aprovecha desde la primera noche. El contraargumento legítimo son las vacaciones del trabajo: si los días son contados, cada jornada cuenta. Es una conversación que conviene tener antes de comprar los vuelos, no después.

¿Estáis organizando vuestro viaje de novios?

Contadnos la fecha de la boda, los días que podéis coger y qué tipo de viaje os apetece. Os preparamos propuestas comparables entre sí, con todo lo que incluye cada una por escrito y sin compromiso.

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