Guía de destinos
Islas del Rosario, Barú y las playas de Cartagena: la verdad sobre el agua
Por Viajes Santa Mona
Esta es la conversación más incómoda de todo el destino, así que la vamos a tener de entrada: las playas de la ciudad de Cartagena no son el Caribe de la postal. Ni el agua es turquesa, ni la arena es blanca, ni te vas a bañar en una lámina transparente delante del hotel. El Caribe que has visto en las fotos existe, es espectacular y está a una hora de allí, en las Islas del Rosario y en Barú. Saber esto antes de reservar es la diferencia entre una semana estupenda y una decepción de las que se recuerdan. Aquí va todo: por qué el agua está así, dónde está el agua buena, cómo se llega, si conviene ir de día o dormir allí, y el aviso sobre las excursiones que te venden en la arena.
Por qué el agua de la ciudad está turbia
No es contaminación en el sentido en que la gente lo imagina, y tampoco es suciedad: es sedimento. Cartagena está en una bahía que recibe, a través de un canal histórico, aportes de agua dulce cargada de material en suspensión procedente del gran sistema fluvial del país. Ese material tiñe el agua de un marrón verdoso, reduce la visibilidad y oscurece la arena, que en la ciudad es grisácea en lugar de blanca.
El efecto varía con la época del año y con la lluvia — después de un aguacero fuerte el agua está peor — pero el patrón de fondo es constante. Por eso, cuando ves fotos de agua transparente etiquetadas como «Cartagena», casi siempre están hechas en las islas, no en la ciudad. No hay engaño en las fotos; hay engaño en dónde te dejan creer que están hechas.
Las playas urbanas, una por una y sin adornos
Bocagrande y El Laguito. Son las playas de ciudad por excelencia: arena gris, agua turbia, mar caliente y muchísimo ambiente. Están a pie de acera, con hoteles y restaurantes justo detrás, y funcionan bien para bajar un rato por la tarde, mojarse los pies, tomar algo y volver. Como playa de vacaciones no dan la talla; como comodidad diaria, sí. La venta ambulante es constante e insistente: masajes, ostras, ceviche, fruta, sombreros, gafas, fotos, trenzas. La mayoría son personas trabajando y se retiran con un «no, gracias» amable y firme.
Marbella. Es la playa que queda entre el centro histórico y la zona del aeropuerto, mucho menos turística y con más ambiente local. Tiene la ventaja de la calma y la desventaja de que el mar puede tener corrientes y hay menos vigilancia; no es una playa para meterse mar adentro sin mirar.
La Boquilla y la Zona Norte. Al norte del aeropuerto, la costa se abre y la playa se ensancha. El agua sigue sin ser turquesa, pero suele estar algo mejor que en la bahía y hay tramos amplios delante de los complejos hoteleros. Aquí está además uno de los planes más agradables y menos conocidos del destino: los recorridos en canoa por los manglares de la ciénaga, en silencio, con canales estrechos y aves. Se hacen con guías del pueblo de pescadores y son una manera honesta de dejar dinero en la comunidad local.
Tierra Bomba. La isla que se ve enfrente de Bocagrande, a unos diez o quince minutos en lancha. Tiene clubes de playa de día donde por una consumición mínima se pasa la jornada con hamaca y piscina. El agua está mejor que en la ciudad sin llegar a la transparencia de Rosario, y es el plan perfecto para media jornada sin comprometer un día entero.
Dónde está el Caribe de verdad: Rosario y Barú
A menos de una hora de navegación al suroeste de la ciudad empieza otra cosa. Las Islas del Rosario son un archipiélago de decenas de islas e islotes coralinos protegido como parque nacional natural: agua transparente de un azul que en la bahía no existe, fondos de coral, esnórquel de verdad y una escala pequeña, de isla con diez casas y un embarcadero. Es lo que has venido a ver.
Barú es la isla grande y más cercana al continente, unida a tierra firme por carretera. En su extremo está Playa Blanca, el arenal blanco y largo que aparece en la mitad de las fotos del destino. Es genuinamente bonita. También es, y esto hay que decirlo, la playa más masificada de la zona en las horas centrales, cuando desembarcan las lanchas de las excursiones: entre las once de la mañana y las tres de la tarde se llena de gente, de puestos, de música y de vendedores. A primera hora y a partir de las cuatro de la tarde es otra playa completamente distinta.
Un apunte de criterio: en una de las islas hay un oceanario con delfines y otros animales marinos en cautividad que se incluye en muchas excursiones. Nosotros no lo recomendamos, y preferimos decirlo antes que callarlo. Si te lo ofrecen como parte del paquete, puedes pedir la versión de la excursión que no lo incluye.
Cómo se va, en la práctica
En lancha desde el muelle turístico de la ciudad. Es la vía habitual. Las salidas suelen ser a primera hora de la mañana y el regreso a media tarde. Hay que contar con dos costes que a veces no vienen incluidos en el precio que te cantan: la tasa de embarque del muelle y la tasa de entrada al parque natural. Pregunta siempre si el precio es final o hay que sumar esos conceptos, porque es la fuente número uno de discusiones.
Aviso sincero sobre la lancha: las embarcaciones rápidas saltan sobre el oleaje, y con mar movido el trayecto castiga la espalda y el cuello. Si vas con personas mayores, con problemas de espalda, embarazadas o niños muy pequeños, siéntate en la parte trasera de la lancha, que es donde menos se nota, o plantéate ir por carretera.
Por carretera a Barú. En coche o taxi, cruzando hacia la isla por la vía que la conecta con tierra firme, se llega a Playa Blanca en aproximadamente una hora según tráfico. Es la mejor opción si te mareas o si quieres llegar temprano y disfrutar la playa antes de que lleguen las lanchas. También permite quedarse hasta el atardecer, que es cuando aquello se pone realmente bonito.
En catamarán o embarcación grande. Más lentas y bastante más cómodas, con sombra y baño a bordo. Cuestan más y llegan más tarde, pero para familias o para quien no lleva bien la lancha rápida son la mejor solución.
Excursión de un día o dormir allí
La excursión de un día es lo que hace casi todo el mundo, y está bien si eliges la buena. Las hay de dos tipos muy distintos. La típica «vuelta por las islas» hace muchas paradas cortas, incluye traslados constantes en lancha y deja poco tiempo real de baño: mucha foto y poca playa. Y luego está la salida a un solo destino — un club de playa o un hotel de día en una isla — donde llegas, te quedas seis o siete horas, comes allí y vuelves. Esta segunda opción es, para casi todos los perfiles, netamente mejor.
Dormir en las islas es otra liga. Ver el atardecer y el amanecer sin nadie alrededor, bañarte cuando las lanchas del día ya se han ido y el silencio absoluto de la noche justifican de sobra una o dos noches. Ahora la letra pequeña, que es real: en varias islas la electricidad es limitada y funciona por horas con generador o con placas solares, no hay cajeros automáticos, la cobertura móvil es irregular, la oferta médica es nula y todo lo que consumes ha llegado en barco, con lo que los precios de comida y bebida son más altos de lo que esperarías. Lleva efectivo en pesos, tu medicación y buen repelente.
Nuestra recomendación media, para una semana con base en la ciudad: un día completo en las islas bien elegido y, si os apetece, una noche fuera. Con alojamiento en Getsemaní o Bocagrande y la excursión bien contratada, el equilibrio entre ciudad y mar queda redondo. Lo comparamos zona por zona en Getsemaní o Bocagrande.
El aviso honesto: las excursiones que te venden en la playa
Este es el párrafo por el que hemos escrito el artículo. En la arena de Bocagrande, en el paseo marítimo y en las calles del centro hay gente ofreciendo salidas a las islas a precios llamativamente bajos. Algunas son legítimas. Otras son el origen de la mayoría de los malos ratos que nos cuentan los viajeros:
- Lanchas sobrecargadas, sin chalecos suficientes y sin seguro. Es el punto que de verdad importa, porque aquí no hablamos de dinero.
- La isla paradisíaca que resulta ser una carpa con sillas de plástico y música alta en un tramo de playa cualquiera.
- El almuerzo «incluido» que al llegar no lo está, o que consiste en algo muy distinto de lo prometido.
- Las tasas que aparecen al final: entrada al parque y embarque, cobradas aparte cuando ya no puedes echarte atrás.
- El regreso que no es a la hora acordada, o el barco que se llena y te deja para el siguiente.
Cómo evitarlo, en cinco reglas: contrata con un operador registrado y con oficina física o a través de tu agencia o de tu hotel; exige el precio total por escrito incluyendo tasas; confirma a qué sitio exacto vas, no «a las islas»; comprueba que la embarcación lleva chalecos para todos; y desconfía del precio que está muy por debajo del resto, porque el ahorro sale de algún sitio y ese sitio suele ser la seguridad.
Qué llevar a un día de islas
- Efectivo en pesos, en billetes pequeños. En las islas no hay cajeros y no siempre funcionan los datáfonos.
- Protección solar alta y camiseta de baño. El sol en la lancha y sobre el agua es demoledor y no te das cuenta hasta la noche.
- Bolsa estanca. El equipaje va en la lancha y se moja; el móvil y la documentación, dentro.
- Agua embotellada suficiente y algo de comer, porque en la isla todo cuesta bastante más.
- Escarpines o sandalias de agua si vas a hacer esnórquel cerca del coral. Y no toques el coral, ni de pie ni con las manos.
- Repelente para el final de la tarde, sobre todo si te quedas a dormir.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el agua de las playas de Cartagena no es turquesa?
Porque la ciudad está en una bahía que recibe sedimentos. El gran río del país desemboca no muy lejos y, a través de un canal histórico que conecta con la bahía, arrastra hacia esa franja de costa material en suspensión que enturbia el agua y oscurece la arena. Por eso las playas de Bocagrande, Marbella o el Laguito tienen ese tono marrón verdoso y una arena grisácea en lugar del blanco de postal. No es suciedad ni contaminación en el sentido que la gente imagina: es sedimento. El agua transparente empieza cuando te alejas de la bahía, y por eso las Islas del Rosario y Barú son otro mundo, literalmente a una hora de allí.
¿Merece la pena la excursión a las Islas del Rosario?
Sí, y para nosotros es innegociable si vas a Cartagena buscando Caribe. Las Islas del Rosario son un archipiélago dentro de un parque nacional natural, con agua transparente, arrecifes de coral y una gama de azules que no existe en la bahía de la ciudad. Ahora bien, importa mucho cómo la hagas: la excursión colectiva de un día, con muchas paradas y muchas personas, deja poco tiempo real de baño y bastante rato de lancha. Si puedes, elige una salida con menos paradas y más horas en un solo sitio, o directamente duerme una o dos noches en una isla. La diferencia entre las dos experiencias es enorme.
¿Cómo se llega a Playa Blanca desde Cartagena?
Playa Blanca está en la isla de Barú, y hay dos maneras. Por mar, en lancha desde el muelle turístico de la ciudad, que es la vía rápida y la que usan casi todas las excursiones organizadas. Y por tierra, en coche o taxi, cruzando por la carretera que conecta Barú con el continente: es un trayecto de aproximadamente una hora según tráfico y estado de la vía. La opción por carretera tiene una ventaja grande para quien se marea o tiene problemas de espalda, porque las lanchas rápidas saltan sobre el oleaje y el trayecto puede ser duro. Y otra ventaja: te permite llegar antes de que desembarquen las lanchas de las excursiones, que es cuando la playa cambia de carácter.
¿Es buena idea contratar una excursión a las islas en la propia playa?
No lo recomendamos, y este es el aviso más importante del artículo. En la arena y en el paseo marítimo hay gente vendiendo salidas a las islas a precios muy atractivos, y ahí es donde se concentran los problemas: lanchas sobrecargadas, sin chalecos suficientes ni seguro, la isla paradisíaca que resulta ser una carpa con sillas de plástico, el almuerzo que estaba incluido y luego no lo está, las tasas del parque y del muelle que aparecen al final, y en algunos casos el barco que no vuelve a la hora prometida. Contrata siempre con un operador registrado, con la salida por escrito, con el precio total incluyendo tasas y con teléfono de contacto. Si el precio es llamativamente más bajo que el del resto, hay una razón.
¿Se puede dormir en las Islas del Rosario o en Barú?
Sí, y es la mejor manera de conocerlas. Hay alojamientos pequeños en algunas de las islas y hoteles de playa en Barú. Dormir allí significa ver la puesta de sol y el amanecer sin nadie alrededor y bañarte cuando las lanchas de excursión ya se han marchado. También significa aceptar ciertas incomodidades: en varias islas la electricidad es limitada o funciona por horas con generador o placas solares, no hay cajeros ni farmacias, la cobertura móvil es irregular y todo llega en barco, así que los precios son más altos de lo que esperarías. Conviene llevar efectivo en pesos, medicación propia y repelente, y no idealizarlo: es Caribe auténtico, con lo bueno y con lo básico.
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Cuéntanos cuántos sois y qué tipo de día queréis — lancha rápida o catamarán, muchas paradas o una sola playa — y te lo cerramos con operador registrado, precio final con tasas incluidas y todo por escrito. Y te decimos también qué no contratar.
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