Viajes en familia
Matalascañas con niños: cómo es de verdad el veraneo de Huelva
Por Viajes Santa Mona
Matalascañas es un sitio que divide opiniones, y casi siempre por el mismo motivo: la gente llega esperando un pueblo andaluz y se encuentra un núcleo turístico construido desde cero en los años sesenta y setenta, con bloques de apartamentos y calles anchas. Quien viene a eso, se decepciona. Quien viene por lo que sí tiene —una playa de varios kilómetros, un arenal desmesurado, el parque nacional de Doñana pegado al pueblo y una comodidad para familias que pocos destinos igualan— suele repetir año tras año. Esta guía es para que decidas con información: qué es Matalascañas, qué se hace ahí con niños, cuándo ir y qué no te va a gustar.
Qué es exactamente Matalascañas
Matalascañas no es un municipio: es el núcleo costero de Almonte, en la provincia de Huelva, y su nombre histórico es Torre de la Higuera. Hasta bien entrado el siglo pasado aquí no había prácticamente nada, solo dunas, pinar y los restos de una torre de vigilancia. El desarrollo turístico llegó de golpe a partir de los años sesenta y levantó lo que hoy se ve: apartamentos, urbanizaciones, hoteles, una zona comercial y un paseo.
Eso tiene consecuencias directas para una familia. La primera es que el pueblo es cómodo hasta decir basta: todo llano, todo a pocos minutos andando, aceras anchas, poco tráfico interno y ninguna carretera nacional cortando el camino a la playa. Con un carrito o con niños en bici, eso se agradece cada día. La segunda es que no hay encanto histórico: ni plaza mayor, ni iglesia con siglos, ni mercado de abastos. Es un sitio para estar, no para visitar.
El tercer dato que explica el destino es su tamaño en invierno frente al de verano. Es un pueblo de censo muy pequeño que en agosto se multiplica hasta convertirse en una pequeña ciudad. Esa oscilación explica muchas cosas, incluida la que contamos más abajo sobre lo que ocurre entre noviembre y marzo.
La playa: kilómetros de arena y una marea que manda
Es el motivo del viaje. La playa de Matalascañas es un arenal continuo de varios kilómetros, de arena fina y dorada, que se prolonga hacia el oeste en la playa de Castilla y el litoral virgen de Doñana, sin una sola construcción durante decenas de kilómetros. En bajamar la anchura es enorme y queda una lámina de agua templada, con charcos y canales de un palmo de profundidad, que es el mejor plan gratuito que un niño de tres a seis años puede tener.
Ahora lo que hay que saber, sin adornos. Es Atlántico abierto, no Mediterráneo: hay oleaje real, hay días de bandera amarilla y hay corrientes en algunos tramos, sobre todo cuando sube la marea rápido. La diferencia entre pleamar y bajamar es tan grande que con marea alta, en algunos puntos, apenas queda arena seca junto al paseo. Merece mucho la pena mirar la tabla de mareas de la semana y organizar el día en función de ella: es la diferencia entre una playa espectacular y una franja estrecha llena de gente.
Y el viento. Aquí no sopla el levante gaditano con la misma dureza, pero el poniente de la tarde es habitual y levanta arena. La estrategia que funciona con niños es la de siempre en esta costa: playa de mañana, siesta o piscina en las horas centrales y vuelta al final de la tarde, cuando la luz atlántica se pone espectacular y la arena se vacía.
Los accesos son por pasarelas de madera sobre la duna, con duchas y con servicio de socorrismo en temporada. Hay chiringuitos repartidos por el frente, la mayoría de ellos estacionales. Comparamos esta playa con el resto de la Costa de la Luz en las mejores playas de la Costa de la Luz con niños.
La Torre de la Higuera: la ruina que da nombre al pueblo
En plena playa, con las olas rompiendo alrededor cuando sube la marea, hay unos bloques enormes de piedra y mampostería tumbados sobre la arena. No es una escultura ni un rompeolas: son los restos de una torre almenara del siglo XVII, parte del sistema de vigilancia que protegía esta costa de los ataques por mar. El mar acabó socavando su base y la torre se derrumbó, dejando ese amasijo de bloques que hoy es el símbolo del pueblo y su nombre original.
Es un plan gratuito, está a pie de playa y funciona sorprendentemente bien con niños: trepar por los bloques, buscar los bichos que se quedan en los charcos alrededor y escuchar la historia de por qué se cayó una torre entera. Un consejo práctico: acercarse con marea baja, porque con la marea alta el agua rodea los restos y no se puede llegar cómodamente. Y calzado de agua, que la piedra resbala.
Doñana al lado: qué se puede hacer de verdad con niños
Este es el argumento que separa a Matalascañas de cualquier otro destino de playa familiar de España: el parque nacional empieza justo ahí. Y hay que entender qué se puede hacer y qué no, porque mucha gente llega con la idea de que Doñana se visita como se visita un parque de atracciones, y no es así: la mayor parte del espacio está restringida y solo se accede con guía autorizado.
Lo más fácil y lo que mejor funciona con niños pequeños son los centros de visitantes. Están repartidos por el entorno del parque, tienen aparcamiento propio, acceso libre y gratuito, y ofrecen senderos cortos por pasarelas de madera, observatorios de aves y láminas de agua donde se ven patos, garzas y, con suerte, flamencos. Se hacen en una mañana, están a la sombra buena parte del recorrido y no requieren reserva. Es el formato que mejor aguanta un niño de cuatro años.
Las excursiones en todoterreno son la otra opción, y son las que meten de verdad en el parque: dunas móviles, playa virgen, pinares y marisma, con guía y varias horas de recorrido. Son espectaculares y hay que reservarlas con antelación, sobre todo en verano. El aviso honesto: con menores de seis años suelen hacerse largas, el vehículo va cerrado o entoldado, la pista es polvorienta y no hay parada de rescate a mitad de camino. A partir de siete u ocho años, en cambio, es una experiencia que recuerdan.
Y luego está El Rocío, a un cuarto de hora en coche, que técnicamente no es Doñana pero es lo que más impresiona a los niños de toda la comarca: una aldea con las calles sin asfaltar, de arena, con caballos atados a las puertas, casas blancas de porche y la marisma abriéndose al fondo, llena de aves. Se ve en una tarde, es gratis y no se parece a nada. Si solo vais a hacer una excursión desde Matalascañas, que sea esta.
El detalle completo de las tres formas de conocer el parque está en Mazagón, Matalascañas y Doñana.
Qué más hay para niños, plan por plan
- La playa en marea baja. Lo primero y lo que más se usa. Charcos templados, canales, castillos y kilómetros de arena firme para correr o ir en bici.
- El paseo marítimo y el parque dunar. Zona de pinar y duna acondicionada junto al pueblo, con senderos y sombra, buena para la hora tonta de la tarde.
- Bicis y patines. El pueblo es llano y hay alquiler por horas en temporada. Con niños de seis años en adelante es el plan diario.
- La pasarela de Cuesta Maneli. A un cuarto de hora hacia Mazagón, una pasarela de madera que cruza un pinar y sube por encima de un acantilado de arena hasta una playa virgen. Es de los paseos más bonitos de la provincia y a los niños les encanta el tramo elevado.
- El Rocío y los caballos. Ya explicado, y probablemente lo que más recuerden.
- Zonas acuáticas de hotel. Algunos alojamientos de la zona tienen piscinas con toboganes y zona infantil. Aquí va el aviso que más disgustos evita: funcionan por temporada de verano, y fuera de ella están cerradas aunque el hotel siga abierto.
Lo que no hay, y conviene decirlo: parques temáticos, grandes museos, acuarios ni ocio urbano. Si vuestras vacaciones necesitan una atracción distinta cada día, este no es el destino. Aquí el ocio es playa, arena, bici, naturaleza y comida.
Comer y moverse
La cocina de esta parte de Huelva es una de las mejores razones para venir y una de las más infravaloradas. Gambas blancas, chocos, coquinas, atún, y en el interior, a un paso, el jamón de la sierra. En temporada hay bastante oferta repartida entre el paseo y las zonas comerciales, con niveles muy variados: aquí conviene fiarse del sitio que está lleno de gente del lugar más que del que tiene la terraza más grande.
En cuanto a moverse, Matalascañas se hace entero a pie. Para lo demás hace falta coche: El Rocío a un cuarto de hora, Almonte a media hora escasa, Mazagón a unos veinticinco minutos, Huelva capital a unos cincuenta y Sevilla a poco más de una hora por la A-49. Esa cercanía con Sevilla es, de hecho, el motivo de que la mitad del pueblo hable con acento sevillano en agosto: es la playa natural de la capital andaluza.
Cuándo ir, mes a mes y sin adornos
Junio, julio y agosto. Todo abierto, agua en su mejor momento y el pueblo en pleno rendimiento. Agosto es el mes en el que Matalascañas se transforma: mucha gente, precios altos y aparcamiento imposible a media mañana. Junio es una joya poco valorada, con días larguísimos y bastante menos gente hasta que acaban las clases.
Septiembre. Nuestra época favorita sin discusión. El Atlántico conserva el calor acumulado del verano, la playa se despeja en la primera semana y el ambiente sigue vivo. Lo desarrollamos en la Costa de la Luz en septiembre.
Octubre y principios de noviembre. Aquí es donde toca ser especialmente honestos, porque es cuando más consultas recibimos y donde más fácil es llevarse un chasco. Octubre suele dar días espléndidos de veintitantos grados y una playa absolutamente vacía, que para pasear y para Doñana es maravillosa. Pero los servicios de temporada ya han empezado a cerrar: chiringuitos, parte de la restauración, alquileres de bici y, muy especialmente, las zonas acuáticas y toboganes de los hoteles, que son de verano y en otoño están cerrados. Si vais con la idea del parque acuático en la cabeza, hay que confirmarlo antes de pagar. Lo explicamos en detalle en cuándo abren y cierran los parques acuáticos de hotel.
De noviembre a marzo. Matalascañas se queda muy tranquilo. Es un núcleo de veraneo con mucha segunda residencia, así que fuera de temporada buena parte de los apartamentos están vacíos y una porción importante de la restauración cierra o reduce horarios. Para quien busque exactamente eso —caminar kilómetros de playa sin cruzarse con nadie, luz de invierno, Doñana en su mejor momento para las aves y precios bajos— es un plan excelente. Para quien espere ambiente, terrazas y actividades, es una decepción garantizada. Las dos cosas son ciertas y depende enteramente de a qué vayas.
Abril y mayo. Muy buenos para naturaleza y para pasear, con el agua todavía fresca para bañarse con niños. Un aviso de calendario: la romería de El Rocío, en la aldea vecina, mueve a cientos de miles de personas y altera por completo el tráfico y el alojamiento de toda la comarca durante esos días. Si no vas a eso, conviene esquivar esas fechas; y si vas, hay que reservar con muchísima antelación. El calendario está en fiestas de la provincia de Huelva.
Para quién sí y para quién no
Matalascañas es vuestro sitio si viajáis con niños de cero a doce años, si valoráis el espacio y la anchura de playa por encima del encanto arquitectónico, si os gusta la naturaleza y queréis Doñana a mano, si preferís un destino llano donde no haga falta coger el coche cada mañana y si venís desde Sevilla, Extremadura o el interior y buscáis la playa que menos carretera exige.
Buscad otra cosa si lo que os llena son las callejuelas blancas y el tapeo de pueblo, si viajáis con adolescentes que necesitan plan urbano, si queréis un mar en calma sin marea ni oleaje —para eso el Mediterráneo— o si vais fuera de temporada esperando encontrarlo todo abierto. En esos casos, la misma provincia y la vecina ofrecen alternativas: Isla Cristina y Ayamonte tienen pueblo marinero de verdad, Mazagón es más tranquilo y con más pinar, y Costa Ballena da un mar bastante más manso.
Y si lo que estáis comparando es concretamente el alojamiento de la zona, lo tenemos desglosado en hoteles en Matalascañas y Mazagón.
Preguntas frecuentes
¿Cómo es la playa de Matalascañas para bañarse con niños pequeños?
Es una de las playas más agradecidas del Atlántico andaluz para niños pequeños, con un matiz importante. Lo bueno: son varios kilómetros de arena fina y dorada, con una anchura enorme cuando baja la marea y una orilla que gana profundidad muy poco a poco, sin escalones ni pozas traicioneras. Con marea baja quedan charcos y láminas de agua templada a un palmo de profundidad donde un niño de tres años pasa horas. El matiz: es Atlántico abierto, así que hay oleaje real, hay corrientes en algunos tramos y la diferencia entre pleamar y bajamar es tan grande que la playa cambia de tamaño a lo largo del día. Conviene mirar la tabla de mareas de la semana y bañarse siempre en las zonas con socorrismo y bandera.
¿Qué es la Torre de la Higuera?
Es el símbolo del pueblo y, de hecho, su nombre histórico: Matalascañas se llamó Torre de la Higuera antes de convertirse en núcleo turístico. Se trata de los restos de una torre almenara de vigilancia costera construida en el siglo XVII, dentro del sistema de torres que vigilaba esta costa frente a los ataques por mar. El mar se comió su base y la torre acabó desplomándose sobre la arena, así que hoy lo que se ve son sus bloques de mampostería tumbados en la playa, en primera línea, medio enterrados y con las olas rompiendo alrededor cuando sube la marea. A los niños les fascina trepar por ellos y es la foto que todo el mundo se hace aquí. No hay visita organizada ni entrada: está en la propia playa, se llega andando.
¿Se puede visitar Doñana con niños desde Matalascañas?
Sí, y es el mayor argumento del destino: el parque nacional empieza literalmente al lado del pueblo. Hay tres formas de conocerlo y no todas encajan con todas las edades. La más cómoda con niños son los centros de visitantes, con senderos cortos, pasarelas de madera, observatorios de aves y aparcamiento propio, todo gratuito y sin reserva: se hacen en una mañana y los peques aguantan bien. La segunda son las excursiones en vehículo todoterreno por el interior del parque, que duran varias horas y conviene reservar con antelación; son espectaculares, pero para menores de seis años suelen hacerse largas y polvorientas. La tercera es la aldea de El Rocío, a un cuarto de hora, con sus calles de arena, sus caballos sueltos y la marisma delante, que es la más fácil de todas y suele gustar a todo el mundo.
¿Cuál es la mejor época para ir a Matalascañas con niños?
De mediados de junio a mediados de septiembre tienes todo abierto y el agua en su mejor momento, con el gentío y el precio de agosto como contrapartida. Nuestra ventana preferida es la segunda quincena de septiembre y el arranque de octubre: el Atlántico conserva el calor acumulado del verano, la playa se despeja por completo y los alojamientos ofrecen sus mejores condiciones del año. Mayo y principios de junio son estupendos para pasear y para Doñana, aunque el agua todavía está fresca. Y de noviembre a marzo hay que ir sabiendo lo que se va a encontrar, que es un sitio muy tranquilo con buena parte de la restauración cerrada. Bonito para caminar por la playa vacía, pero no es un plan de playa con niños.
¿Matalascañas es un pueblo bonito?
Vamos a ser honestos: no en el sentido en que lo es un pueblo blanco andaluz. Matalascañas no es un pueblo con historia ni con casco antiguo, es un núcleo turístico construido desde cero a partir de los años sesenta y setenta, en el término municipal de Almonte, sobre un tramo de costa que antes no tenía nada. Lo que hay son bloques de apartamentos, urbanizaciones, un paseo, zonas comerciales y calles anchas. Quien venga buscando callejuelas encaladas, plaza mayor y mercado de abastos se va a llevar un chasco. Lo que sí tiene, y es lo que compensa, es una playa extraordinaria, un espacio enorme, Doñana pegada y una comodidad para familias con niños que los pueblos con encanto rara vez ofrecen: todo llano, todo cerca y sin carreteras que cruzar.
¿Hace falta coche en Matalascañas?
Para vivir el pueblo, no: se hace todo andando, es llano y las distancias son cortas. Para aprovechar la zona, sí, y bastante. Sin coche te quedas sin El Rocío, sin los centros de visitantes de Doñana, sin la pasarela de Cuesta Maneli hacia Mazagón y sin Almonte. El transporte público existe pero es escaso y estacional, así que si el plan incluye algo más que playa y piscina conviene ir en coche o contar con alquilarlo. Un aviso práctico de verano: los aparcamientos junto a los accesos de playa se llenan a media mañana en julio y agosto, así que alojarse a pie de arena vale más de lo que parece.
¿Os miramos una escapada a Matalascañas?
Dinos fechas, cuántos sois y las edades exactas de los niños, y te decimos qué hay disponible, qué entra en el régimen y qué servicios estarán abiertos esos días. Si en vuestras fechas la zona acuática está cerrada, te lo decimos antes de que pagues.
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