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Guía familiar

Corralejo con niños: guía familiar honesta del norte de Fuerteventura

Por Viajes Santa Mona

Hay destinos que se entienden con una sola imagen, y Corralejo es uno de ellos: un desierto de dunas blancas cayendo directamente sobre un mar turquesa, con la silueta de la isla de Lobos y el perfil de Lanzarote al fondo. Esa foto es real y es justo lo que vais a ver. Pero una guía familiar honesta no puede quedarse en la foto, porque el norte de Fuerteventura tiene también viento constante, poca sombra natural y tramos de costa donde no conviene meter a un niño pequeño en el agua. Lo bueno es que todo eso se gestiona sin dificultad si lo sabes antes de ir, y que a cambio Corralejo ofrece algo poco común: un pueblo turístico completo, cómodo y bien surtido pegado a un parque natural espectacular, con lagunas de agua somera a media hora de coche y un clima que permite viajar en pleno invierno. En esta guía te contamos cómo es de verdad, qué planes rinden con peques, qué avisos conviene tener en cuenta y cómo montar la semana para que salga redonda.

Por qué Corralejo funciona tan bien en familia

La primera razón es la más aburrida de contar y la más determinante en la práctica: Corralejo tiene absolutamente todo. Es un pueblo turístico consolidado, crecido durante décadas alrededor del turismo europeo, con supermercados grandes donde comprar pañales, potitos, leche y protección solar sin peregrinar; con farmacias, centro de salud, tiendas de todo tipo, lavanderías, alquiler de sillas y cunas, y con una densidad de restaurantes que hace que nunca tengáis que conformaros. Cuando se viaja con niños, esa infraestructura invisible es la diferencia entre unas vacaciones tranquilas y una semana resolviendo problemas logísticos.

La segunda razón es la escala. Corralejo se recorre andando. El casco antiguo, la zona del puerto, el frente marítimo y buena parte de la oferta de restauración están concentrados en un área que se cubre a pie sin esfuerzo, con el mar siempre a la vista y con paseos llanos que aguantan bien un carrito. Eso significa que se puede salir a cenar caminando, volver caminando y no depender del coche para la rutina diaria. Con peques que se duermen a mitad de la cena, poder volver al alojamiento en diez minutos andando vale muchísimo.

Y la tercera es el contraste. A un lado tienes el pueblo, con su vida, sus tiendas y sus terrazas. Al otro, nada más salir hacia el sur, empieza el Parque Natural de Corralejo: un campo de dunas enorme, protegido, con kilómetros de arena blanca y una sensación de desierto que no esperas encontrar a cinco minutos de un supermercado. Esa convivencia entre la comodidad total y el paisaje salvaje es exactamente lo que hace que el destino enganche a las familias: podéis pasar la mañana en un paisaje que parece de otro planeta y comer a la una en una terraza con trona y menú infantil.

Las dunas y las Grandes Playas: la postal, con avisos

El Parque Natural de Corralejo es el gran icono del norte de la isla y uno de los paisajes más reconocibles de Canarias. Se extiende al sur del pueblo, a lo largo de la carretera que baja hacia Puerto del Rosario, y consiste en un enorme campo de dunas de arena clarísima que llega hasta el borde del mar. Hacia el interior se ven montañas volcánicas oscuras; hacia el este, el Atlántico. El efecto es el de un pequeño Sáhara asomado al océano, y la primera vez que se cruza en coche con los niños detrás suele provocar un silencio de esos que no se consiguen fácilmente.

A pie de dunas están las Grandes Playas: kilómetros y kilómetros de arena blanca con agua de un turquesa casi caribeño. Son espectaculares, hay sitio de sobra incluso en temporada alta y se puede caminar durante horas por la orilla. Para pasear, para hacer castillos, para correr, para fotos y para bañarse cuando el mar acompaña, son fantásticas. Muchas familias las convierten en su plan de mañana fija, y se entiende perfectamente al verlas.

Ahora el aviso honesto, que es tan importante como la postal. Primero, no hay prácticamente sombra natural: es un arenal abierto, sin árboles y sin edificios, así que o lleváis vuestra propia protección o el sol se hace muy largo con peques. Segundo, sopla viento con frecuencia, y en una playa tan expuesta la arena vuela y las sombrillas convencionales duran poco; una carpa o un parasol bien anclado resuelven el día. Y tercero, y sobre todo: hay zonas con corrientes. Es una costa abierta al Atlántico, el fondo cambia de un punto a otro y no todos los tramos son iguales. La regla es simple y no debería saltarse nunca: bañarse en las zonas vigiladas, mirar la bandera antes de meterse y no perder de vista a los niños en la orilla.

Un detalle que suele encantar a los peques: en el entorno del norte de Corralejo hay una pequeña playa conocida popularmente por sus curiosas piedrecitas blancas con forma de palomita de maíz, restos de algas calcáreas fosilizadas. Es un rincón muy fotogénico y una parada corta y distinta, pero conviene explicarles algo importante antes de bajar: esos fragmentos no se pueden llevar, forman parte del entorno natural protegido y sacarlos de allí está prohibido. Convertirlo en un juego de mirar y no coger funciona mejor que la prohibición seca.

El Muelle Chico y las calitas del pueblo

Si las Grandes Playas son la postal, las calitas del casco urbano son el sitio donde de verdad se bañan las familias con niños pequeños. En la parte vieja de Corralejo, junto al puerto y a lo largo del frente marítimo, hay una sucesión de playas diminutas y ensenadas resguardadas, entre ellas el conocido Muelle Chico, que funcionan de una manera radicalmente distinta al arenal del parque natural. Son pequeñas, están protegidas por rocas y muros, el agua entra mucho más calmada y la entrada es suave.

La ventaja práctica es doble. Por un lado, la tranquilidad del agua permite que un niño de tres o cuatro años chapotee con una libertad que en mar abierto no tendría, y que los adultos no estén en tensión permanente. Por otro, están dentro del pueblo: bajáis andando desde el alojamiento, tenéis baños, terrazas, heladerías y tiendas a cincuenta metros, y si algo sale mal —una rabieta, un descalabro, un pañal— estáis a dos minutos de la solución. Esa cercanía es justo lo que convierte un baño en un plan sin estrés.

Como contrapartida, son pequeñas y muy conocidas, así que en las horas centrales de los meses fuertes se llenan y no sobra el espacio. El truco de siempre funciona: ir temprano, o ir a partir de media tarde cuando la primera oleada se retira. Además, al estar mejor resguardadas, son la alternativa evidente los días de viento fuerte, cuando estar en una playa abierta resulta incómodo. Tener localizadas estas calitas desde el primer día es probablemente el mejor consejo práctico de toda esta guía.

La isla de Lobos y su reserva de acceso

Frente a Corralejo, en el estrecho que separa Fuerteventura de Lanzarote, está la isla de Lobos: un islote volcánico deshabitado, protegido, con un pequeñísimo asentamiento de casas de pescadores, un volcán bajo que se puede subir, calas de agua transparente y una sensación de fin del mundo a un cuarto de hora de barco del puerto. Es la excursión estrella del norte de la isla y una de las mejores experiencias que se pueden tener aquí en familia, precisamente porque el trayecto es cortísimo y no da tiempo a marearse ni a aburrirse.

Lo primero que hay que saber, y lo que más disgustos causa, es que el acceso está limitado y requiere una autorización previa. Al tratarse de un espacio natural protegido, se controla el número de visitantes diarios y hace falta un permiso además del billete del barco, que se compra por separado a la naviera. Son dos gestiones distintas y no vale una sin la otra. En temporada alta las plazas se agotan con antelación, así que conviene resolverlo desde casa antes de viajar. Como los trámites y canales se han ido actualizando con el tiempo, consulta cómo se solicita el permiso y los horarios y precios actuales de las embarcaciones antes de dar el plan por hecho.

Ya en la isla, el plan familiar realista es tranquilo: caminar por los senderos señalizados —hay que ir por ellos, no campo a través—, asomarse a las pequeñas lagunas de agua clara, disfrutar de las vistas hacia Lanzarote y volver. La subida al volcán es asequible para niños con costumbre de andar, pero se hace expuesta al sol y al viento, así que valorad la edad y el día. Y una advertencia logística importante: en Lobos no hay sombra ni servicios de los que fiarse. Llevad agua suficiente, comida, gorras, crema y calzado cerrado, porque el terreno es volcánico e irregular. Con esa preparación, es una mañana redonda; sin ella, se hace muy larga con peques.

El Cotillo: las lagunas y la playa del Aljibe

Si tenéis coche y niños pequeños, El Cotillo debería estar marcado en rojo en vuestro plan. Es un pueblo pesquero de la costa oeste, a poca distancia de Corralejo, con un ambiente mucho más tranquilo y más auténtico, una torre defensiva histórica y un puñado de restaurantes de pescado que valen el viaje por sí solos. Pero lo que lo convierte en imprescindible en familia son sus lagunas naturales, en la zona norte del pueblo.

Se trata de una sucesión de piscinas naturales de agua somera, protegidas del oleaje por barreras de roca volcánica, donde el mar entra filtrado y se remansa. El resultado es agua transparente, templada y con muy poca profundidad, en la que un niño de dos años puede chapotear tranquilamente y uno de seis puede empezar a nadar sin sustos. En nuestra opinión, y la comparten muchas familias que las descubren, están entre los mejores lugares de todas las Canarias para bañarse con niños pequeños. Ojo con un matiz: el aspecto y la profundidad de las lagunas cambian con la marea, así que la experiencia no es idéntica a cualquier hora del día.

A muy poca distancia, justo en el otro extremo del pueblo, está la cara opuesta: la playa del Aljibe y su entorno, un litoral abierto, ancho, con arena preciosa y con un mar bastante más bravo, olas y viento. Es un sitio magnífico para pasear al atardecer, ver surfistas y entender de golpe la fuerza del Atlántico, pero no es zona de baño con niños salvo que el día esté excepcionalmente tranquilo y os lo indiquen así. Tener las dos playas tan cerca es una suerte enorme: permite elegir cada día según el viento y el estado del mar, bañarse en las lagunas y pasear en la brava.

Para completar la jornada, desde El Cotillo se llega en pocos minutos al faro del extremo noroeste de la isla, un lugar barrido por el viento, con coladas de lava, charcos entre las rocas y unas puestas de sol de las que se recuerdan. Es una parada corta, gratuita y muy visual, ideal para encadenar con una cena temprana de pescado en el pueblo antes de volver a Corralejo.

Lajares, La Oliva y el interior del norte

Entre Corralejo y El Cotillo, tierra adentro, está Lajares, un pueblo pequeño que se ha convertido en el punto de encuentro de la comunidad surfera y artesanal del norte. Tiene talleres, tiendas de bordados y artesanía, cafeterías con muy buen ambiente, un mercadillo de productos locales y molinos en los alrededores. Es una parada agradable de media mañana, distinta a todo lo demás, y funciona sorprendentemente bien con niños porque es un lugar tranquilo donde pueden moverse y donde el ritmo baja de golpe.

Desde las inmediaciones de Lajares sale una de las mejores caminatas familiares de la isla: la subida a un cono volcánico con cráter que se puede rodear por arriba y desde el que se ve buena parte del norte, incluidos los campos de lava y, en días claros, el mar por los dos lados. Es un paseo asequible para niños acostumbrados a andar, con pendiente moderada, pero completamente expuesto: sin sombra y con viento en la cima. Conviene hacerlo a primera hora o a última, con agua, gorra y calzado cerrado, y no plantearlo con un bebé en brazos si sopla fuerte.

A pocos kilómetros está La Oliva, el municipio al que pertenece Corralejo y el antiguo centro de poder de la isla. Aquí el atractivo es histórico y cultural: una casa señorial del siglo XVIII que fue residencia de los coroneles que gobernaron Fuerteventura, una iglesia encalada con torre oscura muy característica y un aire de pueblo detenido en el tiempo que contrasta con el bullicio de la costa. Con niños es una visita corta, no una jornada, pero merece la pena media hora para que el viaje no se reduzca a playa y para que vean cómo es la isla real más allá del turismo. Consulta horarios y precios actuales, porque los espacios visitables no abren todos los días.

El viento: hablemos claro

Fuerteventura es un paraíso mundial del windsurf y el kitesurf. Aquí vienen deportistas de todo el planeta y se celebran competiciones internacionales. Eso es un dato objetivo y una maravilla si os gusta el deporte, pero conviene traducirlo a lo que significa para una familia con sombrilla y nevera: significa que el viento sopla, y sopla a menudo. Los alisios son constantes y forman parte del carácter de la isla. Cualquier guía que os pinte Corralejo como un remanso de paz sin brisa os está vendiendo humo.

Lo que hay que entender es que el viento no es un fenómeno excepcional que arruina un día, sino una variable diaria con la que se planifica, igual que en otros destinos se planifica con la lluvia. Y tiene su lado bueno: es la razón de que en verano las temperaturas sean agradables en lugar de sofocantes, y de que se pueda estar al sol sin achicharrarse. El problema no es el calor, es que la arena vuela y que una sombrilla mal anclada acaba a treinta metros.

Las estrategias que funcionan son sencillas. Primero, elegir costa: el este y el oeste no se comportan igual el mismo día, y cuando una está incómoda la otra suele estar mejor. Segundo, elegir playa: las calitas resguardadas del pueblo y las lagunas de El Cotillo aguantan muchísimo mejor que los arenales abiertos. Tercero, elegir hora: por norma general las mañanas son más calmadas que las tardes. Y cuarto, equipo: una carpa de playa tipo iglú o un parasol con anclaje de arena cambia por completo la experiencia con niños, igual que llevar gafas de sol para ellos y una camiseta de licra. Con eso, el viento deja de ser un problema y pasa a ser parte del paisaje.

Parques, acuario y planes para días raros

Aunque el norte de Fuerteventura es un destino esencialmente de aire libre, siempre hay un día en que el viento aprieta, alguien se ha quemado la espalda o los peques piden algo distinto. Corralejo tiene respuestas para eso. En el propio pueblo y su entorno hay parque acuático con toboganes y piscinas y un parque familiar de atracciones y actividades con karts, camas elásticas, minigolf y zonas de juego, el tipo de sitio que resuelve una tarde entera y agota a los niños de forma muy eficaz.

También hay oferta de acuario y de contacto con fauna marina pensada expresamente para familias, con exhibiciones y actividades que a los más pequeños les resultan muy llamativas y que además funcionan bien como visita corta de una mañana. Y si estáis dispuestos a un desplazamiento largo, en el sur de la isla existe un gran parque zoológico y botánico que es plan de día completo y que suele ser el gran recuerdo del viaje para los niños de entre cuatro y diez años, aunque implica más de una hora de coche en cada sentido.

En todos estos casos vale la misma advertencia: consulta horarios y precios actuales antes de organizar el día, porque los calendarios de apertura cambian según la temporada y no todos los recintos funcionan igual en invierno que en verano. Nuestro consejo general para una semana en el norte es no llenar el calendario: con Lobos, El Cotillo, una jornada de dunas y una tarde de parque ya tenéis variedad de sobra sin sacrificar los días de playa tranquila, que al final son los que todo el mundo recuerda con más cariño.

Eterna primavera: por qué es destino de invierno

El gran argumento de Fuerteventura, y de Canarias en general, es el clima de eterna primavera. Las temperaturas se mueven en una franja estrecha durante todo el año, llueve muy poco y las diferencias entre estaciones son pequeñas comparadas con las de la Península. Eso convierte al norte de la isla en algo poco habitual: un destino de playa que funciona de verdad en noviembre, diciembre, enero y febrero, cuando en el resto de España hace frío y las vacaciones costeras parecen imposibles.

Para las familias esto tiene un valor enorme por dos motivos. El primero es que permite aprovechar los puentes y las vacaciones escolares de invierno con un plan de sol y arena en lugar de resignarse al interior. El segundo es que en esos meses el destino está más tranquilo que en pleno agosto, con menos gente en las playas y una sensación general de calma. Muchas familias que descubren Corralejo en invierno lo convierten en su escapada fija de temporada baja, y no vuelven a planteárselo en verano.

Ahora bien, invierno suave no significa verano. El sol calienta y se puede estar en la playa perfectamente, pero el agua está más fresca, los días son más cortos y en cuanto cae la tarde, con brisa, el ambiente refresca bastante más de lo que la gente espera. La recomendación práctica es llevar ropa de playa y también capa ligera de abrigo y cortavientos para las noches y para los paseos por el faro o por las dunas. Con esa maleta bien hecha, un enero en Corralejo es de las mejores decisiones de viaje que puede tomar una familia española.

Qué comer: queso majorero, papas y pescado

La cocina majorera es sencilla, honesta y muy amable con los paladares infantiles, que es justo lo que se necesita en un viaje familiar. La estrella indiscutible es el queso majorero, elaborado con leche de cabra de la isla y reconocido con denominación de origen. Se encuentra tierno, semicurado, curado y también con el exterior untado en pimentón o en gofio, y es uno de esos productos que se compran de recuerdo y se acaban antes de llegar a casa. A los niños suele gustarles el tierno sin dudarlo, y probar los distintos puntos de curación se convierte en un juego de mesa.

El acompañamiento clásico son las papas arrugadas con mojo: patatas pequeñas cocidas con mucha sal y servidas con salsa verde o roja aparte. Conviene pedir el mojo al lado, porque el rojo puede picar y con peques es mejor que cada uno se sirva. Junto a ellas aparecen el gofio, harina tostada de cereal con mil usos, desde el escaldón hasta postres, y los potajes y guisos de carne de cabra, más de invierno y más para adultos.

Y luego está el pescado fresco, que es la gran razón para acercarse a los pueblos pesqueros. Las especies locales a la plancha, hechas sin complicaciones y servidas con papas y mojo, son lo mejor que se come en la isla, y comerlas en una terraza de El Cotillo o del puerto de Corralejo con el mar delante es un plan que se recuerda. En el pueblo, además, la oferta internacional es amplísima —hay de todo, de pizzas a hamburguesas y cocina de medio mundo—, así que aunque en casa tengáis comedores difíciles, aquí siempre hay solución sin dramas.

Cómo llegar, coche y viajar con bebés

La vía principal es el aeropuerto de Fuerteventura, junto a Puerto del Rosario, con conexiones directas desde numerosos puntos de España durante todo el año. Desde allí hasta Corralejo hay alrededor de cuarenta minutos en coche por una carretera buena y sencilla, así que el traslado se hace corto incluso con niños cansados del vuelo. Lo más cómodo es tener el coche de alquiler recogido en el propio aeropuerto o un traslado privado hasta la puerta del alojamiento; consulta horarios y precios actuales de vuelos y traslados al fijar las fechas, porque varían mucho según la temporada.

La segunda vía es una de las combinaciones más típicas y más recomendables de Canarias: el ferry desde Playa Blanca, en el sur de Lanzarote, hasta el puerto de Corralejo, una travesía de unos veinticinco minutos que deja el barco prácticamente en el centro del pueblo. Es tan corta que funciona incluso como excursión de un día, y muchísimas familias la aprovechan para combinar las dos islas en un mismo viaje: unos días en Lanzarote y otros en Fuerteventura, o una base fija con salto de ida y vuelta. Consulta horarios y precios actuales de las navieras y, si pensáis cruzar con el coche de alquiler, revisad antes las condiciones de la compañía, porque no todas lo permiten.

Sobre el coche, nuestra recomendación es clara: alquiladlo. No es imprescindible si vuestro plan se limita al pueblo y sus calitas, pero el norte de la isla se disfruta de verdad cuando podéis decidir por la mañana si vais a la costa este o a la oeste según el viento. Las distancias son cortas, las carreteras anchas y tranquilas, y aparcar no suele ser un problema fuera de los puntos más concurridos. Con niños, sillas, neveras y toallas, la diferencia entre tener coche y no tenerlo es enorme.

Y sobre viajar con bebés, hay tres factores que resumen todo lo demás: sombra, viento y arena. La sombra hay que llevarla puesta, porque el paisaje no la regala: carpa de playa cerrada por los lados, gorro, camiseta de licra y crema alta. El viento obliga a proteger ojos y piel de la arena en suspensión, y es la razón principal para elegir calas resguardadas en lugar de arenales abiertos cuando el bebé es muy pequeño. Y la arena, finísima, se cuela en absolutamente todo: un paquete generoso de toallitas y un cambio de ropa extra en la bolsa son innegociables. En cuanto a desplazamientos, el frente marítimo de Corralejo es llano y se lleva bien con carrito, pero en las dunas, en Lobos y en los senderos volcánicos la mochila portabebés gana por goleada.

Dónde alojarse: pueblo o zona de dunas

Esta es la decisión que más condiciona el viaje, mucho más que la categoría del hotel, y se resume en dos escenarios muy distintos. El primero es Corralejo pueblo: alojarse en el casco urbano o cerca de él significa poder salir andando a cenar, tener supermercados y farmacias a la vuelta de la esquina, bajar caminando a las calitas resguardadas y no depender del coche para la rutina diaria. A cambio, hay más ambiente y algo más de ruido, y la playa que tenéis al lado son las calas pequeñas, no el gran arenal.

El segundo es la zona de las dunas, al sur del pueblo, donde se concentran varios complejos grandes con acceso directo a las Grandes Playas. Aquí ganáis paisaje, espacio, instalaciones amplias y esa sensación de despertarse frente a un arenal infinito. Pero perdéis la vida de pueblo: para cenar fuera, comprar o cualquier gestión hay que coger el coche o depender de transporte, y la playa que tenéis delante es la abierta, con su viento y sus avisos. Para familias que buscan resort y desconexión total es perfecto; para las que quieren callejear y salir a cenar, menos.

Sobre el régimen, el todo incluido sigue siendo la fórmula que menos fricción genera con niños: nadie va calculando cada comida, los peques comen cuando les toca y hay piscina para las horas de más viento. Pero conviene decir que Corralejo tiene una oferta gastronómica tan buena y tan variada que a muchas familias les compensa la media pensión para poder salir a probar el pescado y el queso majorero. Sea cual sea la elección, ten en cuenta que las ofertas no incluyen seguro de viaje, así que si queréis cobertura adicional conviene preverlo aparte.

Si estáis comparando zonas antes de decidir, os vendrá bien nuestra guía de dónde alojarse en Fuerteventura, donde repasamos las diferencias reales entre el norte, el centro y el sur de la isla. Y como la combinación con la isla vecina es tan habitual, también tenemos guías de dónde alojarse en Lanzarote y de Lanzarote con niños y sus hoteles. Para afinar las fechas, echad un vistazo a la mejor época para viajar a Canarias y, si estáis haciendo números, a cuánto cuesta un viaje a Canarias, donde desglosamos de dónde sale de verdad el presupuesto de una semana en familia.

Preguntas frecuentes

¿Es Corralejo un buen destino para ir con niños pequeños?

Sí, y por razones muy concretas que se notan desde el primer día. Corralejo es un pueblo turístico de escala manejable con absolutamente todos los servicios que una familia necesita: supermercados grandes, farmacias, centro de salud, tiendas de todo tipo, un paseo marítimo llano y una oferta enorme de restaurantes acostumbrados a servir pronto y sin protocolo. A eso se suma que tiene dos tipos de playa muy distintos a poquísima distancia: las calitas resguardadas del casco antiguo, con agua tranquila y entrada suave, perfectas para peques de dos o tres años, y las Grandes Playas del parque natural, kilométricas y espectaculares, para cuando queréis espacio y postal. La logística diaria es sencilla, se camina bien y no hay que coger el coche cada dos por tres. Lo único que conviene tener claro de antemano es que sopla viento con frecuencia y que la sombra natural es escasa, dos cosas que se resuelven con previsión pero que nadie debería descubrir al llegar.

¿Se puede bañar un niño en las dunas de Corralejo o hay corrientes?

Depende mucho del tramo, del día y del estado del mar, y por eso conviene contarlo sin adornos. Las Grandes Playas del Parque Natural de Corralejo son un arenal larguísimo de arena blanca y agua turquesa, y hay días en que el mar está como un plato y el baño es maravilloso. Pero es una costa abierta al Atlántico: en otros momentos entra oleaje, se forman corrientes de retorno en determinadas zonas y el fondo cambia de un punto a otro. La norma práctica es sencilla: bañarse siempre en los tramos vigilados, mirar la bandera antes de meterse, no dejar nunca a los niños solos en la orilla y desconfiar de las zonas donde el agua parece más calmada de lo normal en medio del oleaje, porque a menudo es justo ahí donde hay corriente. Si vais con peques que aún no nadan bien, las calitas del pueblo o las lagunas de El Cotillo son una elección mucho más tranquila para el baño largo, y las dunas quedan como plan de paseo y de arena.

¿Hace falta reservar para visitar la isla de Lobos?

Sí. El acceso a la isla de Lobos está limitado por su condición de espacio natural protegido y requiere una autorización previa gratuita, además del billete del barco, que se compra aparte a la naviera correspondiente. Son dos trámites distintos y mucha gente lo descubre demasiado tarde: se puede tener el barco reservado y quedarse en tierra por no llevar el permiso. El número de visitantes diarios está limitado, así que en temporada alta las plazas vuelan y conviene resolverlo con antelación desde casa. Como el procedimiento y los canales de solicitud se han ido actualizando con los años, consulta cómo se solicita el permiso y los horarios y precios actuales de los barcos antes de cerrar el plan. Si os lo montamos nosotros, os avisamos del trámite y os indicamos dónde hacerlo, pero la autorización va a nombre de cada visitante.

¿Merece la pena ir hasta El Cotillo con niños?

Muchísimo, y para familias con niños pequeños es probablemente la mejor media hora de coche del viaje. El Cotillo está en la costa oeste, a poca distancia de Corralejo, y su gran tesoro familiar son las lagunas naturales del norte del pueblo: una sucesión de piscinas de agua somera, protegidas por barreras de roca, donde el mar entra filtrado y se queda templado, transparente y con muy poca profundidad. Es de lo mejor que hay en Canarias para bañarse con peques que apenas cubren, porque pueden chapotear con una tranquilidad que en mar abierto no existe. Justo al sur del pueblo está la otra cara de la moneda, la playa del Aljibe y su entorno, mucho más abierta y brava, con olas y viento: preciosa para pasear y para ver surf, pero no es zona de baño con niños. Comprueba siempre las banderas y las indicaciones del día, y ten en cuenta que las lagunas también cambian con la marea.

¿Sopla mucho viento en Corralejo? ¿Estropea las vacaciones?

Sopla viento, sí, y hay que decirlo claro: Fuerteventura es uno de los grandes destinos mundiales de windsurf y kitesurf precisamente porque el viento es constante y fiable. Eso que para un deportista es el mayor de los atractivos, para una familia con sombrilla y toalla es un factor a gestionar. La arena vuela, la sombrilla se convierte en cometa y hay tardes en las que estar tumbado en una playa abierta resulta incómodo. Ahora bien, de ahí a estropear las vacaciones hay un trecho enorme. La clave es tener plan B y conocer el terreno: las calitas resguardadas del pueblo aguantan mucho mejor que las playas abiertas, la costa este y la oeste no se comportan igual el mismo día, las mañanas suelen ser más calmadas que las tardes y una carpa de playa o un parasol anclado en condiciones cambia por completo la experiencia. Con esa flexibilidad, el viento pasa de problema a detalle, y encima agradece mucho las temperaturas.

¿Cuál es la mejor época del año para viajar a Corralejo con la familia?

La gran virtud de Fuerteventura es que casi no tiene mala época, y por eso funciona tan bien como destino de invierno. El clima es de eterna primavera, con temperaturas suaves durante todo el año, muy poca lluvia y una diferencia bastante pequeña entre las estaciones. En noviembre, diciembre, enero o febrero podéis encontrar días perfectamente aprovechables de playa y paseo mientras en la Península hace frío, y ese es el argumento que convence a la mayoría de las familias que repiten. El verano es cálido pero no asfixiante, precisamente porque el viento refresca, y los meses de primavera y otoño combinan buen tiempo con menos gente. Si viajáis en invierno, llevad algo de abrigo ligero para las noches y una chaqueta cortavientos, porque al caer el sol y con brisa el ambiente refresca más de lo que la gente espera. Consulta precios actuales al fijar fechas, porque la temporada alta canaria tiene su propio calendario y no coincide del todo con la peninsular.

¿Es imprescindible alquilar coche en el norte de Fuerteventura?

Imprescindible no, pero muy recomendable. Si vuestro plan es quedaros en Corralejo pueblo, bajar a las calitas, pasear por el frente marítimo y comer por ahí, se puede hacer una semana entera sin coche sin ningún problema. El salto de calidad llega cuando queréis ver el resto del norte: El Cotillo y sus lagunas, el faro del extremo noroeste, Lajares, La Oliva, los pueblos del interior y los miradores. Todo eso está cerca en kilómetros pero requiere vehículo, porque el transporte público existe pero no está pensado para moverse con niños, sillas, neveras y toallas. Las distancias son cortas, las carreteras son buenas y anchas, se conduce con mucha tranquilidad y aparcar rara vez es un drama fuera de los puntos más concurridos en hora punta. Nuestro consejo habitual es coche desde el primer día, sobre todo si viajáis con peques: la libertad de decidir por la mañana a qué costa vais según cómo esté el viento vale su precio.

¿Qué régimen conviene más en un hotel de Corralejo con niños?

Con niños, el todo incluido cerca de la playa quita casi toda la fricción del viaje: no vais calculando cada comida ni cada gasto, los peques comen y pican cuando les toca, hay piscina para las horas de más viento o más sol y la playa queda a un paseo. En la zona de Corralejo hay complejos familiares muy rodados en este formato, con zonas infantiles, piscinas climatizadas y animación. Dicho esto, el pueblo tiene una oferta gastronómica tan buena y tan asequible que a muchas familias les compensa el régimen de media pensión o el alojamiento con desayuno para poder salir a cenar fuera y probar la cocina majorera. La decisión depende sobre todo de la edad de los niños y de si os alojáis dentro del pueblo o en un complejo de la zona de las dunas, que es una diferencia importante. Ten en cuenta que las ofertas no incluyen seguro de viaje, así que si queréis cobertura adicional conviene preverlo aparte, y que el equipo de Viajes Santa Mona os puede ayudar a comparar con criterio en lugar de reservar a ciegas.

¿Os montamos la escapada a Corralejo con los niños?

Cuéntanos fechas, cuántos sois y las edades de los peques, y el equipo de Viajes Santa Mona os prepara la escapada a medida: hotel familiar bien ubicado según prefiráis pueblo o zona de dunas, vuelos, traslados desde el aeropuerto y los planes del norte que mejor encajen con vuestros niños. Presupuesto cerrado y sin letra pequeña.

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